Ignacio García Miércoles, 22 de Julio del 2026, 09:09
La detención de Ernesto Ruffo golpea la credibilidad de Somos México, recién registrado como partido y presentado como alternativa a la oposición tradicional.
Foro Público
Apenas el pasado 1 de julio el Instituto Nacional Electoral (INE) otorgó el registro como partido político a “Somos México” y uno de sus fundadores ha sido señalado por actos delictivos como fue el primer ex gobernador de oposición, Ernesto Ruffo, acusado de huachicol fiscal.
La organización política que nació como un cúmulo de experredistas, expanistas y expriistas que no encontraron cobijo en la partidocracia tradicional y decidieron organizarse como un nuevo instituto político para competir en las elecciones federales de 2027.
Sin embargo, la detención del exgobernador de Baja California, quien forma parte del Consejo Consultivo Ciudadano del nuevo instituto político, representa un duro golpe para un partido que se asume como diferente a los partidos políticos convencionales.
Aunque hasta el momento el ex mandatario estatal emanado del Partido Acción Nacional (PAN) no ha sido sentenciado, su captura por parte de las autoridades federales por su presunto involucramiento en el huachicol fiscal representa un golpe certero a la credibilidad del nuevo instituto político que pretendía deslindarse de las acusaciones de corrupción que vinculan a los partidos políticos mexicanos.
Inmediatamente el nuevo organismo político demandó la liberación del ex gobernador panista, ya que acusó un acto de persecución política en contra de uno de los fundadores de Somos México, que busca configurarse como una alternativa política diferente a la partidocracia opositora.
Incluso, su ex partido, el PAN, también exigió la liberación del ex gobernador de Baja California, ya que aún lo recuerdan como el primer gobernador de oposición en la historia reciente del país, que representó el inicio del fin de la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
No obstante, la detención de uno de los personajes más importantes de la estructura política de Somos México representa un mal augurio para los éxitos electorales del nuevo partido, mismo que pretende arrebatarle el poder al Movimiento Regeneración Nacional (Morena), pero que en realidad debilitará tanto al PAN como al Partido Revolucionario Institucional (PRI) e incluso a Movimiento Ciudadano (MC).
El nuevo dirigente nacional de Somos México, el ex perredista Guadalupe Acosta Naranjo, ha señalado que el ex gobernador panista cuenta con el apoyo de la estructura política del movimiento que encabeza, en medio de las audiencias judiciales que se desarrollan para determinar su situación jurídica.
Dos Ruffo
Ernesto Ruffo comenzó su carrera política en 1984 al afiliarse al PAN y en 1986 se convirtió en el primer presidente municipal de oposición de Ensenada, Baja California, para posteriormente postularse como candidato a la gubernatura de esa entidad en 1989, misma que ganó y lo convirtió en el primer mandatario estatal emanado de un partido político diferente al PRI.
La victoria de Ruffo en Baja California fue entendida también como parte de las llamadas “concertacesiones” que acordaron el PRI y el PAN tras las elecciones presidenciales de 1988, en la cual el blanquiazul determinó votar por la quema de los paquetes electorales de los comicios que fueron parte del llamado fraude electoral conocido como “la caída del sistema” que le dio el triunfo a Carlos Salinas de Gortari sobre Cuauhtémoc Blanco.
El PRI “permitió” que el PAN se quedara con la gubernatura de Baja California como parte de los acuerdos establecidos entre las cúpulas partidistas para evitar que Cárdenas tuviera acceso a los paquetes electorales de los comicios presidenciales para evitar tener acceso a los resultados reales de la jornada electoral.
La victoria del PAN a nivel subnacional sería la primera, pues en 1991 el blanquiazul arrebataría Guanajuato al PRI a través de Carlos Medina Plascencia, convirtiéndose en el bastión más antiguo del panismo.
Ruffo que en su momento fue catalogado por la maquinaria priista como parte de los llamados “Bárbaros del Norte” fue el primer gobernador opositor que tuvo que negociar directamente con la administración de Salinas, al denunciar una serie de restricciones presupuestales que padecía la entidad a diferencia del resto del país que recibía recursos suficientes por parte de la Federación.
Como gobernador de Baja California tuvo que lidiar con el último magnicidio de la historia reciente del país, el asesinato del candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio, el 23 de marzo de 1994, ocurrido en Tijuana, por lo que inmediatamente la prensa consideró que el gobierno estatal de oposición no había garantizado las condiciones de seguridad en el estado.
De la misma manera, los medios de comunicación—afines en ese momento al PRI—consolidaron una narrativa en la cual aseguraban que los niveles delictivos de Baja California habían aumentado de forma significativa desde que Ruffo había arribado a la gubernatura.
Sin embargo, pese a los cuestionamientos mediáticos nacionales, el PAN logró mantener el gobierno de Baja California en 1995, cuando ganó Héctor Terán, lo que evidenciaba el creciente descontento ciudadano contra los gobiernos priistas.
Por ello, Ruffo fue considerado como uno de los miembros más distinguidos de la cúpula panista, que inmediatamente le permitieron mantenerse en el erario, pues fue miembro del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PAN, comisionado de la Frontera Norte de la campaña de Vicente Fox a la presidencia de la República en 2000, cargo que mantuvo la primera mitad del sexenio para después convertirse en senador suplente en 2006.
Pero sus diferencias políticas con el grupo que lideraba Felipe Calderón lo relegaron en la administración pública y fue hasta 2012 cuando se convirtió en senador titular, votando en contra de la reforma energética impulsada por Enrique Peña Nieto, y que le generó disputas con la cúpula que encabezaba Ricardo Anaya, que había signado el Pacto por México.
Aunque intentó ser aspirante presidencial en 2018, Ricardo Anaya se impuso en la estructura interna del PAN, y desde entonces Ruffo se alejó del blanquiazul, realizando escasas apariciones en la contienda electoral de 2024, cuando apoyó la candidatura presidencial de Xóchitl Gálvez.
Tras la derrota del panismo, Ruffo se acercó a los ex perredistas que también fueron desplazados de los liderazgos que ejercían Los Chuchos, por lo cual decidió adherirse al proyecto de “Marea Rosa” que recientemente fue nombrado como Somos México.
Pero su trayectoria política que puede presumirse como menos negativa con respecto a otros actores políticos se ha ensuciado con los señalamientos de haber participado en esquemas de huachicol fiscal que han representado uno de los negocios más rentables para las estructuras criminales en el país durante los últimos años.
Aunque se trataban de prácticas ilícitas anquilosadas, habían permanecido ocultas de la opinión pública, hasta que recientemente el gobierno de Claudia Sheinbaum decidió detener a los dos sobrinos del ex secretario de la Marina (Semar), Rafael Ojeda, durante la administración de Andrés Manuel López Obrador, por huachicol fiscal.
Las autoridades federales revelaron que estas redes de tráfico de recursos de la nación habían configurado un modus operandi que involucraba a diferentes empresarios y servidores públicos que recibían ganancias millonarias a cambio de formar parte de una red de desvío de recursos públicos.
La detención de Ruffo ocurre también en un contexto de señalamientos públicos en contra de los gobernadores morenistas, principalmente por las acusaciones que existen por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos en contra de Rubén Rocha Moya por vínculos con el crimen organizado, y las recientes llamadas filtradas de la actual gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, por aceptar entregar información de Estado a las autoridades norteamericanas a cambio de impunidad, y que ayudan a despresurizar las tensiones que existen en la opinión pública en contra de los actores políticos que forman parte del partido guinda.