


Argenis Esquipulas Jueves, 24 de Abril del 2025
Según los migrantes, los vuelos humanitarios son gestionados por el gobierno de Nicolás Maduro.
Por Argenis Esquipulas
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas – A las afueras del Instituto Nacional de Migración (INM) en la carretera Villa Flores, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, un grupo de migrantes venezolanos levantó la voz en una manifestación pacífica para exigir lo que, para ellos, se ha convertido en una necesidad urgente: vuelos humanitarios que les permitan regresar a su país de origen.
Con pancartas que leían “Solicitamos vuelos humanitarios”, “Venezolanos desean volver a su patria” y “Presidente Maduro, familias venezolanas queremos regresar a nuestro país”, los migrantes hicieron visible una problemática que se agudiza en el sur de México, donde las políticas migratorias y la falta de documentación han convertido su retorno en una travesía imposible.
Betzabé Anzola, originaria de Venezuela, contó que lleva más de tres meses en Chiapas buscando apoyo para volver a casa. “Los vuelos humanitarios son gestionados por el gobierno de Nicolás Maduro, pero aquí en México nos exigen pasaporte vigente. Muchos de nosotros solo tenemos cédula de identidad”, explicó. Esta exigencia, que para muchos resulta inalcanzable, ha dejado varados a cientos de venezolanos.
Según datos proporcionados por los propios manifestantes, al menos 200 personas —entre ellas más de 70 menores de edad— se encuentran actualmente en espera de ser incluidos en uno de estos vuelos. Todos cuentan únicamente con cédulas de identidad, documento que no cumple con los requisitos exigidos por las autoridades mexicanas para abordar los vuelos organizados.
Los vuelos humanitarios, aunque escasos, han estado saliendo de Chiapas con destino a Venezuela, pero bajo criterios que excluyen a la mayoría. En febrero, se permitió viajar solamente a personas solteras con pasaporte vigente. En marzo, la situación pareció flexibilizarse al permitir la inclusión de núcleos familiares. Para abril, aún no hay claridad sobre un nuevo vuelo.
Moisés Alejandro Cuerta, otro de los manifestantes, explicó que la opción de regresar por cuenta propia es inviable. “El costo ronda los mil dólares, y ni hablar del pasaporte. Muchos lo perdimos en el camino o ni siquiera lo teníamos. Salimos huyendo, no planeando una gira turística”, afirmó.
La mayoría de los migrantes llegaron a México tras largas y peligrosas travesías a través de varios países, motivados por el anhelo del “sueño americano”. Sin embargo, la situación ha dado un giro tras el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. Las posibilidades de ingresar legalmente se han reducido, y los recursos económicos se han agotado. Muchos han intentado acceder a los permisos mediante la plataforma CBP One, pero los procesos son lentos y altamente restrictivos.
Durante las primeras ocho semanas del nuevo gobierno estadounidense, México recibió a más de 24 mil deportados desde el norte, de los cuales 4,567 eran extranjeros. La presidenta Claudia Sheinbaum ha prometido gestionar la regularización de migrantes o facilitar su retorno a sus países de origen, pero en los hechos, la situación sigue siendo crítica.
La frontera sur de México, particularmente Chiapas, se ha convertido en un embudo humanitario. Sin recursos, sin documentos, sin futuro en México ni camino claro hacia Estados Unidos, miles de migrantes permanecen atrapados en un limbo legal y social.
Mientras el contingente se manifestaba, las consignas retumbaban en las instalaciones del INM: “Queremos volver en paz, no pedimos más que un vuelo”. La frustración es evidente. La desesperanza también. La falta de respuesta concreta por parte de las autoridades solo incrementa la tensión y el riesgo de que estas personas, ya vulnerables, caigan en manos de redes de tráfico, explotación o violencia.
La situación de estos migrantes no es nueva, pero sí urgente. El llamado es claro: necesitan una vía humanitaria que no condicione el regreso a la posesión de documentos que, en su situación, son imposibles de obtener. Los vuelos humanitarios son una promesa que hoy parece lejana, mientras la espera se vuelve insoportable.
La crisis migratoria sigue cobrando factura. En Chiapas, el rostro humano del éxodo venezolano grita en silencio por ayuda. Una ayuda que, de momento, parece no llegar.