Foro Público: El halcón llegó a México

Ignacio García

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Foro Público

Ronald Johnson, el nuevo embajador de Estados Unidos en México, se presentó personalmente con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. Con un perfil completamente diferente al de su antecesor, Ken Salazar, el nuevo representante del gobierno norteamericano tiene una trayectoria cuestionada como ex integrante de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), y como ex boina verde y amigo del dictador salvadoreño, Nayib Bukele.

El embajador dijo que la relación de Estados Unidos con México es la más importante para su país, al tratarse de su socio y vecino comercial estratégico, con el cual comparte de la frontera más transitada en el mundo, y con el cual tienen una relación comercial simbólica a través del T-MEC.

Aunque en marzo pasado, cuando fue ratificado por el Senado norteamericano, manifestó que estaba a favor de una posible intervención militar en México para combatir a los cárteles de las drogas, a los cuales el gobierno estadounidense calificó como “organizaciones terroristas”, en su encuentro con la mandataria federal dejó de lado ese discurso intervencionista.

Lo cierto es que el nuevo embajador es más conocido por su trayectoria como espía que como un diplomático. Su experiencia como diplomático se remonta al primer gobierno de Donald Trump entre 2016 y 2020, cuando se desempeñó como representante de Estados Unidos en El Salvador, apoyando enfáticamente a Bukele, quien emprendió una cacería contra todas las pandillas de ese país, a cambio de la violación permanente de los derechos humanos.

Mientras personas inocentes fueron detenidas arbitrariamente por el gobierno salvadoreño, Johnson aprovechaba para fotografiarse con Bukele, a quien calificó como “un amigo”, y con quien hizo mutis sobre todas las denuncias internacionales que se efectuaron contra la administración del autonombrado “dictador más cool del mundo”.

La misión principal de Johnson es una encomienda principal de Trump: frenar el tráfico de fentanilo y controlar el flujo migratorio en la frontera, así como combatir a los grupos del narcotráfico. Para ello, está dispuesto a medidas poco ortodoxas, que seguramente implicará operaciones paralelas que no informe al gobierno mexicano.

Desde la administración de Joe Biden, se evidenció que el gobierno de Estados Unidos no confía en su homólogo mexicano. La fallida política “abrazos no balazos” de Andrés Manuel López Obrador durante el sexenio pasado alejó a las autoridades norteamericanas sobre cualquier posibilidad de un mando coordinado y por ello optaron por actuar de forma secreta sin informar a la inteligencia mexicana para aprehender a Ismael “El Mayo” Zambada, el líder del Cártel de Sinaloa.

Al menos Sheinbaum ha manifestado en el inicio de su gobierno que está dispuesta a actuar contra los grupos criminales, pero para Trump las acciones de las autoridades mexicanas han sido insuficientes, pues considera que hay diferentes regiones del país que están controladas por los cárteles de las drogas, y lo acontecido en Teuchitlán, Jalisco, fortalece esta afirmación.

La llegada de Johnson ocurre en un momento en el que nuevamente el gobierno estadounidense actuó sin informar a su homólogo mexicano. La gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, perdió su visa para viajar legalmente hacia la Unión Americana.

Aunque la mandataria estatal dijo desconocer la razón por la cual las autoridades estadounidenses decidieron retirarle la visa, Washington inició investigaciones en contra de la gobernadora por posibles contubernios con los grupos criminales, pues incluso su propio antecesor, Enrique Bonilla, acusó a Marina del Pilar—integrante de su propio partido-- de ceder el poder al crimen organizado.

La presidenta dijo que no sabía cuál fue la razón por la cual la gobernadora de un estado fronterizo perdió su visa. Un claro golpe del gobierno estadounidense que decidió nuevamente dejar de lado la diplomacia para proceder en contra de una mandataria estatal.

A diferencia de la tradicional “andanada” morenista, en la que los gobernadores publican un desplegado absurdo para defender a la presidenta o a uno de los suyos, en esta ocasión hubo silencio absoluto. Fue una orden desde Palacio Nacional dejar sola a Marina del Pilar, que se ganó la enemistad de la presidenta por dejar en ridículo al gobierno mexicano en una situación tan patética como la que tuvo que padecer la mandataria federal.

Lo peor—para el régimen actual—es que más políticos mexicanos perderán su visa en breve, por las investigaciones que desarrolla el gobierno de Trump por los presuntos nexos con el crimen organizado, y Sheinbaum no podrá actuar como protectora de todos los personajes públicos involucrados.

En tanto, Johnson decidió “darse un baño de pueblo” y visitar la Basílica de Guadalupe para “interiorizarse” con la cultura mexicana, después de la crisis diplomática que México vivió en los últimos días, luego de que el gobierno de Trump decidió darle cobijo a 17 familiares de Ovidio Guzmán López sin consultarlo a la administración de Sheinbaum.

El ex boina verde también se reunió con el ultraderechista, Eduardo Verástegui, más parecido a Bukele, pero que afortunadamente no se convertirá en presidente de la República, pero con una muestra clara de que los verdaderos amigos del ex agente de la CIA son aquellos que optan por la violación permanente de los derechos humanos y permiten la intervención extranjera sin obstáculos.

Con Trump se ha reflejado que su política internacional se basa en el unilateralismo, donde actúa sin el acompañamiento de sus socios comerciales, sabiendo de su superioridad económica y militar, dejando a un lado las formas tradicionales de las relaciones internacionales.

Formado en la escuela intervencionista de Kissinger, el nuevo embajador estadounidense es uno de los personajes más polémicos que se encargará de mantener comunicación permanente con la presidenta.

En el primer gobierno de Trump, Cristopher Landau, ahora subsecretario de Estado, tuvo una relación cordial con López Obrador, situación que se mantuvo en el cuatrienio de Biden con Ken Salazar, hasta que éste decidió criticar abiertamente al gobierno mexicano por impulsar la reforma judicial, pero en esta ocasión Johnson es más conocido por su política por debajo de la mesa que operará paralelamente de los posicionamientos mediáticos.

Nota aparte: El halcón arribó a su nuevo nido y desde ahí podrá verlo todo, y los políticos corruptos mexicanos serán los primeros en ser observados, y las primeras operaciones consistirán en el retiro de sus visas y posteriormente escalarán en detenciones de gobernadores en activo, y entre ellos, hay varios personajes abiertamente señalados con el crimen organizado como Rubén Rocha.

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