
Iberdrola avanza en su salida definitiva de México tras considerar la falta de certeza jurídica para sus 15 plantas de generación de energía por "demasiado populismo" de la presidente Sheinbaum.
Los Ángeles Press
Iberdrola ha contratado a Barclays Bank para llevar a cabo la venta de sus quince plantas de generación eléctrica en México, valoradas en 4,000 millones de euros (aproximadamente 4,689 millones de dólares). Con esta transacción, la multinacional española da un paso más en su proceso de desinversión en el país, consolidando su salida definitiva tras una serie de movimientos estratégicos en los últimos años.
La empresa energética, presidida por Ignacio Sánchez Galán, ha estado reduciendo gradualmente su presencia en México debido a lo que considera una falta de seguridad jurídica y un entorno incierto para sus inversiones. Según el diario El Confidencial, Iberdrola ya había traspasado una gran parte de sus activos en el país en 2023, después de una serie de desencuentros con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, y ahora busca deshacerse del 45% restante de sus operaciones en territorio mexicano.
La venta incluye quince plantas que suman una capacidad instalada de cerca de 2,600 megawatts (MW), y abarca parques eólicos, fotovoltaicos y plantas de cogeneración. Las instalaciones están distribuidas en varios estados de México, entre ellos Coahuila, Nuevo León, Querétaro, y Puebla, y generan un EBITDA superior a los 400 millones de euros anuales.
¿Por qué Iberdrola decide salir de México?
La decisión de Iberdrola de vender sus activos en México responde a la falta de garantías legales y a la creciente incertidumbre en torno a la seguridad jurídica en el país. A pesar de que la compañía había afirmado en varias ocasiones su compromiso con el mercado mexicano, el clima político cambiante y las políticas energéticas de la administración de Claudia Sheinbaum, que asumió la presidencia en octubre de 2024, parecen haber acelerado la salida de la eléctrica española.
Sheinbaum, quien ha adoptado una postura más firme en términos de política energética, ha impulsado el desarrollo de energías renovables en México, pero con un enfoque que muchos actores del sector, como Iberdrola, consideran demasiado populista y riesgoso para los inversionistas. La reciente sanción económica impuesta a Iberdrola por la Comisión Reguladora de Energía (CRE), por la venta irregular de electricidad generada en la planta de Pesquería, Nuevo León, reflejó este entorno hostil para las empresas extranjeras en el sector energético mexicano.
La sanción se refiere a la venta de energía generada en la central de Pesquería, Nuevo León, a más de 400 empresas, entre las que se encuentran Cervecería Cuauhtémoc-Moctezuma o Cemex.
“Se concluye que la conducta de la permisionaria fue de carácter grave, ya que, a sabiendas de que tiene la obligación de no vender, revender o enajenar por ningún título, directa o indirectamente, capacidad o energía eléctrica, salvo los casos autorizados por la ley, inobservó la norma llevando a cabo la conducta prohibida por la misma”, señaló la resolución.
El impacto en el mercado y la estrategia de Iberdrola
La desinversión de Iberdrola en México también responde a su estrategia global de reducir deuda y mejorar su solvencia financiera. El grupo energético vasco ha experimentado un incremento significativo en su valor en bolsa, alcanzando máximos históricos tras la primera etapa de su desinversión en el país. La venta de las plantas de México permitirá a Iberdrola cumplir con su objetivo de fortalecer su balance financiero y continuar con su política de crecimiento centrada en mercados con mayor estabilidad jurídica.
Pedro Azagra, el nuevo consejero delegado de Iberdrola, confía en que esta transacción será bien recibida por los analistas, y que contribuirá a una mejora en los resultados financieros del grupo. Además, la compañía tiene previsto presentar los resultados del primer semestre de 2025 en las próximas semanas y actualizar su plan estratégico para el periodo 2024-2026, cuyas metas ya se consideran superadas.
Con esta última transacción, Iberdrola se despide definitivamente de México, uno de los mercados clave de América Latina para la industria energética, dejando atrás más de 20 años de presencia en el país. Sin embargo, la compañía continúa con su expansión en otras regiones, donde la estabilidad jurídica y económica es percibida como más favorable para sus intereses a largo plazo.