Ignacio García Martes, 02 de Septiembre del 2025, 12:23
Foro Público
Se cumplieron los primeros 11 meses del gobierno de Claudia Sheinbaum con una herencia obradorista que ha formado parte de la agenda pública del primer informe presidencial que rindió en Palacio Nacional. La mandataria federal ha continuado con los programas sociales que impulsó su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, resaltando los resultados del Índice de Pobreza, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), que evidenció que más de 13 millones de personas salieron de la pobreza en el sexenio pasado.
La jefa del Ejecutivo federal presentó un informe con un formato similar al que desarrolló López Obrador con un mensaje en Palacio Nacional, donde invitó a la plana mayor del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), aunque relegó, al menos simbólicamente, a Gerardo Fernández Noroña—tras su reciente conflicto en el Senado—y a Andrés Manuel López Beltrán, señalado por sus lujosas vacaciones en Tokio, Japón. En tanto, la presidenta cobijó a sus colaboradores más cercanos y leales como el propio Omar García Harfuch.
Sheinbaum celebró que se consolidaron las reformas constitucionales que promovió López Obrador, entre ellos la modificación al Poder Judicial de la Federación (PJF), aunado a que resaltó que pese a las condiciones internacionales, la economía mexicana no registró una caída en los últimos meses y mantuvo el precio del peso mexicano por debajo de las 19 unidades frente al dólar estadounidense.
La presidenta, sin decirlo expresamente, agradeció el legado de López Obrador, quien fue mencionado por impulsar la llamada “cuarta transformación”, enfocándose en la ampliación de los programas sociales, la reducción de la pobreza, y el cambio de la estrategia del combate a la inseguridad y violencia, sello distintivo a su antecesor que se caracterizó por “abrazos no balazos”.
La falta de una jefa de partido
Históricamente la figura del presidente de la República ha fungido una labor de liderazgo en la estructura del partido político que forma parte, como lo fueron en su momento los representantes del Partido Revolucionario Institucional (PRI), después en el Partido Acción Nacional (PAN) y recientemente con Morena a través de López Obrador.
Sin embargo, la presidenta no ha querido o sido capaz de conformar ese liderazgo dentro de la estructura del partido político, con la ausencia pública de López Obrador y las fracturas estructurales que cada vez son más marcadas dentro del régimen político.
La presidenta no tiene el control político del partido. Adán. Augusto López sigue al frente de la bancada de Morena en el Senado, pese a que existen señalamientos en su contra por nombrar a Hernán Bermúdez como secretario de Seguridad Pública de Tabasco cuando fue gobernador de esa entidad, aunque encabezó el grupo criminal conocido como “La Barredora”, y que se ha convertido en un lastre político tanto para Sheinbaum como para Morena, pero que aprovecha su cercanía con López Obrador para seguir en la nómina legislativa.
Tampoco la presidenta ha logrado poner orden en otros grupos de los morenistas. Gerardo Fernández Noroña se ha convertido en otro indeseable dentro del partido, quien se enfrascó en agresiones constantes en contra de diversos personajes de la oposición y que también afectan la imagen del instituto político, asociado por la incoherencia del estilo de vida que pregonan y el que mantienen.
Andrés Manuel López Beltrán ha afectado la imagen del partido con su onerosa vida contraria a que supuestamente practicó su padre. La presidenta sólo ha hecho llamados a los militantes de Morena a tratar de mantener la vida austera republicana, pero desde la salida de López Obrador son frecuentes los excesos de los morenistas que viven como los priistas y panistas.
Los escándalos de Ricardo Monreal, Sergio Gutiérrez Luna, Mario Delgado, Gerardo Fernández Noroña, Pedro Haces y Andy López Beltrán son una muestra de la ausencia del liderazgo dentro del partido hegemónico. La mandataria ha sido ignorada por cada uno de los integrantes de la clase política morenista que disfrutan sus privilegios y lujos.
Los gobernadores incómodos
También la presidenta ha tenido que lidiar con una serie de personajes que han sido cuestionados por sus férreos intereses autoritarios como ocurrió con la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, que demandó a un periodista por cuestionar su labor como servidora pública; así como Alejandro Armenta, quien impulsó la Ley Censura en Puebla.
De la misma manera, están otros gobernadores cuestionados por sus nexos con el crimen organizado como Rubén Rocha, quien fue exhibido por el propio líder del Cártel de Sinaloa, Ismael “El Mayo” Zambada, por haberse reunido con él en Sinaloa el día de su detención.
Además, la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar, ha sido investigada por el gobierno de Estados Unidos y por ello le retiró la visa. Todos estos escándalos están relacionados con mandatarios estatales emanados del partido hegemónico, que han optado por dejar de lado los principios de libertad de expresión y combate a la corrupción que habían pregonado.
Los mandatarios estatales han establecidos sistemas caciquiles en sus respectivas entidades, donde no soportan la crítica y tratan de callar a las voces disidentes por parte de la prensa, lo que contradice los principios fundacionales de Morena y de un partido que se autoadscribe como de Izquierda.
La relación con Trump
Uno de los principales aciertos que críticos y seguidores de Claudia Sheinbaum coinciden es la forma en la que ha conducido la relación con Estados Unidos desde que Donald Trump llegó al poder el pasado 20 de enero. México ha sido menos agredido por las imposiciones arancelarias del republicano.
La presidenta ha presumido que México es uno de los países que menos aranceles paga por los productos que ingresan a la Unión Americana, sin embargo, el mandatario frecuentemente señala que el país está controlado por los cárteles de las drogas y por ello desconfían de las autoridades mexicanas.
Aunque Sheinbaum ha tributado a diferentes narcotraficantes que han sido extraditados a Estados Unidos, para el gobierno del republicano ha sido insuficiente, dado que requieren de la detención de personajes de la vida política que también están implicados en la delincuencia organizada.
Además, el gobierno de Sheinbaum tendrá que negociar con el de Trump la renegociación del T-MEC que está contemplado para 2026, con una serie de medidas que podrían causar que la relación entre México y Estados Unidos sea más asimétrica.
Nota aparte: Para Sheinbaum su segundo año será desafiante, pues irremediablemente tendrá que comparar a su administración con la de su antecesor inmediato y esto puede raspar a López Obrador, debido a que no puede seguir empleando las referencias de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.