
Frente a Sheinbaum y David Kershenobich, secretario de Salud, Ebrard presentó millonarias inversiones de laboratorios.
Marcelo Ebrard razonó su cálculo a partir del acuerdo del gobierno de Donald Trump con Vietnam, aunque reconoció que no todo está decidido.
Los Ángeles Press
La actividad de este jueves 3 de julio en Palacio Nacional estuvo diseñada para destacar las inversiones en laboratorios que promueve el gobierno de México pero, al mismo tiempo, ofreció la posibilidad de escuchar lo que uno de sus actores principales, Marcelo Ebrard, piensa acerca de una devastadora ley que ahora se discute en el Congreso de Estados Unidos.
La Big Beautiful Bill, o Proyecto de ley grande y hermoso, de Donald Trump es tan controversial, que ya provocó la primera fractura en lo que parecía el monolito en que se había convertido el Partido Republicano alrededor de Trump, pues tres senadores de ese partido decidieron votar en contra del principal proyecto legislativo del actual inquilino de la Casa Blanca.
La estimación de Ebrard resulta más difícil de aceptar como viable cuando se considera, entre otros factores, la manera en que Trump ataca incluso a Jerome Powell, titular del Banco Central de Estados Unidos, el Banco de la Reserva Federal, en lo que observadores de la escena política de Estados Unidos ven como un signo preocupante de las implicaciones económicas de las decisiones que toma el actual presidente de ese país.
Los ataques son más difíciles de comprender cuando se considera que a Powell lo nombró el propio Trump en su primera presidencia.
A pesar de ello, según el secretario de Economía del gobierno de México, acá no hay razón para preocuparse. Según él, el Proyecto de ley grande y hermoso de Trump, su capítulo fiscal, así como la guerra de aranceles que se tornará más real a partir del 9 de julio, no deben ser motivo de preocupación para Claudia Sheinbaum y su gobierno.
Ebrard explica su argumento en el minuto de vídeo que aparece después de este párrafo que, resumido es que, a la luz del acuerdo que se anunció ayer por la noche con Vietnam, las exportaciones de México a Estados Unidos mantendrían alguna ventaja.
El optimismo de Ebrard no es absoluto. Él mismo en ese fragmento de sus varias intervenciones este jueves en Palacio Nacional, hace ver que todavía hay muchas dudas acerca de lo que hará el hombre que dijo, del propio Ebrard, hace poco más de cinco años, que “se dobló, se rindió, de inmediato”.
Quizás por ello, el propio Ebrard presentó su argumento como uno de “desventajas comparativas” y no, como se solía hacer en otras épocas, de “ventajas comparativas”.
Y es que, incluso si lo que Ebrard dice acerca de las ventajas de México respecto de Vietnam, siguen pendientes los temas de los aranceles que golpean a las industrias del acero y el aluminio e, indirectamente, a la industria automotriz y a otras ramas de la manufactura, como los electrodomésticos que usan grandes cantidades de acero o aluminio en sus productos finales o en sus procesos.
Fiel al guión del optimismo pleno que defiende la Cuarta Transformación, Ebrard defendió su interpretación del acuerdo comercial de Estados Unidos con Vietnam, para celebrar su propio trabajo que, en las estimaciones del actual gobierno de México, permitiría la llegada de laboratorios de producción de medicamentos, interesados en producir para el mercado nacional mexicano.
Con la ayuda de David Kershenobich, titular de la Secretaría de Salud, se informó de inversiones en el marco del llamado Plan México lo que traería inversiones en sustancias para productos medicinales, orientados a lograr “la autonomía sanitaria”.
Entre las empresas que, según se dijo, se instalarán o ampliarán su presencia están los laboratorios Kener, ubicados en Toluca, Estado de México, dedicados a producir inyectables hospitalarios. Esta empresa ofreció invertir cinco mil 800 millones de pesos.
También, Genbio, que prometió cuatro mil millones de pesos para una planta de “fraccionamiento de plasma humano”, ubicada en Chalco, Estado de México.
Otra sería Alpharma BioGenTec, especializada en la producción de vitaminas, que ofreció invertir 800 millones de pesos, con sede en Azcapotzalco, en la Ciudad de México.
Finalmente, Neolsyn, con 500 millones de pesos, con instalaciones en Ecatepec, Estado de México y Jiutepec, Morelos, donde elabora los llamados “ingredientes activos farmacéuticos”.
La defensa de los suyos
La promoción de estas inversiones permitió que, además del optimismo de Ebrard, Claudia Sheinbaum volviera a salir a la defensa de Hugo López Gatell, exsubsecretario de Salud de Andrés Manuel López Obrador a quien, según el estilo de la Cuarta Transformación, presentó como víctima de una campaña en su contra, luego de que fuera nombrado para un cargo en la Organización Mundial de la Salud.
Luego, la titular del Poder Ejecutivo, optó por promover la próxima Copa Mundial de Futbol que organizarán en condiciones difíciles de imaginar Canadá, Estados Unidos y México el próximo año.
Hacia el final de la actividad, Sheinbaum salió a la defensa de la CURP con biométricos. Sin embargo, fue sólo reiterar ideas que ha defendido ya desde que presentó la propuesta de ley, así como insistir en que las críticas a lo que ella hace son de mala fe.
Leyó con alguna molestia párrafos enteros de artículos de la reforma como para enfatizar que no habrá ataques a la libertad de expresión y que cualquier uso de los datos biométricos los autorizarán los mismos jueces a los que ella ha celebrado por su cercanía con su movimiento político.
En los últimos minutos, expresó su molestia también por el acuerdo que logró el gobierno de Estados Unidos con Ovidio Guzmán, el así llamado Ratón, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán que, a cambio de declararse culpable, evitó un juicio donde era casi inevitable que perdiera.
Sheinbaum reprochó al gobierno de Estados Unidos que haya declarado terroristas a grupos con los que logra este tipo de acuerdos. Minutos antes había respondido lo mínimo indispensable a una pregunta acerca del hallazgo de lo que parece ser una “fábrica de la muerte” en Ciudad Juárez, Chihuahua.
En un predio allá se encontraron más de 350 cadáveres, parcialmente embalsamados, pero de los que se sabe poco. Sheinbaum evitó el tema y simplemente transfirió la responsabilidad a su secretario de Seguridad, Omar García Harfuch.
Por tercer día consecutiv,o tampoco hubo alguna referencia o pregunta de los asistentes a las que se presentan como “conferencias de prensa” sobre la más reciente masacre en Sinaloa, que dejó como saldo entre 20 y hasta 24 personas muertas.
A pesar del reproche al gobierno de Estados Unidos, la tarde del miércoles, se difundió ampliamente que había un acuerdo para que los secretarios de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio y de Relaciones Exteriores de México, Juan Ramón de la Fuente, se reúnan y cumplan con las tareas que les competen.