
Rodolfo Soriano-Núñez Domingo, 05 de Mayo del 2024
La noticia de la desaparición del obispo Salvador Rangel marcó una semana terrible para la Iglesia Católica en México.
Religión y vida pública: La desaparición de Salvador Rangel, obispo emérito de 78 años se convirtió rápidamente en una pesadilla mediática para la Iglesia Católica en México.
Por Rodolfo Soriano Núñez
En un país donde las masacres, los secuestros, las fosas comunes clandestinas y otros actos de violencia son tan comunes como las tortillas, la noticia de la desaparición de un obispo católico atrae la atención inmediata de los medios de comunicación.
Así ocurrió el pasado lunes cuando, cerca del mediodía, las cuentas de redes sociales de la Conferencia del Episcopado Mexicano, CEM, emitieron un comunicado sobre la desaparición de Salvador Rangel Mendoza, franciscano, obispo emérito de Chilpancingo, capital de Guerrero, ubicada a 220 kilómetros al sur de la Ciudad de México.
Guerrero ha sido durante los últimos 60 años, al menos, el epicentro de una pandemia de violencia en México. Fue allí donde la Guerra Sucia Mexicana desarrolló algunos de sus episodios más sucios durante las décadas de 1960 y 1970.
Aunque menos brutal que los regímenes militares de Argentina, Brasil o Chile, el régimen autoritario civil mexicano de la época tuvo como uno de sus subproductos un número indeterminado de víctimas cuyo paradero sigue siendo desconocido, de ahí el surgimiento de la categoría de los así llamados “desaparecidos”.
En Guerrero, los desaparecidos son el legado de las operaciones a gran escala de las fuerzas armadas y de seguridad mexicanas que castigaron a las guerrillas de izquierda de los años 1960 y 1970, que utilizaron la difícil geografía y las malas carreteras a su favor.
Difícil en el sentido de ser propensa a frecuentes deslizamientos de tierra, lo que dificulta el mantenimiento de las carreteras y casi imposible la construcción de un ferrocarril que conecte su principal ciudad, el puerto de Acapulco, con el resto del país.
En 1974, uno de esos grupos guerrilleros secuestró a Rubén Figueroa, entonces gobernador electo de Guerrero. Correspondió a Sergio Méndez Arceo, obispo de Cuernavaca, capital del vecino estado de Morelos, convertirse en intermediario en las negociaciones que condujeron a la liberación de Figueroa.
Una vez que la furia de las fuerzas armadas mexicanas aniquiló a las guerrillas de izquierda en Guerrero, surgieron organizaciones criminales locales, nacionales e internacionales protegidas por el aislamiento que brindaba la accidentada geografía de las montañas de la Sierra Madre Sur.
A nivel nacional e internacional, las más significativas de esas organizaciones son el llamado Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación. Aunque hay grupos criminales locales que dicen ser socios de cualquiera de esas dos (u otras) organizaciones criminales, es más difícil identificar quiénes son los actores principales, y más aún quiénes son sus socios en los gobiernos estatal y nacional.
Relaciones peligrosas
Tan difícil como cuando, allá por el 16 de octubre de 2020, el gobierno de Estados Unidos arrestó al exsecretario de Defensa mexicano (2015-8), general Salvador Cienfuegos Zepeda, en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles.
Las autoridades estadounidenses identificaron a Cienfuegos como El Padrino de una amplia red de miembros de organizaciones criminales y altos oficiales de las fuerzas armadas mexicanas. Dicho rol, le valió cargos por lavado de dinero y narcotráfico a gran escala que el gobierno mexicano desestimó.
La misma geografía accidentada que convirtió a Guerrero en un semillero de guerrillas de izquierda facilita las actividades de organizaciones criminales que intentan incansablemente convertirse en actores clave, aunque los carteles de Sinaloa y Jalisco controlan las principales rutas para traficar drogas hacia Estados Unidos y Europa.
Esa geografía también mantiene aisladas a las comunidades rurales de Guerrero y otros estados del sur profundo de México, por lo que, a pesar del cambio demográfico masivo que rompió el monolito que era la preferencia religiosa en México, la Iglesia Católica sigue siendo un actor importante en Guerrero.
Sus cuatro diócesis encabezadas por la arquidiócesis de Acapulco y sus sufragáneas de Chilpancingo-Chilapa, Tlapa y Ciudad Altamirano, cuentan con un pequeño ejército de más de 400 sacerdotes, cuarenta y nueve religiosos varones y 387 monjas, repartidos en 252 parroquias, lo que hace que la Iglesia Católica sea una de las pocas instituciones con verdadera presencia en todo el estado y, por muy amplio margen de diferencia, el mayor proveedor de servicios religiosos en el estado.
Para complejizar aún más el papel de la Iglesia Católica en Guerrero, cuatro municipios del estado pertenecen a la diócesis de Ciudad Lázaro Cárdenas, ubicada en el vecino estado de Michoacán. A su vez, la diócesis de Ciudad Altamirano toma municipios como Tlatlaya y Tejupilco, del Estado de México, como lo muestra el mapa inmediatamente después de este párrafo.
De ahí la capacidad de la Iglesia Católica en Guerrero para ser una suerte de contrapeso de los gobiernos nacional y estatal y una voz con cierto grado de independencia cuando se trata de cuestiones nacionales y estatales, como en el caso de la violencia.
Cabe señalar que, a pesar de la amnistía emitida en 1978 por el entonces presidente José López Portillo para poner fin a la llamada Guerra Sucia, las numerosas reformas políticas que se han llevado a cabo desde mediados de la década de 1960 y el traspaso del gobierno estatal y nacional del partido gobernante único de Desde antaño, desde el Partido Revolucionario Institucional o PRI como su nombre en español, hasta otros a nivel nacional y estatal, la violencia sigue siendo constante en Guerrero.
Los “desaparecidos"
Un ejemplo de cuán frecuente es esta violencia es que, allá por septiembre de 2014, un grupo de 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, un pueblo a 150 kilómetros al norte de Acapulco entró en el limbo de los “desaparecidos”, ya que, no hay cadáveres ni restos para saber qué pasó con los estudiantes.
Lo que es peor, el gobierno federal de entonces, encabezado por Enrique Peña Nieto y con El Padrino Cienfuegos, como secretario de Defensa, arrebató la investigación a los funcionarios estatales.
En lugar de brindar una solución al problema, los funcionarios federales estaban más interesados en proteger la reputación del Ejército mexicano que en abordar lo que muchos creen que fue una masacre que surgió de oscuros tratos entre el Ejército, el gobierno estatal y diferentes organizaciones criminales que bombeaban amapola. desde la sierra de Guerrero hacia los mercados internacionales.
Detrás de la violencia prevalente en los últimos 70 años se esconde el hecho de que el desarrollo económico en Guerrero beneficia a los más ricos. A pesar de las glorias de antaño de Acapulco e Ixtapa, como dos de los destinos de playa más famosos del país, la desigualdad y la pobreza son rampantes en Guerrero. El desarrollo económico centrado en esos dos centros turísticos concentra riqueza y oportunidades en los pocos que pueden brindar servicios a los visitantes.
Y, como ocurre en otros lugares, el turismo a gran escala destruye los recursos naturales, y en Acapulco ya ha facilitado la ocurrencia de mega desastres como el huracán Otis. El 25 de octubre de 2023, Otis destruyó Acapulco después de menos de cinco horas de intensas lluvias, seguidas de inundaciones, el colapso de edificios públicos y privados y la destrucción de miles de viviendas particulares.
Las escuelas públicas carecen del equipamiento más básico y la mayoría de los pueblos de la llamada Tierra Caliente son conocidos en México por alguna masacre en sus territorios durante los últimos 60 años.
Además, la mariguana y la amapola son cultivos tan comunes en la sierra guerrerense que los campesinos que sobreviven de ellos llevan parte de su cosecha a sus parroquias para cumplir con el diezmo anual.
A nadie debería sorprenderle que, en tal escenario, empañado por la violencia y la muerte, la Iglesia Católica siga siendo una institución con poder y prestigio.
Fue en ese contexto que el obispo Salvador Rangel Mendoza dejó Huejutla, diócesis de Hidalgo, para convertirse, en junio de 2015, en obispo de la diócesis de Chilpancingo-Chilapa. Observadores de lo que sucede en la Iglesia católica en México vieron su llegada a la capital del estado de Guerrero como una decisión positiva del papa Francisco.
Explicaciones contradictorias
Su predecesor, el ahora obispo emérito Alejo Zavala Castro, abandonó la diócesis dos años antes de cumplir 75 años. Aunque no está claro qué pasó allí, sí está claro que la salud no fue más que una excusa para justificar la salida anticipada de Zavala Castro.
Explicaciones contradictorias ven la salida de Zavala Castro como una respuesta a la indisciplina entre los aproximadamente 140 sacerdotes de esa diócesis. Más precisamente, habría estado encubriendo abusos sexuales y otras infracciones a las normas de la Iglesia sobre el celibato del clero.
Incluso si eso es posible, tres sacerdotes católicos de diferentes diócesis de ese estado murieron en 2014. Los sacerdotes John Ssenyondo, nacido originalmente en Uganda, Ascensión Acuña Osorio y Gregorio López, murieron en hechos separados en 2014 como víctimas de violencia en circunstancias que siguen siendo desconocidos casi diez años después de sus asesinatos.
Un año antes, en 2013, Óscar Prudenciano, sacerdote de Iguala, también fue víctima de un ataque. Solo salvó su vida porque otra banda criminal se enfrentó a quienes lo atacaban y, en medio de los ataques mutuos con armas de fuego, logró escapar.
La expectativa era que Rangel Mendoza, con reputación de ser más cercano a los fieles y menos propenso a las actitudes clericales de la mayoría de los obispos mexicanos, ayudaría a abordar los problemas en la Iglesia Católica en Chilpancingo, la capital de Guerrero.
Al principio Rangel Mendoza cumplía las expectativas. Hizo repetidos llamados a los jefes de las bandas criminales activas en Guerrero para evitar la violencia, y algunos de ellos se mostraron dispuestos a asistir a las reuniones, aunque es casi imposible medir los efectos precisos de los mensajes del obispo.
La prédica de Rangel Mendoza sobre la violencia y la necesidad de encontrarle una solución ha sido para él fuente de conflicto desde el anterior gobierno nacional. En 2018, cuando México estaba a punto de votar en las elecciones generales de ese año, Rangel Mendoza hizo un alegato a las organizaciones criminales locales en Guerrero.
Los llamó a respetar la vida de los candidatos de los distintos partidos y de sus familiares, ya que suelen convertirse en blancos sustitutos de la violencia ejercida por las organizaciones criminales.
En abril de 2018, el Instituto Nacional Electoral, INE, descartó a Rangel Mendoza como un potencial mediador entre las autoridades y las organizaciones criminales en Guerrero, como se puede leer en esta noticia de ese año.
Blanco de las críticas y las amenazas
Hay que reconocer que permaneció activo, recorriendo los noticieros de radio y televisión nacionales y locales, insistiendo en la necesidad de dialogar y evitar la violencia. En algún momento, yendo en contra del consenso de los obispos latinoamericanos sobre el narcotráfico, Rangel Mendoza defendió, allá por 2016, la necesidad de legalizar la producción de amapola.
No es de extrañar que se convirtiera en blanco de críticas. Periódicos como Milenio, cuestionaron reiteradamente los métodos y propuestas del obispo. Los medios locales de Guerrero se han dividido entre quienes vieron los aspectos positivos del enfoque de Rangel y quienes enfatizaron la contradicción en el hecho de que, mientras pedía la paz y la legalización de la producción de drogas, incluso con fines médicos, también recibir costosos obsequios de organizaciones criminales violentas.
A pesar de los obsequios y sus llamados a la paz, Rangel Mendoza se convirtió en blanco frecuente de amenazas.
En 2022, cuando Rangel cumplió setenta y cinco años, el papa Francisco nombró como su sucesor a otro fraile franciscano, el actual obispo José de Jesús González Hernández. Los observadores de la escena católica mexicana perciben la elección del sucesor por parte del papa como su aprobación del estilo de Rangel como obispo.
Además, en el tema de la desaparición de los estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, Rangel se ha mantenido como un aliado cercano a los familiares. Se reunió repetidamente a los familiares de los estudiantes, presidiendo misas en su escuela, en la catedral de Chilpancingo y en la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México.
No debería sorprender que la noticia de su desaparición hace una semana corriera como el fuego. Sin embargo, dos horas después de que la CEM diera el primer aviso de los hechos en sus cuentas de redes sociales, un nuevo mensaje informó que el obispo se encontraba en un hospital público de Cuernavaca, donde reside desde su renuncia como obispo en Chilpancingo.
El principal problema fue que había lagunas en el relato de cómo el obispo llegó a ser considerado desaparecido en la madrugada del lunes 29 de abril, cuando algunos de sus asistentes acudieron a la autoridad local a llenar un reporte como Héctor de Mauleón, un periodista especializado en información policial y criminal un afirmó el martes siguiente.
Además, el miércoles primero de mayo se supo que el obispo Rangel fue encontrado bajo los efectos de drogas ilegales como la cocaína, y en posesión de drogas legales, como el sildenafil, conocido comercialmente como Viagra.
Ese día, El Universal publicó extractos del reporte de toxicología practicado al obispo Rangel cuando se encontraba en el hospital público de Cuernavaca.
El jueves 2 de mayo las noticias sobre el informe toxicológico del obispo y, sobre todo, el silencio de la CEM fueron protagonistas principales de los noticieros de radio y televisión en todo México.
Fuera de control
Una vez que las noticias sobre las drogas llegaron a las redes sociales, todo se salió de control para la CEM. Más tarde ese día, su cuenta en la red social antes conocida como Twitter emitió un vago comunicado firmado por su secretario general, el obispo de Cuernavaca, Ramón Castro.
En el penúltimo párrafo de dicho comunicado, Castro dice que en cuanto el obispo Rangel pudiera hacerlo, daría cuenta de lo sucedido.
Sin embargo, ayer, las mismas cuentas de redes sociales del Episcopado mexicano emitieron un nuevo comunicado ahora en forma de video, con muchos gráficos llamativos y una banda sonora rimbombante, donde el obispo Castro habla al estilo trumpiano sobre “noticias falsas”, como muestra la captura de pantalla inmediatamente después de este párrafo.
Además, el obispo de Cuernavaca habla del “uso político” del caso del obispo Rangel, como se puede ver en la siguiente captura de pantalla del mismo vídeo de la CEM.
Finalmente, el obispo Castro redobló sus críticas a quienes descalifican a otros basándose en "prejuicios y descalificaciones” para insistir en que el obispo Rangel dará cuenta de sus acciones tan pronto como pueda hacerlo.
Como observador desde hace mucho tiempo de la actuación pública de la Iglesia Católicaen México, no puedo dejar de preguntar por qué si Castro y el resto de los obispos mexicanos son tan conscientes como parece de las consecuencias negativas de prejuicios y descalificación moral están tan dispuestos a atacar como lo hacen a las personas LGTBQ, las personas que se identifican como feministas y, en general, cualquiera que no esté de acuerdo con ellos en todos y cada uno de los temas.
Basta ver las reacciones de muchos obispos ante la declaración Fiducia Supplicans, que autoriza bendiciones informales a las personas en situaciones que la Iglesia Católica considera "irregulares" pero que son reconocidas como legales y legítimas por las legislaciones civiles de gran cantidad de países, como con los matrimonios civiles de personas del mismo sexo, que fue considerada en una entrega previa de esta serie.
El video completo de la CEM está disponible en su canal de YouTube.
El obispo Ramón Castro distribuyó, sin embargo, un segundo vídeo el domingo. En este caso fue su homilía en la catedral de Cuernavaca. En ella, sin la música o los efectos visuales del vídeo de la CEM, insistió en presentar a la Iglesia Católica como víctima de una campaña, en este caso de lo que él llamó "bots" y orquestada por quie él identificó como "ya saben quién". La parte sustantiva de su acusación se puede ver en el vídeo que aparece inmediatamente después de este párrafo.
Fragmento de la homilía del obispo de Cuernavaca del 5 de mayo de 2024,
Presencia activa
Todavía en febrero de este año, el obispo Rangel Mendoza fue un activo y frecuente crítico de la violencia ejercida por organizaciones criminales en comunidades de Guerrero y otros estados de México, como lo muestra el video de una entrevista con el obispo realizada el 20 de febrero de 2024, vinculada inmediatamente después de este párrafo.
También ha criticado los intentos del actual gobierno mexicano de terminar la investigación sobre los 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa desaparecidos en septiembre de 2014.
Eso convirtió al obispo Rangel en un enemigo del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien ataca con frecuencia al subgrupo de familiares de los estudiantes que no están dispuestos a aceptar su versión de lo sucedido a los estudiantes en Iguala en septiembre de 2014.
En ese sentido, es posible suponer que existe al menos una posibilidad teórica de que incluso el informe de toxicología no sea más que un informe falso o inventado para atacar a un destacado crítico del actual gobierno, y un caso más de la incapacidad de los funcionarios mexicanos para resolver casos penales clave como el de los estudiantes desaparecidos en septiembre de 2014.
Cabe señalar también que la Cruz Roja Mexicana negó los informes que decían que el obispo Rangel fue llevado de un "motel del amor" en Cuernavaca al hospital donde se encontró al obispo. Ello no concuerda, sin embargo, con el hecho de que el obispo ingresó al hospital sin identificación alguna.
En cualquier caso, los obispos mexicanos podrían haberse ayudado proporcionando un informe médico completo del obispo Rangel Mendoza. He hablado durante la última semana con personas que lo conocen personalmente y que creen que ya es demasiado viejo y encuentran difícil creer que pudiera resistir el consumo de la cocaína y el uso de un medicamente para mejorar su desempeño en actividades sexuales. Por eso mismo, sin embargo, su defensa se hubiera facilitado si se presentaran de inmediato, por ejemplo, sus reportes médicos.
Hasta donde me ha sido posible averiguar, vive en Cuernavaca porque no puede ser cura de una parroquia de su antigua diócesis, como es costumbre en la Iglesia Católica con los obispos eméritos.
Que la posición de la Iglesia Católica provoca la ira de Palacio Nacional se demuestra en los materiales en los que Los Ángeles Press da cuenta de los repetidos ataques de López Obrador contra los familiares de las víctimas que no se allanan a sus deseos y, sobre todo, contra los jesuitas y los organismos de derechos humanos que apoyan a los familiares.
En uno de esos textos se dio cuenta de la respuesta del grupo de familiares que actualmente trabajan con la provincia mexicana de los jesuitas para hacer justicia a este caso.
López Obrador no tiene reparos en atacar a los jesuitas y a cualquier otra persona, grupo o institución que no esté dispuesta a aceptar sus designios respecto de los temas que su gobierno considera prioritarios, como en el caso caso Ayotzinapa.
Sus actividades matutinas diarias son artefactos diseñados para castigar a sus enemigos y promover a los candidatos de su coalición, una desviación importante de la práctica mexicana de los últimos 20 años.
Lo hace, al tiempo que trata de presentarse por todos los medios como el más cercano de los presidentes de América Latina al papa Francisco. López Obrador utiliza con frecuencia videos del Papa Francisco para enfatizar esa supuesta relación cercana, como lo muestra el video publicado inmediatamente después de este párrafo, tomado de la actividad del 25 de abril de 2024.
López Obrador usa un vídeo del papa Francisco durante una de sus actividades en Palacio Nacional.