Curas que desean la muerte del Papa, atacan a víctimas de la Iglesia

Rodolfo Soriano-Núñez

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Los sacerdotes que piden por la muerte del Papa Francisco atacan, se mofan o revictimizan a las víctimas de abuso sexual.

La coincidencia entre desear una pronta muerte al Papa Francisco y atacar a las víctimas de abuso sexual es un signo que no puede desestimarse del alcance de la crisis en la Iglesia Católica.

Por Rodolfo Soriano-Núñez

El miércoles 13 de marzo, se cumplen once años de la elección de Jorge Mario Bergoglio como obispo de Roma y, por ende, como papa, supremo pontífice de la Iglesia Católica.

A diferencia de lo que ocurrió en 1989, cuando Karol Wojtyla celebró un aniversario similar con sólo 69 años, Francisco lo alcanza con 88. Su salud es frágil. Las pequeñas rutinas de su vida son cada vez más difíciles.

Por si sus problemas de salud no fueran suficientes, hay sacerdotes que -como se narró la semana pasada- activamente rezan, aunque luego digan arrepentirse, para que la vida de Bergoglio se extinga más rápidamente.

Juan Razo García, el único mexicano de los siete sacerdotes que se reunieron para hacer tal oración dice que no es cierto. Refuta en un vídeo (disponible aquí) haberse sumado a una oración por la pronta muerte del papa Francisco.

Así lo difundió desde sus muchas cuentas de redes sociales donde, desde que dejó de ser rector del seminario de Saltillo, Coahuila, ha construido una suerte de feligresía virtual. Ahí, en las redes sociales recuerda cada que puede, qué tan perdida está la Iglesia Católica por los muchos errores que, según él, comete un día sí y el otro también, el papa Francisco.

Razo García siempre presenta su memorial de agravios en la forma de una "oración" para que el antiguo arzobispo de Buenos Aires se convierta, enmiende sus errores y actúe como Razo García quiere que actúe.

Sin embargo, tan pidió por la pronta muerte de Bergoglio que el arzobispo de Toledo, el primado de España, Francisco Cerro Chaves, se sintió obligado a publicar un comunicado, disponible aquí y como imagen inmediatamente después de este párrafo.

El comunicado del arzobispado de Toledo sobre los sacerdotes que pidieron por la muerte del papa Francisco.

No es un decreto de excomunión. Ni siquiera impone algún castigo sustantivo a los “orantes” sacerdotes. Pero en medio de la mucha jerga eclesiástica es posible ver que a Cerro Chaves no le cayó en gracia lo dicho por Gabriel Calvo Zarruate, Rodrigo Menéndez Piñar y Francisco J. Delgado, tres de los sacerdotes supuestamente a su servicio en esa diócesis española.

¿Andanada?

Y no es que Cerro Chaves sea el prototipo del obispo cercano o siquiera influido por la práctica de Francisco. Hecho obispo en los primeros años del pontificado de Benedicto XVI, Cerro Chaves está muy lejos de ser un campeón de las causas liberales en la Madre Patria.

Más allá del privilegio simbólico de ser primado de España, no hay entre Cerro Chaves y el papa una corriente de mutua simpatía o de especial colaboración, aunque le debe su actual cargo a Francisco que le envío a Toledo en 2019, luego de haber sido obispo en Coria-Cáceres desde 2007.

Cerro Chaves tampoco es popular entre el clero español. A pesar de ser el primado, equivalente en ese sentido a Carlos Aguiar Retes en México, sólo ha sido consagrante principal de otro obispo, César García Magán, su auxiliar en Toledo.

En las otras tres consagraciones en las que ha participado ha sido como co-consagrante: el actual nuncio en Mozambique, Luis Miguel Muñoz Cárdaba, Jesús Pulido Arriero, su sucesor como obispo de la diócesis de Coria-Cáceres, además de Alejandro Arellano Cedillo quien es el decano de la Rota Romana, el equivalente del Poder Judicial de la Santa Sede.

En cambio, Carlos Aguiar Retes, el primado mexicano ha sido consagrante principal de doce obispos y co-consagrante de otros nueve.

A pesar de ello, los sacerdotes españoles de La sacristía de la Vendée hicieron todo lo posible por presentar el más bien tibio comunicado de Cerro Chaves como parte de una suerte de andanada en su contra.

No es claro si los españoles o el mexicano se apaciguarán por un tiempo o si, una vez medidas las aguas de su indisciplina y deslealtad a quien en teoría es el líder de su iglesia, se lanzarán ahora con mayor virulencia contra el “papa peronista”.

Los comunicados que tanto Juan Razo García como los españoles de La sacristía de la Vendée publicaron en las últimas dos semanas abundan en todo menos en claridad. Están llenos de insinuaciones. También de un deseo de presentarse como víctimas de una conspiración, así como por presentarse como mártires de la jerarquía, de laicos como quien esto escribe, pero—por encima de todo—de la modernidad.

De hecho, los gráficos con los que promueven sus vídeos, suelen presentarlos más que como sacerdotes, como soldados que libran batallas, aunque no sea claro quién sea su enemigo, como se puede ver en el mensaje publicado en la red antes conocida como Twitter que aparece inmediatamente después de este párrafo.

Dos datos pueden ser útiles para comprender mejor este hecho que, a querer o no, marca el once aniversario de la elección de Francisco. La “tertulia” convocada por los sacerdotes españoles de La sacristía de la Vendée, tenía por tema principal el de la abominación que—según ellos—plantea distribuir la comunión en la mano.

Eso quedaba claro ya desde el título con el que difundieron su vídeo del 22 de febrero. Se puede acceder al vídeo desde el mensaje en la red social antes conocida como Twitter que aparece inmediatamente de este párrafo.

Lo que es más, casi siempre se presentan como parte de una batalla apocalíptica, agonal, como se puede ver en este otro mensaje en esa misma red.

A nadie debería sorprenderle que estén más que dispuestos a ser embajadores de Eduardo Verástegui, el actor de telenovelas que articula, gracias al mecenazgo de poderosos empresarios mexicanos, las esperanzas políticas de la extrema derecha mexicana y española, como se puede ver en el mensaje que aparece después de este párrafo.

En Los Ángeles Press se publicó una serie muy completa que detalló el alcance de esas redes que sustentan, tanto en México como en Estados Unidos y otros países de América y Europa a Verástegui. A continuación, se enlaza el último de los textos que abordaron ese caso.

Más allá de estos vínculos con lo político, nada molesta más a los clérigos de La sacristía de la Vendée y sus contrapartes en México, Estados Unidos y América del Sur que ellos pierdan su papel como intermediarios, como mediadores entre Dios y los fieles.

No en balde, sus programas y los mensajes que publican en sus redes sociales están plagados de insinuaciones acerca de los muchos errores en que, según ellos, incurre Francisco y sus más cercanos en la curia vaticana.

Ante la imposibilidad práctica de reproducir todos esos mensajes, en la imagen que aparece inmediatamente después de este párrafo se presentan algunos de los mensajes en la red social antes conocida como Twitter que dan cuenta de la manera escandalosa, por decir lo menos, en que sacerdotes que deberían ser los primeros en defender a quien, en teoría, es su superior, se mofan de él y lo caricaturizan, para presentarse ellos como los únicos santos, los únicos puros, los únicos verdaderamente ortodoxos y perfectos.

Seis de los mensajes más representativos de las tertulias de La sacristía de la Vendée.

En el primero es claro cómo contraponen al papa con Robert Sarah, Raymond Burke, Juan Sandoval Íñiguez y otros altos clérigos conocidos por su vociferante oposición a Francisco.

El segundo se mofa de lo publicado por Francisco, de otra manera no podría entenderse el uso de las comillas en la palabra magisterio.

El tercero, remacha la idea de lo perdido que está Francisco al emparejar de manera equivoca el final de la pandemia con el final de la más reciente etapa del sínodo y usar una imagen de una persona que limpia un templo como si el sínodo fuera una suerte de virus que debiera ser limpiado de la memoria de la Iglesia.

El cuarto mensaje deja más que claro con quién se alinean los sacerdotes de la sacristía en las batallas culturales de la historia y la política españolas: con Primo de Rivera, precursor y promotor en más de un sentido de la dictadura de Francisco Franco.

Para que no quede duda de qué tan profundo es el repudio a la agenda de Francisco, el quinto mensaje de la red social antes conocida como Twitter habla de una “amenaza migratoria” y presenta a Bergoglio con los brazos abiertos, como quien recibe a migrantes.

Vale la pena recordar, en este sentido, que en la actualidad Italia juzga a una organización no gubernamental que recibió recursos del papa Francisco para rescatar a migrantes naúfragos en el Mediterráneo, tema que abordo una entrega de esta serie Religión y vida pública.

El sexto mensaje carga contra la llamada Agenda 2030 de la Organización de Naciones Unidas. No es posible replicar o analizar aquí las razones de ese rechazo a la Agenda y a la ONU, pero es uno de los temas que más motiva a la nueva derecha, la derecha populista, racista, que en nombre de la preservación de sus privilegios le apuesta todo a demonizar cualquier propósito de cambio.

¿Por qué La sacristía de la Vendée?

Una última cosa que conviene tener presente para comprender a este grupo de sacerdotes de la extrema derecha católica es a qué hace referencia su nombre, ¿por qué La sacristía de la Vendée?

Para comprender eso es necesario ir a uno de los episodios más dolorosos de la Revolución Francesa que, como otras revoluciones en Europa, América Latina y otras regiones, tuvo un componente profundamente jacobino, intolerante, que llevó a sus líderes a tratar de erradicar de manera activa la creencia y la práctica religiosa.

La Vendée es un departamento de la costa occidental de Francia, la que baña el Océano Atlántico, al sur de la ciudad de Nantes. Luego de la Revolución Francesa, tuvieron lugar en esa región las así llamadas Guerras de la Vendée o Guerra de la Vandea.

Es, en algún sentido, un equivalente remoto pero similar a la Cristiada en México. En los conflictos en la región de La Vendée, la religión católica fue un elemento clave de distintos levantamientos de quienes se oponían a la conscripción forzosa, así como a cambios que tocaban el papel público de la religión y de la Iglesia Católica.

Apelar a esas revueltas como su fuente de inspiración sirve bien al propósito de los integrantes de ese grupo. Ello les permite presentar a la Iglesia Católica y a sí mismos como quienes libran una batalla entre el bien y el mal.

Es una batalla en la que la existencia de la Iglesia Católica como institución se define. El problema, desde luego, es que no hay algo en el presente de Francia, de Europa o de cualquier país de América Latina que se asemeje a lo que ocurría en la Francia de finales del XVIII y principios del XIX.

No puedo abordar el detalle de aquel conflicto, pero las entradas en francés, inglés y español de la Wikipedia, abordan con detalle y con algunas diferencias muy útiles los distintos momentos de ese conflicto o serie de conflictos.

Los conflictos ocurrieron desde finales entre 1793 y 1832, por lo que no puede considerarse como un movimiento único o con una agenda clara y definida, pero los sacerdotes que piden por la muerte de Francisco, hacen varias maromas para pretender que es posible homologar los conflictos en La Vendée y, sobre todo, proyectarlos al presente español, europeo y de los países en los que tienen algún público.

En todo caso, en las distintas manifestaciones del conflicto, el clero católico francés tuvo un papel protagónico como voceros de la resistencia a los cambios que trataron de imponer de manera sucesiva los gobiernos de la Revolución, de Napoleón Bonaparte y de la restauración borbónica.

Es con ese tipo de catolicismo de resistencia contra el que los sacerdotes españoles se identifican.

Es de esa manera más bien extralógica, como justifican su rechazo al actual presidente de gobierno de su país, el socialista Pedro Sánchez. Es en esa lógica que abominan a la Unión Europea y es por ello que, de manera más general, quisieran echar el tiempo atrás y restaurar el Imperio Español como existía en 1790.

Lo que resulta delirante es que entre sus muchos enemigos incluyan a Francisco y que no haya tema en el que el antiguo arzobispo de Buenos Aires dé pie con bola.

Si nos atuviéramos a la narrativa que se desprende de los vídeos de La sacristía de la Vendée, Bergoglio es, en porteño, un gil de goma; en el español de Castilla, un gilipollas y un bestia, por decir lo menos ofensivo, en el español de México.

Nada de lo que hace les parece. El suyo es un pontificado plagado de errores que hace que hierva su sangre.

El abominable papa porteño

A los miembros de La sacristía de la Vendée y a Razo García, su socio mexicano, todo lo que Bergoglio haga o diga les parece abominable y condenable porque reduce su papel como mediadores del acceso a la salvación.

En la lógica de La sacristía de la Vendée, como en la de los profesores del suprimido seminario de la diócesis de San Rafael en la provincia de Mendoza en Argentina y muchos otros grupos tradicionalistas o que coquetean con las posiciones del tradicionalismo, nada les duele más que se reduzca su papel como mediadores de la relación del fiel con Dios.

Cuando el superdepredador argentino Carlos Miguel Buela falleció, se dedicaron algunas líneas de un texto que marcaba su fallecimiento al conflicto que el tema de la distribución de la comunión provocó en el seminario de San Rafael. El texto aparece enlazado inmediatamente después de este párrafo.

Para justificar la histeria que les provoca la posibilidad de que la comunión se distribuya en la mano, recurren a todo tipo de invenciones. Como el mito de que hay satánicos que activamente acuden a templos católicos a robarse las ostias consagradas para perpetrar todo tipo de abominaciones con el producto de sus robos.

Otra característica que distingue a este tipo de sacerdotes es su indisposición a reconocer el alcance de la crisis de abusos sexuales. Ellos están firmemente adheridos a la manera en que Karol Wojtyla trató de acallar el problema cuando empezaron a estallar las cloacas del abuso sexual en los ochenta del siglo pasado, en Louisiana, Estados Unidos y en las provincias del Atlántico de Canadá, como se narró en la serie que marcó el 40 aniversario de la crisis, cuyo primer texto aparece enlazado inmediatamente después de este párrafo.

Esa estrategia del papa polaco fue peor pues se basó en la idea de que depredadores sexuales como el ya citado Buela, el chileno Fernando Karadima o el mexicano Marcial Maciel, eran especímenes del “abominable depredador solitario”, la bestia mítica con la que la jerarquía católica trata de diluir su responsabilidad en esa crisis.

Como se ha apuntado en distintas entregas de esta serie Religión y vida pública en Los Ángeles Press, para perpetrar el mito del “abominable depredador solitario” Juan Pablo II, Joseph Ratzinger y Angelo Sodano construyeron la idea absurda de que si los abusos ocurrían, no eran un problema institucional, sino que se se debía a esa bestia mítica.

En los poco más de 35 años que sumaron Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger como papas, el único “desarrollo” que ocurrió en esa construcción fue la de presentar al abominable depredador solitario como gay o “sodomita” como, según los señores de La sacristía de la Vendée, deberíamos llamar a las personas homosexuales.

La ficción del abominable depredador solitario ha sido apuntalada, además, por la idea más bien torpe y profundamente inhumana que las víctimas o se iban a morir o se iban a cansar. Y si no, se les debía cansar recurriendo a todo el repertorio de las marrullerías de los sistemas judiciales de cada país.

Hacer la talacha

En México, por ejemplo, es notable que más allá de que los apoderados legales de las diócesis sean pulcrísimos abogados miembros del Opus Dei o del Regnum Christi, con especialidad en derecho civil o corporativo, quienes hacen “la talacha”, es decir, el trabajo más inmediato, el trabajo difícil, de la defensa legal de los clérigos en los juzgados, llegan a ser algunos de los abogados especializados en derecho penal que, de cuando en cuando, prestan sus servicios a los narcotraficantes locales y/o a los políticos que enfrentan la furia de sus rivales.

Aunque eso puede llegar a resolver algunos de los problemas de las diócesis en el corto plazo, en los hechos ello, sólo ha servido para agravar el alcance y la naturaleza de la crisis y para dar vida a una crisis todavía más profunda del catolicismo, pues es ahora una crisis de confianza en la institución.

No en balde, de Canadá a Chile y Argentina, lo que nos dicen las encuestas y censos, como en el caso de Canadá y México, países en los que los censos preguntan de manera expresa por la afiliación religiosa de sus ciudadanos, es la crecida en el número de quienes se declaran sin religión.

No debería de sorprender. ¿Cómo podría creerse en una iglesia o una forma de religión organizada en la que los sacerdotes, además de abusar sexualmente de sus fieles, rezan activamente para que muera pronto su jefe, su superior?

Y si eso ocurre, ¿es culpa de este papa? Alguna responsabilidad tiene, pero debe quedar claro que él ha sido papa por los últimos once años, diez de ellos bajo la sombra de su predecesor, quien en repetidas ocasiones se prestó a los juegos perversos de cardenales que se decían agraviados por el “papa peronista”.

Sin embargo, quien haga una evaluación seria de lo que ha ocurrido, tendría que reconocer que, en los últimos 40 años los seminarios católicos lejos de graduar a futuros sacerdotes y obispos marcados por su rectitud, su prudencia o, por lo menos, por su capacidad para reconocer los problemas que afectan a su iglesia, se convirtieran en espacios que “formaron” a esos siete sacerdotes que, en medio de bromas, de insinuaciones y de su convicción de que ellos son los únicos que entienden hasta cómo se debe celebrar la misa, pidieron—entre risas—que Dios haga que Francisco patee pronto la cubeta.

La tarjeta que despidió en redes sociales a Juan Razo García como rector del Seminario de Saltillo en 2022.

Es notable, en este sentido, que Juan Razo García, el sacerdote mexicano que se unió a sus colegas españoles de La sacristía de La Vendée en su oración socarrona, haya sido durante cuatro años rector del seminario de la diócesis de Saltillo.

Desconozco cómo es que el obispo más “liberal” en los últimos 20 años en México, Raúl Vera López, el único que en ese país podría considerarse como cercano en algunas cosas a las teologías de la liberación, india y del pueblo pudo haber nombrado rector de su seminario a Razo. Quizás era el lugar donde hacía menos daño. Quizás era una manera para tener un poco más de control sobre él.

El manípulo

Sea lo que sea, quedará como uno de los errores de la carrera de Vera. En sus años en el seminario de Saltillo Razo García exhibía ya algunos de los marcadores de su conservadurismo recalcitrante.

De las pocas fotografías que hay disponibles de él todavía en la cuenta de Facebook del Seminario de Saltillo algunas lo muestran ataviado con una casulla romana y un manípulo. El manípulo, un ornamento parecido a la estola, pero mucho menos largo, solía colocarlo el presbítero que celebraba la misa atado a la muñeca de la mano izquierda.

Ese fue uno de los ornamentos que eliminó el Concilio Vaticano II y, como con todo lo hecho por el Concilio Vaticano II, la extrema derecha de la Iglesia Católica, ha hecho del regreso del manípulo y todo lo que ese ornamento representa en su imaginación una de sus obsesiones.

En la imagen que aparece a continuación se presentan los distintos ornamentos que usaban los sacerdotes o presbíteros para celebrar la misa hasta finales de los sesenta del siglo pasado. De todos esos ornamentos, sólo se eliminó de plano el uso del manípulo. Ahora los sacerdotes pueden sustituir el uso del amito y el alba si el alba o túnica que usan cubre por completo sus cuellos. Todo lo demás sigue en uso.

Ornamentos de los presbíteros católicos antes del Concilio Vaticano II. Imagen tomada de Wikicommons. Disponible aquí.

La fotografía que fue posible encontrar de Juan Razo García es más relevante porque él regresó al uso de ese ornamento y, supongo, que del antiguo ritual en latín, durante la misa de la vigilia del Domingo de Resurrección, lo que antes del Concilio se llamaba en México el “Sábado de Gloria”. En la primera se le ve, revestido y con manípulo, mientras prepara el fuego y el cirio pascual en los patios del Seminario de Saltillo.

Razo García prepara el fuego y el cirio pascual en la Vigilia del Domingo de Resurrección. 21 de abril de 2019. Redes sociales de la diócesis de Saltillo.

La segunda foto es más difícil de observar, pero se ha incluido un recuadro en el que se ha aumentado tanto como es posible la mano izquierda de Razo García para que se pueda observar el manípulo.

Razo García en la capilla del Seminario de Saltillo celebra la Vigilia del Domingo de Resurrección. 21 de abril de 2019. Redes sociales de la diócesis de Saltillo.

Es notable que lo hizo en el cierre de la Semana Santa de 2019, cuando Raúl Vera todavía no presentaba su renuncia a la diócesis de Saltillo. ¿Estaba Vera al tanto de la manera en que el rector de su seminario celebró esa misa, la segunda más importante del año litúrgico, en el Seminario? Dado que fue en el seminario y no en una parroquia o capilla específicamente autorizada para celebrar según el rito antiguo, ¿hubo alguna negociación o justificación académica o de otro tipo para que esa misa se celebrara así?

Lo más probable es que esas preguntas nunca se respondan.

¿Sigue activo?

Lo que es un hecho, en cambio, es que aún cuando Razo García se presenta como sacerdote de la diócesis de Saltillo, en el sitio de Internet de esa diócesis disponible aquí, que es—por cierto—uno de los menos malos de todo México, quizás me atrevería a decir que uno de los mejores, acaso con la excepción de los de algunas de las arquidiócesis, no hay una sola referencia a él como sacerdote en activo.

No está al frente de ninguna de las 66 parroquias que existen ahí. No forma parte de la curia ni fue posible encontrar su nombre en alguno de los departamentos o instancias de otro tipo enlistados en ese sitio.

Tampoco fue posible encontrar referencias recientes, de los últimos tres años, en la cuenta de Facebook de esa diócesis que suele ser, también, una de las más transparentes en cuanto a los nombramientos de párrocos o de vicarios en sus 66 parroquias y otras obras.

Es posible que, para evitarse problemas, Hilario González García, el actual obispo de esa diócesis, le haya otorgado algún permiso o dispensa a Razo García. Lo desconozco, no por falta de voluntad, sino porque no hay información y, aunque Saltillo es de las diócesis menos opacas, no ha sido precisamente transparente en este asunto.

Lo que es un hecho es que algún fiel preguntó, hace poco más de un año, a quienes manejan las redes sociales de la diócesis de Saltillo por el paradero de Razo García y ese mensaje, que se presenta como imagen inmediatamente después de este párrafo, no recibió respuesta alguna del community manager de la diócesis coahuilense. Disponible aquí.

¿Dónde se encuentra? Pregunta el señor Edgar José Reyes sobre Razo García. Nadie contestó.

Si la arquidiócesis española de Toledo encontró suficientes elementos para—al menos—darle un manazo a los tres sacerdotes a las órdenes de Cerro Chaves, no veo cómo la diócesis de Saltillo deja pasar la oportunidad de llamar a cuentas a Razo García.

El problema—desde luego—es que Razo García, como muchos otros sacerdotes obsesionados con la misa en latín y con tratarnos a los fieles como menores de edad incapaces de recibir la comunión en la mano, tiene poderosos promotores que le permiten sostener su peculiar manera de ejercer el sacerdocio centrada, por donde se le vea, en recordarnos a los católicos qué tan imbécil es el papa Francisco.

Rasgos de personalidad

Un último rasgo de la personalidad de Razo García que conviene tener presente cuando se trata de comprender qué tipo de clero representa él y sus socios españoles y estadunidenses vinculados a La sacristía de la Vendée es su trato a las víctimas de abusos sexuales.

No hay, hasta donde me ha sido posible investigarlo, alguna acusación de abuso sexual o de encubrimiento de abuso sexual contra él. Quizás ahora que ha hecho realidad su deseo de, a fuerza de escupitajos contra el “papa peronista”, hacerse famoso, empiecen a surgir víctimas. No lo sé, pero tampoco lo puedo descartar.

Lo que es un hecho es que a lo largo de sus muchos soliloquios queriendo convencer a los católicos de habla española de lo imbécil que es el antiguo arzobispo de Buenos Aires se ha topado con víctimas de abuso sexual.

A esas víctimas lejos de extenderles, al menos, la cortesía de su desinterés, les ha revictimizado con uno de los más viejos recursos de la vida pública en América Latina y, de manera más específica, en México: "si tienes pruebas, preséntalas y denuncia".

La realidad es que muchas víctimas o familiares de víctimas presentan denuncias. Algunas, como en el caso de Joana Cruz Galván, de quien Los Ángeles Press presentó un informe muy detallado, cuyo enlace aparece inmediatamente antes de este párrafo. Hay víctimas, como en su caso, que han ganado sus casos penales en la primera instancia, pero (luego) por la razón que sea, la maquinaria judicial se detiene o se mueve, de manera inexplicable, a favor de los depredadores.

Hay otras víctimas, como en el caso de Margarita, la niña de Ciudad Juárez abusada por un sacerdote de aquella ciudad de la frontera, los casos simplemente no avanzan. Son denuncias que ya están incluso en instancias internacionales, pero la maquinaria del poder judicial de Chihuahua los ha detenido.

Sé de al menos un caso de una diócesis del estado de Veracruz en México que me hace dudar de la voluntad de los obispos para encontrar una solución. En la primera instancia la víctima logró un fallo a su favor, pero luego el caso se volteó, literalmente en su contra.

Soy consciente de ese caso y soy testigo involuntario de la manera en que esa víctima se autoflagela en distintas redes sociales sin que ninguno de los obispos de ese estado esté dispuesto a poner en práctica la “espiritualidad de la reparación” que presentó como su propuesta para resolver esa crisis el papa Francisco en mayo de 2023.

Temo incluso que esa víctima cometa algún acto de violencia en perjuicio de su propia vida, pues es claro que para él como para muchas otras víctimas en América Latina y en México, no hay justicia.

Sigo muy de cerca lo que publican las víctimas del Sodalicio de Vida Cristiana de Perú, del mismo modo que sigo a algunas de las víctimas chilenas que lejos de estar contentas o satisfechas por la presencia de Juan Carlos Cruz Chellew, una de las víctimas de Karadima en la comisión de abusos del papa Francisco, le reprochan su presencia, porque para ellas no hay justicia.

Dolorosos testimonios

Sigo muy de cerca a las víctimas argentinas del Instituto Próvolo, algunas de ellas agrupadas en la Red de Sobrevivientes de Abusos Eclesiásticos de Argentina, una de las redes de ayuda mutua de las propias víctimas mejor organizadas, con cuentas asociadas como Resiste Violeta que replican algunos de sus contenidos en redes sociales.

Conozco a víctimas de España, Perú, Chile, Argentina, Estados Unidos y México. Sigo, en la red social antes conocida como Twitter, a víctimas o defensores de víctimas o periodistas especializados en estos temas de al menos diez países, incluidas personas de Alemania y Austria.

Lo último que como sociólogo de la religión que hace periodismo les podría pedir a esas víctimas son “pruebas” de sus dichos. Las pruebas están ahí para quien quiera verlas. Sus cronologías de Twitter, de Facebook o Instagram son dolorosos testimonios de qué tan insensible es la jerarquía de la Iglesia Católica y de cómo ni son casos aislados, ni son unas cuantas “manzanas podridas”, como suelen decir algunos obispos acerca de los clérigos involucrados en estas prácticas.

Lo que es claro, en ese sentido, es que Juan Razo García, como muchos otros sacerdotes de la extrema derecha católica de México, América Latina y otros países, no tiene la menor empatía con las víctimas. Les pide pruebas, a sabiendas, por ejemplo, de que si una víctima que, por la razón que sea, ha optado por la vía canónica como un medio para resolver su caso, al hacer público ese caso, pierde cualquier posibilidad de ganarlo en esa vía.

Incluso las víctimas mexicanas que optan por presentar una denuncia formal ante las autoridades civiles, sea en las vías penal o civil, deben ser muy cuidadosas en sus tratos con quienes hacemos periodismo en este tema.

Basta ver, en ese sentido, la manera en que una defensora de clérigos amenazó recientemente a Analu Salazar por lo que ella decía en su cuenta en la red social antes conocida como Twitter acerca del abuso sexual a manos de clérigos, que aparece inmediatamente después de este párrafo.

Mi primera pregunta cuando hago contacto con víctimas mexicanas es si sus abogados están al tanto del contacto y qué opinan del contacto, pues aunque creo que debo escribir acerca de esos casos, lo último que haría sería divulgar detalles que pudieran ser usados como excusa por un ministerio público o un juez para anular un caso en México.

Revictimizar a las víctimas

Sin embargo, eso es lo primero que hace el señor Razo García con las víctimas a las que increpa en redes sociales exigiéndoles ahí pruebas. Incluso se ofrece a ayudar, cuando debería saber que, en la vía canónica, la víctima entrega la documentación y el proceso sigue una lógica y procedimientos muy distintos a las que contemplan las legislaciones civiles donde, por ejemplo, las partes tienen acceso a las pruebas y alegatos de sus contrapartes, incluso en sistemas extremadamente formalistas y arcaicos como el mexicano.

La ayuda que pueden llegar a prestar es dar la dirección de la curia de la diócesis directamente involucrada, la casa provincial si se tratara de una orden religiosa, o de la nunciatura apostólica. Nada más.

Fuera de eso, la oferta de ayuda a la víctima que aparece en el mensaje inmediatamente después de este párrafo no pasa de ser una promesa hueca, pues los sacerdotes no tienen como tales ningún estatuto o condición especial que les permita actuar como mediador o enlace con la curia directamente involucrada en el proceso.

Como Juan Razo García ataca a víctimas, revictimizándolas, se ha ganado fama incluso entre las víctimas peruanas del Sodalicio de Vida Cristiana que, no en balde, le hacen ver la manera en que la colusión de la jerarquía católica y las autoridades civiles peruanas ha hecho imposible que se haga justicia en sus casos.

El mensaje que aparece inmediatamente después de este párrafo es de José Enrique Escardó, víctima peruana del Sodalicio que volvió a presentar por enésima vez su caso ante la jerarquía católica en la visita que hizo el arzobispo de Malta y funcionario del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Charles Scicluna, el año pasado a Lima.

El problema es que las víctimas a las que Razo García revictimiza, como Analu Salazar o José Enrique Escardó, no sólo deben batallar con los clérigos que defienden a la casta sacerdotal, aunque hagan ofertas de ayuda que saben que nunca deberán respaldar en los hechos.

También deben enfrentar los ataques de quienes, inflamados por su catolicismo le reprochan a Salazar, a Escardó y cientos de otras víctimas que llevan sus casos a las redes sociales, el que “ataquen a la Iglesia”.

Ese es un mensaje que se repite una y otra vez en las cronologías de Salazar y Escardó en México y Perú.

Lo mismo que en la de Silvana Bórquez, víctima chilena. Es una realidad que está presente incluso en los mensajes que reciben en lo que era Twitter o en Facebook víctimas alemanas como el diputado en el Bundestag Matthias Katsche o la escritora y fotógrafa Johanna Beck.

Es notable cómo, en el caso de Escardó, se usa una de las formas menos burdas de abuso, una que implicaba comer arroz con leche bañado con salsa cátsup, para pretender que a eso se limita el abuso perpetrado por clérigos y, sobre todo, para implicar que las acusaciones contra los clérigos carecen de fundamento, como en el caso del mensaje en Twitter que aparece inmediatamente después de este párrafo.

Y es cierto, los dirigentes del Sodalicio hacían eso de obligar a comer a sus víctimas arroz con leche bañado en salsa cátsup o ketchup, pero también golpeaban y abusaban sexualmente de los jóvenes peruanos aspirantes a ingresar en ese movimiento.

Que el sacerdote español que se burla de Escardó sea Francisco J. Delgado, uno de los tres presbíteros de la arquidiócesis de Toledo involucrados en La sacristía de la Vendée, no es una mera casualidad.

Forma parte del tipo de catolicismo con el que La sacristía de la Vendée y Juan Razo García están comprometidos. Uno que banaliza el abuso y, en los hechos, se mofa de las agresiones perpetradas por clérigos contra los fieles de esa iglesia.

No en balde, uno de los referentes a los que Razo Garcia promueve como una suerte de paradigma del catolicismo que él considera, ése sí válido, es el ya referido cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez.

Si, al hablar de Bergoglio, Razo García no acierta a encontrar algo que valga la pena reivindicar, cuando se trata de Juan Sandoval Íñiguez, los elogios abundan, a pesar de que Spes Viva y Bishop Accountability lo señalan como uno de los más connotados jerarcas encubridores de clérigos depredadores en México.

En todo caso, la respuesta de Escardó a quienes le exigen que perdone a quienes le agredieron no tiene desperdicio:

El aniversario

Francisco ha logrado mantener en relativa unidad a los obispos de América Latina, aunque la actitud de esos obispos está lejos de seguir en algo sustantivo el ejemplo que Bergoglio ha presentado. Hay una pasiva aceptación de la realidad de su papado, pero para muchos de obispos de la región, Francisco es un trago amargo que deben tolerar sólo por el tiempo que sea necesario.

En África, el antiguo arzobispo de Buenos Aires enfrenta la revuelta soterrada, pero claramente confrontada con él de obispos africanos financiados desde Estados Unidos, por los mismos elementos reaccionarios que impulsan las carreras de Burke y Sarah, como se ha discutido en entregas previas de esta serie Religión y vida pública.

Su gestión no ha causado milagros en Europa. Allá la sorda intransigencia de sus predecesores quebró ya desde finales de los setenta cualquier esperanza de una recomposición de los antiguos contingentes de católicos en esa región.

Algo similar puede decirse de Estados Unidos y Canadá. Si todavía hace 30 años Estados Unidos parecía ser una suerte de anomalía para quienes estudiamos el papel de la religión en las sociedades modernas, pues había un notable vigor de la práctica religiosa ahí, que rompía con los patrones observados al otro lado del Atlántico, ya no es posible pensar así ni de Estados Unidos y menos de Canadá.

En Canadá las fuerzas que llevaron al vaciamiento de los templos, las escuelas y, de manera más general, del universo católico en ese país, estaban en marcha desde finales de los cincuenta.

El antiguo misterio en el que muchos sociólogos de la religión nos formamos, el de Estados Unidos como la “feliz anomalía” de un país con altos índices de desarrollo material y humano que era, al mismo tiempo, un país donde grandes contingentes de personas seguían diciéndose fieles de su religión, se esfumó en menos de 20 años.

Es difícil imaginar que esa realidad pudiera regresar o, peor aún, como frecuentemente lo implica la prensa comercial y católica de derechas, que es una realidad que es culpa sólo de quien, de manera sarcástica, llaman el “papa peronista”.

A escala global, el grupo de mayor crecimiento demográfico son quienes se declaran “sin religión”. Las posibilidades reales de que eso sea de otro modo son, en el mejor de los casos, escasas y son todavía menores cuando se ve a los enemigos de Francisco, los que piden que Dios apresure su muerte, mientras insisten en que sólo la misa en latín es válida o le apuestan a que si los sacerdotes vuelven a ponerse todos los trapos que usaban para celebrar la misa hace un siglo los problemas se van a resolver.

Revitalizar

En ese sentido, Bergoglio ha hecho más por revitalizar el legado del Concilio que los papas Wojtyla y Ratzinger que más bien despedazaron ese legado haciendo del Concilio uno de sus molinos de viento contra los que, cada vez que querían escuchar la ovación fácil y servil de la extrema derecha, se lanzaban como si hubiera sido su enemigo vital. Eso es algo que, desde luego, los señores de La sacristía de la Vendée y su aliado mexicano no podrían ver como un logro.

Francisco ha tenido logros. El más notable es de que las autoridades bancarias de la Unión Europea readmitieran a la banca de la Santa Sede en su seno. Esa era una prioridad por la relación del Vaticano con la Unión Europea, en cuyo seno coexiste, cuya moneda usa y de la que difícilmente podría escaparse o abstraerse del todo.

Pero la limpieza de lo que era la banca del Estado vaticano era importante también por el peso que esas instituciones financieras tuvieron en la crisis de abusos sexuales. Esa crisis estalló hace 40 años y en Los Ángeles Press se le dedicó una serie de cuatro textos orientados a medir sus alcances, uno de esos textos, que ofrece una estimación estadística del número de casos a escala global, aparece enlazado inmediatamente después de este párrafo.

Hay abundante evidencia de que Marcial Maciel, el mexicano fundador de la Legión de Cristo y el Regnum Christi, además de Germán Doig y, sobre todo, Luis Figari, fundadores del pulpo político-religioso que es el Sodalicio de Vida Cristiana en Perú, se valieron de las instituciones financieras de la Santa Sede para garantizar su impunidad.

Por eso era importante limpiar la banca del Vaticano y Francisco lo logró, no de acuerdo a los siempre laxos criterios de la propia Santa Sede, sino de acuerdo con los criterios de la Unión Europea en 2019, como se puede ver en esta nota de la agencia Reuters.

No permitió que el finado cardenal australiano George Pell se escudara en su condición de funcionario de la curia vaticana para eludir el juicio que se le siguió en Australia, que fue ganado en la primera instancia por las víctimas, pero que el cardenal ganó en la apelación final.

Tampoco ha dado por muerto el proceso contra el ahora exjesuita Marko Rupnik. Francisco promovió que Arturo Sosa, el superior de la Compañía de Jesús, expulsara a Rupnik de esa congregación, congeló su incardinación en una diócesis de Eslovenia, su país natal y evitó que se arropara en la prescripción del delito.

Y no. No es que se asuma que el pontificado de Francisco es, por ser papa o por ser argentino o latinoamericano, perfecto. Es un ejercicio del poder de la más antigua institución de Occidente, cuajado de claroscuros.

Aunque el autor de estas líneas le tiene un aprecio especial al antiguo arzobispo de Buenos Aires, no puedo dejar de expresar mi insatisfacción con su indisposición a ir más fondo en el tema de los abusos, o con su decisión de hacer cardenal a Fernando Vérgez Alzaga, el primer legionario de Cristo en alcanzar esa distinción, asunto que se consideró en el texto previo de esta serie o, de manera mucho más puntual y reciente, con sus declaraciones respeto de la guerra en Ucrania.

Pero, a diferencia de Razo García o los señores de La sacristía de la Vendée, encuentro en él cosas positivas que también he señalado puntualmente en esta serie, como cuando vino a México y su mensaje a los seminaristas de Ecatepec fue que tuvieran cuidado de no convertirse en "clérigos de Estado".

Eso es algo que, desde luego, resulta difícl de apreciar para quienes, en el fondo, desean ser justamente eso. Desean el maridaje perpetuo de la Iglesia y el Estado. Esa es la razón por la que aborrecen la modernidad representada por la Revolución Francesa, de ahí la referencia a las Guerras de la Vendée, pero también la manera en que aborrecen la Agenda 2030 o las políticas de género. Para ellos la modernidad es abominable porque consideran que lo moderno, con sus apelaciones laicas, cientificistas, racionales e incluso materialistas, margina a lo religioso.

Eso no se puede refutar, pero tampoco hay evidencia de que apostarle a la construcción de teocracias resuelva los problemas sustantivos del catolicismo o, para propósitos prácticos, de cualquier religión.

Mucho menos cuando se aspira a imponer esa forma de gobierno mientras crece el número de víctimas de abuso sexual a manos de clérigos.