
Joel Ortega Juárez Martes, 28 de Enero del 2025
La respuesta política en México, de Claudia Sheinbaum y otros líderes políticos, no son suficientes para enfrentar el poder de Trump, desde los Estados Unidos. La relación entre México y su vecino del norte requiere una estrategia más sólida y efectiva.
Por Joel Ortega Juárez
Así, "p’a pronto", contestó Porfirio Remigio a los periodistas que le preguntaban sobre sus adversarios italianos y colombianos en una prueba ciclista en 1960.
Me parece que estamos ante un panorama semejante cuando el presidente Donald Trump ataca de manera delirante a los migrantes mexicanos y del resto del mundo, diciendo que son “criminales invasores” de América.
Él se autonombró como el que, por voluntad divina, le devolverá su auge y su destino manifiesto como redentor de la humanidad, en contraposición a sus “enemigos diabólicos”: los apestosos de la tierra, los comunistas, los chinos y los “terroristas” de los cárteles del narco.
Un energúmeno es siempre peligroso, incluso uno sin poder alguno. La cosa se pone de terror cuando se trata del presidente de los Estados Unidos.
Sin perder los rituales ridículos de los bailes de vals antes y después de la protesta, Trump firmó las órdenes ejecutivas, llamadas decretos presidenciales en nuestro Rancho Grande. Destacan la declaración de emergencia nacional en la frontera sur de Estados Unidos y el envío de tropas a esa zona, la abolición del jus soli establecido en la enmienda 14 de la Constitución, que establece que los nacidos en los Estados Unidos son ciudadanos estadounidenses. Ésta es una aberración histórica para una nación forjada por migrantes de todo el planeta.
La deportación de millones de personas procedentes de casi todo el mundo es delirante. Afectaría a unos once millones de mexicanos sin papeles e incluso a aquellos que, siendo de padres indocumentados, tienen ciudadanía estadounidense por haber nacido en ese país. Ésta es la mayor y más grave de las órdenes ejecutivas de Donald Trump para México. No hay manera de afrontar un atropello de tal magnitud, por más que “México te abraza” de la presidente Claudia Sheinbaum. Esos millones huyeron a los Estados Unidos por falta de empleos con salarios suficientes, por miedo a la violencia y, además, envían decenas de miles de millones de dólares, siendo sus remesas la principal y mayor fuente de divisas que ingresan al país. Toda esa inmensa fuerza nacional no podrá ser “atendida” con la política de subsidios miserables que le han sido tan rentables a la Cuarta Transformación, para decenas de millones de personas en condiciones de casi hambre. Eso no es ni una “curita” para la dimensión de una herida mortal para los migrantes y sus familias que sean deportados a México.
Puede ser “maravilloso” para la vanidad de la presidente el espectáculo del “carro completo” de manifiestos firmados por los treinta y dos gobernadores. Los pronunciamientos del inefable Noroña, convertido en un hazmerreír cada día más patético, los “desplegados” patrióticos del charrismo viejo y nuevo, llamando a la “unidad nacional” con la presidenta, y toda la chusca colección del corporativismo priista de la vieja era, combinado con los “otros datos” “mañaneros” de AMLO y sus secuaces. Listos para poner a Chico Che y los videos que tanto despliegue de su talento de lambiscones ejercitaron y continúan realizando como comisarios de los medios.
Todos esos rituales no tienen la menor capacidad de hacer frente al poderío gringo bajo la batuta de un energúmeno.
Es hora de poner los pies en la tierra, asumir que con el Golfo de México, rebautizado como "Golfo de América", y los proyectos de declarar al Mar de Cortés o Golfo de California como mares bajo la soberanía gringa, no cambia nuestra condición de vecinos de los Estados Unidos. Ni siquiera si la locura de Trump de fundar un nuevo país en el territorio de California, desde su parte norte hasta los cabos, incluyendo obviamente a Surcalifornia, como chiste del Loco Valdés, es simpático. Pero por más que la mona se vista de seda, llámese CALIFORNIA o Estados Unidos, no dejaremos de ser vecinos.
Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos. Es una frase para el discurso de fin de clases de primaria, pero no atiende a la necesidad de construir una relación que aproveche la inmensa ventaja que nos da esa vecindad.
Sería bueno ponernos a considerar opciones viables para domar la furia de un ojete como Donald Trump.