La casa Big Brother del tío Willy Trejo

Juan Ricardo Montoya Benítez

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Willy Trejo contrató a su hermana Jacqueline como brigadista para la campaña de Julio Menchaca, mientras abusaba de sus sobrinas de 5 y 8 años.

Por Juan Ricardo Montoya

En julio de 2022, Jacqueline Trejo Leal, madre de dos niñas que en ese entonces tenían 5 y 8 años, declaró ante la Fiscalía General de la República (FGR) que sus hijas habían sido agredidas sexualmente por sus tíos: Arturo Williams Trejo Leal, alias Willy Trejo; su esposa, Bertha Eva Medina; Ixshell Trejo; Eduardo Bibiano Badillo Mejía; y la actual diputada local de Hidalgo postulada por Morena, Alhely Medina Hernández. Jacqueline también reveló que, durante un tiempo, fue obligada a vivir en una casa equipada con micrófonos y cámaras de video, al estilo de *Big Brother*.

La casa, ubicada en el municipio de Zimapán, Hidalgo, fue el escenario donde Jacqueline y sus hijas fueron vigiladas las 24 horas por sus hermanos, Ixshell y Willy, así como por su cuñada, Eva Medina. Además, los cinco involucrados intentaron obligarla a ceder la custodia de las menores.

El calvario de Jacqueline

En 2018, Mario Alfredo Espinoza, pareja de Jacqueline y padre de las niñas, la abandonó para irse a vivir con otra mujer. Espinoza, acusado de violencia intrafamiliar, tiene desde hace tres años una demanda como deudor alimentario. Ante esta situación, el empresario Arturo Trejo Villeda, padre de Jacqueline, le permitió a ella y a sus hijas vivir en un cuarto junto a una bodega. El lugar contaba apenas con una mesa sostenida por ladrillos y un colchón viejo que había pertenecido a su hijo Willy. Este cuarto se encontraba en el mismo predio donde está la casa en la que Willy y sus tres hermanas pasaron su niñez, y que, tras el fallecimiento de sus padres, pasó a ser propiedad de Arturo Williams.

Sin el apoyo económico de su acaudalado padre ni de sus hermanos Willy e Ixshell, quienes ya obtenían grandes ganancias gracias a jugosos contratos con dependencias estatales y ayuntamientos para obras públicas y dotación de productos, Jacqueline se vio obligada a buscar trabajos eventuales y mal pagados para alimentar a sus hijas. El último de estos trabajos fue como brigadista en la campaña de Julio Menchaca, contratada por el propio Willy, donde se encargaba de repartir volantes y realizar actividades de promoción.

Según relató Jacqueline ante el agente del Ministerio Público, estaba obligada a entregar el poco dinero que ganaba a sus hermanos Willy e Ixshell, o a su cuñada Eva, quienes se encargaban de comprar alimentos para las niñas y pagar sus colegiaturas.

Las menores quedaban "bajo el cuidado" de sus tíos Eduardo e Ixshell cuando Jacqueline se ausentaba para trabajar, especialmente durante el periodo en que estuvo hospitalizada por una apendicitis, del 18 al 27 de abril de 2022. Fue en esos momentos de ausencia cuando las niñas fueron violentadas.

La casa del Big Brother del tío Willy

Mientras Jacqueline estaba hospitalizada, su hermana Ixshell sacó las pocas pertenencias que tenía en el cuarto y las llevó a un departamento. Jacqueline reveló ante la FGR que, en esa vivienda, había cámaras de video y micrófonos por todas partes, al estilo de Big Brother.

"Mi hermana Ixshell ya me había desalojado del departamento que mi papá me había prestado y me llevaron a otro muy cerca de su casa; el lugar estaba lleno de cámaras y tenía micrófonos, supuestamente para extremar el cuidado", declaró Jacqueline.

Le entregaron un horario estricto: "A las 7:00 se despiertan las niñas; a las 7:30 desayunan; a las 7:45 se van a la escuela... De 8:00 a 8:15 de la noche van a hacer una oración, y a las 8:39 pm ya tenían que estar dormidas".

Ixshell y Eva, quienes regularmente se comunicaban con Jacqueline a través de los micrófonos, le ordenaron que solo les diera a las niñas cinco galletas y media taza de leche como desayuno. "Si veían, a través de las cámaras, que yo les daba más, me hablaban por los micrófonos y me decían que les estaba dando de más", relató Jacqueline.

Parte del expediente donde se denuncia que le pedían fotos a la madre de todo lo que hicieran las niñas si no les quitarían las casa.

Además, crearon un grupo de WhatsApp llamado "Niñas", a través del cual obligaban a Jacqueline a enviar fotos de la ropa interior de las menores, lo que les ponía de lonche para la escuela, así como imágenes de cuando comían, hacían tareas, rezaban o se cepillaban los dientes. "Yo seguía al pie de la letra lo que me pedían, porque me decían que, si no lo hacía, nos iban a quitar la casa y el mandado", declaró.

También le impusieron la condición de trabajar más horas: "Iba a entrar a las 8:00 a.m. y salir a las 7:00 p.m., porque iban a contratar a una persona para que se hiciera cargo de las niñas". Le dijeron que lo mejor para las menores era que pasara con ellas el menor tiempo posible. "Únicamente vas a convivir con las niñas por las mañanas, cuando les vas a dar de desayunar para que vayan a la escuela", le ordenó Ixshell, según el relato de Jacqueline ante las peritas especializadas en psicología forense de la FGR.

La nana estuvo a cargo de las niñas de marzo a junio de 2022, mientras Jacqueline se sometía a este régimen de control y vigilancia extrema, un capítulo oscuro que refleja la crueldad y el abuso de poder en este caso.

Querían forzar a Jacqueline a entregarles a sus hijas

En otra parte de sus declaraciones, realizadas primero ante la Procuraduría General de Justicia de Hidalgo (PGJH) y luego repetidas ante la Fiscalía General de la República (FGR), Jacqueline aseguró que el martes 7 de junio de 2022, dos días después del triunfo de Julio Menchaca en las elecciones para la gubernatura de Hidalgo, acudió a la oficina ubicada en la casa de Willy Trejo para pedirle a su cuñada Eva que le pagara su liquidación por haber trabajado como brigadista en la campaña.

Eva le respondió que el dinero se había gastado en las colegiaturas de las niñas y que no había sido suficiente, por lo que ella había tenido que aportar de su propio bolsillo lo que faltaba. Por esa razón, le dijo a Jacqueline que ahora tenía una deuda con ella.

En ese momento, Eva le exigió que le entregara la custodia de las niñas, argumentando que Jacqueline nunca podría mantenerlas. "Con ellas gastamos más de 25 mil pesos al mes", le dijo. Además, Eva le pidió el número telefónico del padre de las niñas, quien ya se encontraba en Estados Unidos. Cuando Jacqueline lo contactó, él evitó comprometerse, alegando que tenía que colgar porque estaba trabajando.

Jacqueline notó que su cuñada estaba muy enojada y escribía mensajes en su celular. Minutos después, llegó su hermana Ixshell, quien le dijo que no se andaba con "chingaderas" y le ordenó firmar unos documentos que arrojó sobre el escritorio. "A mí me firmas", le repitió varias veces, a lo que Jacqueline se negó nuevamente.

Ante su negativa, Ixshell le dio seis horas de plazo para que abandonara el departamento que le había rentado, y en el cual, junto con su hermano Willy, habían instalado cámaras y micrófonos. Jacqueline le dijo que regresaría a la casa donde su padre (fallecido dos años antes) le había permitido vivir, pero Ixshell le advirtió que no lo hiciera, ya que ahora era propiedad de Willy, y la amenazó con llamar a la policía si se atrevía a regresar.

Mientras Jacqueline empacaba sus pertenencias, acompañada de su hija menor, recibió una llamada de Willy, quien le dijo que quería hablar con ella. Minutos después, Willy llegó y la amenazó: "No soy de mucho hablar; solo te vengo a decir una cosa: si tú dices cómo te tratamos a ti y a las niñas, te la vas a ver tú y las niñas conmigo". En ese momento, sacó un arma que llevaba debajo del pantalón y la colocó sobre la cama. "Estás advertida", le dijo, mientras tomaba la pistola y se la ponía en la boca.

A pesar de las amenazas, Jacqueline se mantuvo firme y le dijo que no les entregaría a sus hijas. Willy, furioso, abandonó la casa.

Después de terminar de empacar, Jacqueline fue a recoger a su hija mayor a la escuela, pero no la encontró. Preocupada, llamó a la nana para preguntarle si ella la había recogido. La nana le dijo que no y que le preguntaría a Ixshell, quien también afirmó no saber dónde estaba la niña.

En su desesperación, una señora que estaba afuera de la escuela le aseguró que la menor había sido llevada por Eduardo Bibiano Badillo, esposo de Ixshell. Sin embargo, en la casa de su hermana le negaron que la niña estuviera allí. Tras dejar a su otra hija sentada en una banca, Jacqueline entró a la vivienda por la cocina y encontró a su hija junto con Ixshell, Eduardo, Eva y Willy.

La niña salió llorando y le dijo a su mamá que firmara los papeles de custodia. Jacqueline le explicó que no lo haría, porque sería como regalar a sus hijas. Al salir, Eduardo le gritó que tenía una grabación de su hija en la que decía haberla visto haciendo cosas con su pareja, y que la meterían a la cárcel. Jacqueline le respondió que hiciera lo que quisiera.

Con el poco dinero que algunas personas le prestaron, Jacqueline se trasladó con sus hijas a la casa de unos conocidos en Santiago Tulantepec, en la región de Tulancingo, a unos 171 kilómetros de Zimapán.

Jacqueline se comunicó por teléfono con su hermana menor, Aylén Trejo, quien tiene ciudadanía estadounidense y vive con su esposo Aldo y su hija menor en Estados Unidos, pero que por casualidad se encontraba en Pachuca en esos días. Por teléfono, las hermanas se reconciliaron de un antiguo problema que, según aseguraron, había sido provocado por Willy e Ixshell.

Días después, Aylén y su esposo visitaron a Jacqueline, quien les pidió que la llevaran en su auto a Zimapán para recoger algunas pertenencias que había dejado encargadas con amistades. Después de más de dos horas de viaje, llegaron al municipio de Ixmiquilpan, ubicado a unos 48 kilómetros de Zimapán.

Durante el trayecto, la niña de 8 años se quejó de molestias y comezón en sus partes íntimas, las cuales se intensificaron al intentar sentarse en una silla del restaurante donde pararon a comer. Preocupados, la llevaron con la ginecóloga particular Alma Virgen Pineda, cuyo consultorio se encuentra en el centro de Ixmiquilpan.

La niña ya presentaba dificultades para controlar sus esfínteres, por lo que, a pesar de tener 8 años, aún usaba pañales. Durante la valoración, la ginecóloga les pidió fotocopias de sus credenciales tanto a Jacqueline como a Aylén, y les comentó que no era normal que una niña de esa edad presentara esos síntomas. Tras la auscultación, la doctora les informó que la menor mostraba signos de violación.