Jaime Martínez Veloz Martes, 07 de Octubre del 2025, 10:59
La implementación de los Acuerdos de San Andrés continúa siendo motivo de debate y análisis en la realidad indígena en México.
A casi tres décadas de aquel momento histórico, la firma de los Acuerdos de San Andrés continúa siendo una referencia obligada en la lucha por los derechos de los pueblos originarios en México. En un país marcado por profundas desigualdades sociales y culturales, este hito representa no solo un intento de reconciliación entre el Estado y las comunidades indígenas, sino también un acto de reconocimiento hacia las voces que históricamente habían sido ignoradas.
La Comisión de Concordia y Pacificación (COCOPA), conformada por representantes del Congreso de la Unión, jugó un papel fundamental en el proceso de diálogo entre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el Gobierno Federal. En 1996, tras meses de negociación, se firmaron en San Andrés Larráinzar, Chiapas, los primeros acuerdos que abordaron con profundidad el tema de los Derechos y la Cultura Indígena.
El siguiente texto recupera la memoria de aquel día, y el sentido ético y político que encarnó aquella firma.
Por Jaime Martínez Veloz
El 16 de febrero de 1996, en mi calidad de presidente de la Comisión de Concordia y Pacificación (COCOPA), firmé los Acuerdos de San Andrés en materia de Derechos y Cultura Indígena, entre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el Gobierno Federal. Esta fotografía captura más que un instante: es testimonio de una voluntad colectiva por dignificar la palabra indígena y sembrar justicia en el corazón de México.
Firmar en territorio rebelde fue reconocer que la paz no se impone: se acuerda. Que la cultura no se tolera: se respeta. Que los pueblos originarios no son pasado: son raíz viva, horizonte ético y voz fundadora de la nación.
Esta memoria firmada nos convoca hoy, como entonces, a defender el derecho a ser escuchados, a vivir con dignidad, y a construir un país plural desde el diálogo, la autonomía y la verdad.
Que esta imagen siga latiendo en cada territorio donde la rebeldía es esperanza, y la palabra es semilla de futuro.
