
Oleksandrivka se encuentra a unos 50 kilómetros de Kramatorsk y Sloviansk, los dos grandes bastiones ucranianos de Donbás que Rusia ansía.
Por Gabriela Sánchez / Jairo Vargas
La proporción de coches civiles frente a los militares se desploma una vez atravesada la frontera invisible que da paso a la región del Donbás. A los habituales blindados, se suman vehículos preparados para la nueva guerra electrónica: picks-ups con inhibidores de señal para evitar la aproximación de drones regulares o todoterrenos encerrados en jaulas para tratar de reducir riesgos ante cualquier ataque de aparatos aéreos no tripulados de fibra óptica, que resisten el bloqueo de las señales. En el centro de Oleksandrivca, uno de los pueblos de la retaguardia del Donetsk, apenas se encuentran ciudadanos no uniformados, pero están. A medida que aumenta el número de militares asentados en su localidad, muchos civiles reconocen sentir cierto miedo. No es la llegada de soldados en sí misma lo que les asusta, aclaran, sino el posible significado de su presencia: “El frente cada vez se siente más cerca”.
Una sucesión de decenas de retratos de soldados fallecidos en combate, con la bandera ucraniana a sus espaldas, informan de que nos encontramos en una de las localidades cuyos orígenes como retaguardia del Donbás se remotan más allá de la invasión rusa iniciada por Vladimir Putin en 2022. Oleksandrivka se encuentra a unos 50 kilómetros de Kramatorsk y Sloviansk, los dos grandes bastiones ucranianos que Rusia ansía pero no ha podido conquistar en cuatro años de guerra en la región de Donetsk (Donbás) pero ambas ciudades cada vez están siendo más azotadas por permanente presencia de los drones tipo 'FPV' (Vista en Primera Persona) que aterrorizan a la población local y a los militares presentes en la zona.
Se trata de importantes centros logísticos, y ambas localidades forman la mitad norte del ‘cinturón de fortalezas’ que Ucrania comenzó a construir tras el conflicto que estalló en 2014 y ha reforzado desde entonces, sin embargo, los drones han disparado el peligro en ambas localidades, por lo que han dejado de ser un lugar de descanso para las fuerzas ucranianos. Oleksandrivka, junto a Dobropillya, Bilozerske y Novodonetske, forma parte de una línea defensiva más occidental, que se extiende de norte a sur y que por el momento mantiene mayores condiciones de seguridad.
Pero la población local lleva meses observando el incremento de los bombardeos en la zona. Todas las semanas, cuentan sus vecinos, el intenso zumbido de los drones Shahed sobrevuela sus cabezas. Las calles casi vacías, las ventanas de varias viviendas precintadas y protegidas con tablas de madera, un coche amarillo destartalado abandonado en medio de una de las calles cubiertas de barrio por el inicio del deshielo ucraniano describe noches de intensos ataques. La “retaguardia más segura” del Donbás ha dejado de serlo. Iván lo comprobó el pasado mes de julio cuando, al teléfono con su mujer, decidió levantarse del sofá y tomar una cerveza. Se levantó y se dirigió a la cocina, localizada en la esquina derecha de su vivienda.
Se recuerda con una lata de Obolon en la mano cuando un fuerte estruendo zarandeó su alrededor. Después todo eran escombros y los gritos de preocupación de su esposa al otro lado del teléfono. Le dijo que estaba bien y corrió a socorrer a su padre, que se encontraba en el baño de la vivienda, del que ahora solo se reconoce una bañera cubierta de cascotes. Sobre ella salta un gato callejero y, a su alrededor, varios patos campan a sus anchas. Ya no hay rastro del sofá en el que debía haber estado de no haberse levantado minutos antes a la cocina. El hombre, de 30 años, ironiza con lo sucedido: “Ahora le digo a mis amigos: 'La cerveza salva vidas”, bromea entre las ruinas.
Un hoyo excavado frente a la estructura de la vivienda marca el impacto del primer dron, ese tras el que Iván corrió a socorrer a su padre, caído y ensangrentado entre los escombros. Minutos después el sonido continuado y bronco característico de los shahed volvió a rodearles. “Acompañé a mi padre al sótano, fui a por unos documentos y, cuando ya estaba bajando al refugio, impactó el segundo dron”, recuerda el treinteañero, mientras señala un segundo boquete en la zona trasera de la casa.
“A veces tengo miedo. Antes, cuando volaban esos drones, pensaba: 'Vale, no pasa nada, están pasando por aquí y ya está”, dice Victoria frente a su casa destruida por el imacto de una de esas máquinas a las que trató de restar importancia durante meses. “Ahora, cada una de las madrugadas que empiezan a sonar, entramos en pánico. Cogemos a nuestros hijos y bajamos al sótano”, admite la mujer, parada en medio de la que fue su calle hasta que dejó de serlo. “Lloro muchas veces porque hemos trabajado tanto, hemos dedicado tanto esfuerzo para consruir todo paso a paso... ”, lamenta con las ruinas de su hogar a sus espaldas.
“Desde hace cuatro meses hay más militares aquí. Puede ser que la línea de frente se acerca”, dice Marian en su camino al trabajo, una de las viviendas donde asiste a personas mayores que viven solas. Cada vez tiene menos casas que visitar. Muchas de las mujeres a las que atendía se han ido, pero otras no tienen a donde ir“, lamenta la mujer.
Éste es el territorio estratégico y densamente fortificado que el Kremlin quiere. El 20% de Donetsk que aún está en manos ucranianas y que aún no ha podido arrebatarle por la vía militar a Kiev. El mismo cuya defensa con uñas y dientes ha costado la vida de miles de soldados. Los analistas creen que una cesión de las partes de la región controladas por Ucrania, y de sus posiciones defensivas, colocaría a las fuerzas rusas en zonas desde las que podrían atacar con más ventajas otras regiones –en el caso de entregar Oleksandrivka, se acercarían a Dnipropetrovsk–.
Donetsk sigue siendo la zona más conflictiva del campo de batalla, ahora dominado por los drones. Pero, en su guerra de desgaste, el avance ruso es lento y costoso –se calcula que, en 2025, se apoderó de menos del 1% del territorio de Ucrania–. No lograron tomar la mayor parte de la ciudad de Pokrovsk hasta el pasado diciembre, 21 meses después de iniciar su asalto. Se trataba de un importante centro logístico, pero los ataques rusos negaron a las fuerzas ucranianas, condición que perdió cuando las tropas de Moscú intensificaron su impulso para capturar la ciudad en el invierno de 2025. Aunque el progreso es metro a metro, la presión es constante. En la parte central de la región industrializada, las fuerzas de Putin continuaron adentrándose hacia el centro logístico de Kostiantynivka y hacia Lyman desde el norte y el este. Los soldados de Zelenski también perdieron la asediada localidad de Siversk. Según el Ejército, Rusia pudo avanzar gracias a una importante ventaja numérica y a la constante presión de pequeños grupos de asalto. Moscú presenta sus conquistas territoriales como una “liberación”. Gran parte del frente es una zona gris, así que muchas veces los analistas discrepan sobre cómo evaluar el control territorial.
Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, EEUU ha intentado impulsar un proceso de negociación con rondas de conversaciones que hasta ahora siguen encalladas en cuestiones espinosas. La principal es el control territorial. Rusia no ha dado muestras públicas de ceder en sus exigencias y pretende, entre otras cosas, controlar todo el Donbás –las regiones de Donetsk y Lugansk–. Esto es algo que Ucrania no se muestra dispuesta a aceptar. En cambio, ha ofrecido repetidamente congelar la línea del frente como base de las conversaciones sobre el territorio. “Estamos dispuestos a hablar de paz en este momento, sobre la base de quedarnos donde estamos. Este es un gran compromiso”, reiteró Zelenski hace unos días. Las autoridades ucranianas también se han abierto a explorar soluciones como la creación de una zona desmilitarizada.
Según la última encuesta del Instituto Internacional de Sociología de Kiev (KIIS), de enero, el 52% de los ucranianos rechaza la propuesta de transferir estas regiones orientales a Moscú a cambio de garantías, y otro 31% está dispuesto a aceptarla como un compromiso difícil.
Fuente: elDiario.es