El gobierno municipal de Veracruz: no se ve, no se siente, no gobierna
Rosa Hernández espejo, alcaldesa del puerto de Veracruz.

Alfredo Griz Cruz

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Lo que hoy vive Veracruz no es una crisis inesperada, sino el resultado de responsabilidades eludidas y un poder local que dejó de ejercer su función esencial: gobernar.

Despacho 14

El violento oficio de escribir

Por Alfredo Griz

El Puerto de Veracruz no colapsa por accidente. Colapsa por omisión acumulada, por años de crecimiento sin planeación y por gobiernos que administraron el presente hipotecando el futuro. Hoy, el municipio enfrenta una realidad brutal: la ciudad creció más rápido que su infraestructura, y las cifras la exhiben sin maquillaje ni propaganda.

Veracruz no es una ciudad pobre en apariencia. Es una ciudad estructuralmente desigual, partida en dos realidades: la postal turística y la vida cotidiana de colonias enteras que sobreviven con servicios incompletos, infraestructura obsoleta y riesgos permanentes. El crecimiento urbano no trajo bienestar; trajo saturación, abandono y fragilidad.

Agua potable: cobertura que no garantiza agua

En el municipio de Veracruz, alrededor de 48 mil personas viven en viviendas sin servicios básicos completos. En términos reales: hogares sin agua entubada continua, con presión irregular o con suministro intermitente.

En zonas específicas, hasta el 26% de la población no tiene acceso directo a agua potable dentro de su vivienda. No es un dato menor. Es una carencia estructural que impacta la salud, la higiene y la dignidad.

La red hidráulica es vieja, con fugas constantes y pérdidas técnicas elevadas. El problema no es la falta de agua, sino la incapacidad del sistema para llevarla a donde debe llegar. Veracruz no enfrenta una crisis hídrica natural: enfrenta una crisis de infraestructura.

Drenaje y saneamiento: la ciudad que se inunda porque no drena

El sistema de drenaje sanitario y pluvial es uno de los grandes fracasos urbanos del municipio.

En distintas zonas, entre el 3% y el 25% de las viviendas carecen de drenaje adecuado. Aguas negras a cielo abierto, colapsos de alcantarillado y escurrimientos irregulares forman parte del paisaje cotidiano.

Cada temporada de lluvias lo confirma: calles convertidas en ríos, colonias aisladas y viviendas dañadas. El suelo se impermeabilizó, la mancha urbana creció, pero el drenaje nunca se modernizó.

El resultado es una ciudad vulnerable, donde una tormenta basta para desnudar décadas de negligencia.

La ausencia del gobierno municipal: un vacío que ya se siente

Y mientras la ciudad exhibe sus fracturas, el gobierno municipal simplemente no aparece.

La incapacidad de la actual alcaldesa del Puerto de Veracruz es más que evidente. A casi dos meses de haber tomado el control del ayuntamiento, ni siquiera las oficinas del Cabildo están plenamente operativas. Los regidores, si es que trabajan, nadie sabe dónde están.

Lo que sí es visible es que Rosa Hernández Espejo no sabe qué hacer. Está literalmente en la inopia política, sin control del gobierno, sin rumbo administrativo y sin presencia pública efectiva.

Mientras tanto, el Puerto de Veracruz se cae a pedazos:

• La inseguridad va al alza

• Los servicios públicos operan con dificultad

• La infraestructura urbana sigue deteriorándose

Y lo más grave: hay un vacío de poder que se siente y se ve en las calles del histórico municipio. Cuando el gobierno no gobierna, la ciudad lo paga.

Vialidades: calles que no soportan la ciudad que cargan

Una proporción significativa de las vialidades del municipio presenta deterioro severo, falta de pavimentación o infraestructura incompleta, sobre todo en colonias populares y zonas periféricas.

Baches, socavones y calles destruidas no son incidentes aislados: son el resultado de una ciudad que creció sin invertir en movilidad.

Las consecuencias son claras:

• Mayor tiempo de traslado

• Aumento en costos de transporte

• Daños constantes a vehículos

• Colonias prácticamente aisladas

Veracruz se mueve sobre calles que ya no resisten el peso de la ciudad.

Electricidad: servicio amplio, calidad frágil

Aunque la cobertura eléctrica formal es alta, la calidad del servicio es irregular. El cableado antiguo y las sobrecargas provocan apagones y fallas recurrentes, especialmente en zonas densamente pobladas.

No es falta de conexión: es infraestructura rebasada.

Basura y servicios urbanos: la ciudad que se acumula

La recolección de residuos existe, pero no es eficiente ni uniforme. En colonias populares, la basura se acumula por retrasos y fallas operativas.

Esto genera:

• Focos de infección

• Contaminación urbana

• Degradación del espacio público

Una ciudad que no gestiona sus residuos se degrada desde el suelo.

Conectividad: la desigualdad del siglo XXI

En polígonos urbanos marginados, hasta el 80% de los hogares carece de servicios fijos de telecomunicaciones, y más del 90% no tiene acceso a internet de calidad en casa.

La brecha digital no es un lujo pendiente: es una forma moderna de exclusión social.

Crecimiento urbano: expansión sin control

La mancha urbana de Veracruz ha crecido durante más de cinco décadas más rápido que su infraestructura pública.

Se construyeron colonias completas sin garantizar:

• Agua

• Drenaje

• Vialidades

• Servicios urbanos

El resultado es una ciudad fragmentada, desigual y presionada hasta el límite.

El saldo urbano de Veracruz

Los números son implacables:

• Decenas de miles de personas sin servicios básicos completos

• Hasta una cuarta parte de las viviendas sin drenaje adecuado en zonas críticas

• Colonias enteras expuestas a inundaciones recurrentes

• Infraestructura vial colapsada

• Una brecha digital que margina a miles

• Un gobierno municipal ausente

Esto no es un problema técnico. Es un problema de poder, de decisiones y de responsabilidad política.

La ciudad está abandonada. Veracruz no está fallando por falta de recursos. Está fallando porque se permitió crecer sin cimientos y hoy se gobierna sin dirección. Una ciudad sin infraestructura es frágil. Sin gobierno es peligrosa.

Hoy, Veracruz tiene ambas cosas. Y mientras el Ayuntamiento permanece paralizado, la ciudad avanza hacia el desgaste total. Porque cuando el poder se ausenta, el abandono gobierna.

Veracruz no necesita excusas. Necesita autoridad, planeación y decisión. De lo contrario, no será el tiempo el que la destruya, será la indiferencia desde el poder.

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