Rodolfo Soriano-Núñez Lunes, 03 de Abril del 2023, 11:52
Un análisis del anuncio de Solalinde de que asumirá la Coordinación Nacional de Asuntos Migratorios y Extranjería.
Luego de una accidentada visita de AMLO a Ciudad Juárez, Alejandro Solalinde, sacerdote de la diócesis de Tehuantepec, Oaxaca, anunció que el gobierno federal daría vida a una entidad que sustituirá al actual Instituto Nacional de Migración.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
Una de las distinciones en las que el papa Francisco insiste más en sus mensajes, homilías y entrevistas es una que le permite diferenciar entre dos tipos de sacerdotes. El 1 de julio de 2022 le dijo a Bernarda Llorente, de la agencia TELAM:
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Me gusta hacer una distinción, entre pastores de pueblo y clérigos de Estado, ¿no? Clérigo de Estado, como en la corte francesa, que tenía a Monsieur L’Abbé, ¿no? Y a veces los curas tenemos la tentación de noviar demasiado con los poderes y qué se yo… Y ése no es el camino. El camino es el pastoreo. Estar en medio de tu pueblo. Delante de tu pueblo. Y detrás de tu pueblo. El pastor es eso. Un pastor que esté solo delante del pueblo. Debe estar mezclado y participando la vida de su pueblo. Si Dios te pone a pastorear, es para que pastorees, no para que condenes. Dios vino acá para salvar no para condenar.
Ya antes, en febrero de 2016, cuando vino a México, al registrar su nombre en el libro de visitas distinguidas del Seminario de Ecatepec, en el Estado de México, su escueta pero demoledora recomendación a los jóvenes que se formaban ahí fue:
«Que todos los que en esta casa se preparan para el presbiterio, tengan presente siempre a Jesucristo, el Señor; a Su Madre Santísima. Que ellos los preparen para ser pastores del pueblo fiel en Dios y no clérigos de Estado».
A finales de noviembre de 2022, al recibir a un grupo de seminaristas de América Latina, quienes estudian en el Pío Colegio Latinoamericano de Roma, repitió el consejo en el mensaje que pronunció el 28 de ese mes. Nadie podría dudar de lo importante que es para él:
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Estos años en los que ustedes están en Roma son un tiempo de gracia que el Señor les concede para ahondar la formación, no solo a nivel intelectual, académico y para experimentar la riqueza y la diversidad de la Iglesia (…) Esta riqueza y diversidad también caracteriza a Latinoamérica, donde volverán para ser pastores del rebaño que la Iglesia les confía. Pastores del pueblo, y no clérigos de Estado. Por favor, no negocien nunca la pastoralidad. Pastores del pueblo de Dios, no clérigos de Estado. No caigan en el clericalismo, que es una de las peores perversiones. Estén muy atentos, el clericalismo es una forma de mundanidad espiritual. El clericalismo es deformante, es corrupto, y te lleva a una (…) corrupción almidonada (…), que te aparta del pueblo…
Por favor, cada vez que se hacen más «exquisitos» en el sentido verdadero de la palabra, o sea, más alejados del pueblo, cada vez que hacen eso, se apartan de la gracia de Dios y caen en la peste del clericalismo. Pastores del pueblo, no clérigos de Estado. Pidan la gracia de saber estar siempre delante, en medio y detrás del pueblo, metidos con el pueblo del cual Jesús los sacó.
Más recientemente, unas horas antes de que sufriera el episodio que lo llevó a internarse por tres días en el Policlínico Gemelli, el papa Francisco llamó en cuatro distintas ocasiones a repeler la tentación de convertirse en clérigos de Estado a los seminaristas de Calabria, Italia. La primera en el tercer párrafo y las otras tres en el quinto de once párrafos, que -de manera inequívoca- dice:
¿Qué estás buscando como seminarista? ¿Cuál es el deseo que te impulsa a salir al encuentro del Señor y a seguirlo por el camino del sacerdocio? ¿Qué buscas en el Seminario? ¿Qué buscas en el sacerdocio? Tenemos que preguntarnos esto, porque a veces sucede que «detrás de las apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia», en realidad buscamos «la gloria humana y el bienestar personal» (Evangelii gaudium, 93).
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Es muy triste encontrar sacerdotes que son funcionarios, que han olvidado que son pastores del pueblo y se han convertido en clérigos de Estado, como los de las cortes francesas, Monsieur L’Abbé, eran clérigos de Estado. Es malo cuando se pierde el sentido sacerdotal. Quizá buscamos el ministerio sacerdotal como un refugio para escondernos o un papel para ganar prestigio, en lugar de querer ser pastores con el mismo corazón compasivo y misericordioso de Cristo. Les pregunto con las mismas palabras de uno de sus Anuarios: ¿quieren ser clérigos y sacerdotes que no saben amasar con el barro de la humanidad doliente o ser, como Jesús, signo de la ternura del Padre? Aquí, recordemos esto: el Seminario es el tiempo para hacer verdades con nosotros mismos, dejando caer las máscaras, los trucos, las apariencias. Y en este proceso de discernimiento, dejen que obre con ustedes el Señor, que les hará pastores según su corazón. Porque lo contrario es disfrazarse, maquillarse, aparecer, lo cual es propio de los funcionarios, no de los pastores del pueblo sino de los clérigos del Estado.
Quien quiera que presuma ser cercano al papa Francisco debe tener muy en cuenta qué tan importante es esta distinción para Bergoglio.
* * *
Luego de una accidentada visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a Ciudad Juárez, que provocó inusuales comentarios críticos incluso en la prensa más dócil a su gobierno, Alejandro Solalinde, sacerdote de la diócesis de Tehuantepec, Oaxaca, donde está el albergue Hermanos en el Camino, anunció que el gobierno federal daría vida a una entidad que sustituirá al actual Instituto Nacional de Migración.
Según la información, la nueva entidad se denominará Coordinación Nacional de Asuntos Migratorios y Extranjería. Estarán representadas las secretarías de Gobernación, Relaciones Exteriores, Bienestar, Salud, Educación Pública, así como la Defensa Nacional y la Marina. Tendrán presencia la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, además de asociaciones religiosas y representantes de las empresas. Incluso “representantes de países centroamericanos, Estados Unidos y Canadá”.
En las mismas notas publicadas el 1 de abril Solalinde deja saber que será él quien coordine el proyecto. Más allá de que, de inmediato, aclaró que sería a título honorífico, es de suponer que sin devengar un salario, que un ministro de culto asuma la coordinación de un proyecto así en el gobierno federal plantea todo tipo de dudas y problemas.
En un sentido, para quienes se sientan identificados con la idea del Estado laico, es claro que hay una veta muy rica para cuestionar cómo podría conservarse el carácter laico de una entidad como esa cuando su coordinador es un ministro de culto, un sacerdote católico para ser más precisos. Ese enfoque a mí me parece estéril.
Hay suficiente evidencia de que el carácter supuestamente laico del Estado en México ha sido casi siempre una cortina de humo para encubrir los muchos puntos de contacto que existen entre la religión y la política. En todo caso, creo que la laicidad de esa coordinación estaría comprometida en más de un sentido. No hay modo de que Solalinde se desvincule de su carácter de sacerdote católico, sin importar qué tantas cosas diga o haga para escandalizar a los más conservadores en esa iglesia, como cuando dijo en 2019 que una mujer debía ser papa.
Pero tampoco hay garantía de que Solalinde podría dejar de lado sus marcadas preferencias políticas para anteponer la defensa de los migrantes en el cargo que aparentemente habría de asumir en esa coordinación. En ese sentido, lo que Solalinde esbozó a los medios mexicanos la tarde del 31 de marzo de 2023, cuando dio a conocer algunos detalles de esta coordinación corre justamente en la lógica de una violación a la idea del Estado laico y en la de que él se convierta, de manera más clara, en Monsieur L’Abbé de López Obrador, en un clérigo de Estado.
No es la primera vez en México que un ministro de culto, católico o de otra denominación, asume una responsabilidad similar. Un caso que viene a la memoria ocurrió en San Luis Potosí a finales del s. XX. Ahí, Eduardo Córdova Bautista, entonces sacerdote de la arquidiócesis de la capital de ese estado, fue nombrado en 1997 por el congreso local como consejero de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, durante la presidencia de Sergio T. Azúa Reyes.
Más allá de que, en su momento, la guardia del Estado laico puso el grito en el cielo, lo aterrador de ese caso, tanto en la lógica del Estado, como de la iglesia es que Córdova Bautista había sido denunciado desde 1995, dos años antes de su nombramiento, al menos en el ámbito canónico, por abuso sexual de menores. No creo que Solalinde esté en ese escenario, pero eso no es relevante.
Lo importante es dónde se ubica Solalinde al actuar como lo hace en la distinción fundamental entre los clérigos de Estado y los pastores del pueblo. Me parece que en ese punto, no hay modo de eludir el hecho que lo hace en el polo de los clérigos de Estado. Haya o no sueldo de por medio, se pone al servicio del gobierno en turno. Que lo haga luego de que al menos 40 personas murieron en la cárcel del Instituto Nacional de la Migración en Ciudad Juárez, deja ver que la clave para Solalinde no es el bienestar de los migrantes, que ha desaparecido de sus intervenciones públicas durante los últimos cinco años. Trata, en cambio, de rescatar el prestigio de la Cuarta Transformación en el tema de la migración.
También conviene tener en mente que una reforma como la que planteó Solalinde posiblemente requeriría de una reforma constitucional, cosa para la que MORENA no tiene los votos necesarios, además de que implicaría un reordenamiento de las leyes vigentes que dudo mucho que pudiera tener efectos inmediatos en la conducta de las autoridades de migración de México.
Además, habría que ver qué resulta de la elección presidencial en Estados Unidos en 2024. Si Donald Trump vuelve a ganar, dudo mucho que pudiera dialogarse con las autoridades de ese país para redefinir la cooperación de México. Lamentablemente, Morena parece mucho más cómoda con Trump que con Joe Biden, de modo que tampoco puedo pensar que esta reforma pudiera ser viable.
No está por demás recordar que, en 2009, cuando Felipe Calderón Hinojosa era presidente y Enrique Peña Nieto era gobernador del Estado de México, cerró el albergue que se encontraba en Lechería, Estado de México, la Conferencia del Episcopado mexicano guardó silencio. En aquel entonces, Solalinde alzó la voz y muchos creíamos que era real su disposición a defender, a toda costa, a los migrantes. Esa disposición le ganaba críticas de los obispos que, fustigándole, llegaron a llamarle “cura chicharronero”.
La repulsa a la medida hizo que el albergue volviera a abrir sus puertas, pero tres años después, el entonces recién electo gobernador Eruviel Ávila volvió a cerrarlo, ante la mirada pasiva del entonces obispo de Cuautitlán, Guillermo Rodrigo Teodoro Ortiz Mondragón, quien además era el responsable a escala nacional de la llamada pastoral de migrantes en la Conferencia del Episcopado. Fueron organizaciones civiles como Amnistía Internacional, y no el obispado de Cuautitlán o la Conferencia del Episcopado Mexicano, las que protestaron la medida.

Lo más notorio de la contradicción en que incurre Solalinde es que él ha hecho todo lo posible por alinearse, de manera simultánea, con López Obrador y con el papa Francisco. Sin embargo, en este asunto Jorge Mario Bergoglio y López Obrador actúan a partir de criterios muy distintos. Mientras que el papa Francisco tomó, desde el primer momento una actitud de respeto pero distante de Trump, López Obrador ha construido una compleja relación que lleva a que sus más cercanos colaboradores, John Ackerman o Lorenzo Meyer, insistan todavía ahora en que efectivamente hubo fraude en la elección presidencial de Estados Unidos en 2020.
Quien desee explorar con mayor detalle la manera en que López Obrador actúa en este tema, puede consultar este texto que publiqué en inglés en 2020. En él doy cuenta de las muchas contradicciones que marcan el desempeño de los gobiernos de México y Estados Unidos en este tema.
Además, a diferencia de lo que hizo Roma todavía en tiempos de Benedicto XVI en materia de migración, que era subordinar ése y cualquier otro tema a los acuerdos para hacer del aborto un delito, el papa Francisco obligó a que los obispos mexicanos salieran del marasmo que los mantuvo callados, pasivos y dispuestos a aplaudir los abusos que perpetraban los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña contra los migrantes.
Lo hizo al movilizar las redes de apoyo a migrantes de su propia orden, los jesuitas, y la de una orden especializada en atender las necesidades de personas migrantes, la de los escalabrinianos que tiene ramas femenina y masculina y que operan una serie de albergues desde Centroamérica hasta Estados Unidos, con varios de ellos en México. Francisco envió, además, medio millón de dólares el 27 de abril de 2019. La clave, desde luego, no es la cantidad de dinero en sí misma, sino los procesos que se detonaron con esa donación.
En los últimos cinco años, ha sido López Obrador quien repite muchos de los errores de Calderón y Peña y, dada su relación con el presidente, quien ha guardado silencio en el actual sexenio es Solalinde. Ahora son los obispos los que adelantan críticas.
No importa qué tanto diga Solalinde ser cercano al papa Francisco, como cuando fue a Roma a la audiencia general en mayo de 2017, su participación en este proyecto tardío del gobierno de López Obrador obliga a preguntar, como hizo el papa Francisco con los seminaristas italianos ¿Qué busca Solalinde en un ejercicio del sacerdocio tan de la mano del poder?
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