Solidaridad con nuestros hermanos migrantes: Liga Comunista 23S

Grupo Liga Comunista 23S

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En medio de una ofensiva autoritaria en Estados Unidos, marcada por políticas contra migrantes cada vez más represivas, este artículo de la Liga Comunista 23S alza la voz desde México para expresar su solidaridad con quienes, desde el exilio, enfrentan al fascismo con dignidad.

Por la Liga Comunista 23S

En estos momentos tan duros, cuando la represión, el odio y el autoritarismo se intensifican en Estados Unidos bajo un gobierno abiertamente racista y represivo como el de Donald Trump, desde México levantamos la voz, con coraje y con corazón, para expresar nuestra más profunda solidaridad con nuestras hermanas y hermanos migrantes mexicanos. No solo los entendemos, los reconocemos como parte esencial de nuestra clase, como compañeras y compañeros de lucha que están dando la cara en condiciones adversas.

No se fueron porque quisieran. Dejaron su tierra, su familia, su historia porque la necesidad los empujó. Porque en México no encontraron una vida digna. Porque el sistema económico y político los expulsó. Se fueron por hambre, por miedo, por amor a los suyos. No salieron en busca de riqueza, salieron en busca de vida. Y no dejaron de luchar desde allá.

Hoy, esas hermanas y hermanos migrantes sostienen buena parte de nuestro país con su trabajo y su sacrificio. En 2023, enviaron más de 63 mil millones de dólares en remesas. Esa cifra no solo supera —y por mucho— los ingresos por petróleo; representa alimentos en la mesa, medicinas, techos, escuelas y esperanza para millones de familias. Las remesas equivalen a más del 4.3% del Producto Interno Bruto nacional. Es decir, sin su esfuerzo, sin su sudor, sin sus jornadas extenuantes, la economía mexicana colapsaría.

Pero su papel no se limita a lo económico. Hoy, nuestros migrantes están alzando la voz en las calles del norte, enfrentando leyes crueles y políticas de odio, marchando con dignidad y sin miedo. Y en esas movilizaciones, ondea la bandera mexicana. Pero no como un simple símbolo nacional, sino como una bandera de dignidad obrera, como una consigna viva de lucha. Esa bandera, rescatada por manos trabajadoras en tierra ajena, grita que México está presente donde haya alguien resistiendo la injusticia.

Nuestros hermanos migrantes no son víctimas pasivas: se han convertido en una verdadera vanguardia en la lucha contra el fascismo, en los barrios, en las fábricas, en las escuelas, en las calles de Estados Unidos. Su lucha no es aislada ni individual. Es una lucha de clase transnacional, compartida con millones de trabajadoras y trabajadores del mundo. Nos están mostrando que el exilio también puede ser trinchera, que la dignidad no tiene pasaporte, que la resistencia no conoce fronteras.

Desde México, hacemos un llamado urgente, fraterno y combativo, a todas y todos los que luchan por un país más justo: a la clase trabajadora, a las estudiantes, a los pueblos originarios, a las madres buscadoras, a los colectivos, a quienes resisten desde abajo. No dejemos solos a nuestros hermanos. Su lucha allá es también nuestra aquí. Su voz es también la nuestra. Lo que allá se conquiste, resonará en nuestras propias calles.

Nuestros migrantes no son solo números. Son personas, son obreras, campesinos, jóvenes, madres, hijas e hijos que enfrentan el monstruo del capital con la única arma que tienen: su dignidad. Ellos también están construyendo este México, desde la distancia y el sacrificio. Ellos también sueñan con un país donde nadie tenga que irse para poder vivir.

¡Por un mundo sin fronteras impuestas por el capital!

¡Por una clase trabajadora unida, sin muros ni divisiones!

¡Viva la lucha de nuestros migrantes!

¡Viva la dignidad rebelde del pueblo trabajador!

!!Proletarios de todos los países: Uníos!!