
Rodolfo Soriano-Núñez Lunes, 10 de Febrero del 2025
En Perú, se insiste en el fin del Sodalicio, pero en Argentina hay poca evidencia de que tomen al menos medidas simbólicas contra el abuso sexual.
En el Reino Unido, la Iglesia Anglicana sufre males similares a la Católica que, en Tailandia, desoye las quejas y advertencias de fieles preocupados por prevenir el abuso sexual.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
La semana pasada, la crisis de abusos sexuales del clero tuvo dos grandes novedades. Una, proveniente de la Iglesia Católica, relacionada con el Sodalicio de Vida Cristiana peruano. Otra, de la Iglesia Anglicana, con nuevas revelaciones sobre el caso de John Smyth y la renuncia de otro obispo de esa denominación.
Pero, además, Tailandia ofrece un nuevo ejemplo del desdén con el que actúan los jerarcas católicos cuando se les advierte sobre los riesgos potenciales para sus fieles, a pesar de la experiencia acumulada en otros países y de la evidencia del daño causado a las vidas de las víctimas y a la propia institución.
En cuanto a la crisis del Sodalicio, aunque el sacerdote español Jordi Bertomeu, uno de los líderes de la investigación, emitió en Lima, la capital de Perú, algún tipo de garantía sobre el fin inminente del Sodalicio, la realidad sigue golpeándolo a él y al Vaticano en general.
Por un lado, el arzobispo emérito de Piura y exmiembro del Sodalicio, José Antonio Eguren Anselmi, jugó la misma carta que usó la semana pasada el arzobispo emérito de Lima, el cardenal Juan Luis Cipriani Thorne.
Aunque ambos admitieron originalmente las condiciones ofrecidas por el papa Francisco en cuanto a las razones detrás de sus renuncias como producto de su papel en el encubrimiento (Eguren Anselmi) o el abuso de fieles de su iglesia (Cipriani Thorne), ambos clérigos ahora afirman ser víctimas de los subordinados del papa Francisco o del propio pontífice argentino.
Como ha sido el caso durante los últimos 20 años aproximadamente en el Sodalicio y durante mucho más tiempo en otras órdenes y diócesis de la Iglesia Católica y otras organizaciones religiosas, se presentan como víctimas de algún tipo de conspiración, ya sea contra ellos como individuos, o contra sus iglesias, o la religión en general o incluso contra la civilización occidental en su conjunto.
En ese sentido, debe quedar claro que tanto Eguren Anselmi como Cipriani Thorne siguen el mismo manual que Juan Pablo II utilizaba cuando se enfrentaba a los testimonios y/o evidencias de los muchos depredadores que denunciaba en la última década del siglo XX.
Siempre que podía, como más tarde haría Benedicto XVI, se presentaba como líder de una organización religiosa mártir, sin reconocer nunca su propio papel en el apoyo e incluso encubrimiento de depredadores, como Marcial Maciel, o de “artistas” del encubrimiento como el antiguo arzobispo de Boston, Bernard Law, que pasó los últimos años de su vida escondido en Roma para evitar posibles cargos por su papel en el encubrimiento masivo de abusos sexuales del clero en su antigua arquidiócesis.
La diferencia ahora es que las acusaciones no vienen de periodistas como Jason Berry en Estados Unidos o Paola Ugaz en Perú (ver esta entrevista donde repasa el acoso a ella y otros periodistas peruanos) o de clérigos de menor rango como Alberto Athié, un ahora exsacerdote católico de México, quien entregó al entonces cardenal Joseph Ratzinger una copia completa del archivo de Maciel en los últimos años del papado de Juan Pablo II.
Los funcionarios del Dicasterio para la Doctrina de la Fe investigaron las acusaciones contra Cipriani Thorne y Eguren Anselmi, quienes no se andan con rodeos para evitar una confrontación con el papa Francisco. Todo lo contrario, ambos implican que Francisco es parte de la conspiración en su contra.
Es casi imposible saber hasta dónde estarán dispuestos a llegar con su truco, lo que está claro es que lo que solía ser un procedimiento operativo estándar de la jerarquía de la católica para denegar, descartar y denigrar a las víctimas, sus amigos y aliados, evidencia qué tan obsoleto y que tan costoso es para la propia Iglesia Católica, ya que ahora implica la existencia de una conspiración cada vez mayor que involucra ahora al máximo líder de la jerarquía católica.
El papa Francisco no ayuda a su propia causa, ya que sigue sin estar dispuesto a emitir algún “castigo”, incluso simbólico contra clérigos percibidos como cercanos a él. El caso más notable viene de su natal Argentina, donde la semana pasada un tribunal de apelaciones ratificó los cargos y la sentencia contra Gustavo Zanchetta, el mejor ejemplo del “obispo del papa Francisco”, pues el pontífice argentino lo promovió en las primeras semanas de su mandato, en el verano de 2013.
Ahora que un tribunal de apelaciones ha ratificado la sentencia contra Zanchetta, sería un momento oportuno para destituir a Zanchetta del sacerdocio, ya que en su caso abusó de un par de seminaristas bajo su autoridad en lo que solía ser su diócesis, Orán, una pequeña ciudad en el extremo norte de Argentina, cerca de la frontera con Bolivia y Chile.
Y además de obispos como Zanchetta, también hay sacerdotes que han pasado tiempo en prisión, con sentencias ratificadas emitidas por las autoridades argentinas que, por alguna extraña razón, permanecen como clérigos.
Ese ha sido el caso de Julio Grassi, un caso argentino que fue parte de una entrega anterior de esta serie, vinculada después de este párrafo, que por razones desconocidas sigue siendo sacerdote e incluso se jacta de su condición, asistiendo a las audiencias de libertad condicional en prisión ataviado con el cuello romano que distingue a los sacerdotes.
Como se hacía ver en ese texto, incluso AICA, la agencia de noticias católica de Argentina publicó una nota luego de la primera condena en que usaba las tres denominaciones más comunes para referirse a un sacerdote católico, como se puede ver en la imagen luego de este párrafo.
En consonancia con el comportamiento de clérigos convictos de delitos como Zanchetta y Grassi, el papa Francisco y su asesor más cercano, Víctor Manuel Fernández, arzobispo emérito de La Plata y ahora cardenal y prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, alimentan el sinfín de ataques contra ellos mismos y contra el arzobispo maltés Joseph Scicluna y el sacerdote español Bertomeu.
Los medios de comunicación de la ultraderecha en español utilizan los datos sobre renuncias tempranas para burlarse del papa Francisco, preguntando si ha “misericordiado” a un obispo que renuncia antes de alcanzar el límite de 75 años.
El propio Fernández fue el tema de otra entrega de esta serie, disponible después de este párrafo, que ofrece detalles del papel que desempeñó en el caso de un sacerdote que finalmente se suicidó en las oficinas de Cáritas en la arquidiócesis de La Plata, la capital de la provincia de Buenos Aires.
Y la sucesión de Fernández en esa diócesis es sospechosa, por decir lo menos, de una mala gestión por parte de Roma, de los líderes de la Conferencia Episcopal Argentina y del nuncio en Argentina, el arzobispo polaco Mirosław Adamczyk, pues existen dudas sobre la repentina renuncia de Gabriel Antonio Mestre, otro “obispo del papa Francisco” que apenas pudo cumplir ocho meses como sucesor del ahora cardenal Fernández. La noticia enlazada a continuación profundiza más sobre lo sucedido en La Plata.
Más aún cuando Mestre vuelve al ministerio como responsable de una parroquia en la diócesis de Chascomús. Como tal, conserva el título de arzobispo emérito, y aunque no haya ninguna acusación de abuso o encubrimiento de abuso en su contra, el silencio y misterio en torno a su repentina renuncia lo deja a él y a sus superiores expuestos a todo tipo de dudas y preguntas sobre las razones de su renuncia.
En ese sentido, lo que Roma parece pasar por alto es que hay muchas dudas sobre la forma en que el Vaticano decide los “castigos” ya de por sí simbólicos sobre personajes como Zanchetta o Mestre en Argentina o Cipriani Thorne y Eguren Anselmi en Perú.
Hace unos años, los fieles católicos estarían dispuestos a aceptar al papa como autoridad máxima de su Iglesia, pero la forma en que algunos obispos permanecen como tales, mientras que otros reciben jalones de orejas, con pocas o ninguna consecuencia real por sus abusos, expone a Francisco y a la Iglesia Católica a la crítica.
La falta de criterios claros para tratar el abuso alimenta la desconfianza incluso cuando se trata del papel de la Iglesia Católica en el apoyo a los inmigrantes en los Estados Unidos, como se señaló en un texto previo enlazado a continuación.
Esta situación beneficia en última instancia a Cipriani Thorne y Eguren Anselmi en Perú, ya que siempre pueden señalar los otros casos en los que los tribunales civiles fallan en contra de los “obispos del papa Francisco” como Zanchetta sin consecuencias para la parte culpable.
En Perú, la situación es más compleja pues Eguren Anselmi encabezó la acusación contra los periodistas locales que todavía están bajo la mira de una élite política errática e irresponsable y un poder judicial igualmente errático e impredecible que puede volverse contra ellos en cualquier momento.
Más aún, desde que alguien en Aparecida, Brasil, decidió filtrar la noticia sobre la supresión del Sodalicio antes de que Roma estuviera realmente lista para proceder con una tarea tan compleja. Lo que salió a la luz es la narración resumida en la entrega anterior de esta serie, cuyo enlace se encuentra a continuación.
El jueves 6 de febrero, los medios de comunicación peruanos confirmaron la idea presentada en esa entrega de esta serie según la cual suprimir al Sodalicio no será una tarea fácil. Ese día, la revista semanal peruana Hildebrandt ofreció detalles de la riqueza acumulada por el Sodalicio.
Los editores de Hildebrandt cifraron en 800 millones de dólares los activos bajo control de la dirección del Sodalicio. Mi suposición, y es sólo eso, es que están subestimando el valor de algunos de los activos. Sobre todo porque incluso si hacen un recuento detallado de los cementerios, los derechos de agua asociados a esos cementerios, la Universidad de San Pablo y otros activos inmobiliarios en el continente americano, hay propiedades en España e Italia que no se mencionan en el artículo de Hildebrandt.
Pero incluso si la estimación de Hildebrandt es correcta en 800 millones de dólares, permanece el problema de la estructura de propiedad de esa riqueza. En este punto es importante destacar que el Sodalicio no es una orden religiosa convencional. Es una holding o controladora de organizaciones religiosas.
Algunos de esos grupos operan como verdaderas órdenes religiosas, otros lo hacen bajo la apariencia de ser un “movimiento laico”, otros utilizan denominaciones extrañas, diseñadas por Luis Figari y Germán Doig, los fundadores de esa organización depredadora, para lograr dos objetivos.
Por un lado, construir una marca similar pero con nombres de etiqueta diferentes a los del Opus Dei español o la Legión de Cristo mexicana. Por otro, evitar reconocer algún derecho a los indefensos.
En Perú, los miembros de la organización, especialmente las mujeres, que, como en el caso del Opus Dei en Argentina o de la Legión de Cristo en México, eran poco más que sirvientas, ahora buscan algún reconocimiento y compensación por su papel en la creación de esa riqueza.
Luego, había otras entidades que operaban en el campo civil y financiero en Perú. La más notable de ellas era la entidad que se ocupaba del funcionamiento cotidiano de los cementerios, la llamada Asociación Civil San Juan Bautista.
Los líderes de esa asociación afirman ser independientes del Sodalicio, pero Paola Ugaz y otros periodistas en Perú han publicado evidencias de lo contrario. Sería imposible entrar en detalles, basta decir en este punto que, incluso si existe una distinción o separación formal entre el Sodalicio y la asociación, comparten recursos, ideales, líderes y miembros.
La propia Ugaz publicó un artículo en el diario peruano La República el 2 de septiembre de 2024. Allí brinda detalles sobre la propiedad de los cementerios.
Su artículo provocó una respuesta de la asociación (disponible aquí), a pesar de que el sitio web en español del Sodalicio aún tiene páginas donde analizan su propio papel en esos cementerios.
Una de esas páginas todavía está disponible aquí. Dada la situación actual de esa organización, es posible que el sitio web desaparezca pronto. Algunas de sus páginas están disponibles en Internet Archive. Esa página específica que trata del papel del Sodalicio en los cementerios está disponible aquí.
Por ello, es casi imposible compartir el entusiasmo de Bertomeu sobre un fin cercano del Sodalicio. El entusiasmo de Bertomeu le valió la portada de La República el 3 de febrero, como prueba la imagen de arriba, pero eso no impidió las declaraciones de Eguren Anselmi a un medio de comunicación español de extrema derecha, republicadas al día siguiente por La Razón, un medio peruano de extrema derecha que publicó como noticia principal ese día un texto sobre cómo Donald Trump mató a USAID, como prueba la imagen después de este párrafo.
La defensa de Eguren Anselmi y Cipriani Thorne no debería sorprender. Están tan dispuestos como están a desafiar lo que queda de la autoridad del papa en este tema, dada la debilidad percibida del pontífice al tratar con clérigos percibidos como cercanos a él como Zanchetta.
En este sentido, el Sodalicio se comporta como un tumor, como un cáncer. Como cualquier cáncer, lucha contra su supresión atacando al cuerpo que lo alimentó y permitió su propio desarrollo.
Una moraleja que surge de este caso y de las muchas historias de abuso desestimadas, toleradas y excusadas por Juan Pablo II y Benedicto XVI es que criaron a los cuervos que ahora le arrancan los ojos a Francisco, como cuenta el libro de Proverbios en la Biblia.
Los anglicanos también
El abuso no es un problema exclusivo de la Iglesia Católica. Es sólo que el gran tamaño y la naturaleza verdaderamente global de esa organización la deja abierta a más casos y a un mayor escrutinio.
Entre las muchas organizaciones religiosas que actualmente se ven afectadas por los escándalos de abusos sexuales por parte del clero se encuentra la Iglesia Anglicana. A finales de noviembre de 2024, la Iglesia de Inglaterra sufrió un duro golpe cuando se conoció el informe sobre los abusos perpetrados por John Smyth, un laico poderoso en esa organización.
Primero, Justin Welby, arzobispo de Canterbury y líder mundial de esa Iglesia, renunció a su cargo. Como sucede en la Iglesia Católica y otras organizaciones religiosas, no está claro si la renuncia resolverá los problemas, pero brinda cierto alivio a las víctimas e indica un cierto reconocimiento de la gravedad de los problemas.
Ahora sabemos que detrás de la influencia de Smyth en la Iglesia de Inglaterra había un sacerdote, el reverendo David Fletcher, finado como Smyth, que fue fundamental para facilitar los abusos de Smyth en Inglaterra y más aún en Sudáfrica y Zambia, sino que también fue un depredador.
La diócesis anglicana de Oxford publicó el miércoles una declaración (disponible sólo en inglés aquí) sobre el papel de Fletcher allí y lo que esperan hacer ahora que las víctimas británicas están dando un paso al frente, como lo demuestra el reporte que la emisora británica Channel 4 transmitió recientemente, que aparece a continuación.
Vídeo de Channel 4, audio disponible en inglés. Es posible obtener subítulos en español desde el panel de control de YouTube.
A fines de enero, casi al mismo tiempo que se cumplía el plazo para la renuncia de Welby, otro obispo anglicano renunció a su cargo.
El 30 de enero, el obispo John Perumbalath, hasta entonces líder de la diócesis de Liverpool, renunció a su cargo después de que el ya mencionado Channel 4 diera cuenta de reportes de dos mujeres que lo acusaban de agredirlas sexualmente.
Una de sus acusadoras fue la obispa Beverley Anne Mason, titular de la diócesis de Warrington, una diócesis sufragánea de Liverpool, por lo que Perumbalath ejercía cierta autoridad sobre ella.
Estos casos anglicanos son relevantes porque demuestran que no hay una solución fácil para el abuso sexual del clero. Demuestran, entre otras cosas, que la abolición de la regla del celibato en la Iglesia Católica no es una solución al problema, ya que esa regla no existe en la confesión anglicana. Lo que es evidente, sin embargo, es que a pesar del daño que sufren, ambas tradiciones cristianas parecen ser incapaces de abordar realmente el abuso sexual a manos de clérigos.
De regreso a Asia
En este sentido, es relevante ver que sucede en Tailandia. Allí, menos del 1.5 por ciento de la población total son cristianos y sólo un poco más de 400 mil de ellos se identifican como católicos. Sólo Lima, en Perú, afirma tener casi seis veces ese número de católicos.
Se esperaría que en un contexto así, Roma prestara especial atención a un país que la orden francesa de las Misiones Extranjeras y otras vinculadas al Dicasterio para la Evangelización de la Curia Romana consideran como "territorio de misión".
El hecho, sin embargo, es que uno encuentra las mismas actitudes despectivas de los jerarcas católicos en ese país. Esto es más relevante porque el nuncio en Tailandia, una figura clave en la Iglesia Católica cuando se trata del nombramiento de nuevos obispos en cualquier territorio bajo su jurisdicción, es un ciudadano estadunidense, nacido originalmente en Tulsa, Oklahoma, Peter Bryan Wells.
No sólo proviene de un país que ha tratado con algunos de los casos más notorios. Varias diócesis allí están bajo la protección de las leyes de bancarrota como una forma de lidiar con los efectos de la crisis de abuso sexual.
Wells tiene más de 20 años de servicio en la Secretaría de Estado de la Santa Sede, por lo que sería difícil creer que no sea consciente de las consecuencias de los abusos sexuales del clero y la necesidad de evitar que los escándalos sucedan. Wells ha sido nuncio en Sudáfrica, Botsuana, Lesoto, Namibia y Suazilandia y no sólo es nuncio en el Reino de Tailandia, sino que también representa al papa en los países vecinos de Camboya y Laos.
En su currículum figuran un temprano nombramiento como evaluador para Asuntos Generales de la Secretaría de Estado de la Santa Sede de 2009 a 2016, combinado con su servicio (2013-4) como secretario de la Comisión Pontificia encargada de investigar el Instituto para las Obras de Religión, siendo también, de 2013 a 2016, el presidente del Comité de Seguridad Financiera de la Santa Sede, el llamado, por su acrónimo en italiano CoSiFi.
¿Cómo podía Wells, quien claramente conoce como pocos la Curia romana, no ser consciente de la necesidad de evitar nuevos escándalos en Tailandia?
Su paso por CoSiFi le obligó a ser testigo de lo que ocurrió en 2017, cuando el cardenal australiano George Pell tuvo que solicitar una “licencia” para enfrentar un juicio por su papel en un escándalo de encubrimiento en su país de origen.
A pesar de toda esa experiencia, el pasado mes de enero el arzobispo Wells desestimó los llamamientos de los laicos tailandeses que le pedían que impidiera el nombramiento de un nuevo obispo acusado de encubrir abusos sexuales.
Tailandia se enfrenta a una crisis de abusos sexuales que va mucho más allá de los problemas que afectan a la Iglesia Católica. Como otros países del Sur Global, Tailandia es un destino privilegiado para el turismo sexual. Bangkok, Pattaya y otras ciudades del país son objeto frecuente de informes académicos y periodísticos que tratan los efectos del comercio y el turismo sexuales.
A pesar de eso, Wells prestó poca atención a una carta entregada por un grupo que aboga por prevenir el abuso sexual del clero en la Iglesia Católica en Tailandia: Somos ANYA o Anya Group. El 20 de enero, este grupo publicó la carta que sigue a este párrafo.
Carta del Anya Group al nuncio Wells
20 de enero de 2025
Respetuosamente, obispo Joseph Chusak Sirisut,
Presidente, Conferencia de Obispos Católicos de Tailandia
Con copia a:
- El Dicasterio para la Doctrina de la Fe,
- El arzobispo Peter Brian Wells, nuncio en el Reino de Tailandia,
- El padre Philip Adisak Phorn-Ngam (diócesis de Chanthaburi),
- La Conferencia de Obispos Católicos de Tailandia,
- La Federación del Clero en Tailandia,
- Los fieles y todos los medios de comunicación,
Asunto: Objeción al nombramiento de Philip Adisak Phorn-Ngam como obispo de Chanthaburi porque colaboró en el encubrimiento de delitos sexuales contra menores
Adjunto: Carta de queja del Anya Group a la diócesis de Chanthaburi de fecha 11 de abril de 2024, sobre la falta de adopción de medidas adecuadas para proteger y cuidar a los menores abusados sexualmente por el clero
Según la carta de queja del Anya Group a la diócesis de Chanthaburi de fecha 11 de abril de 2024, sobre la falta de protección y cuidado de los menores abusados sexualmente por Siravich Marypattanakit, sacerdote de la diócesis de Chanthaburi.
Según los detalles enviados, el Anya Group ha estado haciendo un seguimiento de la resolución de este caso durante un total de cinco años, tanto solicitando una reunión oficial con el expresidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Tailandia (disponible en tailandés, inglés e italiano) y el nuncio apostólico en Tailandia, tanto pasado como presente, como llevando a la víctima y sus familiares para aclarar los hechos, pero rechazaron esa posibilidad.
Por lo tanto, nos gustaría presentar esta carta para oponernos al nombramiento del padre Philip Adisak Phorn-Ngam como obispo de Chanthaburi, ya que no está calificado para ocupar el cargo de obispo y es el sacerdote principal que colaboró con el consejo asesor y los sacerdotes superiores de esa diócesis, incluidos Yod Senarak, Thammarat Ruengngam, Wisit Wisetthiyakun, Sutjan Fonruang, Luechai Chanpoh, Songwut Wongsiriroj y Angkhan Charoensatsiri, para ocultar el abuso y persuadir a la víctima y sus familiares de no recibir tratamiento psiquiátrico, empezando por la abuela y el hermano mayor de la víctima.
En 2019, presentamos una denuncia ante el antiguo obispo Silvio Siripong Charatsri. Los detalles de las acciones de la víctima y sus familiares son los siguientes:
- En 2019, la abuela y el hermano de la víctima presentaron una denuncia ante el entonces obispo Silvio Siripong Charatsri (ahora obispo de Ratchaburi). su santidad el papa Francisco designó a un grupo de sacerdotes para investigar el asunto, con Philip Adisak Phorn-Ngam, un sacerdote de alto rango, como miembro del comité para investigar la conducta sexual inapropiada contra el niño. El incidente ocurrió en el Seminario Juvenil del Sagrado Corazón (Dara Samut, Sriracha, Chonburi) y en varios hoteles en Chonburi y Pattaya durante varios años. La investigación concluyó que Sirawit Mary Pattanakit había cometido efectivamente una conducta sexual inapropiada.
- En lugar de seguir las directrices, el clero competente de la diócesis de Chanthaburi intentó por todos los medios encubrir y ocultar los abusos y hacer caso omiso de las directrices de Roma. También temían que el asunto se intensificara, por lo que dieron dinero a la abuela de la víctima para silenciarla y le pidieron que no denunciara a las autoridades, como establece la ley tailandesa. El padre Philip Adisak Phorn-Ngam también informó a la conferencia de obispos que había entregado el dinero a través del Anya Group, lo cual es una mentira.
El Anya Group cree que, por el bien de la Iglesia Católica en Tailandia, todas las misiones y todos los grupos deberían unir fuerzas para abordar los abusos sexuales cometidos por sacerdotes y otro personal de la Iglesia Católica, sin necesidad de que las víctimas presenten más denuncias. Toda misión debe cumplir con las directrices y regulaciones de la Conferencia de Obispos Católicos de Tailandia para abordar los casos de abuso sexual de menores y personas vulnerables dentro de la Iglesia Católica en Tailandia (como se establece en el Protocolo de la Conferencia de Obispos Católicos de Tailandia (CBCT) para abordar el abuso sexual de menores y personas vulnerables en la Iglesia de Tailandia), que se publicó el 12 de mayo de 2019, firmado por el cardenal Francis Xavier Kriengsak Kovithavanij, arzobispo emérito de Bangkok y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Tailandia, por el arzobispo Francis Xavier Vira Arpornrat, entonces obispo de Chiang Mai, actual arzobispo de Bangkok y actual secretario general de la Conferencia.
Aunque la Iglesia Católica ha emitido regulaciones y pautas claras durante mucho tiempo, las órdenes misioneras y religiosas no han tomado alguna medida. Anya Group está listo para seguir ayudando a otras víctimas. Después de esto, Anya Group quisiera pedir ayuda y apoyo a todos los hermanos y hermanas católicos en Tailandia, a cada iglesia y a cada misionero, para que conozcan esta verdad y pidan cooperación para apoyar a Anya Group (WeAreAnya อัญญา) y ayudar a proteger a las víctimas inocentes juntos. Además, el Anya Group pide las oraciones de todos para siempre.
Finalmente, el Anya Group quisiera oponerse al nombramiento de Philip Adisak Phorn-Ngam como obispo de la diócesis de Chanthaburi (disponible en tailandés y parcialmente en inglés). No es apto para el cargo pues ha ignorado las leyes del país y las reglas y normas de la conferencia de obispos católicos de Tailandia para el tratamiento de casos de abuso sexual de menores y personas vulnerables.
Ha ocultado y permitido que los perpetradores salgan libres, carece de coraje moral y, por lo tanto, no es apto para ser un líder espiritual para los fieles. Que Dios y la Virgen María protejan a la Iglesia Católica de Tailandia.
Con profundo respeto
Petronan Warisnarat, Simon Tiwa Saengsiriwiwat, Joseph Sarawut Pratumrat, Alfonso Chaturapit Chomphunuch
Contacto: Sarawut Pratumrat, Móvil 092-257-8104.
Contra viento y marea
Lamentablemente, el nuncio Wells desestimó la carta. El sábado 8 de febrero, Silvio Siripong Charatsri, obispo de Ratchaburi, consagró a Philip Adisak Phorn-Ngam como obispo.
Los Ángeles Press tiene una copia de la carta de 2024 y un documento adicional de 2022 que trata sobre una queja de 43 de los 240 sacerdotes de la arquidiócesis de Bangkok. Si uno sustituye los nombres de las personas y los lugares en Tailandia, es difícil encontrar diferencias con lo que sucede en las diócesis católicas en América Latina y en otros lugares del mundo con lo que reportan esos sacerdotes.
En ese documento se detallan las causas de la desconfianza y la insatisfacción de los sacerdotes católicos tailandeses hacia su entonces arzobispo. Cabe destacar que Roma concedió su principal petición: aceptar rápidamente la renuncia canónica por edad del cardenal Francis Xavier Kriengsak Kovithavanij.
El propio Kriengsak ha sido acusado de encubrir a sacerdotes con acusaciones creíbles de abusos a menores en una comunidad asociada a uno de los llamados nuevos movimientos eclesiales, el Movimiento de los Focolares, una organización nacida de la experiencia de la Italia de la Segunda Guerra Mundial, que no es una orden y ha sido capaz de evitar los abusos, espirituales, sexuales o de otro tipo, de fundadores y líderes de otros de esos movimientos como los llamados Kikos, el Camino Neocatecumenal, que—a golpes de abusos sexuales—destruyeron la Iglesia Católica en el territorio asiático estadounidense de Guam (texto disponible en inglés).
No es que Kriengsak Kovithavanij no fuera cercano al papa Francisco. Fue Francisco quien lo elevó a cardenal en 2015, durante su segundo consistorio, la ceremonia en la que el papa se reúne con los nuevos cardenales.
En la consagración de Philip Adisak Phorn-Ngam como obispo, el 8 de febrero, uno de los coconsagrantes fue otro obispo que enfrenta acusaciones de encubrimiento de abusos sexuales por parte del clero: Joseph Pibul Visitnondachai, obispo emérito de Nakhon Sawan.
Dejando esa cuestión de lado, el mismo día que el cardenal Kriengsak Kovithavanij cumplía 75 años, el papa Francisco aceptó su renuncia. Más rápido de lo que Francisco aceptó la renuncia de Norberto Rivera Carrera a la Ciudad de México o del tiempo que le tomó aceptar la de Juan Luis Cipriani Thorne a Lima, Perú.
Rivera Carrera tuvo seis meses más en la capital mexicana, mientras que el papa Francisco envió a Cipriani Thorne al “castigo” que supuestamente aceptó por disciplina, pero no por haber abusado sexualmente de un varón menor de edad, un mes después de cumplir 75 años.