Rodolfo Soriano-Núñez Viernes, 19 de Mayo del 2023
La libertad de prensa nos dice qué tanto se respeta o no los derechos en un país.
Pero también hay un vínculo de la libertad de prensa con la corrupción de una sociedad.
Otros Datos
Por Rodolfo Soriano-Núñez
Hasta el momento esta serie ha dado cuenta de los vínculos que existen entre la desigualdad y la violencia y entre la corrupción y la violencia. Es posible afirmar que, a mayor desigualdad, es posible esperar mayor violencia y que, a mayor percepción de corrupción, es posible esperar mayor violencia.
Un tercer elemento que puede ayudar a comprender el fenómeno de la violencia es qué tanto se respetan o no los derechos comúnmente agrupados en la idea de libertad de prensa. No es un derecho único. No todos los países comprenden la libertad de prensa de manera similar, pero los países en los que se respeta el libre intercambio de ideas, una de las dimensiones que dan forma a la libertad de prensa, tienden a ser mucho menos violentos que aquellos en los que, por la razón que sea, se imponen límites o condiciones al intercambio de ideas, puntos de vista, opiniones y formas de entender el mundo.
El que exista también un vínculo entre el ejercicio de la libertad de prensa y qué tan corrupta es o no una sociedad, hace más importante prestarle atención a qué tanto se respeta o no el conjunto de derechos que hacen posible la libertad de prensa.
Como en las dos entregas previas de esta serie Otros datos, se usa un indicador que podría ser mejor. El indicador en uso es el de la organización civil de alcance global de Reporteros Sin Fronteras. Como muchos otros índices ha evolucionado. Ha crecido el número de países que incluye. También ha aumentado las dimensiones que considera. Ello se ha traducido en cambios en la metodología, en los cuestionarios y en el tratamiento de ciertos países. para capturar la idea de libertad de prensa.
A pesar de esos cambios y de las inevitables limitaciones de cualquier instrumento, tiene la ventaja de que se ha compilado a lo largo de poco más de 20 años. Gracias a este indicador de libertad de prensa, es posible realizar comparaciones en el mediano y corto plazo para uno o varios países. También permite también observar cómo se relaciona el respeto a esta noción de libertad de prensa con el respeto a otros derechos.
Esto es lo que se hace en esta entrega de Otros datos, al observar la manera en que se relaciona el Índice de Libertad de Prensa, en adelante el Índice, con la medida o indicador de violencia que uso en esta serie, que es el de la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes, en adelante la tasa.
El Índice no es perfecto. Estados Unidos, por ejemplo, solía tener dos lecturas de la libertad de prensa en ese país. Una para el respeto a la libertad de prensa en los temas nacionales de Estados Unidos y otro para el tratamiento que se daba a los temas de política exterior. Durante un periodo más breve aún se siguió un enfoque similar con Israel. Afortunadamente, en las ediciones más recientes del Índice se abandonó esa práctica.
A pesar de ello, no todo son buenas noticias con este índice. Si uno descarga los datos desde la página Web de Reporteros Sin Fronteras , uno encontrará inconsistencias e incluso errores, además de una metodología que no siempre es clara ni siquiera para quienes tenemos alguna experiencia en el análisis estadístico. Fue posible descargar una base de datos del Índice relativamente "limpia" de esos errores del sitio del Banco Mundial GovData360.
El Índice de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras es blanco frecuente de ataques de los gobiernos de países que aparecen con malas "calificaciones" ahí. Entre las críticas más amargas al Índice está la del gobierno de la India, que sostiene en una de sus páginas Web oficiales un reproche en el que acusa al Índice de algo que es taquillero en un país que padeció los excesos de la dominación británica durante casi tres siglos: eurocentrismo. Creo que es un exceso, pero este como otros índices puede ser criticado e incluso rechazado. Es la ventaja de las sociedades abiertas, con libre intercambio de ideas, que es una de las dimensiones que considera este Índice.
En lo personal, una de las razones por las que consulto año con año los resultados del Índice es porque es muy sensible a los cambios que ocurren en cada país en el corto plazo. Es un índice construido a partir de las opiniones de periodistas que ejercen esa profesión. Además, es anual, lo que permite explicar por qué llegan a ocurrir variaciones muy marcadas en sus datos que reflejan los cambios "en el campo" casi de inmediato.
Quien vea, por ejemplo, las gráficas en las que se considera a Honduras puede observar que la crisis política de 2009-2010, cuando las Fuerzas Armadas de ese país impidieron que Manuel Zelaya buscara la reelección como presidente y le depusieron, está claramente reflejada ahí, del mismo modo que se puede observar la manera en que, por razones políticas, empeoraron en los últimos 20 años las condiciones para el ejercicio del periodismo en países como Nicaragua y Venezuela.
Ello no implica que el vínculo entre violencia y libertad de prensa sea el único o el más importante a considerar. De hecho, si uno considera casos de países muy violentos, como Honduras o El Salvador y la correlación entre el Índice y la Tasa en ellos, lo que se observa es una débil correlación. Ello no descalifica del todo al respeto a la libertad de prensa como uno de los factores que explican la violencia. Sólo quiere decir que en esos dos países (y otros que se detallan aquí), el vínculo entre violencia y libertad de prensa no es tan importante como sí lo es, por ejemplo, en México.
Ello se explica porque tanto Honduras como El Salvador tenían mejores calificaciones que México en el Índice cuando se desató la violencia y, a diferencia de lo que ocurre en México, donde los periodistas son ellos mismos blancos frecuentes de la violencia, en esos países no lo han sido, al menos no de la manera en que lo han sido en México.

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Índice de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras y de los datos de la tasa de homicidio disponibles en el Banco Mundial.
Aquí, además de la violencia, hay otros factores a considerar. Uno es la concentración de la propiedad de los medios, que es un fenómeno que afecta a distintos países. En México y otros países de América Latina está siempre el delicado asunto de la censura impuesta desde oficinas de gobierno. La censura es indirecta. Es un mecanismo que opera por medio de la "contratación" de la llamada publicidad oficial, cuya asignación no es transparente.
También es necesario considerar los efectos del acoso y hostigamiento contra periodistas por grupos criminales, que no son prácticas comunes o frecuentes en otros países afectados por la voilencia.
En ese sentido, el Índice de Reporteros Sin Fronteras refleja muy bien la manera en que han empeorado las condiciones para el ejercicio del periodismo en México y otros países. No en balde, México reporta una correlación muy robusta, ¡de 0.568! Ello hace de México uno de los mejores ejemplos de la manera en que el empeoramiento de la calificación en el Índice coincide con un aumento en la violencia, como la mide la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes.
Como se hizo ver en entregas previas de esta serie, una correlación mayor a 0.25 debe considerarse como un valor útil para explicar el fenómeno que a uno le interesa. En este caso, para México, el valor de 0.568 es robusto y deja ver que efectivamente, en la medida que empeoran las condiciones de ejercicio de la libertad de prensa, aumenta el número de homicidios. En otras palabras, a menor libertad de prensa, mayor violencia como la captura o la mide el Índice de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Frontera.
Como señalé a propósito del Índice de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional en la entrega inmediata anterior de esta serie Otros Datos, no hay un índice perfecto. Es necesario aprovechar la información disponible y tratar de hacer propuestas o tomar decisiones a partir de la evidencia y no de los caprichos.
La corporación alemana de televisión pública, la Deutsche Welle-TV publicó hace algunos años un análisis muy puntual de los cinco índices que existían a principios de la década pasada para medir la libertad de prensa a escala global. Quien desee comprender mejor las diferencias entre cada uno de esos instrumentos así como las fortalezas y debilidades de cada uno, puede consultar ese documento, en inglés, aquí.
Lo que se obtiene al analizar los datos disponibles es lo que uno esperaría: en la medida que se restringe u obstaculiza el trabajo de los periodistas y los medios de comunicación, es más probable que ocurran hechos de violencia. No es que los medios de comunicación o los periodistas sean, por sí mismos, un valladar contra la violencia. Es que se acalla, se perisigue o incluso se asesina a los periodistas en países o realidades marcadas por la corrupción, por la violencia, por el mal ejercicio del gobierno, de la función pública.
Más allá de que es difícil disputar esa idea, el análisis de los datos disponibles para el conjunto de países con el que esta serie compara a México, demuestra que efectivamente hay un vínculo entre la violencia criminal que padecemos en México y el grado de libertad de prensa del que disfrutamos.
En esta ocasión, de los países de la muestra la correlación no es relevante para Argentina, Panamá, El Salvador, República Dominicana, Brasil, Chile y Honduras. En el resto de los países considerados en este ejercicio, que son los de América Latina, excepto Venezuela y Paraguay, pues carecemos de datos para la tasa de homicidios ahí, además de Estados Unidos, Canadá, Belice, Filipinas y Sudáfrica, la correlación es mayor a -0.29 o a 0.29, como se puede apreciar en la gráfica que se presenta a continuación, que resume el valor de la correlación para todos los países considerados en este ejercicio.

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Índice de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras y de los datos de la tasa de homicidio disponibles en el Banco Mundial.
El Índice empeora en la medida que se acerca a 100. Los países con las mejores calificaciones del continente americano, como Canadá, Uruguay o Costa Rica tienen calificaciones muy bajas, mientras que países como México o Venezuela, tienden a tener las calificaciones más abultadas en esta medida. La idea más básica es que en la medida que el Índice empeora, es decir, que sus números están más abultados, como en México o más recientemente en Belice e incluso en Uruguay, aumenta el número de homicidios por cada 100 mil habitantes.
Como ocurrió con la corrupción, en algunos países, la correlación es negativa. En casos como Perú me parece que hay muy pocos datos disponibles de la tasa de homicidios y ello hace difícil validar el resultado obtenido. En otros, como Nicaragua, aunque las calificaciones del país en el Índice han empeorado, no han aumentado de manera dramática, como en México el número de homicidios por cada 100 mil habitantes.
En todo caso, para interpretar el Índice y la manera en que se relaciona con la tasa de homicidios es necesario tener muy presente el contexto, las condiciones específicas de cada país, la eficacia de sus sistemas de seguridad pública y de procuración de justicia, entre otros factores.
Es importante destacar que, en general, en todos los países y subregiones consideradas en este ejercicio hay un empeoramiento de las condiciones de ejercicio de la libertad de prensa. No hay país que escape a esa dinámica. En las siguientes gráficas se compara a México con otros países o regiones. En primer término, se compara a México con los países con los que realiza sus mayores intercambios comerciales: Estados Unidos y Canadá. Es claro que los valores reportados para México son mucho peores que los observados en sus socios en la así llamada Zona TMEC.

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Índice de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras.
Luego, se compara a México con los países de América Central y República Dominicana. En esta ocasión es posible incluir a Belice, pues sí hay datos en este Índice para nuestro vecino al sur. Es notable que, dejando de lado el temporal empeoramiento del Índice en República Dominicana en 2003, los países con el peor comportamiento del Índice en esta región son México y Honduras.
No solía ser el caso de Honduras, cuyo empeoramiento en esta medida coincide con el Golpe de Estado que depuso a Manuel Zelaya, pero sí lo ha sido para México ya desde antes de que Felipe Calderón declarara el inicio de su guerra contra el narcotráfico, con las consecuencias ya conocidas.
Debe señalarse que, dejando de lado a Costa Rica esta es una de las peores regiones para ejercer el periodismo a escala global.

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Índice de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras.
La siguiente comparación involucra a México y América del Sur. De nueva cuenta, México aparece como uno de los peores países para ejercer la profesión de periodista, con condiciones similares a las de Venezuela y peores que las de Colombia y cualquier otro país de América del Sur. Quien encuentre consuelo en ello, puede decirse a sí mismo que todos los países de la región vivieron un empeoramiento en las condiciones que reporta o captura este índice.

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Índice de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras.
La siguiente gráfica compara a México con los países de grado de desarrollo similar en América, sin importar si están en América Central o en América del Sur. Es la misma situación observada en cada una de las comparaciones previas. México es un país poco propicio para el ejercicio del periodismo, cuyas élites políticas hacen todo lo posible por ocultar información, por evitar la discusión de asuntos públicos y ello genera condiciones que, como se verá más adelante, favorecen el que se cometan actos de violencia contra los periodistas y contra la población en general que es, en última instancia, lo que captura la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes.

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Índice de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras.
Una vez más, la situación es similar. México es el país con las peores condiciones para el ejercicio del periodismo entre los que disfrutan del mayor grado de desarrollo en América Latina. Es una situación que no es reciente. Aunque no se le puede imputar de manera exclusiva al actual gobierno, es claro que lejos de mejorar las condiciones para el ejercicio de la profesión, hace todo lo posible para atacar y descalificar a quienes critican las decisiones que toma.
Y es cierto, gobiernos previos no realizaban los ataques públicos a los medios y los periodistas que ahora se hacen, pero la situación no era especialmente diferente a la que se observa ahora. Es la normalización de condiciones desastrosas. Ello tiene consecuencias para el país en su conjunto.
Finalmente, en lo que hace a las comparaciones del Índice de Libertad de Prensa, se compara a México con Sudáfrica y Filipinas tal y como se ha hecho en entregas previas de esta serie con la tasa de homicidios y con la correlación entre esa tasa y el coeficiente de Gini, que mide la desigualdad, y el Índice de Percepción de la Corrupción. De esos tres países, representativos de tres realidades distintas en África, Asia y América, México es el que reporta los peores números, los más abultados en el Índice de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras.

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Índice de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras.
Al comparar las correlaciones entre el Índice y la Tasa, vale la pena prestar atención a lo que se puede observar en los casos de Belice, Uruguay, Bolivia, Colombia y Costa Rica que es una situación similar a la de México en la que en la medida que empeoran las condiciones para el ejercicio del periodismo aumenta el número de homicidios. Es claro que en los casos de Belice y Bolivia se requiere de más datos, tanto del Índice (Belice) como de la tasa (Bolivia). Lamentablemente, Belice es un país del que se sabe poco porque quienes lo gobiernan deciden que se sepa poco.

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Índice de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras y de los datos de la tasa de homicidio disponibles en el Banco Mundial.
Creo que su tasa de homicidios, así como la cercanía con México y los países del así llamado Triángulo Norte de América Central, deberían ser suficientes para que México viera el contar con información de Belice como una cuestión de seguridad nacional. No tiene por qué ser de manera arrogante o intrusiva. El Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática presta asistencia a otros países de América Latina con relativa frecuencia y los frutos de esa asistencia son positivos.
Con Belice está siempre el obstáculo lingüístico, pero ese obstáculo existe con Estados Unidos y Canadá también y se le supera cuando hay la voluntad de hacerlo. Lamentablemente, el actual gobierno no cree en el valor de la información pública. Y si no cree que sea útil la información de México, mucho menos lo considerará para el caso de Belice.

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Índice de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras y de los datos de la tasa de homicidio disponibles en el Banco Mundial.
En el caso de algunos países de América del Sur que vivieron procesos de violencia de gran escala a finales del siglo XX y principios del actual, como Perú y Bolivia la información no está disponible por razones políticas. O no se le considera una prioridad o se trata de abrir heridas que algunos creen que se deben curar con algo parecido a una amnesia colectiva.
Creo que pocos países de América del Sur han experimentado los efectos de la violencia como lo ha hecho Colombia y es muy valioso que, a pesar de las posibles consecuencias políticas de hacer pública la información que permite construir la tasa de homicidios, la información esté disponible ahí para quien desee usarla.

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Índice de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras y de los datos de la tasa de homicidio disponibles en el Banco Mundial.
Aunque, en general, Uruguay es uno de los países que ofrece las mejores condiciones para el ejercicio del periodismo, no ha podido sustraerse al empeoramiento de los valores reportados por el Índice, que es una tendencia generalizada en América. Eso ha ocurrido a la par de un incremento en la violencia como la captura la tasa de homicidios que, de todos modos, no es comparable con la situación que padecemos en México. Como sea, la correlación robusta, similar en grado a la de México, Costa Rica y Belice está ahí.
Creo que Uruguay acertó al legalizar el consumo de la mariguana de la manera que lo hizo hace ya diez años. Esa decisión, andado el tiempo, permitirá medir si hubo o no un efecto positivo en términos de la violencia en ese país.

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Índice de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras y de los datos de la tasa de homicidio disponibles en el Banco Mundial.
Finalmente, en Costa Rica no ha habido una decisión tan significativa como la de Uruguay de legalizar el consumo de la mariguana, pero tiene una de las tradiciones más robustas de solución de conflictos y diferencias sin recurrir a la violencia. A pesar de ello, como Uruguay, no se sustrae de la tendencia al aumento de la violencia y del empeoramiento de las condiciones para el ejercicio del periodismo.

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Índice de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras y de los datos de la tasa de homicidio disponibles en el Banco Mundial.
Será necesario considerar otros factores, pero es claro que para reducir la violencia que ahora ahoga a México es necesario, en primer lugar, resolver el problema de la desigualdad. Los países con marcadas desigualdades son más violentos. Es necesario también reducir la corrupción. Los países cuyos habitantes los perciben como corruptos, son países violentos. También es necesario garantizar el libre intercambio de ideas y puntos de vista, aunque nos moleste lo que digan quienes no piensen como nosotros. Negar ese derecho alienta el uso de la violencia.