
Juan Ricardo Montoya Benítez Viernes, 02 de Junio del 2023
El Mascafierros, al igual que otros Zetas, habían desertado de las fuerzas especiales de Ejército.
Decían que era mano derecha de Heriberto Lazcano, quien junto con El Mascafierros pertenecía a los GAFE.
Por Juan Ricardo Montoya
La noche del 6 de agosto de 2009 se suscitaron dos enfrentamientos de forma simultánea entre Los Zetas y policías del estado de Hidalgo. La Secretaría de Seguridad Pública estatal y la entonces Procuraduría General de la República (PGR) enfrentaron el primer ataque en las inmediaciones del autódromo del municipio de Epazoyucan, y el segundo ataque en la colonia Santa María La Calera de Mineral de la Reforma, donde el grupo delictivo tenía varias casas de seguridad.
El saldo de ambas balaceras fue de 12 muertos, nueve delincuentes y tres policías estatales. Otros tres uniformados, entre ellos uno de la PGR, resultaron heridos de gravedad.
El entonces secretario de Seguridad Pública de Hidalgo, Damián Canales Mena, sólo se limitó a informar en un su comunicado de prensa la cifra de muertos o heridos. De forma inexplicable, no dió a conocer que con quienes se habían enfrentado como policía eran integrantes de Los Zetas, y mucho menos reveló que uno de los fallecidos en la refriega era El Mascafierros, como apodaban al jefe de la plaza del estado de Hidalgo de esa organización criminal. Su nombre nunca se supo, sólo que había sido nombrado por el líder del grupo Heriberto Lazcano Lazcano, El Verdugo, un ex militar hidalguense que trascendió en popularidad por su liderazgo en el tráfico de estupefacientes a nivel nacional bajo la llamada Compañía o La Última Letra.
La mesura se debió tal vez al miedo que inspiraba El Mascafierros y, sobretodo, Lazcano a Damián Canales Mena, pero también a la supuesta complicidad del jefe policíaco con Los Zetas que por aquellos años tanto se rumoró.
De acuerdo con varias declaraciones ante el agente del Ministerio Público federal de policias municipales de Pachuca y de otras corporaciones coludidos con Los Zetas, se tiene una descripción aproximada de la apariencia física del enviado de Lazcano para imponer, a sangre y fuego, su supremacía en el estado de Hidalgo. Una entidad que por algún tiempo parecía más peligrosa que Medellín, Colombia, en tiempos de Pablo Escobar.
En ninguna de las miles de fojas del expediente de la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIS/099/2009, integrada por varios casos de secuestros, homicidios, levantones y otros delitos atribuidos a Los Zetas aparece el nombre real de El Mascafierros. Policías al servicio del capo interrogados tras ser capturados y acusados de trabajar para Los Zetas lo describen de tez blanca; algunos dijeron que tenía 1.60 metros de estatura en tanto que otros, aseguraron que 1.75, sin precisar más datos.
En cuanto a su complexión también había discrepancias, ya que hubo quienes comentaron que era delgado, pero otros afirmaban que era robusto. El Mascafierros era muy joven, en eso sí coinciden las descripciones, se aventuran de entre 25 y 28 años de edad, además de cabello corto y lacio. El perturbador mote de Mascafierros era por el simple hecho de que tenía brackets de metal para alinear sus dientes.
Al parecer no era originario de Hidalgo, ya que por su acento norteño, sus cómplices en la policía, pensaban que era originario del estado de Nuevo León o lo más seguro de Tamaulipas. Era conocido también por los sobrenombres del G-1 o simplemente, como El Uno.
Tenía dos escoltas o "estacas", dicen que de aspecto tan temible como sus apodos. Uno era conocido como El Hell Boy, de 25 años, aspecto militar, de 1.80 metros de estatura; cabello corto ondulado; tez blanca, cejas pobladas, nariz chata y al igual que su jefe, con brackets. El otro escolta, de 22 años, era conocido como El Goham, de 1.77 metros de estatura, delgado y moreno.
El Mascafierros y sus dos escoltas siempre se transportaban en un lujoso auto Mercedes Benz gris deportivo blindado, donde siempre llevaba armas de alto poder. Así lo aseguraron en su declaración ante el agente del Ministerio Público federal, el 1 de julio de 2009. Una declaración que se obtuvo un mes antes del enfrentamiento donde falleció El Mascafierros, junto con nueve de sus sicarios. La declaración la había dado José Manuel Escobedo, alias El Oso, comandante de la Policía Municipal coludido con Los Zetas y detenido meses antes junto con Jesús Garcés Jiménez, El Jarocho, comandante de la Policía Ministerial por haber intentado secuestrar a un joven en el interior del restaurante Vips de Plaza Bella de Pachuca.
El Oso aseguró que traía "una mata-policías 5.62, un R-15, una bazuca, como ocho granadas de fragmentación, chalecos y uniformes de la AFI y gafetes como agente A de la AFI.
"Esto lo sé porque el día que lo conocí, lo ayudé a cambiar sus cosas a otro vehículo, una camioneta Durango porque al Mercedes Benz se le rompió la rótula delantera izquierda".
Según Jesús Manuel Escobedo, decía que El Mascafierros le contó a él y a otros policías que "había sido Gafe en la militar y se salió con el grado de sargento segundo". Se refería al Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales, del Ejército mexicano, y del cual era una unidad de elite para operaciones encubiertas de la Secretaría de la Defensa Nacional. Quienes eran parte del GAFE eran adiestrados en alto grado en disciplina, tolerancia al dolor, control de emociones, valor, capacidades físicas, psicológicas y de combate Eran convertidos en "Rambos", los cuales muchos de ellos se convirtieron en excelentes mercenarios y sicarios de los cárteles.
Es el mismo grupo de élite del que desertó Heriberto Lazcano, junto con otros militares para integrar lo que inicialmente fue la célula de sicarios al servicio del Cártel del Golfo y que posteriormente derivó en el sanguinario cártel de Los Zetas. Era tal el orgullo que El Mascafierros sentía de sus orígenes castrenses, que presumía constantemente algunas fotos que le habían tomado, mientras realizaba rapel cuando era entrenado en el ejército.
En otra parte de su declaración, José Manuel Escobedo dijo que "en la organización criminal denominada Los Zetas, una de sus estructuras son las estacas". Se refería a la cofrade o grupo que acompaña al jefe operativo o de plaza, conformada por cuatro sicarios de mayor confianza del capo encargados de su seguridad. El Hellboy y El Goham eran los más cercanos a El Mascafierros, pero había otros más que eran parte de sus "estacas".
El Mascafierros viajaba siempre en el Mercedes Benz o en la camioneta Durango, acompañado de El Hellboy y El Goham; el auto Mercedes Benz era escoltado por otros sicarios armados, abordo de otros vehículos: dos Hummer H2, una de color vino y otra negra, la primera con placas de Hidalgo, y la otra carecía de matrículas, según el reporte policial. En el convoy también había otra camioneta Durango negra, con blindaje del número siete, también sin placas.
La red de corrupción de las corporaciones policíacas de Hidalgo era tal, qué los altos comandantes de la Policía Ministerial fungían como informantes del G-1. "Sé que Juan Enrique Martínez Torres, de la Policía Ministerial (destacamentado) en Tizayuca, también trabaja para Los Zetas, ya que en una ocasión el G-1 o El Mascafierros quería saber sí habían reventado un laboratorio de droga los policías federales, y como yo le informé que no sabía nada, me dijo que me comunicara con el comandante Juan Enrique Martínez; pero al decirle que no lo conocía, me mandó a la chingada", relató uno de los informantes a la Policía.
Según otros policías, en 2008, fue El Mascafierros el que pagó los aguinaldos y la cena baile para festejar el Día del Policía, que se celebra el 17 de diciembre, en el Auditorio del Palacio Municipal de Actopan el cual fue amenizado por el Grupo Pesado y los Cadetes de Linares.
En 2009, El Mascafierros había rentado una casa en la avenida Ayuntamiento, del Fraccionamiento Luis Donaldo Colosio, en el municipio de Mineral de la Reforma donde estuvo a punto de ser capturado,en junio de ese año.
"Hace aproximadamente 25 días (5 de junio de 2009) la policía estatal cateó una casa ubicada en el fraccionamiento Colosio, que rentaba él, pero no encontraron nada", aseguró José Manuel Escobedo.
Se desconoce cómo fue que El Mascafierros y sus subalternos lograron huir antes del operativo, pero se deduce que por la enorme red de policías municipales de Pachuca, Mineral de la Reforma y otros lugares aledaños, e incluso federales que trabajaban como "halcones" o espías al servicio de Los Zetas, algún grupo pudo haberle sido avisado a tiempo para que abandonara la vivienda.
El caso de Raúl Batres Campos
Raúl Batres Campos, tío de Socrates Campos Lemus, integrante del Consejo Nacional de Huelga en el Movimiento Estudiantil de 1968, y quien fue acusado como traidor por sus ex compañeros de lucha, era en aquel tiempo comandante Regional de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI).
Ex policías detenidos por trabajar para Los Zetas aseguraron que Batres tenía una estrecha relación con El Mascafierros. "Uno de los que recibían pago de Los Zetas por conducto de Javier Mariscal, alias El Paisa, entonces policía federal, era el comandante regional de la AFI, de apellido Batres. Debo aclarar que nunca he tratado personalmente con Batres y que sólo tuve contacto personal con él una sola vez y fue muy rápido, cuando me dijo por teléfono que hablaba de parte del Uno, El Mascafierros para que ayudará a su hijo por un accidente de tránsito, declaró Escobedo. Agregó que Batres le pasaba información al jefe de plaza de Los Zetas.
En esa misma declaración, informó que después de El Mascafierros, el segundo al mando, era otro individuo apodado como El Mexicano, de 1.75 metros de estatura, de aproximadamente 28 años de edad, tez morena, delgado y como todos los "jefes" de esa agrupación delictiva, con cabello corto al estilo militar. Tenía su vivienda en la calle Cisnes, de la colonia Villas de Pachuca, cerca de donde tres de los cuatro policías de Pachuca que fueron "levantados" y desaparecidos en 2008 tras sostener un enfrenamiento con Los Zetas fueron vistos por última vez, momentos antes de ser entregados por sus compañeros al grupo delictivo.
El Jarocho dijo que "entrenaba a los integrantes de la organización de Los Zetas para lo cual les daba clases de tiro y defensa personal, e investigaba a los que vendían droga para ver si eran "contras", es decir, que fueran de la Familia Michoacana o que trabajaban por su cuenta.
Del caso de Raúl Batres Campos, acusado de trabajar para Los Zetas, extrañamente, poco después de su detención y de forma repentina, el director del diario El Independiente de Hidalgo, de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (y donde quien firma la presente nota publicó reportajes sobre la existencia del Mascafierros, su supuesta relación con Raúl Batres y la contratación de Kaibiles guatemaltecos por parte de Los Zetas para asesinar al secretario de seguridad pública de Hidalgo Marcos Souverbille) , fue relevado de forma repentina y sustituido por una supuesta activista.
La nueva directora, identificada con Gerardo Sosa Castelán, ex rector de la UAEH y calificado como porro en el libro La Sosa Nostra, de Alfredo Rivera Flores, y con prólogo de Miguel Ángel Granados Chapa, puso fin a los reportajes y a través de editoriales inició la defensa en favor de Raúl Batres, más no de los otros expolicias detenidos.
Aunque en el expediente del caso hay fotos de las nóminas con los nombres y claves de los policías sobornados por Los Zetas, entre ellos Batres, al final fue liberado años después por un juez federal que determinó que esas nóminas, algunas manuscritas en cuadernos escolares o mecanografiadas en hojas de papel o memorias USB, halladas en casas de seguridad tras operativos, carecían de valor probatorio porque no había firmas de recibido de los inculpados y de que "cualquiera podría llenar libretas con nombres y cifras".
Lo más extraño del asunto es que tras ser liberado, Raúl Batres desapareció de forma misteriosa.
De su sobrino Socrates Campos Lemus, originario de Tianguistengo, Hidalgo, además del estigma de ser calificado como traidor del Movimiento Estudiantil de 1968, el 21 de abril de 2004 se vio obligado a renunciar al cargo de director ejecutivo de la Dirección General de Comunicación Social de la ya extinta PGR, en ese momento a cargo de Rafael Macedo de la Concha, tras la difusión de una fotografía en la que aparecía conviviendo alegremente en una comida con los narcotraficantes Juan García Abrego y Juan N. Guerra, integrantes del Cartel del Golfo, misma agrupación delictiva de donde surgieron Los Zetas.