
Durante los cinco años que estuvo preso, acusado por un error de identidad de dos homicidios, Eliseo Contreras solo tuvo una audiencia judicial, lo que le impidió defenderse adecuadamente en el sistema de justicia de Puebla.
Por Guadalupe Parral
Compartía nombre y primer apellido con un hombre que habría cometido dos homicidios en 1994. Y pese a las pruebas sobre su identidad real, Eliseo Contreras Quevedo, fue detenido y torturado brutalmente en 2020. Aunque hoy ya recuperó su libertad, debido a las golpizas, quedó severamente lastimado y no puede trabajar.
¿En México se puede ir preso por tener el mismo nombre que un delincuente? Sí, ése fue el caso de Eliseo, quien fue confundido con un homicida y, no sólo eso, pasó cinco años preso por delitos que jamás cometió.
Fue así como, en el Cereso de San Miguel, Puebla, sería testigo de todo: desde golpizas que los policías propinaban a los reclusos hasta matarlos si no se confesaban culpables, hasta actos de corrupción y extorsiones.
También fue víctima de torturas que le dejaron huellas imborrables en su cuerpo, como una cadera rota, dos clavículas zafadas que le impiden tener movilidad en sus brazos y hombros; además de la muñeca de su mano izquierda rota, lo que provoca que sus dedos no puedan moverse. Por si fuera poco, una costilla fracturada.
“Todo me duele horrible, no puedo moverme como antes para trabajar”, dice Eliseo Contreras Quevedo en entrevista con Los Ángeles Press.
Comienza la pesadilla
Originario del estado de Morelos, Eliseo tenía 48 años cuando, debido a una discusión que tuvo con su expareja, viajó a Cuautla para corroborar que ella estuviera bien. Pero al llegar, le dijeron que la muchacha no tenía problemas, que podía retirarse. Sin embargo, cuando quiso regresar a su casa, dos policías que viajaban desde Izúcar de Matamoros, Puebla, ya lo estaban esperando para aprehenderlo.
“Iban por un hombre que se llamaba (porque ya murió) Eliseo Contreras Acevedo. Y yo soy Eliseo Contreras Quevedo”, remarca.
Eliseo, quien toda su vida se ha dedicado a labores del campo —como sembrar jitomate, pepino, cebolla, frijoles de ejotero (ejotes) y maíz—, y que además nunca había tenido problemas con la justicia, no daba crédito a semejante acusación.
“Donde yo estaba para irme, dijo uno de los dos policías: ‘Éste no es, éste se llama Eliseo Contreras Quevedo’. Y el otro policía contestó: ‘Éste es, y nos lo vamos a llevar para Matamoros (Puebla)’”. Y cuando llegué allá fue cuando me leyeron las carpetas, y las dos carpetas decían Eliseo Contreras Acevedo”, recuerda, aún molesto.
Eliseo dice que, pese a que su hija presentó todos los documentos que acreditaban su identidad real —tales como su credencial del INE, un recibo de la luz y su propia acta de nacimiento—, las autoridades se mantuvieron reacias a dejarlo en libertad.
“Y desde ahí, en Matamoros, Puebla, como yo no quise declarar, me empezaron a torturar, a pegar, a patear”, se queja.
Pero solo estuvo retenido un día en ese municipio, porque apenas su hija mostró los documentos oficiales, las autoridades, tramposamente, lo trasladaron al Cereso de San Miguel, Puebla, conocido comúnmente como Cereso de Puebla.
“A mi hija le mintieron, porque le dijeron ‘vamos a ver con el juez a ver qué dice’, pero no. En cuanto mi hija se fue, luego, luego me sacaron en la camioneta y me llevaron hasta Puebla”.
Recuerda claramente cómo, desde el 20 de agosto de 2020, policías de los separos en Matamoros lo empezaron a torturar con la única finalidad de coaccionarlo a aceptar y firmar su culpabilidad.
¿Cuál era el supuesto delito?
Eliseo dice que ahí fue cuando se enteró de que existían dos carpetas sobre su aparente culpabilidad.
“Que desde 1994 debía yo dos homicidios. Le decía (al juez) que las carpetas decían Eliseo Contreras Acevedo, alias ‘El Gato’, de Axochiapan, Morelos, de la colonia Las Ardillas. Lo cual es mentira. Yo era de Marcelino Rodríguez, avenida Morelos número 75, y soy Eliseo Contreras Quevedo; el de la carpeta era Contreras Acevedo, nada que ver.
Al llegar al penal de San Miguel, me encuentro con Agustín Vázquez Flores (fallecido ya por causas naturales). En cuanto yo le platiqué de esa causa, luego, luego me dice: ‘Tú no eres. A El Gato yo lo conozco porque montábamos toros juntos. Él era un hombre más alto que tú, güero y zarco. Por eso le decíamos El Gato, quien también ya habría fallecido’”.
Ya cuando lo trasladan al Cereso de San Miguel, lamentablemente se encontró con el mismo médico legista que lo revisó en Matamoros. La experiencia, tras llegar muy lastimado por las torturas, no fue la mejor, ya que, en lugar de ayudarlo, pareció mofarse de su situación.
Eliseo en todo momento dejó claro que no podía ni mover sus brazos. Sin embargo, el facultativo le pidió a un policía que le levantara los brazos a la fuerza, haciéndolo gritar de dolor, para finalmente decirle: “Tú no tienes nada” y mandarlo a las frías rejas del Cereso.
“Creo que no es justo eso porque, si ya está mirando que no puedo levantar los brazos, pues a gritos me levantó los brazos y grité porque me dolía, estaba hinchado de todo. Pero no quiso registrar nada, no quiso aceptar nada. Lo único que me dijo es: ‘Yo veo que estás bien y te recomiendo que pongas un buen abogado’”, asegura.
Otro caso en México
Definitivamente, llamarse igual que otra persona en México, es riesgoso, y más si ésa otra persona delinque.
El caso de Eliseo recuerda mucho al de Pedro Francisco Rodríguez Vázquez, originario de San Felipe, Guanajuato, apodado “El Inocente de Guanajuato”, en septiembre de 2022.
Pedro Francisco fue culpado por la fiscalía de ese estado de un homicidio que se perpetró en Huamantla, Tlaxcala.
Sin embargo, el joven no había estado en ese lugar ni siquiera por trabajo. Y pese a que existieron múltiples pruebas y testigos a su favor, las autoridades hicieron caso omiso de todo, tal como le pasó a Eliseo.
Ya en septiembre de 2024, por insuficiencia probatoria del delito, quedó libre. Sin embargo, un mes después, las autoridades pretendían nuevamente encarcelarlo. Hasta el momento, no se tiene certeza de qué haya sucedido con su caso.
Lo que sí se supo es que, para lograr su liberación, su familia buscó el apoyo de la Procuraduría de los Derechos Humanos de Guanajuato, hasta lograr que Pedro Francisco estuviera fuera de prisión.
El miedo que paralizó a Eliseo
En el caso de Eliseo, esa posibilidad de pedir apoyo a alguna dependencia de derechos humanos se vio ensombrecida y esfumada por el terror que le causó ver cómo al interior del Cereso, los custodios y policías “eliminaban” a quienes pretendían escribir un documento o cartas dirigidas a alguna dependencia defensora de sus derechos.
“Porque ahí, si uno hace algo, cuando la queja llega, entonces los custodios lo golpean a matar. Porque yo miré con mis propios ojos cómo mataban a varia gente a patadas.
“Ya después, cuando salían las noticias, lo único que decían era: ‘Se dio un pasón de droga’. Es mentira, porque muchachos que ni siquiera se drogaban, a golpes los mataban porque hacían un escrito para saber si los podían ayudar. Pero en vez de que los ayudaran, los mataban a golpes. Yo miré muchos casos, entonces, al mirar esas cosas, la verdad, le da miedo hacerlo a uno”, apunta.
La agridulce libertad
El caso de Eliseo era complicado porque él habría sido testigo de cómo se castigaba a quien intentara denunciar lo que sucedía dentro de esa cárcel. Además, estaba a expensas de las autoridades que insistían en culparlo. Aun así, la suerte evitó que le dictaran sentencia.
“No sé exactamente cómo se dio mi libertad, porque nunca declaré. Yo dije que yo no era esa persona (Eliseo Contreras Acevedo). Les dije: ‘No puedo declarar por Eliseo Contreras Acevedo, alias El Gato. Yo soy Eliseo Contreras Quevedo y no tengo apodo’”.
Los jueces que no se ponen de acuerdo
El 11 de agosto, a las 11 horas, tuvo una audiencia por videollamada donde le informaron que lo iban a sentenciar, pero sus carpetas de investigación estaban en manos de los magistrados de la Segunda Sala.
“Entonces, como a los seis o siete días, me llegó un papel de que no cumplía con los requisitos para que me sentenciaran. Entonces, los magistrados de la Segunda Sala le dijeron al juez de Matamoros, Puebla, Alberto Bagat
ella Bermúdez: ‘Aquí no hay nada que resolver, allá resuelve tú’, y le volvieron a regresar las carpetas”, cuenta.
El juez que no aparece en el Registro Nacional de Profesionistas
Cabe señalar que, al buscar el nombre de Alberto Bagatella Bermúdez en el Registro Nacional de Profesionistas, este arroja el resultado de “no se encontró información para los criterios de búsqueda”.
Y pese a que la asociación civil Mexicanos Contra la Corrupción ha pedido al mismo Poder Judicial del estado de Puebla aclarar el grado de estudios de este juez, no se ha obtenido una respuesta certera.
A Bagatella Bermúdez le preceden acusaciones como la de una trabajadora del Poder Judicial, quien en 2023 denunció acoso laboral. Y aunque la queja llegó a la Unidad de Derechos Humanos y de Género del Consejo de la Judicatura, lejos de hallar apoyo, la mujer fue asignada a otro juzgado, dando así carpetazo a su asunto.
También en 2013, según el portal poblano e-consulta, este juez fue denunciado por corrupción, abuso de poder, tráfico de influencias y otras irregularidades.
¿En manos de quién está la justicia?
Este juez, precisamente, fue quien no sabía qué hacer con la carpeta de Eliseo Contreras Quevedo.
“Bagatella finalmente me mandó mi libertad. Fui absuelto por falta de pruebas para procesar, y lo único que hizo fue decirme ‘usted disculpe’, luego de que me lastimaron, me torturaron y hasta me dejaron imposibilitado para trabajar”, remata Eliseo.
Pero aunque ya estaban listas las dos carpetas con su libertad, todavía al final ejercieron sobre él tortura emocional, exigiéndole dinero a cambio de estas.
“Cuando salí, venían las dos libertades porque lo pasan a uno de un lado a otro. Las carpetas de libertad llegaron hasta la caseta de afuera con el último policía, pero no me quiso dar mi libertad. Me dijo que fuera yo por 500 pesos y que regresara por mis libertades. Si no, no me las iba a dar, cosa que yo no tenía”.
Y como no cedió a esa “mordida”, salió del Cereso sin las carpetas donde se consignó que quedaba absuelto de los delitos imputados cinco años atrás.
“El MP no supo hacer su trabajo”
Contreras Quevedo obtuvo su libertad entre el 2 y 3 de septiembre pasado. Aunque no niega sentirse contento por estar nuevamente en su hogar, junto a los suyos, acepta que también siente frustración por estar tan lastimado de su cuerpo y por la injusticia cometida en su contra.
“Mis tres hijos no están contentos porque las autoridades no hicieron bien su trabajo. Para empezar, el Ministerio Público (MP) de Matamoros, con todo respeto, es un inepto porque no supo hacer su trabajo.
“La ley dice que, cuando un preso llegue al MP, debe asegurarse de que sí sea la persona que están buscando, no porque se le parece. Ni el MP ni el jurídico del Cereso de San Miguel, tampoco. Yo le dije al jurídico todavía que ahí me seguían maltratando porque nunca quise declarar, nunca quise firmar nada, pues ¡es que yo no era! Ni el jurídico hizo su trabajo ni el director”, subraya, aún con esa frustración de quien no puede hacer nada más.
Reconoce que, aunque anhela tener atención médica para recuperar su salud y seguir con sus actividades de campo, no tiene con qué pagar.
“Me gustaría que me tratara un psicólogo, porque ahí, es un Cereso que la verdad no se lo deseo a nadie. Está horrible y la corrupción también está a todo lo que da”, finaliza.