Ignacio García Martes, 09 de Diciembre del 2025, 11:10
Foro Público
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, buscaba el premio Nobel de la Paz. No fue el comité Nobel, sino la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) la que le entregó un galardón al mandatario republicano “por sus esfuerzos en alcanzar la paz y detener guerras en el mundo”.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ejerció un rol de subordinación absoluta hacia Trump. La forma en la que el republicano ha sido alabado por el mandamás del organismo rector del futbol en el mundo no tiene antecedentes.
Aunque no es la primera vez que Estados Unidos se convierte en la sede de un Mundial de futbol, pues ya lo fue en 1994, las relaciones de la FIFA—en ese momento encabezada por el brasileño Joao Hvelange—con el entonces presidente de la Unión Americana, George Bush padre, fueron diplomáticas y respetuosas, y en esta ocasión fue de una clara alabanza de la institución mundial hacia el inquilino de la Casa Blanca.
Trump quería ser reconocido por supuestamente impulsar un rol pacifista en el mundo al haber evitado la guerra entre India y Paquistán, así como el haber evitado una confrontación directa entre Israel e Irán, y alcanzar un acuerdo de cese al fuego entre Israel y Palestina, pero la comunidad internacional sabe del elevado narcisismo que caracteriza al republicano.
El mundo no puede obviar que ha sido instigador de una inminente amenaza armada en contra de Venezuela, con la intención de provocar la caída de Nicolás Maduro, aunque esto represente un conflicto civil, así como sus intenciones anexionistas de Groenlandia y su nulo respeto por la soberanía de Canadá al catalogarla como el estado 51 de la Unión Americana.
Si el Comité Nobel no cometió el absurdo de entregarle el galardón a Trump, Infantino decidió inventarse un premio de la Paz para dárselo al mandatario republicano, a cambio de permitirle ocupar los estadios de la NFL, cuyo conglomerado de propietarios se negaron a modificar las reglas de sus inmuebles para respetar la reglamentación del futbol.
La descarada politización del futbol
El futbol suele ser lo más importante de lo menos importante. Es un deporte de masas que reúne a millones de seguidores en todo el planeta y por ello los Mundiales se convierten en eventos que son los más vistos en el mundo, superando con creces a los Juegos Olímpicos.
La FIFA cuenta con 211 socios afiliados, lo que supera a los 193 países miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Por ello, no sorprende que cada Copa del Mundo represente un espectáculo que alcanza la mirada de miles de millones de seres humanos, y por lo cual cada país busca ser la sede de este evento tan cotizado.
Así, cada presidente de la FIFA había recibido una serie de regalos—sobornos—para beneficiar a algún país en particular. Fue hasta que se reveló el escándalo conocido como el FIFAgate, que involucró directamente al ex presidente del organismo internacional, Joseph Blatter, con una serie de beneficios económicos para determinar a los países organizadores de los Mundiales, como fueron los casos de Rusia y Catar.
Este escándalo evidenció las redes políticas que se construyeron durante años para corromper la organización de los Mundiales, y para evitar más repercusiones por parte del gobierno de Estados Unidos—responsable de la detención de varios de los directivos de la FIFA—el nuevo presidente, Gianni Infantino, decidió otorgarle la sede a la Unión Americana, aunque por primera vez en coorganización con México y Canadá.
El sorteo de la definición de los grupos de la Copa del Mundo fue cambiado de manera drástica por órdenes de Trump a Washington, a pesar de que originalmente estaba contemplada en Las Vegas, y Trump fue uno de los protagonistas del evento que dejó el futbol en segundo plano.
Por primera vez, el evento no contó con la participación de exfutbolistas internacionales reconocidos como Zinedine Zidane, Andrés Iniesta, Xavi Hernández, Miroslav Klose, Ronaldo, Ronaldinho, entre otros, y se privilegiaron a estrellas de otros deportes que son más reconocidos en Estados Unidos.
Para los amantes del balompié, el evento perdió su magia y su tradición por priorizar la mercadotecnia norteamericana, aunado a la política estadounidense con una clara presencia de Trump, quien, además, estuvo presente en el Mundial de Clubes de julio pasado, en donde entregó las medallas a los jugadores ganadores del certamen.
Si bien el futbol nunca ha estado exento del ámbito político, Trump e Infantino lo han llevado a otro nivel, con una absoluta sumisión de la FIFA a los designios del presidente estadounidense que tratará de ser la principal figura de la Copa del Mundo, por encima de íconos como Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Kylian Mbappé Erling Haaland y Lamin Yamal.
El Mundial de Estados Unidos y anexos
La FIFA presume un discurso de inclusión y para ello integró en la Copa del Mundo a México y Canadá, aunque de los 104 partidos que se efectuarán en el evento, 13 serán en México y otros tantos en Canadá, es decir, que Estados Unidos tendrá 78 encuentros deportivos, más que los 64 sucesos deportivos que se llevaban a cabo en los anteriores Mundiales con 32 selecciones.
Así, Estados Unidos será el país con la mayor cantidad de partidos y por ello principalmente será la sede del Mundial con una casi anecdótica participación de México y Canadá, que además no tendrán a las selecciones más interesantes en sus respectivas sedes.
El sometimiento de la FIFA hacia los países sedes no ha sido nuevo, desde Rusia 2018, Infantino se doblegó completamente a las decisiones del gobierno de Vladimir Putin, permitiendo que se difundiera la propaganda política hacia la comunidad internacional y se mantuviera el cerco de control hacia los opositores del régimen.
En Catar 2022, la FIFA ignoró las violaciones a derechos humanos que se documentaron durante la construcción de los estadios, en un sistema antidemocrático que ha caracterizado a los regímenes dictatoriales como los que existen en Medio Oriente.
Ahora, la nueva omisión del organismo internacional serán las restricciones que pretende desarrollar el gobierno de Estados Unidos hacia aquellos aficionados de países considerados como rivales como el caso de Irán, cuya selección calificó a la Copa del Mundo, pero no está garantizada la inclusión de la afición iraní.
Estas omisiones por comisión de la FIFA deterioran el prestigio de un evento que sigue generando una amplia expectativa en el mundo, pues incluso entre las personas que no son seguidores del futbol se reúnen durante las cuatro semanas del evento para ver los partidos y apoyar a sus selecciones en el encuentro deportivo más importante del planeta.
Nota aparte: En las gestiones de Havelange y Blatter los gobernantes se sometían a sus decisiones para la organización de los encuentros, pero en el caso de Infantino la política de la FIFA ha cambiado, con un sometimiento ridículo hacia el presidente de Estados Unidos.