Ignacio García Lunes, 23 de Febrero del 2026, 14:14
Sheinbaum decidió cortar la cabeza del principal actor antagónico del Estado mexicano.
Foro Público
La presidente de México, Claudia Sheinbaum, ha dado un golpe sobre la mesa. A unos meses de llevarse a cabo la Copa del Mundo en el país, el gobierno federal desplegó el operativo más ambicioso en la historia reciente de la nación para abatir al líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Oseguera Cervantes, alías “El Mencho”.
La mandataria federal decidió confrontarse directamente con los cárteles de las drogas—en gran medida por las presiones de Washington—para implementar un operativo que causó la caída del criminal más poderoso del país. La política de seguridad de la presidenta ha sido más frontal y agresiva que la de su predecesor, Andrés Manuel López Obrador, quien priorizó “Abrazos no balazos”.
Sheinbaum decidió cortar la cabeza del principal actor antagónico del Estado mexicano. La caída del Mencho implica una reconfiguración en la política de seguridad, en la cual la mandataria federal asumió el costo político y económico que implica el operativo contra el Mencho.
Las fuerzas federales mexicanas localizaron, con ayuda de la inteligencia estadounidense, al líder del CJNG, quien había salido de su escondite para realizar una visita a una de sus parejas sentimentales y con ello comenzar con un operativo en el que tendrían que derrotar a distintos escoltas que lo acompañaban.
El líder del CJNG se empoderó por las debilidades institucionales del Estado mexicano durante los últimos años. Sabedor de la capacidad de fuego que tiene la organización criminal operó con absoluta impunidad expandiendo su presencia tanto en México como en el cono sur del continente.
La agrupación criminal se empoderó por la extrema violencia que lo caracterizó. El líder del CJNG decidió consolidar su poder por medio del mayor sadismo posible, que incluso superó a “Los Zetas”, organización criminal que estableció un clima de terror durante los primeros años de este siglo.
Un cártel que se empoderó con la guerra
En 2006, cuando el entonces presidente de México, Felipe Calderón, inició la guerra contra el narcotráfico, el Mencho era aún un personaje secundario dentro de las estructuras criminales del Cártel de los Valencia, que operaba bajo las órdenes del Cártel de Sinaloa (CDS).
Conforme la guerra contra el crimen organizado se intensificó, los grupos criminales se escindieron y el Mencho identificó la vulnerabilidad de los Valencia en Michoacán, que eran superados por Los Zetas, y para ello decidió formar parte de la agrupación conocida como “Los Torcidos”, que se estructuró como una célula delictiva enfocada en combatir al grupo tamaulipeco tanto en Michoacán como en los estados que controlaban.
Los llamados “Matazetas” se consolidaron como una agrupación que rápidamente comenzó a desplazar a los Zetas, que tras las caídas de “El Lazca”, Heriberto Lazcano Lazcano, líder del cártel de la última letra, en 2012, se desarticularon y fragmentaron, mientras que el naciente CJNG se consolidó como una nueva fuerza hegemónica.
Mientras que el gobierno de Calderón se enfocó en combatir a Los Zetas y empoderar al CDS, con Enrique Peña Nieto el CJNG se posicionó como la agrupación criminal más poderosa del país, con una presencia real en la mayor parte del país con un modelo caracterizado por la adquisición de distintas franquicias.
En la gestión de López Obrador no hubo un golpe real a las estructuras criminales, por lo cual el CJNG tuvo vía libre para ampliar sus operaciones en el territorio nacional, así como en Estados Unidos y Asia, donde comenzó a recibir precursores químicos para la elaboración de fentanilo.
Así, con el debilitamiento del CDS, la desarticulación de Los Zetas, así como los Beltrán Leyva y Los Caballeros Templarios, el CJNG aprovechó esos espacios para consolidar un liderazgo caracterizado por la extrema violencia, en la cual comenzó a reclutar a jóvenes a través de engaños para adiestrarlos en campos de exterminio como el que se halló en Teuchitlán, Jalisco, en marzo del año pasado.
La diversificación de un negocio negro
Amado Carrillo Fuentes se volvió uno de los capos más famosos del mundo por impulsar el tráfico de drogas hacia Estados Unidos a través de una red clandestina de avionetas que operaban al amparo de las autoridades locales y con lo cual fue nombrado “El señor de los cielos” en la década de los noventa.
Joaquín “El Chapo” Guzmán se consolidó como un genio criminal por su habilidad para llevar toneladas de drogas hacia la Unión Americana por medio de la clandestinidad. Sin embargo, el Mencho se posicionó como un visionario en las operaciones ilegales con el envío de estupefacientes artificiales en el continente asiático, ampliando las redes de colaboración de la agrupación en distintas regiones del planeta.
A diferencia de sus antecesores, El Mencho fue el principal líder de una red que utilizó las embarcaciones oficiales para trasladar una elevada cantidad de drogas sintéticas. Pero su negocio también se extendió en el sector de la minería, así como en las extorsiones a los productores de aguacate, limón, entre otros, como sucede en Michoacán.
Estas modalidades de ampliación de la presencia de las operaciones criminales provocaron que el CJNG utilizara su marca como una especie de franquicias, en las cuales cedía los derechos del nombre de la organización y concedía diferentes insumos como armas a cambio de una cuota, lo que le permitía un mayor margen de maniobra a los grupos locales que no se enemistaron con la agrupación criminal jalisciense.
El grupo encabezado por el Mencho se caracterizó por crear una red de terror contra comerciantes y transportistas con el cobro de derecho de piso y extorsiones generalizadas que sirven para la obtención de recursos económicos adicionales para continuar con sus operaciones delictivas.
La respuesta violenta como un músculo de violencia
El abatimiento del Mencho produjo una serie de reacciones violentas en 20 de los 32 estados del país, en donde se presentaron 252 bloqueos y quemas de vehículos, de acuerdo con datos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).
Aunque las autoridades federales confirmaron desde temprana hora que el Mencho había muerto, los bloqueos que se presentaron en el país no exigían que el Estado mexicano reculara en sus intenciones de continuar con el operativo como sucedió con el llamado “Culiacanazo” en octubre de 2019 para liberar Ovidio Guzmán López, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán, sino como parte de un mecanismo de evidencia de la capacidad de los liderazgos locales que también tratarán de ejercer el poder que tenía el líder del CJNG.
Con la caída del Mencho, los liderazgos locales buscarán emular sus operaciones, pero podría desencadenar en una guerra violenta dentro del CJNG como sucedió con el CDS con la detención de Ismael “El Mayo” Zambada, en julio de 2024, y que en estos días se podría observar un breve periodo de paz, en tanto se tratan de alcanzar acuerdos dentro de la estructura criminal.
El Mencho ya había desafiado al Estado mexicano con la caída del helicóptero del Ejército mexicano en mayo de 2015, además de que ha sido señalado por el asesinato del ex gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, en diciembre de 2020 y el atentado en contra del entonces secretario de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) de la Ciudad de México, Omar García Harfuch, en junio de 2020.
Desde las altas esferas de la milicia se reconocían los riesgos que implicaba el operativo en contra del Mencho, debido a la violencia que generaría, y que se calculaban entre 50 y 60 bajas en el operativo, situación que aconteció, por la respuesta violenta del grupo criminal para tratar de evitar la caída del líder del CJNG.