Las contradicciones del discurso oficial tras la caída de El Mencho

Los Ángeles Press

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Sheinbaum, Ricardo Trevilla Trejo y Omar García Harfuch reconocen 25 militares mexicanos muertos en el operativo contra la captura de El Mencho.

Frente a Sheinbaum, Harfuch reportó también 70 arrestos en 85 bloqueos en once estados de la República. Espera que los familiares de Oseguera Cervantes pidan se les entregue el cadáver del líder del CJNG.

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La actividad de este lunes 23 de febrero en Palacio Nacional estuvo marcada por las repercusiones de la violencia desatada en al menos 16 estados del país tras la captura y presunta muerte del narcotraficante Nemesio Oseguera, alias El Mencho. El impacto no se limitó al ámbito interno: algunas de sus consecuencias alcanzaron incluso a otros países, como Canadá.

La aerolínea de bandera canadiense anunció la suspensión de los vuelos que conectan a Puerto Vallarta, Jalisco, con distintos destinos de Canadá. A esta decisión se sumaron medidas similares adoptadas por otras aerolíneas y líneas de autobuses de pasajeros. Sin embargo, fue el anuncio de Air Canada el que tuvo mayor proyección internacional, amplificado de inmediato por la Canadian Broadcasting Corporation (CBC) y otros medios de aquel país.

En ese contexto, resultó poco menos que inviable cualquier intento por sostener que en México “no pasa nada” o insistir en que la violencia “ha disminuido” o “está bajo control”, narrativas que difícilmente podían ensayarse ese día desde Palacio Nacional.

Aun así, Claudia Sheinbaum, el secretario de Seguridad Omar García Harfuch y el general Ricardo Trevilla Trejo, titular de la Secretaría de la Defensa Nacional, hicieron esfuerzos reiterados por sostener que la situación no se había salido de control. También insistieron en una idea particularmente frágil: que México ha encontrado una solución al problema estructural de la violencia, pese a que este operativo contó con la participación de Estados Unidos mediante el Comando Norte, de acuerdo con fuentes oficiales.

Ese discurso oficial, sin embargo, choca no sólo con los hechos inmediatos, sino con una historia de violencia acumulada que ningún sexenio ha logrado revertir.

Y esto no empezó ayer, ni con la presunta muerte del narcotraficante Oseguera Cervantes, ocurrida en circunstancias que aún distan de ser plenamente claras. El ciclo de violencia se gestó desde los años noventa, durante los gobiernos de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo; se agravó con Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto en las dos primeras décadas de este siglo; alcanzó una escala dantesca durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador y hoy permanece estancado en lo que Claudia Sheinbaum y su equipo insisten en presentar como un avance, pero que, en los hechos, se asemeja más a un pantano.

Sheinbaum, por ejemplo, parecía más preocupada por insistir en que lo que ocurre en México no está condicionado por algún grado de temor a lo que pudiera hacer en cualquier momento Donald Trump.

Esta mañana, Sheinbaum dijo: “el entendimiento que se estableció con el gobierno de Donald Trump tiene cuatro principios: respeto a la soberanía, responsabilidad compartida, respeto y confianza mutua, y cooperación sin subordinación”.

Además de Sheinbaum, el general Trevilla dijo que “la colaboración con el gobierno de Estados Unidos se realiza desde hace mucho tiempo, pero en esta administración se ha fortalecido mucho la relación con el Comando Norte, ha habido intercambio de información de datos, es un flujo de información importante”.

En ese sentido, reconoció que "la ubicación en un primer término del área fue con personal de inteligencia militar (de México)” aunque con “datos proporcionados por las autoridades de Estados Unidos”.

Por su parte, Sheinbaum insistió en que no hubo "participación en la operación de fuerzas de Estados Unidos; lo que hay es mucho intercambio de información. En este caso, hubo información que prestó el gobierno de Estados Unidos, incluso ellos sacaron un comunicado de inteligencia, pero toda la operación desde su planeación es responsabilidad de las fuerzas federales, en este caso de la Secretaría de la Defensa Nacional”.

En su opinión, esos principios se han “mantenido” por lo que dijo que estaba dispuesta a seguir “trabajando así”. Al pronunciar esas palabras Sheinbaum, sin embargo, parecía ignorar la manera en que su gobierno envió de manera sumaria a varias decenas de reos mexicanos y de otros países a Estados Unidos.

Y sí, eran personas con expedientes criminales tan gruesos como solían ser los volúmenes de la Sección Amarilla en la Ciudad de México en los noventa, pero eso no debería anular la totalidad del sistema jurídico mexicano como ocurrió con más de uno de ellos a quienes ni siquiera se les dio la oportunidad de apelar su extradición.

Inmune a cualquier crítica, Sheinbaum insistió en que “aquí hemos manifestado muchas veces que la cooperación, sobre todo se tiene en información que se comparte, incluso nosotros también compartimos información a Estados Unidos”.

También explicó que “el objetivo del operativo de ayer” era el arresto y que sólo fue cuando los más leales a Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación atacaron a las fuerzas federales que “se respondió a la agresión” en el marco de la ley mexicana. Ni Felipe Calderón Hinojosa lo hubiera podido articular así cuando se trataba de los bloqueos de Los Zetas en Hidalgo o de la Familia Michoacana en Michoacán.

25 bajas

Como lo hubiera podido hacer José López Portillo en los ochenta, Felipe Calderón en la primera década de este siglo, o López Obrador el sexenio pasado, Sheinbaum colmó con todo tipo de elogios a las fuerzas armadas mexicanas. No escatimó superlativos, aunque al hacerlo quien la escuche tenga problemas para conciliar la catarata de elogios con el recuerdo de Ayotzinapa en el caso del Ejército o de la crisis por el huachicol fiscal en el caso de la Marina.

Ricardo Trevilla fue más lejos al expresar su gratitud, su pésame y su pesar por los efectivos militares que perdieron la vida en el operativo para arrestar a Nemesio Oseguera Cervantes. El general no pudo contener la emoción y luego de decir que habían caído en el cumplimiento de su misión dejó correr lágrimas por los hechos.

La cantidad de militares mexicanos muertos ayer lo explica pues, hasta el momento la secretaría a cargo de Trevilla admite 25 bajas, lo que quizás sea el peor día en la historia reciente de las Fuerzas Armadas de México. García Harfuch reconoció además un total de 70 arrestos derivados de los bloqueos y la violencia del domingo. Según dijo, hubo 85 bloqueos en carreteras de once estados con un total de 27 enfrentamientos en distintos puntos del país.

Al inicio de la actividad, el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, señaló que la expectativa del gobierno es que los familiares de Nemesio Oseguera Cervantes soliciten la entrega del cadáver. Entre quienes eventualmente podrían realizar el trámite se encuentran su esposa, Rosalinda González Valencia, o la madre del presunto fallecido.

Más allá del procedimiento forense, la eventual reclamación del cuerpo remite al perfil criminal de Oseguera, quien durante años figuró entre los narcotraficantes más buscados por los gobiernos de México y Estados Unidos. Su liderazgo no se limitó al trasiego de drogas: incluyó la operación de complejas redes de lavado de dinero y esquemas de defraudación que afectaron tanto a autoridades fiscales como a consumidores, entre ellos quienes firmaron contratos de tiempos compartidos con operadores del Cártel Jalisco Nueva Generación en destinos turísticos como Puerto Vallarta.

La eventual entrega del cadáver no cierra una historia de narcotráfico; apenas expone la dimensión de una estructura criminal que durante años operó con violencia, fraude y lavado, a la vista de las autoridades en cada sexenio incapaces de desmontarla a tiempo.

Captura de pantalla de la transmisión del 23 de febrero de 2026.