

Cinthya Alvarado Enriquez Miércoles, 13 de Mayo del 2026
Chiapas volvió a convertirse en punto crítico de desapariciones migrantes y rutas clandestinas operadas por redes de tráfico humano.
Por Cinthya Alvarado Enríquez
° Pagaron 7 mil dólares a pollero que prometió llevarlos a Estados Unidos.
° Último punto de ubicación: San José Hueyate, Playa de Mazatán, Chiapas.° El único avance: inicio de carpeta de investigación, sin indicios ni pistas reales.Un grupo de diez madres, abuelas y padres cubanos, ecuatorianos y hondureños hizo un recorrido en la zona costa y centro de Chiapas durante quince días, en los que siguieron las pistas de los últimos pasos registrados por sus hijos: un grupo de cuarenta personas de distintas edades, entre ellos niños, que están en calidad de desaparecidos desde enero de 2024. Terminaron su peregrinar en búsqueda de sus hijos, quienes confluyeron en el pueblo costero de San José Hueyate, municipio de Mazatán, Chiapas, donde no encontraron nada; sólo dichos no verificables de vecinos y, sí, un cúmulo de tristezas y sentimientos encontrados, pero con manos vacías.
La madre de la cubana Mellisa Álvarez Bravo expresó que busca a su hija y a su nieto. Ha sido difícil su travesía, pero al pisar El Hueyate sus entrañas se removieron al pensar que fue el último sitio donde se registró el reporte de su hija, el 22 de diciembre de 2024. “En un parque me dijeron que habían visto a mi hija comprando pan; otras personas me dijeron que quizá estaban trabajando, pero sin confirmar”. Ella recuerda que su hija, en su último mensaje, le dijo que iban a comer antes de salir en lancha con rumbo a la costa de Salina Cruz, Oaxaca. “Ella estaba esperando para poder cruzar a la Ciudad de México”.
Es sabido en la zona costa que en puntos de Suchiate, Puerto Madero y El Hueyate salían o salen lanchas cargadas de migrantes, de madrugada. Los metían a casas de seguridad y, llegada la hora o llenos los cupos, zarpaban bordeando la costa. Sin embargo, por el tiempo de desaparición de este grupo y de muchos otros cuyos familiares no cuentan con la manera de venir a buscarlos, se presume que hay una lista negra donde no hay denuncias ni pesquisas de las autoridades.
El lunes 11 de mayo, en la Fiscalía de Migrantes, los entrevistaron. Los familiares entregaron los datos, mensajes e indicios que encontraron en esta travesía de búsqueda. La Fiscalía especializada apenas inició la investigación.
“Lo más complicado es no saber de ellos, llegar a un lugar donde realmente estuvieron; vaya que eso es una realidad… quisiera haber tenido una pista”.
San José El Hueyate esconde una verdad
Óscar Hernández, hermano de Ricardo Hernández, hondureño, explica: “Hicimos un corto recorrido en lancha saliendo de San José El Hueyate, donde hicimos un simulacro por donde nuestros familiares pudieron haber pasado. Ayer estuvimos en Mazatán, en el parque, en los mercados, buscando pistas que nos lleven donde se encuentran nuestros familiares. Nos vamos con tristeza de Tapachula porque esperábamos más; esperábamos al menos encontrar a algunos, pero nos vamos con la esperanza, la que nunca debemos perder como familia, como creyentes de un Dios vivo. Siento que hicimos un trabajo bastante duro, bastante fuerte. Visitamos desde Tonalá, haciendo un recorrido de búsqueda donde las personas nos dan pistas, pero no pistas concretas que al final no son más que especulaciones, comentarios, pero nada concreto”.
“Somos migrantes también, no somos de este país. Hoy la pregunta social es: ¿cuántos mexicanos extraviados hay y que la fiscalía todavía no los ha tomado en cuenta? Nosotros agradecemos que la fiscalía nos haya tomado en cuenta. Hay siete familias, pero detrás hay 33 familias más”, dice el hermano del hondureño, y añade:
“El consulado de Honduras en Tapachula es sólo contestadora. En Cancillería de mi país no hubo respuesta; no le toman el interés que deben, hacer un trabajo no sólo de ganarse un sueldo.
“Es un tema complejo; hay diferentes factores. Ellos forman una red. No es que tú, desde tu país, buscas al pollero y que te diga: ‘tengo veinte y jalan para arriba’. Aquí se tomó la mala decisión de tomar a la persona equivocada. Llegan de diferentes lugares; hay guías, detrás del guía está el pollero, pero nunca le ves la cara. ‘Conquista tres’, ‘conquista cuatro’, que es buenísimo, que yo te lo recomiendo… y la ilusión y el interés de llegar a Estados Unidos hacen que tomes la decisión. Así se va formando el grupo y es así como camina. El trato era de 17 mil dólares para llevarlos hasta Norteamérica, desde Tapachula”.
“Siento que San José El Hueyate es el punto clave; creemos que ahí se esconde una verdad, ahí está todo para descubrir dónde están nuestros familiares. Obviamente, en los pobladores existe el miedo, existe el temor, y entendemos, porque lo hemos vivido. Desde que pisamos tierras mexicanas nos damos cuenta de que no sólo el emigrante sufre este tipo de atropellos. También hay mexicanos que sufren este tipo de atropellos y que se les busca con la misma intensidad con la que hemos venido a buscar a nuestros seres queridos, y es una realidad que no podemos desconocer más”, dijo en la entrevista a Los Ángeles Press.
Segundo viaje con esos polleros, después me bloquearon
Para el ecuatoriano José Antonio Quindil, padre de Jefferson Stalin Quindil Guanoquiza, quebrado en llanto, dijo que no le da pena llorarle a su hijo. “Dolor, tristeza… yo sé que estas autoridades nos abrieron la puerta, nuestra esperanza de encontrar a nuestras familias y regresar a nuestros países. Y cuando llegue a Ecuador mi familia me preguntará: ‘¿Dónde está su hijo?’. ¿Qué les voy a decir? Hay quienes dicen que los hombres ni lloran, pero estamos apenados por ver a nuestros hijos. Que nos apoyen a encontrar a nuestros hijos. Mi hijo salió el 11 de diciembre de 2024, llegó el día 21 de diciembre y se desapareció. Él era taxista y quería mejorar: ‘voy a trabajar, voy a suspirar y tener algo en la vida; yo soy joven y voy a trabajar’”.
Jefferson era el segundo de la familia que se aventuraba al sueño americano. El primero ya había pasado sin problema con el mismo coyote, quien le informó que ahí, en San José, se había subido a la lancha y que todo iba bien. Al pasar las horas y días preguntándole razones sobre su hijo, fue bloqueado y dado de baja en un grupo donde estaban incluidos familiares de migrantes en tránsito.
Informó el padre de Jefferson, el taxista, que le pidieron “seis mil dólares; estaba negociado en cinco mil. Ellos dijeron: ‘ustedes son clientes, les vamos a cobrar seis mil dólares… bueno, por cinco mil lo vamos a llevar, porque son clientes; no hay problema, lo vamos a llevar’”.
Si hay 180 mil mexicanos desaparecidos, como migrantes ¿qué se puede esperar?
Ana Enamorado, madre de Óscar Antonio López Enamorado, también hondureño desaparecido desde 2007 en Jalisco, formó a raíz de eso el Colectivo Red Regional de Familias Migrantes, del que forman parte varias familias de Centro y Sudamérica, así como del Caribe. Viendo cómo muchas familias mexicanas también buscan a sus familiares, surge por la dificultad de que estas familias extranjeras lleguen acá a poder hacer su búsqueda.
“Desde noviembre de 2025 se inició con la Comisión de Búsqueda reunirnos con las autoridades, abrir las carpetas de investigación; todos tenemos derechos aunque no seamos mexicanos, nuestros hijos desaparecieron en México”.
Al llegar con consulados o embajadas mexicanas en sus países —en este caso Ecuador, Honduras, Cuba y Colombia— les apoyan dos organizaciones internacionales: “Caravana Inmigrante”, una organización italiana, y “Abriendo Fronteras”, de España.
Toda la información que se logró acumular en su recorrido de búsqueda se volcó en la fiscalía. “No nos regresamos como quisiéramos, que es volver con el ser querido, pero por eso hacemos un llamado a la sociedad y a las autoridades a que nos ayuden a encontrarlos. Hubo muchos obstáculos; nos costó con cada autoridad, porque no habían trabajado con familias extranjeras, pero hemos avanzado”.
Ana Enamorado dijo que las autoridades mexicanas les dieron una buena atención, que no se registró ninguna incidencia ni inseguridad, pero al ver el número de personas mexicanas desaparecidas resulta desmoralizante que, si con los del país no avanzan investigaciones ni logran dar con su paradero, como migrantes, ¿qué se puede esperar?
Cientos de anomalías rodean el contexto de la migración en oleadas o grupos que se han dado en México ante una política migratoria que criminaliza a los migrantes y que, en lugar de establecer un corredor migratorio acorde a sus necesidades —de trabajo, visas migratorias y seguridad para que no sean presa de grupos del crimen organizado— ha hecho lo contrario.
No sorprende, por ello, que se reporten desaparecidos, aunque sí es doloroso que ahora vengan a buscar a sus hijos, de quienes no hay rastro.