
Rodolfo Soriano-Núñez Lunes, 24 de Marzo del 2025
En Francia, exalumnos y exprofesores de Bétharram narran el abuso que sufrieron o atestiguaron y llaman a los estudiantes de escuelas de esa orden en Argentina a denunciar.
Al tener escuelas en una de las diócesis más afectadas por el abuso del clero en Argentina, es probable que la orden detrás de Bétharram también enfrente acusaciones en América Latina.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
Esta semana una antigua novicia de una orden religiosa en México denuncia su experiencia de abuso sexual, al tiempo que es necesario considerar las posibles repercusiones en Argentina y en otras partes del mundo católico de la crisis en el internado francés de Nuestra Señora de Bétharram.
Estos, como muchos otros casos, confirman la naturaleza global de la crisis de abuso sexual por parte del clero. Su carácter global es consecuencia de la estructura de la Iglesia Católica, pero también del abuso sexual en sí, y un recordatorio de la necesidad de abordar sus causas profundas y de no perderse en las minucias de la política local o nacional.
En México, Valeria Hernández Carreón, antigua novicia de la rama local de las Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús denunció, por medio de su perfil de Facebook, su experiencia de abuso en la casa de formación de esa orden en Guadalajara.
El abuso ocurrió entre diciembre de 2021 y abril de 2022, cuando Valeria ya era adulta, en el noviciado de dicha orden en Guadalajara, a 576 kilómetros al poniente de la Ciudad de México. Valeria publicó una versión, en cierto modo censurada, de una carta que envió en 2022 a las líderes de la orden donde era novicia y donde ocurrió el abuso.
Su caso es mucho menos violento que otros que afectan a órdenes masculinas y femeninas en México, otros países hispanohablantes y el mundo católico en general. No está claro qué papel desempeña el abuso sexual en los seminarios y casas de formación desempeña en la sequía de vocaciones que afecta a la Iglesia Católica actualmente, pero es difícil descartarlo como un factor.
En Los Ángeles Press hemos seguido el caso de un exseminarista mexicano que fue víctima de abuso sexual por parte del clero a manos de un diácono mientras ambos trabajaban en la diócesis de Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua. Una entrevista donde repasa algunos detalles del abuso está disponible en el artículo a continuación.
Recientemente, Los Ángeles Press reseñó la dolorosa experiencia de abusos reiterados de una monja. Nacida en la década de 1980 en el estado mexicano de Chiapas, el más al sur de México, Myriam, una identidad asumida para protegerla, ya que aún lidia con un doloroso proceso en el poder judicial mexicano, fue víctima de repetidos ataques por parte de diferentes sacerdotes.
Ella nunca lo ha señalado así, pero dada su ceguera parcial desde la adolescencia y el acoso que ha sufrido por parte de un exsacerdote de la actual arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez, capital de Chiapas, es fácil imaginar que sacerdotes mexicanos depredadores compartieran su conocimiento sobre su ceguera parcial para agredirla sexualmente en entornos cerrados y con poca luz, donde su ceguera parcial la hace más vulnerable.
Su caso, junto con información adicional sobre el abuso sexual de monjas o religiosas por parte de sacerdotes católicos, nos llevó a publicar un libro electrónico bilingüe (inglés y español) donde se presenta más información sobre el alcance del abuso sexual por parte de sacerdotes contra mujeres religiosas. El libro se puede descargar directamente en Scribd aquí.
Naturaleza diferente
El caso de Valeria es, al menos hasta donde se sabe ahora, de naturaleza diferente. Al igual que el caso de Leonardo Escárcega Velásquez en Ciudad Juárez, se trata de un tipo de abuso entre personas del mismo sexo que nunca llegó a las mismas consecuencias que el caso de Myriam en Tuxtla Gutiérrez y otras diócesis mexicanas.
Es el tipo de abuso sexual que Benedicto XVI utilizó para justificar su reforma de la educación ofrecida en seminarios católicos y casas de formación para monjas y religiosos no ordenados.
Además, fue el tipo de abuso sexual que Benedicto XVI también utilizó para justificar la masiva e indiscriminada visita apostólica lanzada contra la mayoría de las órdenes religiosas femeninas en Estados Unidos, y que, en última instancia, no prosperó porque nunca tuvo un propósito real más allá de recordar a las monjas estadunidenses su papel subordinado en la Iglesia y los posibles efectos de la misoginia profundamente arraigada en Roma.
Fue, en muchos aspectos, el equivalente católico del macartismo, una cacería de “brujas” con una investigación iniciada para forzar un realineamiento hacia algún tipo de ortodoxia filosófica o teológica de las monjas que dirigían esas órdenes.
Sin embargo, sería ingenuo ignorar el hecho de que, como en casi cualquier orden o diócesis masculina en la Iglesia Católica en general, existe abuso sexual en las órdenes religiosas femeninas.
Como en el caso de Myriam, son víctimas de abuso a manos de clérigos varones que disfrutan del privilegio de prestar un servicio que la Iglesia Católica considera que las mujeres no pueden realizar: la celebración de dos sacramentos clave: la confesión o reconciliación y la celebración de la misa.
Dado que las mujeres no pueden ser diáconas, presbíteras ni obispas en la Iglesia Católica, las órdenes femeninas deben asistir a misa o confesarse en una parroquia cercana o, cuando sea posible, celebrar sus propias misas con tiempo adicional para que el sacerdote pueda escuchar las confesiones de las hermanas de la congregación.
Para las llamadas órdenes “activas”, esto no representa un gran obstáculo, ya que muchas hermanas de esas congregaciones participan activamente con las comunidades donde realizan su apostolado. Pero esto es más difícil y casi imposible para las llamadas órdenes “contemplativas”, algunas de las cuales evitan activamente el contacto con el “mundo exterior” como parte de su práctica espiritual, el llamado “carisma”.
El caso de Valeria arroja luz sobre otros aspectos del abuso sexual en la Iglesia Católica. Es relevante no solo porque involucra una dinámica entre personas del mismo sexo, sino también porque permite comprender cómo las monjas víctimas de abuso sexual desarrollan su propio camino, replicando dinámicas y estrategias de abuso sexual.
Figura masculina
La breve carta de solo dos páginas que Valeria publicó en su perfil de Facebook narra su propio abuso, pero a través del relato de lo que una monja mayor de su comunidad le hizo, es posible ver cómo esa monja, Sandra Elizabeth Durán Peña, también fue víctima de abuso sexual a manos de un sacerdote que le ofreció “sanar su relación con la figura masculina”.
Después de este párrafo, presento la carta de Valeria. Pude confirmar que todos los nombres que menciona corresponden a monjas registradas como tales hasta 2019 en el registro nacional de la oficina de asociaciones religiosas del gobierno mexicano.
En el mensaje de Facebook donde Valeria hizo públicos los tocamientos que sufrió a manos de la monja mayor, en lo que, en la práctica, es un internado, deja claro que está pasando por esto para advertir a la orden donde pasó algunos años como aspirante a monja sobre lo que está sucediendo allí.
Allí proporciona algunos detalles sobre otras dos novicias de esa congregación con experiencias similares. Su testimonio aparece en el recuadro después de este párrafo.
Valeria decidió seguir el procedimiento canónico con el apoyo de la Arquidiócesis de Monterrey, Nuevo León. Dada la ineficacia del gobierno mexicano al abordar este tipo de casos, parece improbable que ella intentara obtener justicia en el estado de Jalisco, donde ocurrió la agresión, ya que reside en el estado de Nuevo León, en el norte de México.
Unas horas después de que Valeria hiciera pública su situación, el 12 de marzo, la actual superiora de la orden en México, María Teresa Morán Chávez, emitió un comunicado en el que reconoce la autoridad de la Arquidiócesis de la Ciudad de México, donde se encuentra la Casa General o Casa Madre en México. Su carta está disponible en el recuadro posterior a este párrafo.
No es difícil imaginar que, dada la naturaleza de este caso, habrá una solución relativamente fácil para Valeria, quien no busca castigo ni reparación. La cuestión, que escapa a su responsabilidad, es si hubo otros casos y hasta dónde llegó Sandra Elizabeth Durán Peña con otras novicias o monjas jóvenes de esa congregación.
Esto cobra mayor relevancia dado que la propia Valeria habla de otros dos casos relacionados con Durán Peña, y porque el abuso sexual en entornos religiosos suele seguir patrones de ataques repetidos y sistemáticos donde el problema clave no es la orientación sexual.
Como se puede ver en el relato de Valeria, Durán Peña fue víctima de algún tipo de agresión heterosexual a manos del sacerdote que intentaba "ayudarla" a sanar su relación con la "figura masculina".
Una investigación exhaustiva de este asunto no se detendría en el caso de Valeria. Su caso, su carta a los líderes de la orden donde incursionó en la vida religiosa a principios de esta década, ofrece una ventana a otros episodios de abuso sexual en las casas de las hermanas de la Sociedad del Sagrado Corazón.
Bétharram, de Francia a Argentina
Otro acontecimiento clave de la última semana ha sido la noticia sobre los posibles efectos en Argentina de la crisis en el internado de Nuestra Señora de Bétharram, en el sur de Francia.
En entregas anteriores de esta serie se presentaron algunos detalles de ese caso. El caso es relevante no sólo porque, como se señaló la semana pasada, un número creciente de sobrevivientes de abusos sexuales en ese internado están dando el paso al frente para denunciar lo que les ocurrió.
Otros colegios, con o sin internado, en otras regiones de Francia también se están convirtiendo en escenarios de experiencias similares de abusos sexuales generalizados y sistemáticos por parte del clero, agravados por lo que muchos de los sobrevivientes y sus defensores describen como una omertá, el código de silencio que configura las relaciones en las organizaciones criminales del sur de Europa y otros lugares.
Como se describe en la primera entrega, parcialmente dedicada a Bétharram, cuyo enlace se encuentra más abajo, dicha omertá llegaría hasta el actual primer ministro de Francia, François Bayrou, quien, dadas las características del sistema político francés, es miembro de la Asamblea Nacional y, al mismo tiempo, alcalde de Pau, un municipio a menos de 40 kilómetros al noroeste de la Basílica de Nuestra Señora de Lourdes y a poco más de 50 kilómetros de la frontera con España.
En ese sentido, Pau y Nuestra Señora de Bétharram se encuentran lo más cerca posible del corazón católico de Francia. Sin embargo, debido a ello, también es una región propensa a adoptar el mencionado código de omertá, de silencio a toda costa, sin importar las consecuencias.
Un aspecto que faltó en nuestra cobertura previa de este caso es que, a pesar de la aparente voluntad del actual obispo de esa región, Marc Marie Max Aillet, de reconocer los abusos allí, se negó a cooperar con la investigación que finalmente condujo a la publicación del Informe Sauvé.
El hecho de que decidiera no cooperar con el Informe Sauvé cobra mayor importancia a medida que se hacen más evidentes los efectos de lo sucedido en Bétharram. No se trata, de nuevo, de un caso aislado. Varias cohortes de exalumnos de esa institución siguen publicando historias de todo tipo de abusos, sexuales y de otro tipo, que abren la puerta a otros casos.
En nombre de la disciplina
En el grupo de Facebook de exalumnos de Bétharram, ahora hay exalumnos de otros colegios católicos de Francia, como el de Nuestra Señora de Garaison, ubicado también a 50 kilómetros, pero al oriente de la Basílica de Nuestra Señora de Lourdes, muy cerca de la frontera con España, en el sur de Francia, con historias similares de abusos generalizados por parte del clero y el personal laico que se suponía debía cuidarlos.
Incluso en Bétharram, la magnitud de los daños sigue aumentando. Recientemente, una antigua profesora y la hija de otro profesor ya retirado de ahí dieron a conocer detalles sobre la magnitud de los abusos, tanto sexuales como de otro tipo, ocurridos en ese colegio.
Tanto en Bétharram como en otros casos de abusos, tanto sexuales como de otro tipo ocurridos en entornos religiosos católicos, la necesidad de establecer un cierto orden y disciplina jugó un papel clave. En ese sentido, es posible observar cómo los padres enviaban a sus hijos a Bétharram y Garaison, considerados lugares para lidiar con niños “difíciles” o “problema”, quienes lamentablemente ahora son sobrevivientes de abusos, sexuales y de otro tipo.
Las escuelas eran lugares, una especie de marcas, donde los padres que pagaban la educación de sus hijos estaban dispuestos a aceptar cierto grado de violencia contra el estudiante. Era una forma de endurecerlos, de “hacerlos hombres” o machitos como se decía en México todavía a finales del siglo pasado. En ese sentido, era más fácil para los padres, e incluso quizás para las autoridades francesas o los obispos de la región, desestimar cualquier advertencia sobre abusos que ocurrían allí.
Robin Richardot, autor francés, publicó antier sábado un esclarecedor artículo que explica el abuso en Bétharram en relación con la disciplina, en la medida en que era una garantía del éxito de las élites locales.
Lamentablemente, Le Monde tiene el artículo de Richardot detrás de un muro de pago, pero puede encontrarlo aquí.
La idea de la disciplina, tan desesperadamente buscada por los propios padres, y sus efectos en la desestimación sistemática de las numerosas señales de alerta que surgieron a lo largo de los años, seguirá siendo un factor clave en lo que sucedía en esa y otras escuelas católicas francesas.
Audio disponible sólo en francés. Es posible obtener subtítulos desde el panel de control de YouTube.
Una muestra de esa actitud surge del testimonio de la hija de un exprofesor de Bétharram en el video enlazado antes de este párrafo, mientras que una toma similar de un exprofesor de la misma escuela está disponible en el video que se puede ver aquí.
Ambos videos están disponibles solo con audio en francés. Puede intentar solicitar subtítulos en inglés a través del panel de control de YouTube. En el segundo de estos videos, la antigua profesora de esa escuela habla de una "tortura moral".
Además de los detalles que Françoise Gullung ofrece sobre el tipo de castigos a los que eran sometidos los estudiantes de Bétharram, también relata las consecuencias profesionales que sufrió tras presentar una denuncia formal ante las autoridades francesas antes de renunciar a su puesto.
Esa es una de las razones por las que resulta difícil creer, como aún afirma François Bayrou, que desconociera los abusos, tanto sexuales como de otro tipo, que ocurrían en ese colegio, en un lugar donde ha sido una figura política importante durante los últimos 30 años aproximadamente.
En ese sentido, Bayrou se enfrenta a la ira de las redes sociales francófonas, que le recuerdan constantemente cómo desestimó lo que ocurría en Bétharram, Garaison y otras escuelas católicas de Francia. Cabe destacar que, en diferentes momentos de su carrera, fue ministro de Educación del gobierno nacional francés (1993-1997) y ministro de Justicia durante un mes en 2017, como demuestra su biografía en Wikipedia.
El 11 de marzo, al igual que muchos otros políticos europeos, usó sus redes sociales para conmemorar a las víctimas de los atentados terroristas de Madrid, España, en 2004. Su cuenta se llenó de recordatorios de su indiferencia hacia esa otra forma de terrorismo en Bétharram y otras escuelas de Francia, como demuestra el mensaje que sigue a este párrafo.
Una y otra vez, las respuestas a las publicaciones de Bayrou, especialmente las que celebraban sus 100 días como primer ministro francés, utilizan la idea de la omertá como un elemento clave para señalar su conducta respecto de lo que ocurría en Bétharram, su propio silencio y la estrategia general que sigue al respecto.
Sí, es global
Sin embargo, los abusos en Bétharram podrían convertirse en una crisis global diferente y más amplia si, como consecuencia de lo que está sucediendo en Francia estos días, surge evidencia de que la orden que dirige el colegio en Pau, Francia, los a veces llamados betarramitas (oficialmente llamados en español los clérigos del Sagrado Corazón de Jesús de Bétharram), realizó actos de disciplina similares en sus colegios en Argentina.
De hecho, el actual superior general de la orden es el sacerdote argentino Gustavo Agín, y la orden es propietaria de varios colegios en su país. Por ello, la Red de Sobrevivientes de Abusos Eclesiásticos de Argentina intenta contactar con los exalumnos de los colegios administrados por dicha orden en Argentina.
Uno de esos colegios es el Colegio de San José de La Plata (su sitio web oficial se encuentra aquí y su perfil oficial en Facebook está aquí, aunque este perfil no se ha actualizado desde la pandemia en 2021.
Su vinculación con la arquidiócesis de La Plata es relevante debido a los numerosos problemas que esa circunscripción de la Iglesia Católica en Argentina tiene desde la época de Héctor Rubén Aguer al frente de la misma, con numerosos casos registrados, pero también porque, a pesar del entusiasmo del cardenal Víctor Manuel Fernández al defender lo hecho por el papa Francisco, su propio historial como arzobispo, al igual que el de sus sucesores, no es alentador.
Basta recordar el caso de Eduardo Lorenzo, el sacerdote que se suicidó minutos después de que un juez emitiera una orden de arresto por abuso sexual de menores en esa diócesis, caso que se narró en el texto enlazado después de este párrafo.
Además, dado que la orden del Sagrado Corazón de Jesús de Bétharram, al igual que muchas otras órdenes en el mundo católico, traslada sacerdotes con problemas conocidos de un país a otro, al igual que ocurre con otras órdenes, es difícil rastrear sus nombramientos o las razones por las que algunos de ellos son más cortos de lo esperado.
Aunque es posible determinar las trayectorias de algunos sacerdotes y hermanos religiosos de esta congregación, algunos sacerdotes parecen tener nombramientos simultáneos en diócesis del Reino Unido y Tailandia. Sería fácil creer que un sacerdote de esta congregación pudiera estar moviéndose de Francia a España, sobre todo si dominaba el euskera, ya que ambos países están próximos y existe una necesidad real de clérigos capaces de comunicarse en euskera en el norte de España y el sur de Francia.
Sin embargo, es difícil comprender cómo un sacerdote parece tener nombramientos activos en dos diócesis británicas y, al mismo tiempo, estar activo en Tailandia.
El sacerdote Wilfred Pereppadan aparece con algún nombramiento en la arquidiócesis de Birmingham, en el centro de Inglaterra, a medio camino entre Londres y Liverpool, y también como responsable de la parroquia del Beato Roberto Widmerpool en la diócesis de Nottingham, a 74 kilómetros al norte de Birmingham. Además, se le atribuye el cargo de Superior Regional de la región de Santa Miriam Crucificada en Tailandia, como indica esta publicación de Bétharram Tailandia en Facebook.
No hay evidencia que implique a Pereppadan en algún caso de abuso sexual por parte del clero, pero su presencia en países separados por casi diez mil kilómetros demuestra lo difícil que es rastrear nombramientos de clérigos, así como sus trayectorias. Si esto resultara útil al tratar con clérigos de buen comportamiento, es una necesidad apremiante al hablar de órdenes religiosas que enfrentan una crisis muy grave, como la que está detrás del colegio de Nuestra Señora de Bétharram en el sur de Francia.
Tras estas inquietantes revelaciones, la Iglesia Católica se enfrenta a una coyuntura crítica. Los casos de México y Francia, con sus repercusiones en todos los continentes, subrayan la urgente necesidad de una reforma sistémica, transparencia y rendición de cuentas. Más allá de abordar los casos individuales de abuso, la Iglesia Católica debe confrontar las dinámicas de poder y las normas culturales profundamente arraigadas que han permitido estas atrocidades. Solo mediante un compromiso con la sanación genuina de los sobrevivientes y el desmantelamiento de las estructuras que perpetúan el abuso, la Iglesia Católica puede comenzar a restaurar su credibilidad.
La jerarquía católica debe aprender que no hay confianza sin rendición de cuentas, y no hay rendición de cuentas si es imposible averiguar cuándo y por qué un sacerdote viaja de Europa a Asia o Latinoamérica, como se demostró la semana pasada con el secretismo en torno a los movimientos de los clérigos de la Legión de Cristo.