En el caso de Ricardo Raphael, esa lógica se tradujo en el uso de influencias, apropiación de trabajos ajenos y decisiones éticamente cuestionables para construir su relato y sostenerlo como moralmente legítimo.
Por Epsilon*
Ricardo Raphael fue capaz de ingresar al Cefereso 16 de Morelos, en 2020, sin tener las autorizaciones correspondientes para hablar con Brenda Quevedo Cruz, víctima del falso caso Wallace. Para hacerlo, utilizó la influencia de Salvador Leyva Morelos Zaragoza, quien en ese entonces se desempeñaba como secretario técnico de Combate a la Tortura, Tratos Crueles e Inhumanos, del Instituto Federal de Defensoría Pública.
¿Entró como periodista? No.
Entró como parte del instituto, sin trabajar allí. Ese acceso irregular implicó la usurpación de una función y la fabricación de una condición que no tenía. Fue capaz de fabricar una prueba. Ese patrón lo repitió en otros episodios relacionados con las víctimas del mismo caso Wallace.
En el juicio por daño moral entre él y la periodista Guadalupe Lizárraga, fue capaz de contratar a una abogada que tenía una relación cercana con su contraparte. Una decisión que vulnera los principios básicos de ética profesional.
Todo esto y más significa que, desde su lógica, está bien retorcer la verdad y la ética para alcanzar sus objetivos, que él cree que son justos y nobles. Bajo esa lógica, no sólo justifica todo el montaje del caso Wallace, protagonizado por Isabel Miranda Torres, sino que copia su modus operandi.
Para Isabel Miranda también sus motivos eran justos, nobles y útiles.
Entonces, si se acepta que Raphael puede utilizar cualquier medio para alcanzar sus fines, también habría que aceptar —por coherencia— que Isabel Miranda estaba legitimada para hacer lo mismo: retorcer la ley, fabricar pruebas y destrozar la vida de sus perseguidos.
La disyuntiva es ineludible.
O todo se justifica cuando se invoca una causa superior, o ambos están mal.No hay forma de absolver a uno sin convalidar al otro, y no hay cómo justificar, en ninguno de los dos, el usar cualquier medio para obtener un fin.
El compromiso con los derechos humanos no se mide únicamente por los resultados; también radica en escoger los medios adecuados.
*El autor es experto en derecho penal en la Ciudad de México y prefiere el seudónimo para escribir con libertad.