
Juan Ricardo Montoya Benítez Miércoles, 24 de Septiembre del 2025
La tragedia en el Valle del Mezquital, Hidalgo, enluta a una familia completa dedicada a la pirotecnia artesanal; solo una persona sigue con vida.
Por Juan Ricardo Montoya
La comunidad indígena de Cerritos, en el municipio de Santiago de Anaya, Hidalgo, llora a tres de sus vecinos, integrantes de una misma familia de pirotécnicos, que murieron tras la brutal explosión registrada la tarde del domingo en un taller artesanal de fuegos artificiales.
Este miércoles, en el Hospital Rubén Leñero de la Ciudad de México, fallecieron Omar León y su suegra, Judith Pérez Damián, quienes presentaban quemaduras de segundo y tercer grado en más del 80 por ciento de sus cuerpos.
Dos días antes, el lunes, había fallecido Lizbeth Pérez Damián, de 26 años, hija de Judith y esposa de Omar. Con ella comenzó la lista de decesos. Así, de los cuatro lesionados en la tragedia, tres ya han perdido la vida.
La mañana de este miércoles, el primero en morir fue Omar León.
Sus familiares comenzaron a publicar esquelas en las que informaban su fallecimiento. “Por fin, Omar y Lizbeth están juntos”, dicen algunas de las publicaciones, en referencia a su esposa, quien falleció el pasado lunes a causa del mismo estallido.
Horas después, se informó que también este miércoles había muerto la suegra de Omar, Judith, madre de su cónyuge.
La única víctima sobreviviente continúa hospitalizada en la capital del país; su identidad no ha sido revelada y, hasta ahora, se desconoce si también pertenece a la familia Pérez.
El estallido, ocurrido en un polvorín improvisado en Cerritos, dejó a la población en conmoción. Vecinos de la localidad se han organizado en una colecta para juntar recursos y apoyar a los familiares de las personas fallecidas, así como a la única que aún se encuentra hospitalizada.
La tragedia vuelve a poner en la mira los talleres de pirotecnia que operan en condiciones precarias en la región del Valle del Mezquital, donde la elaboración artesanal de cohetes es una tradición, pero también un riesgo constante para quienes dependen de ella.