El padre Andrew Small y el fardo de la desconfianza
Andrew Small secretario de Tutela MInorum

Rodolfo Soriano-Núñez

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Crisis de abusos sexuales, convertida en crisis de desconfianza que tardará mucho en repararse.

Religión y vida pública: La transferencia de 17 millones de dólares a la Comisión para la Protección de Menores ahonda la desconfianza en la jerarquía.

Por Rodolfo Soriano-Núñez

En las últimas semanas, en los medios católicos en inglés se discute intensamente el caso del padre Andrew Small, a quien algunos de los grupos de víctimas de abuso a manos de clérigos acusan de cargos que, honradamente no me quedan claros a mí. Lamentablemente, esas acusaciones ocurren en un contexto en el que la jerarquía de la Iglesia Católica ha hecho todo lo posible por ganarse la desconfianza de las víctimas, de los familiares y amigos de las víctimas y, de manera más general, de su feligresía.

Small fue nombrado secretario de la Comisión para la Protección de los Menores, la así llamada Tutela Minorum, hace ya dos años, el 22 de junio de 2021.

Cuando fue nombrado, el sitio de Tutela publicó una semblanza de su nuevo secretario que está disponible, lamentablemente sólo en inglés, aquí. Ahí queda claro que el ámbito del que llegaba Small a Tutela Minorum era el del manejo de los recursos a disposición de la Iglesia en Estados Unidos.

Small, a partir de la experiencia que desarrolló como enlace de la Conferencia de Obispos de Estados Unidos en América Latina, se familiarizó con el tipo de problemas que la Iglesia en América Latina y, de manera más general, en el Sur global enfrentaba. Small era responsable de evaluar y recomendar a los obispos de Estados Unidos qué proyectos de desarrollo podían apoyar.

Antes de llegar a Tutela Minorum, Small fue director de la Sociedades Misioneras Pontificias en Estados Unidos, una instancia de la Iglesia cuyas oficinas principales están en el corazón de Manhattan, Nueva York, que tiene a su disposición fondos que son el resultado de colectas de distinta naturaleza desarrolladas por la Iglesia en Estados Unidos desde hace varias décadas.

Esa experiencia le permitió innovar el trabajo que desarrollaban las Sociedades Misioneras Pontificas de Estados Unidos. En la semblanza que publicó Tutela Minorum, hablaba—por ejemplo—de su experiencia con el crowdfunding, es decir, un mecanismo en el que una institución promueve un cierto tipo de proyecto de desarrollo y el público decide con cuánto dinero le apoya o no. Ese mecanismo le permitió a las Sociedades Misioneras Pontificias de Estados Unidos ser más eficaz en la provisión de fondos para obras de desarrollo.

Solía ser que, antes de la crisis de abusos sexuales, la Iglesia de Estados Unidos podía financiar proyectos para que diócesis en el sur global apoyaran a productores de huevo y gallinas, financiaran la producción de café o cacao o compraran equipo para ofrecer servicios médicos a sus fieles.

Aunque se publicó luego de que inició el escándalo que actualmente afecta a Tutela Minorum y a Small, este texto sobre la manera en que se financia el trabajo de una granja cafetalera en Kenia permite comprender el tipo de trabajo que Small realizó y que le valió que el papa Francisco lo llevara a Tutela.

Fue en esa experiencia de la USCCB donde el padre Small aprendió a manejar los dineros que los obispos de Estados Unidos y otras entidades vinculadas a la Iglesia en Europa estaban dispuestas a poner a disposición de diócesis de América Latina.

Fue del manejo de esos fondos de donde el papa Francisco lo llamó en junio de 2021 para que se hiciera cargo de la secretaría de la Comisión para la Protección de Menores que el papa argentino creó en 2014 como parte de su respuesta a la crisis de abusos.

Mi relación con Small

Conocí al padre Andrew Small en 2009 cuando fui invitado a Santa Cruz, Bolivia. por la Fundación Konrad Adenauer de Alemania a una de las actividades que organiza de manera conjunta, de manera más o menos regular, con la Conferencia de Obispos de Estados Unidos, la USCCB por sus siglas en inglés y el Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe, el CELAM.

Yo acudí en calidad de experto en el ámbito de la Sociología de la religión y la Sociología política, con algún conocimiento de México y América Central y como parte de una relación como analista y docente, ahora ya no existente, con el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana. Small acudió, a su vez, como enlace de la USCCB en América Latina, especialmente con el CELAM.

Yo hace más de diez años que no hablo con el padre Small en persona o por medio de las redes sociales. A propósito, evité tratar de contactarlo antes de escribir este texto. De manera adicional, poco después de que inició este otro escándalo, él modificó su perfil de Facebook en donde aparecíamos como amigos desde finales de la primera década de este siglo, de modo que ya no aparecemos como tales y él aparece como sin amigos en esa red social.

 Quien esto escribe (izquierda) y el padre Andrew Small, Santa Cruz, Bolivia, diciembre de 2009.

Tutela Minorum

Lamentablemente, cuando primero se creó la así llamada Tutela Minorum, con el jesuita Hans Zollner como secretario y bajo la dirección del arzobispo y cardenal de Boston, el franciscano Sean O’Malley, se creó sólo como una suerte de pancarta con un nombre que, en lo personal, nunca me ha parecido adecuado.

La denominación de la entidad me parece que es equívoca porque parece validar la idea de que las principales víctimas de clérigos depredadores son menores de edad. Esa fue una de las "líneas" que durante las primeras cuatro décadas de la crisis de abusos sexuales ha usado la jerarquía de la Iglesia Católica para presentar el asunto como un problema derivado de una infiltración de homosexuales en la Iglesia.

No es así y ahora ya incluso el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin lo reconoce de esa manera, como lo demuestra esta nota sobre su más reciente declaración sobre el asunto, disponible aquí. Sin embargo, la idea permanece como un elemento del imaginario católico cuando se trata de ofrecer una explicación al problema de los abusos.

¿Por qué no sabemos del abuso perpetrado contra más mujeres? Porque es más difícil que muchas de ellas denuncien a sus agresores. Muchas de ellas han optado por “cortar por lo sano”, evitarse a sí mismas el dolor y el daño asociado a la revictimización. Las que han sido capaces de seguir con su vida, lo han hecho y otras muchas más, muy probablemente la mayoría, sufren en silencio.

En todo caso, más allá del problema de la denominación. No se sabía en estricto sentido cómo se iba a articular con la entonces Congregación ahora Dicasterio de la Doctrina de la Fe, sucesor de lo que en otras épocas fue la Santa Inquisición. Sólo se sabía que tenía que estar ahí, porque los casos de abuso sexual están reservados a la competencia de la Doctrina de la Fe desde, por lo menos, mediados del siglo XIX y esa competencia sólo se incrementó en los últimos 40 años de crisis de abusos sexuales en la Iglesia.

Que nadie sabía cuál era el encuadre, las funciones y las responsabilidades de la Tutela Minorum quedó claro cuando a los primeros meses de creada empezaron a renunciar algunos de sus miembros laicos.

La sobreviviente irlandesa Marie Collins “aguantó” en el cargo, pero en distintas oportunidades dejó en claro que estaba descontenta con la manera en que se tomaban decisiones y, sobre todo, con el hecho que el diseño de la comisión era tan malo que no había un presupuesto claramente establecido para que operara. Eso quedó más que claro cuando Collins renunció a la comisión, como se puede ver en esta entrevista con el diario británico The Guardian de 2017.

Como se puede ver en esa entrevista, una de las razones por las que Collins eventualmente abandonaría la Comisión fueron los problemas de diseño y de financiamiento. Esos problemas siguieron al menos otros seis años hasta que Zollner decidió que también era momento de dejar el cargo como secretario, que fue el momento en el que Small fue llamado por el papa Francisco para hacerse cargo de la secretaria de esa entidad de la Iglesia Católica.

Una de las primeras cosas que Small hizo fue dotar a Tutela Minorum de una sede que, como todas las cosas que son relevantes para la Iglesia Católica, debía estar en Roma.

Es difícil no suponer que hay alguna relación entre la manera en que, poco después del nomibramiento de Small, Tutela Minorum se hizo y renovó el edificio del palacete Maffei Marezcotti en Roma y la decisión, en su momento aparentemente intempestiva, de Zollner de renunciar por completo a la comisión el 14 de marzo de ese año, aunque eventualmente el público se enteraría de esa renuncia hasta el 29 de ese mismo mes.

De hecho, dos semanas después de que se diera a conocer la renuncia de Zollner a la comisión, The New York Times publicó el 13 de abril, un detallado reportaje que daba cuenta del visto bueno del papa Bergoglio a la sede de Tutela Minorum.

El edificio, un antiguo palacete romano que, ahora restaurado, servirá para recibir a quienes—por distintas razones—deben entrar en contacto con la entidad que es la encargada de proteger a los menores y a las personas vulnerables de las situaciones que pudieran facilitar el que se conviertan en víctimas de abuso.

En una parte del reportaje de The New York Times una fuente no identificada por el autor del texto dice que las nuevas oficinas “representan un compromiso concreto con las víctimas y una clara respuesta a fuerzas en el Vaticano que preferirían que el problema del abuso sexual se ocultara o se le mantuviera alejado”.

En sus declaraciones al mismo reportaje del Times, Small dice que la apertura de la sede de la Comisión puede servir como “un monumento ‘a la masacre silenciosa de las infancias de las personas’ y para dejar en claro a los sobrevivientes que ‘tienen derecho a estar en un lugar hermoso’”.

No creo, honradamente, que las víctimas estén particularmente preocupadas por la ubicación o por la belleza o fealdad del lugar donde podrían estar las oficinas de la Comisión.

Creo que en ese punto el padre Small exagera el alcance de las decisiones tomadas bajo su responsabilidad como secretario de la Comisión, pero me parece que tiene razón en cuanto a que, en primer lugar, era necesario saber dónde están las oficinas de esta Comisión, pues al menos durante los primeros nueve años de existencia del ente, nadie sabía en estricto sentido dónde estaban.

Creo, en cambio, que lo dicho por el cardenal Sean O’Malley, presidente de la Comisión, respecto de la necesidad de contar con un espacio en el que las víctimas de abuso no tuvieran forzosamente que pasar por los controles de la Guardia Suiza y de la Gendarmería Vaticana tiene más sentido, además de que efectivamente, como él dice, para muchas personas víctimas es muy difícil acudir a sitios dominados por quienes abusaron de ellos.

El Maffei Marezcotti se encuentra a cerca de dos kilómetros al oriente de Ciudad del Vaticano, dentro de la Ciudad de Roma, a poco más de 100 metros al sur del Panteón. Los dos diseños del micrositio de Internet de la comisión nunca acertaron a ofrecer una dirección física del ente, porque efectivamente no había tal. En el actual diseño, la dirección que aparece es, en inglés: Largo Giovanni Paolo II | 00120 – Vatican City State, como se puede apreciar en la captura de pantalla que se presenta a continuación.

 La página de Políticas de Medios del sitio Web de la Comisión para la Protección de los Menores. En la parte final se puede apreciar la dirección postal.

A continuación se amplía tanto como ha sido posible la dirección que todavía aparecía en la página postal de la Comisión para la Protección de los Menores, Tutela Minorum, el domingo 25 de junio de 2023.

 Ampliación o detalle de la dirección postal de Tutela Minorum.

Sin embargo, el Largo Giovanni Paolo II es una suerte de andador ubicado en un pequeño poblado llamado Assura, en Lazio, a casi 28 kilómetros al norte de Ciudad del Vaticano. El andador o calle local, se deriva de la Via Campagnese y acaba en el estacionamiento de una escuela. Nada hay ahí que hable de la existencia de la Comisión para la Protección de Menores. A pesar de que esa dirección correspondería a Italia, el código postal 00120 que aparece en el micrositio de Tutela Minorum corresponde a Ciudad del Vaticano.

La falta de un espacio propio para la Comisión era y sigue siendo, por donde se le vea, una situación lamentable que Small resolvió al mover fondos de una de las obras de la Iglesia para la que trabajó antes de su nombramiento en Tutela Minorum. Supongo, además, que lo hizo con el consentimiento de los involucrados, pues nadie lo ha acusado de robo, ni nada parecido.

El mejor resumen que conozco de la situación y las críticas formuladas contra Small lo ofrece este texto que The Associated Press publicó a finales de mayo de este año. Ahí se cifran las transferencias hechas por Small en los 17 millones de dólares.

Esa cifra por sí misma a mí no me dice nada. Puede ser nada, si con eso se trata de resolver todo el problema de los abusos y las compensaciones que la Iglesia debe pagar a las víctimas de abuso sexual. Si eso fuera todo lo que la Iglesia está dispuesta a usar para reparar el daño, no serviría de cosa alguna.

Si esa cifra, en cambio, servirá como una suerte de semilla de la que puedan desarrollarse otras iniciativas que ayuden a las víctimas de abuso sexual, incluida—desde luego—la prevención del abuso en sus distintas formas en la Iglesia, me parece que es una cantidad que podría servir para detonar otros procesos.

Un reportaje posterior, publicado por The National Catholic Reporter presenta a Small como reacio a responder a las preguntas que Christopher White, reportero de ese medio le envió. Eso me parece muy negativo. Es una pena que actúe así. Quienes dudan de él y, sobre todo, del compromiso del papa Francisco para resolver la crisis de abuso han usado su silencio en la lógica que resume un refrán en español: “el que calla otorga”.

Hay preguntas que deberían responderse, pero no creo que Small sea el único blanco de las críticas y las preguntas. Creo quienes deberían responder por qué el financiamiento de Tutela Minorum se hizo como lo ha hecho hasta ahora la Iglesia son el cardenal español Luis Francisco Ladaria, responsable del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, la entidad en la que está encuadrada la Comisión y el cardenal Sean O’Malley, arzobispo de Boston y presidente de Tutela Minorum desde su creación y, desde luego, el propio papa Francisco.

Sin perder de vista el desorden con el que la jerarquía ha procedido en este asunto, el caso de Small ha sido exagerado. Es preferible que Tutela Minorum cuente ya con un espacio propio y, quiero suponer que con algún patrimonio y presupuesto que le permita funcionar y no que siga en su situación previa: una pancarta con un nombre “pegador”, pues apela a la narrativa de la crisis de abuso como algo que ataca sobre todo a los (varones) menores de edad, aunque en realidad las víctimas mujeres sean muchas más de lo que los jerarcas de la Iglesia están dispuestos a reconocer.

Criticar a Small por las transferencias de fondos que, a final de cuentas, eran de la propia Iglesia para resolver este problema de los abusos sexuales y de la desatención a las víctimas que es el problema preeminente de la Iglesia Católica hoy, no contribuye en nada a la solución del problema. Sólo genera ruido y ahonda los problemas, ya de por sí muy graves de confianza en la jerarquía y, de manera más general, en la Iglesia.

Insisto, hasta donde sé, no es posible acusar a Small de ladrón. No tomó los fondos de otra institución para dárselos a la Iglesia. Los tomó de fondos que opera, lamentablemente de manera opaca la propia Iglesia, para resolver—así sea de manera parcial y opaca—el problema clave del presente y el futuro de la Iglesia: los abusos sexuales a manos de clérigos.

Eso no implica, desde luego, que Zollner no tenga razón en criticar las cosas que él señaló en su texto de renuncia del 29 de marzo de este año y que comenté en detalle en la entrega previa ya referida de esta serie Religión y vida pública.

Ojalá que los clérigos involucrados en este asunto lograran percibir el daño que causan a la institución a la que dicen estar dedicados. Parece que no lo hacen, pues este caso como otros muchos en esta compleja y larga historia de 40 años de escándalos, predominan una vez más los errores, la falta de tacto y el descuido.

Si a eso se agrega que parece no haber límite a los nuevos casos de abuso que emergen semana a semana, como en el caso de Jesús Andrés Vela, que apenas surge ahora en la provincia de la Compañía de Jesús en Colombia, se tiene la proverbial receta para un desastre. Y quien piense que Vela no fue una figura influyente a escala continental, considere este obituario de 2017 en que se celebraba su trayectoria con los jesuitas y en la ya referida CELAM.

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