La noche del regreso: estampa de dignidad en Coahuila
Imagen de 1984.

Jaime Martínez Veloz

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De Coahuila a la Ciudad de México, una marcha que dejó huella en la memoria colectiva y en la lucha social del país.

Por Jaime Cleofás Martínez Veloz

Treinta días caminamos (mayo de 1984), rumbo a México, en la Marcha de la Dignidad de Coahuila y su Universidad.

Treinta latidos de un corazón colectivo que no se rinde.

Cada paso fue un verso en el poema de la resistencia,

cada huella, una semilla de memoria sembrada en la tierra.

La marcha fue un río de dignidad que cruzó desiertos de indiferencia, un tambor que despertó conciencias dormidas, un mapa invisible tejido por pies que no conocen el cansancio.

Y esta noche, la noche del regreso, nos recibe como madre que espera en vela, con estrellas por testigos y el asfalto convertido en altar.

La oscuridad no es sombra: es manto que cobija la victoria silenciosa.

En la imagen, junto al licenciado Armando Fuentes Aguirre (Catón), su compañera de vida y sus hijos, nos entrevista Chuy López Castro (XEKS), voz que recoge el eco de la jornada, en el bulevar Venustiano Carranza, rumbo a la Plaza de Armas, donde la historia se escribe con pasos y convicción.

Me acompaña un niño de la colonia Pancho Villa, semilla que camina, futuro que observa,

con ojos que son espejos de la historia que aún se escribe,

heredero de una antorcha encendida.

Volvimos todos.

Todos, menos uno.

A Juan Fernando Gallegos Monsiváis, “El Kalimán”,

le envío un abrazo que cruza montañas y silencios,

porque su ausencia es una nota suspendida en nuestra canción,

su nombre, viento que nos empuja hacia adelante.

Donde no hay cuerpo, hay memoria. Donde no hay voz, hay eco.

La marcha fue llama que no se apaga, aunque sople el olvido.

Y volver es cerrar un círculo trazado con pasos de esperanza.

Porque no caminamos solos:

Caminamos con los que fueron, los que son, y los que vendrán.

* * *

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