
La sombra de la verdadera oposición es el expresidente Andrés Manuel López Obrador.
Por José Luis Camacho Acevedo
La oposición en México, los que se suponen son los partidos políticos adversarios de la 4T, prácticamente solo existen de manera virtual.
Morena está peligrosamente dividido. La corriente de los que siguen leales a Andrés Manuel López Obrador; el grupo duro que encabezan Martí Batres y Clara Brugada; la mafia de gobernadores perseguidos por los servicios de inteligencia norteamericanos, yales como Alfonso Durazo, Rubén Rocha Moya, Alfredo Ramírez Bedolla o Marina del Pilar; los que siguen en la Cámara a Alfonso Ramírez Cuéllar, mencionar a las corrientes más connotadas del pulverizado morenismo.
A pesar de esa peligrosa fractura, por demás evidente, dentro del partido gobernante, la presidenta Claudia Sheinbaum insiste en un discurso tan inexistente como imaginario, donde resume su narrativa en culpar a la “ultraderecha” de ser quien orquesta las protestas sociales de jóvenes Z, camioneros, agricultores, usuarios del agua y demás grupos u organizaciones que ya están hartos de la inseguridad en que los tiene sumidos el crimen organizado.
Derechistas se consideraban a los seguidores doctrinarios dentro del PAN de Gómez Morín o de Carlos Castillo Peraza, incluso Manuel J. Clouthier.
Ellos eran luchadores sociales que tenían efectivamente principios ideológicos.
Nada que ver con los mercantilistas pragmáticos del talante de Vicente Fox, Felipe Calderón, Emilio González y similares.
El actual dirigente de los albiazules, Jorge Romero, anda buscando a Ricardo Salinas Pliego para que sea su candidato.
El PRI está en caída libre con Alito a la cabeza.
No tienen una figura visible que sea una verdadera oposición a la 4T.
Les estorbaban figuras del tamaño y jerarquía política como Manlio Fabio Beltrones o Beatriz Paredes y por eso los expulsaron.
Alito y su pandilla van por las prerrogativas que recibe del INE el tricolor. Y en su momento a carrancearse lo que consigan vendiendo los inmuebles del partido.
Las alternativas opositoras con posibilidades de contender son Movimiento Ciudadano, que tiene como candidato presidencial in péctore a Luis Donaldo Colosio Riojas.
O la reagrupación del PRD con los Chuchos a la cabeza, que han sabido mantener estructuras y tienen la habilidad suficiente para atraer a muchos de los que integran los nuevos públicos de votantes.
Payasos como Verástegui o Fernández Noroña no entusiasman ni a los electores más despistados.
En México hay una gran inconformidad social por la economía y la inseguridad.
Esas son las causas que provocan las grandes movilizaciones como la que convocó hace unos días la llamada Generación Z. Pero la verdad no se ve por ningún lado una oposición partidista formal que enfrente a la 4T.
En México no hay líderes de ultraderecha como en España, Alemania o Argentina. Claudio X. González, Guadalupe Acosta Naranjo y sus almas gemelas, no son sino voluntaristas políticos.
Difícil tarea la de la presidente Sheinbaum lograr la unidad dentro de su partido. Su principal oponente se llama Andrés Manuel López Obrador. Buscar a una verdadera ultraderecha en nuestro país es tratar de encontrar una aguja en un pajar.
Los empresarios tampoco son representantes de la ultraderecha. Hace unas horas, la presidente Sheinbaum tuvo una plática de ¡tres horas! con el magnate, Carlos Slim.
Hay que entender que los gatos no tienen tres pies como para perder el tiempo en tratar de encontrárselos.