Alberto Farfán Lunes, 11 de Mayo del 2026, 00:00
El psicoanalista en la mira prolonga el suspenso psicológico de Katzenbach y perfila un posible cierre definitivo para la saga.
Por Alberto Farfán
Finalmente, John Katzenbach (1950), para los miles de lectores de este notable escritor norteamericano, nos hace entrega de lo que pareciera la última parte de la saga de El Psicoanalista (2001), cuyo segundo volumen lo publicara en 2018 bajo el título de Jaque al psicoanalista.
Así, en El psicoanalista en la mira (2023) nos encontramos por fortuna con la idéntica intensidad psicológica de la trama, entreverando un insoslayable y climático suspenso que obliga a su público a continuar con los acontecimientos para conocer qué le depara el destino al Dr. Frederik Starks. Pues debe morir a como dé lugar. Ya que el implacable sociópata asesino de Rumplestiltskin o Señor R. debe consumar su venganza, aunque ahora indirectamente.
Cabe hacer notar que Katzenbach recurre a la misma fórmula estructural de su primera novela para construir las dos subsecuentes. Es decir, todo lector conocedor de éstas se percatará tarde que temprano que nuestro autor vuelve a plantear su obra con los recursos utilizados anteriormente. Estructura de espiral ascendente, introducción de nuevos personajes de carácter disímbolo y claroscuros narrativos.
Y sin embargo, lo realmente importante de esto es que Katzenbach logra alcanzar una especie de cúspide en la cual la persona absorbida por la novela ascenderá para no caer en una sucesión de hechos previsibles. En efecto, la serie de vicisitudes de Ricky no nos son predecibles en ningún sentido. Al contrario, es como si fuera una nueva historia recién escrita. Y esto es algo que pocos escritores logran en una saga en la que introducen la fórmula que les dio éxito.
Por tercera ocasión el Dr. Starks es amenazado de muerte bajo una disyuntiva que no permite alternativas ni dilaciones: o muere él suicidándose o asesinan a sus pacientes. Y es aquí, como en las dos obras anteriores, donde inicia la odisea del protagonista. Una vez más el Dr. Starks tendrá que viajar de sitio en sitio buscando pistas para dar con él o los asesinos, pues tiene el tiempo medido, en contra.
Después de indagar de un estado a otro se pondrá en contacto con una joven, hermana de un expaciente peculiar del que desconfía, que se encuentra en un sitio que alberga a una peligrosa secta religiosa; la logra rescatar y también a un jovencito con perfil de sociópata. Se van con él y empieza la contraofensiva de Starks.
En un momento dado, resurgen Merlín, esposa e hijos, así como Virgil y esposo también; el odio y su obsesión patológica por asesinar a Starks está en carne viva, y ahora más brutalmente por lo ocurrido al Sr. R. Se confrontan, caen caretas; el conflicto llega a su fin.
Pero el problema, no del todo, es que John Katzenbach nos ofrece por tercera oportunidad un final abierto. Y como no pienso develar la conclusión de la historia sólo escribiré que todo indica que, en efecto, El psicoanalista en la mira es el último volumen de esta saga que no tiene comparación con alguna otra.