
Cinthya Alvarado Enriquez Viernes, 26 de Julio del 2024
En la carta anónima los policías de Chiapas describen los nexos de mandos y del fiscal con cárteles del narcotráfico.
Chiapas enfrenta una grave crisis de seguridad y los habitantes de la Sierra Madre han huido de la violencia hacia Guatemala.
Por Cinthya Alvarado Enríquez
Chiapas sufre por una guerra entre cárteles del crimen organizado desde hace ya cinco años. Esta situación se ha intensificado y mantiene más de un cuarto del territorio del estado bajo asedio, bloqueo, reclutamiento y desplazamiento forzado, lo que ha llevado a más de 600 personas de la zona de Amatenango del Valle a atravesar caminos de extravío y subir cerros huyendo hacia Guatemala. Este fenómeno ha evidenciado que la inseguridad ha rebasado al gobierno, incluso a nivel federal.
Recientemente ha circulado una carta redactada por policías del estado en la que reclaman que ellos sí responden a una formación y control policial, enfrentando los peligros y limitantes de ser de tropa, mientras que los altos mandos, empezando por el Fiscal General del Estado, Olaf Gómez Hernández, la Secretaria General de Seguridad Pública, Gabriela Zepeda Soto, y otros funcionarios en el organigrama de la fiscalía del estado y de seguridad pública, están ahí por designaciones de amistad y no por carrera policial o ministerial. Estos funcionarios son quienes tienen acuerdos o desacuerdos con los cárteles que se disputan el estado, sin que haya una postura y acciones oficiales ante la escalada de violencia.
Sin acentos y sí con reclamos, la carta que presento a continuación relaciona hechos que sí se suscitaron, además de la evidente descomposición en materia de seguridad y procuración de justicia en el estado. Aunque advertimos que es una carta anónima, los datos que se mencionan son perturbadores.
Carta anónima que circula en los medios y redes de Chiapas
Chiapas hecho añicos
Somos policías chiapanecos de tropa, quienes a diario enfrentamos sol, lluvia, desvelos, hambre y cumplimos órdenes de los mandos superiores y altos mandos, como Albatros, Centauro, Golfo, Alfil, etc.
Realmente somos testigos mudos de la gran corrupción que existe entre el narcotráfico y los mandos. Bien dicen que el sol no se puede tapar con un dedo. Es claro que el examen de control de confianza es para nosotros, como tropa. Los mandos, en cambio, visten y calzan ropas de marca caras, relojes lujosos, cadenas de oro, carros lujosos, casas lujosas, ranchos, ganado, caballos y mujeres operadas. Lo importante es que, a cambio de amasar fortunas, han vendido la seguridad de Chiapas desde hace varias décadas.
Antes de iniciar, queremos preguntar a Eduardo Ramírez Aguilar a quién va a poner durante su sexenio al frente de la Secretaría de Seguridad y al frente de la Fiscalía. ¿A los mismos de siempre o a gente de ellos mismos que pueda usar de títeres?
Sin mencionar muchos mandos, vamos a resaltar a Raciel López Salazar, Pedro León Toro Peña, Jorge Luis Llaven Abarca y Jorge Ramos alias "Libra", quienes durante el gobierno de Manuel Velasco y en el gobierno de Rutilio Escandón, vieron a Gabriela Zepeda Soto, apadrinada por Llaven Abarca (es decir, es la misma cosa pero revolcada), Olaf Gómez Hernández, y de ahí hacia abajo, los subsecretarios, directores, comandantes de sector, comandantes regionales, hundidos en la corrupción que les llega hasta el cuello y casi hasta las narices.
Mencionar a los demás narco-comandantes revela que todo este narco-gobierno está manchado de corrupción y sangre.
¿Entonces, qué pasó?
¿Existió la gota que derramó el vaso? Claro que sí. A la llegada de Olaf Gómez Hernández como Fiscal General, le dieron su cuota de poder. Claro que tiene voz y voto en la Fiscalía, pero los nexos con el narcotráfico los tiene el supremo jefe Jordan Alegría Orantes, quien fue ministerio público federal en Sinaloa. Él maneja la corrupción y le salpica su cuota a Olaf, mientras Olaf se ocupa de los temas oficiales.
Jordan Orantes y su tío fiscal en Palenque, Darinel Niño Alegría, así como un séquito de fiscales corruptos como Julio César Espinosa Pastrana alias "El Diablo", dueño del rancho "San Judas" en Jiquipilas, y compadre y vecino de Don Juan Baldovinos, el Lic. Octavio Macías, terrateniente en La Concordia, compadre de Julión Álvarez, y su hermano Lic. Jorge Macías en SEIDO con un rancho "El Centenario", el delegado de FGR Ignacio Vila Chávez y su familia de mañosos en Tabasco y Chiapas.
La narco-fiscalía, con Enrique Méndez Rojas, ex-fiscal de alto impacto con un cúmulo de propiedades, armas y dinero enterrado, tuvo la maravillosa idea de nombrar jefes regionales que fueron ministerios públicos, como Kanter, Mara, Zabaleta, Marco Antonio Cervantes, etc. El primer comandante, "El Vaquero", y su yerno "El Bebé Vaquerito", quien es yerno de un jefe pollero en Coita.
Su jefe es el comandante "Señor de las Tinieblas" y adorador de la "Santísima", como el comandante Coutiño, Gabriel Solís "La Roca", con nexos con secuestradores, polleros y narcos, y ahora primer comandante; el enfermo que dice ser licenciado Ernesto Molina Aguilar, su clave es "La Comadre", asesino y amante de Olaf Gómez; Emmanuel Coronel, su pupilo y su hermano, cobrando cuotas en la zona centro y a los pies de "Los Pelones" de Pujiltic; el inamovible comandante de Palenque, Kanter, ex-ministerio público y ahora rata de dos patas; Reynaldo Poso, pupilo de Cameras al que desapareció; Pablo Custodio "El Loco", quien batea de los dos lados; Manuel Marín, cuidando la narco-costa; Luis Adrián Castellanos, pollero de corazón y futuro director; Chame "El Asaltabancos"; Helbert "El Colocho", experto en antisecuestros, torturador y asesino de policías; Edi, el robacarros; Bermúdez, a los pies de los narcos de Comitán y Frontera Comalapa; el chilango Edwin Aguilar y su grupo de reacción inmediata, pero solo para tomarse selfies, trasladar dinero y dar seguridad a los supremos y a la empresa de la corbata; y otros comandantes regionales que, en su vida, supieron lo que es ser policía de los de abajo pero que reciben migajas, aunque orgullosos de marchar y cantar un himno que da risa y un corrido mamón que solo cantan los pendejos.
Hablamos de la Fiscalía General. ¿Cuál fue la gota que derramó el vaso?
Sin juzgar las preferencias sexuales de Olaf Gómez, cuando fue juez en Tonalá tenía un amiguito, un joven turulo de nombre Ludiner Mérida, quien, claro, sin experiencia laboral en operatividad policiaca, fue nombrado comandante regional del Istmo Costa en Tonalá a la llegada de Olaf Gómez Hernández.
Ludiner Mérida alardeaba de ser gente directa de Olaf Gómez, quien al ver las cuotas de dólares que pasaban directamente para Jordan Alegría Orantes (fiscal de coordinación) y a él solo le daban una migaja, se inconformó. La ambición y el poder que le concedía Olaf Gómez Hernández llevaron a que, en marzo de 2021, el recién nombrado subdirector de la policía especializada, Lic. Zabaleta, quien fue ministerio público de consigna en alto impacto, intentó detener un camión con 3 toneladas de cocaína para pedir su jugosa tajada.
Lo que el "mayate" de Olaf no sabía era el problema que se avecinaba. De hecho, casi muere ese día, ya que el narcotráfico defendió su carga de droga, que valía millones de dólares. De esto hay registro en las noticias de Google.
¿Qué desencadenó el "mayate" de Olaf Gómez?
Desencadenó una guerra que aún sigue, ya que la Fiscalía tuvo que devolver esa droga a través del bocón comandante David Ruiz, ex-federal de Caminos y ex-regional de Tapachula. Pero, a Ludiner Mérida se le sumaron otros ambiciosos que se robaron unos kilos de cocaína, lo que desató un conflicto entre los mismos narcos, ya que los que se robaron los otros kilos fueron policías al mando del "Señor de los Caballos" Juan Valdovinos y Gil alias "El Junior", jefe de plaza. Esto puso nerviosos a todos y antes de que Gil alias "El JR" sacara de la jugada al Sr. de los Caballos (Juan Valdovinos), prepararon una emboscada para Gil el Junior. Habían pasado cuatro meses de la estupidez de Zabaleta y Ludiner Mérida (el "mayate" de Olaf Gómez, Fiscal General), cuando el 8 de julio de 2021 ejecutaron a Gilberto alias "El Junior", fracturando la organización que hasta ese día era del Cartel de Sinaloa.
Esto permitió que el Cártel Jalisco Nueva Generación, del Mencho, aprovechara las aguas revueltas y se metiera en Chiapas, iniciando una guerra contra el Cártel de Sinaloa. Inicialmente, Juan Valdovinos y la gente de la Frontera, al tener un enemigo en común, se aliaron. Sin embargo, hoy se hacen llamar Cártel Chiapas y Guatemala, y siguen peleando su plaza, dejando un reguero de sangre y una ola de múltiples asesinatos y desapariciones forzadas de personas.
Bien dicen que quien duerme con niños amanece cagado, y eso le pasó a Olaf Gómez Hernández por poner a un inepto como director de la PDI y subdirector de la policía, y a un biólogo marino como comandante, que lo único que sabía era batir caca. No tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre. Desgraciadamente, un error garrafal reventó la situación y la guerra sigue. Aunque pinten de blanco la Fiscalía, no es una iglesia ni hay curas ni monjitas adentro.
Rutilio Escandón vive en su mundo de fantasías, igual que AMLO.