Foro Público: La desesperación y desesperanza del PRI

Ignacio García

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Foro Público

El Partido Acción Nacional (PAN) rompió oficial y formalmente con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) como parte del relanzamiento de la imagen que pretenden implementar los liderazgos del partido blanquiazul. Para los tricolores esta decisión no sólo es equivocada, sino catastrófica, porque, aseguran, permitirán que el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) siga amasando más poder.

El dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, acusó a su homólogo del PAN, Jorge Romero Hernández, de “doblarse” ante las presiones del gobierno federal, y con ello desarticular a la oposición. Sin embargo, el también legislador federal quiere omitir que ninguna marca política quiere aliarse con ellos, debido a que es el instituto político con la peor imagen en el país.

El PRI, otrora partido hegemónico, hoy está reducido a su mínima expresión desde su creación, y uno de los artífices más claro de su declive ha sido el propio dirigente nacional del tricolor, quien ha causado una desbandada masiva de los pocos militantes con trayectoria que tenía el instituto político.

Si bien la mayoría de los principales militantes del PRI se unieron a Morena, los pocos que quedaban fueron relegados por el grupo político encabezado por Moreno, quien decidió imponer las candidaturas a su círculo más cercano, dejando de lado los liderazgos locales y regionales, y provocando una derrota en 2024 aún mayor que en 2018.

Sin activos, el PRI tuvo que acogerse a una alianza contraria a su historia e ideología con el PAN y el desaparecido Partido de la Revolución Democrática (PRD), antiguos opositores al régimen que encabezó el tricolor durante 70 años, por lo cual la ciudadanía repudió esta unión y tuvieron una derrota electoral contundente que evidenció la pésima decisión de sus liderazgos.

En una clara intención de sobrevivencia, el PAN decidió romper con el PRI, debido a que sabe que unirse al tricolor representa más pasivos que activos, dado que la mayoría de los electores no votarían nunca por el Revolucionario Institucional y los propios militantes panistas tampoco votaron por esa adhesión.

Así, el PAN, sabiendo que en la actualidad es un partido más grande que el PRI, se deshizo del incómodo aliado, lo que a su vez ha sido considerado como una afrenta por parte del PRI que sabe que sus posibilidades de sobrevivencia política cada vez son menores y podría reducirse a ser un partido satélite sin representación política real.

Crónica de una caída anunciada

La política mexicana tiene el sello del PRI. Si bien en la actualidad la estructura material del tricolor está al borde de la extinción, se ha transformado en un marco simbólico que se ha reproducido en todos los demás partidos políticos que han asumido mecanismos similares de la política mexicana que son cada vez más claros en Morena.

Los orígenes del PRI se remontan a 1929, cuando Plutarco Elías Calles, el jefe máximo de la Revolución, decidió “institucionalizar la revolución”, con la creación de un partido político que unificara a todas las voces y corrientes políticas en el país para garantizar la sucesión presidencial de forma tersa sin levantamientos en armas y con reglas formales que permitieron su funcionamiento durante todo el siglo XX.

Nacido como el Partido Nacional Revolucionario (PNR), el nuevo partido hegemónico cobijó los principios de la Revolución y con ello conformó las redes de representación territorial que lo consolidaron como una maquinaria perfecta que controló también el sistema electoral.

En 1938, durante la administración de Lázaro Cárdenas, transformó al PNR en el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), quien se convirtió en uno de los presidentes más carismáticos de la historia reciente de México al impulsar algunos de los cambios contemplados en el movimiento armado como el reparto agrario, lo que además consolidó un apoyo sistemático del electorado más pobre.

Con el inicio de los gobiernos emanados de “los cachorros de la Revolución” que inició Miguel Alemán, en 1946 el PRM se convirtió en el actual PRI, y que mantuvo la sucesión presidencial a través de la correcta separación de los ex presidentes sobre el presidente en turno.

Así, la maquinaria priista funcionó de manera perfecta durante años, incluso con la percepción de corrupción creciente que se observaba en los gobiernos tricolores, sin la capacidad de tener contrapesos reales que representaran una competencia en los comicios.

La represión estudiantil de 1968 cometida por el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, “el Halconazo” de 1971 propiciado por Luis Echeverría, y las crisis económicas con José López Portillo entre 1978 y 1981, el partido evidenció sus falencias que fueron soportadas por el control gubernamental en el sistema electoral.

La ausencia de una oposición real en la elección presidencial de 1976, en la cual López Portillo ganó la presidencia, derivó en la creación de la primera reforma política electoral que paulatinamente sería una tradición en México con el cambio de cada sexenio.

La llegada de los tecnócratas y el fin de los viejos políticos nacionalistas también generó un sisma dentro de la estructura del PRI en 1982. Con la crisis bancaria que dejó López Portillo, Miguel de la Madrid continuó con una política neoliberal que adelgazó al Estado dejando más desempleo para tratar de contener la inflación y reducir el déficit fiscal.

La mayor crisis política que vivió el PRI fue la elección de 1988, después de la desbandada que lideraron Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, quienes al no ser beneficiados por la decisión presidencial, decidieron romper con el partido y conformar una alianza opositora que provocó el fenómeno conocido como “la caída del sistema” que el entonces secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, orquestó para garantizar que Carlos Salinas de Gortari ganara la presidencia.

Con esa situación se produjo una nueva crisis política que causó que el PRI negociara con el PAN para las llamadas “concertacesiones”, en las cuales el tricolor permitió que el blanquiazul ganara las primeras gubernaturas en Baja California y Guanajuato, a cambio de que los panistas votaran por validar el gobierno salinista.

La muerte del candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio, el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el asesinato de José Francisco Ruíz Massieu, entonces secretario general del tricolor, y la crisis económica derivada del “error de diciembre”, provocaron una mayor debacle para el partido en el poder.

En 1997, el gobierno de Ernesto Zedillo se alejó del partido y permitió que la oposición tuviera la mayoría en la Cámara de Diputados por primera vez desde que se creó el PRI, lo que causó el inicio del periodo conocido como “gobiernos divididos”, mientras que la Ciudad de México fue gobernada por el PRD, y finalmente en el 2000, el PRI perdió por primera vez la presidencia de la República.

Aunque parecía el final del tricolor, la decepción de los gobiernos emanados del PAN y la incapacidad de impulsar un verdadero cambio con respecto al régimen priista, así como el crecimiento de la violencia como parte de la “guerra contra el narcotráfico” de Felipe Calderón, el PRI, apoyado por la maquinaria de Televisa, que durante décadas fueron el principal espacio de propaganda del gobierno, lograron regresar a Los Pinos con Enrique Peña Nieto.

No obstante, la corrupción y las crisis que caracterizaron al gobierno de Enrique Peña Nieto, provocaron que el PRI se autodestruyera rápidamente y darle la oportunidad a Morena para ganar la presidencia de la República, y con ello comenzar con la peor etapa en la historia del partido anteriormente todo poderoso.

Nota aparte: El PRI está acabado y aunque han sido una serie de causas las que causaron su caída, uno de los protagonistas más visibles de la crisis que vive es Alejandro Moreno, quien ha sido el encargado de darle el adiós al partido que gobernó al país por la mayor parte del siglo pasado.

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