Ministro de la Corte de EEUU vacacionó gracias al dueño de los Fondos Buitre
El ministro Samuel Alito, al centro, y el dueño de los Fondos Buitre Paul Singer (derecha), celebran con otra persona no identificada la captura de salmones en Alaska

Justin Elliott

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Gracias al fallo de la Suprema Corte de Estados Unidos, Argentina debió pagar dos mil 400 millones de dólares a Paul Singer, dueño de los Fondos Buitre

Al igual que el ministro Clarence Thomas, su colega Samuel Alito no informó sobre las vacaciones que pagaba total o parcialmente el dueño de los Fondos Buitre.

Por Justin Elliott, Joshua Kaplan y Alex Mierjeski

A principios de julio de 2008, Samuel Alito se detuvo a la orilla de un río en un rincón remoto de Alaska. El ministro de la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos estaba de vacaciones en un lujoso albergue orientado a la pesca deportiva que cobraba más de mil dólares de alojamiento al día.

Después de pescar un salmón casi del tamaño de su pierna, Alito posó para una fotografía. A su izquierda, un hombre estaba radiante: Paul Singer, un multimillonario que opera fondos de inversiones que ha pedido repetidamente a la Suprema Corte que falle a su favor en disputas comerciales de alto riesgo.

Singer era más que un compañero pescador. Llevó a Alito a Alaska en un jet privado. Si el juez hubiera pagado el avión él mismo, el costo podría haber excedido los cien mil dólares.

En los años siguientes, el fondo de inversiones de Singer se presentó ante los tribunales al menos diez veces en casos en los que la prensa legal y los principales medios de comunicación solían cubrir su papel. En 2014, la Suprema Corte acordó resolver un tema clave en una batalla de una década entre el fondo de inversión de Singer, popularmente conocido como Fondos Buitre, y Argentina. Alito no se excusó de participar en la discusión y votó como parte de una mayoría de siete ministros contra uno a favor de Singer. El fondo de inversión finalmente recibió dos mil 400 millones de dólares de Estados Unidos.

Alito no informó el viaje de pesca de 2008 en sus declaraciones financieras anuales. Al no revelar el vuelo en el jet privado que pagó Singer, Alito parece haber violado una ley federal que requiere que los ministros revelen la mayoría de los obsequios que reciben, según expertos en leyes de ética.

Los expertos dijeron que no pudieron identificar una instancia de un fallo judicial en un caso después de recibir un regalo costoso pagado por una de las partes.

“Si eran buenos amigos, ¿qué hacían al dictaminar sobre su caso?” dijo Charles Geyh, profesor de derecho de la Universidad de Indiana y destacado experto en el tema de las causas que deben llevar a los jueces y ministros a excusarse de fallar en casos que los involucran de algún modo. “Y si no eran buenos amigos, ¿por qué aceptó ese viaje?” refiriéndose al vuelo en el jet privado.

A los ministros de la Suprema Corte de Estados Unidos se les deja casi en total libertad para decidir cómo se controlan a sí mismos en cuestiones éticas, con pocas restricciones sobre los obsequios que pueden aceptar. Cuando surge un conflicto potencial, el único árbitro de si un ministro de la Suprema Corte debe retirarse o excusarse de un caso es el propio ministro.

La investigación de ProPublica arroja nueva luz sobre cómo los viajes de lujo han brindado a destacados donantes políticos, incluido uno que ha llevado casos ante la Suprema Corte, acceso íntimo a los ministros del máximo tribunal del país. Otro hombre de negocios adinerado proporcionó costosas vacaciones a dos miembros del tribunal superior, como informó ProPublica en entregas previas de esta serie.

En su viaje a Alaska, Alito se hospedó en un albergue de pesca propiedad de este hombre de negocios, que también era un importante donante a las causas conservadoras en Estados Unidos. Tres años antes, ese mismo empresario llevó al ahora finado ministro Antonin Scalia, quien murió en 2016, en un avión privado a Alaska y pagó los gastos de su estadía.

Dichos viajes serían impensables para la gran mayoría de los empleados del gobierno federal de Estados Unidos, a quienes generalmente se les prohíbe recibir incluso regalos modestos.

Leonard Leo, líder durante mucho tiempo de la Sociedad Federalista, una organización conservadora con profundos vínculos con el Partido Republicano y otras organizaciones de la derecha política estadunidense asistió y ayudó a organizar las vacaciones de pesca en Alaska. Leo invitó a Singer a unirse, según una persona con conocimiento de cómo se organizó el viaje, y le preguntó a Singer si él y Alito podían volar en el jet del multimillonario.

Leo recientemente había desempeñado un papel importante en la confirmación del ministro ante la Suprema Corte de Justicia. Singer y el propietario del albergue fueron importantes donantes de los grupos políticos que operan bajo el liderazgo de Leo.

El análisis que ProPublica ha hecho de los viajes de Alito y Scalia se basó en correos electrónicos que dan detalles de los planes para los viajes, la compra de las licencias de pesca en Alaska y entrevistas con docenas de personas, incluidos pilotos de aviones privados, guías de pesca, exempleados de alto nivel tanto de Singer como del propietario del albergue y otros invitados en los viajes.

ProPublica le envió a Alito una lista de preguntas detalladas la semana pasada, y el martes, la vocera principal de la Suprema Corte le dijo a ProPublica que Alito no haría comentarios. Varias horas después, The Wall Street Journal publicó un artículo de opinión de Alito respondiendo a las preguntas de ProPublica sobre el viaje.

Alito dijo que cuando las empresas de Singer se presentaron ante la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos, el juez desconocía la conexión del multimillonario con los casos. Dijo que recordaba haber hablado con Singer en “no más de un puñado de ocasiones”, y que nunca discutieron los negocios o problemas de Singer ante la Corte.

Alito dijo que fue invitado a volar en el avión de Singer poco antes del viaje y que el asiento “de lo contrario habría estado vacío”. Defendió el no haber informado del viaje al público y escribió que los jueces “interpretaron comúnmente” los requisitos de divulgación para no incluir “alojamiento y transporte de actividades sociales”.

En un comunicado, un portavoz de Singer le dijo a ProPublica que Singer no organizó el viaje y que no sabía que Alito asistiría cuando aceptó la invitación. Singer “nunca discutió sus intereses comerciales” con el ministro Alito, dijo el vocero, y agregó que, en el momento del viaje, ni Singer ni sus empresas tenían “ningún asunto pendiente ante la Suprema Corte, ni Singer podría haber anticipado en 2008 que un surgiría un asunto posterior que ameritaría la intervención de la Suprema Corte”.

Leo no respondió a las preguntas sobre la manera en que organizó el viaje, pero dijo en un comunicado que "nunca les podría haber dicho a los ministros Alito y Scalia" qué hacer.

 Leonard Leo, centro, en el viaje de pesca de 2008 con un guía y otros invitados. Leo asistió y ayudó a organizar las vacaciones de pesca en Alaska. Crédito: Foto obtenida por ProPublica.

Hace unos meses, ProPublica informó que el ministro Clarence Thomas ha disfrutado durante más de dos décadas de viajes de lujo cortesía de otro megadonante del Partido Republicano, el magnate inmobiliario de Dallas, Harlan Crow. En un comunicado, Thomas defendió el no haber reportado los viajes y dijo que colegas no identificados le aconsejaron que no necesitaba informar al público sobre tales obsequios.

 

 

 

Crow también le dio dinero a Thomas en un trato de bienes raíces no revelado y pagó la colegiatura de una escuela privada para su sobrino nieto, a quien Thomas estaba criando como un hijo. Thomas no informó ninguna transacción en los informes que debe rendir sobre quién le hace obsequios de algún tipo.

Los obsequios no revelados han llevado a los legisladores a iniciar investigaciones y pedir una reforma ética. Los proyectos de ley recientes impondrían reglas más estrictas para las recusaciones de los jueces, requerirían que la Suprema Corte adopte un código de conducta que efectivamente imponga obligaciones y establezca consecuencias para quien no cumpla con esas obligaciones y crearía un organismo de ética que investigaría las denuncias. Actualmente no existe en la así llamada SCOTUS, Supreme Court Of The United States, un código ni una oficina de ética.

“No toleraríamos esto de un miembro del consejo de la ciudad o un concejal”, dijo el senador Dick Durbin, demócrata de Illinois y presidente del Comité Judicial del Senado, sobre Thomas en una audiencia reciente. “Y, sin embargo, la Suprema Corte ni siquiera reconoce que es un problema”.

Hasta ahora, los integrantes de la Suprema Corte han expresado su enojo ante la perspectiva de ocurran tales reformas. Aunque la SCOTUS expuso recientemente sus prácticas éticas en una declaración firmada por los nueve jueces, el presidente de ese órgano, el ministro John Roberts, no ha abordado directamente las revelaciones recientes. De hecho, ha sugerido repetidamente que el Congreso podría no tener el poder de regular la corte en absoluto.

“Lo cuidamos bien porque él hace todas las reglas”

En la década de 1960, en su primer año en la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard, Singer escuchaba una conferencia de un famoso profesor liberal cuando, recordó más tarde, tuvo una epifanía: “Dios mío. Lo están inventando a medida que avanzan”.

Era un sentimiento común entre los abogados conservadores, que a menudo acusan a los jueces liberales de excederse al actuar como activistas. Si bien la carrera de Singer como abogado duró poco, sus convicciones sobre la ley lo han acompañado durante décadas. Después de iniciar un fondo de inversión que eventualmente lo convirtió en una de las personas más ricas del país, comenzó a destinar grandes sumas de dinero a causas de la derecha. Eso incluía grupos, como la Sociedad Federalista, dedicada a fomentar el nombramiento como jueces y ministros de abogados conservadores.

En la última década, Singer ha contribuido con más de $80 millones a grupos políticos republicanos. También ha donado millones al Instituto Manhattan, un grupo de expertos conservadores del que ha sido su presidente desde 2008. El Instituto presenta regularmente escritos de amigo de la corte o amicus curiae ante la Suprema Corte. Sólo en el actual periodo de sesiones de ese órgano ha presentado 15 de esos textos, incluido uno que pide a la Suprema Corte bloquear las medidas de alivio para los créditos para estudiantes.

El interés de Singer en los tribunales es más que ideológico. Su fondo de inversión, Elliott Management, es mejor conocido por hacer inversiones que prometen buenos rendimientos pero que podrían requerir batallas legales dolorosas. Singer ha dicho que se siente atraído por posiciones en las que "controlas tu propio destino, no sólo subiendo y bajando con las olas de los mercados financieros".

Eso puede significar presionar a las juntas corporativas para que despidan a un director ejecutivo, pelear con los acreedores por los despojos de una empresa en bancarrota y demandar a quienes se oponen a ese tipo de medidas.

El fondo ahora administra más de $50 mil millones en activos. “Las inversiones están impulsadas por litigios extremadamente astutos”, dijo a ProPublica una persona familiarizada con el fondo de Singer. “Por eso es multimillonario”.

La apuesta más famosa de Singer finalmente llegó a la Suprema Corte.

En 2001, Argentina se encontraba en una depresión económica devastadora. El desempleo se disparó y estallaron disturbios mortales en las calles. El 26 de diciembre, el gobierno finalmente se vio forzado a no poder pagar sus créditos, el default que eventualmente le costaría la presidencia a Fernando de la Rúa. Para Singer, la crisis fue una oportunidad. Mientras otros inversionistas huían, su fondo compró deuda del gobierno argentino con un gran descuento.

En varios años, a medida que la economía argentina se recuperaba, la mayoría de los acreedores llegaron a un acuerdo con el gobierno y aceptaron una fracción del valor original de la deuda. Pero el fondo de Singer, una filial de Elliott llamado NML Capital, resistió. Pronto, estuvieron en guerra: un fondo de cobertura con sede en el centro de Manhattan que intentaba imponer su voluntad a una nación soberana a miles de kilómetros de distancia.

La pelea se desarrolló en un terreno familiar para Singer: las cortes estadounidenses. Lanzó una campaña legal agresiva para obligar a Argentina a pagar en su totalidad, y su participación personal en el caso atrajo la atención de los medios. Durante 13 años de litigio, los argumentos abarcaron qué derechos tienen los gobiernos extranjeros en Estados Unidos y si Argentina podría pagar las deudas con otros antes de que Singer resolviera su demanda.

Si Singer tenía éxito, podía hacer una fortuna.

En 2007, por primera pero no última ocasión, el fondo de Singer pidió la intervención de la Suprema Corte. Un tribunal inferior había impedido que Singer y otro fondo confiscaran fondos del Banco Central de la República Argentina en Estados Unidos. Los inversionistas apelaron la decisión, pero en octubre de ese año, la Suprema Corte se negó a tomar el caso.

El 8 de julio del año siguiente, Singer llevó a Alito a Alaska en el avión privado, según correos electrónicos, datos de vuelo de la Administración Federal de Aviación y personas familiarizadas con el viaje.

El grupo voló por todo el país hasta la ciudad de King Salmon en la península de Alaska. Regresaron a la costa este de Estados Unidos tres días después.

En Alaska, se hospedaron en el King Salmon Lodge, un resort de pesca de lujo que atrae a celebridades, empresarios adinerados y estrellas del deporte. El 9 de julio, uno de los pilotos del albergue llevó a Alito y a otros huéspedes unos 120 kilómetros o 70 millas al oeste para pescar en el río Nushagak, conocido por ser uno de los mejores lugares para atrapar salmón en el mundo. Las fotografía instantáneas del viaje muestran a Alito con botas y una gorra del Gran Premio de Indianápolis, sonriendo ampliamente mientras sostiene su captura.

 Alito en Alaska con un guía de pesca. Se hospedó en el King Salmon Lodge, un resort de pesca de lujo que atrajo a celebridades, empresarios adinerados y estrellas del deporte. Crédito: Foto obtenida por ProPublica.

“Sam Alito está en la chaqueta roja allí”, dijo un trabajador del albergue, mientras narraba un video amateur del ministro en el agua. “Lo cuidamos bien porque él hace todas las reglas”.

Otros invitados en el viaje incluyeron a Leo, el líder de la Sociedad Federalista, y el juez A. Raymond Randolph, un destacado juez de un tribunal de apelaciones, conocido por su ideología conservadora con quien Leo había trabajado como asistente, según las licencias de pesca y las entrevistas con el personal del albergue.

Otro día, el grupo voló en una de las avionetas del albergue hasta una cascada en el Parque Nacional Katmai, donde los osos capturan salmones del agua con los dientes. Por la noche, los chefs del albergue sirvieron comidas de varios platos con patas de cangrejo real de Alaska o filete de Kobe. La última noche, un miembro del grupo de Alito se jactó de que el vino que estaban bebiendo costaba mil dólares la botella, dijo a ProPublica uno de los guías de pesca del albergue.

En su artículo de opinión, Alito describió el albergue como una “instalación cómoda pero rústica”. El juez dijo que no recuerda si le sirvieron vino, pero si lo hicieron, no costó mil dólares la botella. (Alito también dirigió a los lectores al sitio web del albergue. El resort de lujo se vendió en 2008 y ahora es un alojamiento más económico).

La estancia del ministro fue pagada por otro importante donante del movimiento legal conservador: Robin Arkley II, propietario de una empresa hipotecaria con sede en California. Arkley había adquirido recientemente el albergue de pesca, que atendía a turistas adinerados que buscaban una experiencia de lujo en la naturaleza de Alaska. Un documento de planificación preparado por el personal del albergue describe a Alito como invitado de Arkley. Otro invitado en el viaje le dijo a ProPublica que el viaje fue un regalo de Arkley, y dos empleados del albergue dijeron haber sido informados que Alito no estaba pagando por su estancia, es decir, era invitado de otro huésped.

Arkley, quien no parece haber estado involucrado en ningún caso ante la corte, no respondió a las preguntas detalladas para esta historia.

 En el viaje de 2008, el grupo visitó el Parque Nacional Katmai. Crédito: Mike Lyvers/Getty Images

Alito no informó del vuelo ni la estadía en el resort de pesca de lujo en sus informes financieros anuales. Una ley federal aprobada después de Watergate, a mediados de los setenta, requiere que los funcionarios federales, incluidos los ministros de la Suprema Corte, informen públicamente sobre la mayoría de los obsequios. (El año anterior, Alito informó haber recibido 500 dólares en comida y vino italianos de un amigo, y señaló que era poco probable que su amigo “compareciera ante la corte”).

La ley tiene una exención de "hospitalidad personal": si alguien alberga un ministro en su propia propiedad, no siempre es necesario revelar "comida, alojamiento o entretenimiento" gratuitos. Pero la ley exige claramente la divulgación de obsequios de vuelos en aviones privados, según siete expertos en leyes de ética, y Alito parece haberla violado. La interpretación típica de la ley también requería la divulgación de su estadía en el albergue, dijeron los expertos, ya que era una propiedad comercial en lugar de una casa de vacaciones. Las regulaciones del poder judicial no lo hicieron explícito hasta que se actualizaron a principios de este año.

En su artículo de opinión, Alito dijo que los jueces "interpretaron comúnmente" la excepción de la ley para la hospitalidad "en el sentido de que el alojamiento y el transporte para eventos sociales no eran obsequios declarables".

Su artículo de opinión señaló el lenguaje en las instrucciones de presentación del poder judicial y citó definiciones del diccionario de derecho conocido como Black's Law Dictionary y del diccionario de uso común Webster's. Pero no hizo referencia a los reglamentos del Poder Judicial ni a la ley misma, que según los expertos requerían claramente la divulgación de los obsequios de viaje. ProPublica encontró al menos seis ejemplos de otros jueces federales que revelaron obsequios de viajes en aviones privados en los últimos años.

 

Singer y Alito en una actividad de la Sociedad Federalista en 2009. Crédito: Sociedad Federalista

“La excepción sólo cubre comida, alojamiento y entretenimiento”, dijo Virginia Canter, especialista en ética del derecho que trabajó en épocas previas con el gobierno de Estados Unidos y quien ahora trabaja en el grupo de vigilancia CREW. “Está tratando de alejarse del lenguaje sencillo del estatuto y el reglamento”.

Las vacaciones en Alaska fueron la primera vez que Singer y Alito se conocieron, según una persona familiarizada con el viaje. Después del viaje, ellos dos aparecieron juntos en actividades públicas. Cuando Alito habló en la cena anual de la convención de abogados de la Sociedad Federalista al año siguiente, el multimillonario lo presentó. El ministro contó una historia sobre su encuentro con osos durante un viaje de pesca con Singer, según el blog legal Above the Law. Recordó haberse preguntado: “¿De verdad quieres pasar a la historia como el primer ministro de la Suprema Corte en ser devorado por un oso?”.

El año siguiente, en 2010, Alito pronunció el discurso de apertura en una cena para donantes del Instituto Manhattan. Una vez más, Singer hizo una presentación halagadora. “Él y su pequeño grupo de ministros de ideas afines son un baluarte crítico y muy apreciado de nuestra libertad”, dijo Singer a la multitud. “Samuel Alito es un modelo de ministro de la Corte Suprema”.

Mientras tanto, Singer y Argentina seguían pidiendo a la Corte Suprema que interviniera en su lucha legal. Su fondo reclutó a Ted Olson, el famoso abogado de apelaciones que representó a George W. Bush en el caso Bush v. Gore durante las elecciones presidenciales de 2000.

En enero de 2010, un año y medio después de las vacaciones en Alaska, el fondo solicitó una vez más al tribunal superior que se hiciera cargo de un aspecto de la disputa. La Suprema Corte se negó.

 
 

En total, las partes solicitaron al tribunal escuchar apelaciones en el litigio ocho veces en los seis años posteriores al viaje. En la mayoría de los casos, fueron los adversarios de Singer los que presentaron una apelación, y el fondo de Singer argumentó con éxito que los ministros rechazaran el caso y, al hacerlo, validaron el fallo de un tribunal inferior.

La Suprema Corte escucha una pequeña porción de los muchos casos sobre los que se le pide que se pronuncie cada año. Según sus reglas, los casos sólo se aceptan cuando al menos cuatro de los nueve jueces votan para aceptarlos. Las deliberaciones sobre si tomar un caso o no están envueltas en secreto y ocurren en reuniones a las que sólo asisten los ministros. Estas decisiones son una forma fundamental en que la Suprema Corte ejerce su poder. Los votos de los ministros generalmente no se hacen públicos, por lo que no está claro cómo votó Alito sobre las peticiones que involucraban a Singer.

A medida que se intensificaba la batalla de Singer con Argentina, su fondo de inversión lanzó una amplia campaña de relaciones públicas y cabildeo. En 2012, el fondo de cobertura incluso intentó apoderarse de la fragata Libertad, un barco de la Armada argentina atracado en Ghana para asegurar el pago por parte de Argentina. (El intento fue frustrado por un fallo del Tribunal Internacional de la Ley del Mar).

La entonces presidente de Argentina, actual vicepresidente, Cristina Fernández de Kirchner, calificó a Singer y sus compañeros inversionistas de “buitres” que intentan extorsionar; Singer se quejó de que el país lo estaba utilizando como chivo expiatorio.

En 2014, la Suprema Corte finalmente accedió a conocer un caso sobre el asunto. Se centró en un tema importante: cuánta protección podría reclamar Argentina como nación soberana contra las maniobras legales del fondo de inversión en los tribunales estadounidenses. El gobierno de Barack Obama presentó una posición que favorecía a Argentina, pues advertía que el caso planteaba “problemas de política exterior extraordinariamente delicados”.

El caso contó con una intervención inusual de la así llamada Judicial Crisis Network, un grupo afiliado a Leo conocido por gastar millones en litigios de confirmación judicial. El grupo presentó un escrito de apoyo a Singer, que parece ser el único escrito de amigo de la corte de la Suprema Corteen la historia de la organización.

El tribunal falló a favor de Singer por siete votos contra uno, con Alito como parte de la mayoría. El ministro no se excusó de conocer el caso ni de ninguna de las otras peticiones que involucraban a Singer.

“La marea cambió” gracias a ese fallo “decisivo” y otro de la misma Suprema Corte, como lo describió el bufete de abogados de Singer. Luego de los reveses legales y la elección de Mauricio Macri como nuevo presidente de Argentina, el país finalmente capituló en 2016. El fondo de Singer se fue con un pago de dos mil 400 millones de dólares, una ganancia espectacular.

Abbe Smith, profesora de derecho en la Universidad de Georgetown que coescribió un libro de texto sobre ética legal y judicial, dijo que Alito debería haberse excusado de votar en este caso. Si ella estuviera representando a un cliente y se enterara de que el ministro había tomado un regalo de la otra parte, dijo Smith, inmediatamente solicitaría que se abstuviera de participar. “Si me enterara después del hecho, estaría indignada en nombre de mi cliente”, dijo. “Y, francamente, estaría indignada contra todo el sistema legal”.

La ley que rige cuándo los ministros de la Suprema Corte deben excusarse de un caso establece un estándar alto pero subjetivo. Requiere que los jueces se retiren de cualquier caso cuando su “imparcialidad pueda ser razonablemente cuestionada”. Pero la Suprema Corte permite que cada ministro interprete de manera individual ese requisito por sí mismo. Históricamente, casi nunca han explicado por qué se excusan o no y, a diferencia de los jueces de los tribunales inferiores, sus decisiones no se pueden apelar.

Alito articuló su propio criterio durante su proceso de confirmación en el Senado, y escribió que creía en alejarse de los casos cuando “pudiera surgir cualquier pregunta posible”.

En su artículo de opinión del Wall Street Journal, Alito escribió sobre su fracaso en excusarse de los casos de Singer en la corte: “Fue y es mi juicio que estos hechos no harían que una persona razonable e imparcial dude de mi capacidad para decidir los asuntos en cuestión de manera imparcial”.

La Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos ha sido blanco frecuente de críticas por la manera opaca e inconsistente en que toma sus decisiones. "La idea de 'simplemente confíe en que haremos lo correcto' mientras permanecemos en total secreto es inviable", dijo Amanda Frost, experta en ética judicial de la Facultad de Derecho de la Universidad de Virginia.

Para Singer, las apelaciones a la Suprema Corte son un resultado casi inevitable de su modelo de negocios. Desde el caso de Argentina, los fondos de Singer fueron nombrados partes en al menos otros dos casos que fueron apelados ante la Corte, ambos derivados de batallas con compañías enlistadas en la así llamada Fortune 500. Uno de los litigios está actualmente pendiente.

Ganso gris y hielo glaciar

Un mes después de que Singer llegara a casa del viaje de pesca de 2008, se dio cuenta de que tenía un problema. Se suponía que iba a recibir un envío de salmón congelado del centro vacacional de lujo de Alaska. Pero el pescado no había llegado. Entonces, el multimillonario envió un correo electrónico a una persona poco probable para llegar al fondo del asunto: Leo, el poderoso ejecutivo de la Sociedad Federalista.

"¡Han escapado!" Singer escribió. Luego, Leo envió un correo electrónico a Arkley, el propietario del albergue, para localizar los pescados perdidos.

El único hilo claro que conecta a los invitados destacados del viaje es que todos tenían una relación con Leo. Leo es ahora un gigante en la política judicial que ayudó a seleccionar personalmente la lista de Donald Trump de posibles nominados a la Suprema Corte y recientemente recibió una donación de mil 600 millones de dólares para promover sus intereses políticos.

Sin embargo, la red de grupos políticos de Leo estaba en sus inicios, cuando viajó con Alito a Alaska. Había realizado una campaña publicitaria apoyando a Alito en la lucha por su confirmación y, según los informes, Leo era parte del equipo que preparó a Alito para sus audiencias en el Senado.

Singer y Arkley, los hombres de negocios que proporcionaron el viaje al ministro Alito, fueron donantes importantes para los grupos de Leo en ese momento, según los registros públicos y los informes de The Daily Beast. Arkley a veces también le proporcionaba a Leo uno de sus aviones privados para viajar a reuniones de negocios, según un expiloto de Arkley.

En su declaración, Leo no abordó preguntas detalladas sobre el viaje, pero dijo que “ningún observador objetivo y bien informado del poder judicial honestamente podría creer que deciden casos para ganarse el favor de amigos, o a cambio de un pasaje de avión o un viaje de pesca gratis”.

Agregó que el público debería preguntarse si la cobertura de ProPublica es “un cebo para obtener más dinero oscuro de multimillonarios de izquierdas que quieren dañar la Suprema Corte y convertirla en una que ignore la ley al aprobar sus preferencias culturales desordenadas y altamente impopulares”.

Arkley es un actor conocido en la política local en Eureka, California, donde nació y creció y conocido por arremeter contra los funcionarios de la ciudad y por haber fundado una vez su propio periódico, supuestamente como un desdén a la prensa local. A principios del siglo XXI hizo una fortuna al comprar y administrar hipotecas cuyos titulares no podían cubrirlas y también se convirtió en un donante importante del Partido Republicano a escala nacional.

 Rob Arkley en 2013 Crédito: Andrew Goff/Lost Coast Outpost

A medida que aumentaba su perfil político, Arkley se jactó ante sus amigos de que había llegado a conocer a un tercio de los ministros en funciones de la Suprema Corte. Le dijo a sus amigos que tenía una relación con Clarence Thomas, según dos personas cercanas a Arkley. Y el viaje con Alito no fue la primera vez que Arkley cubrió el viaje de un ministro de la Suprema Corte a Alaska.

En junio de 2005, Arkley llevó Scalia en su jet privado a la isla de Kodiak, Alaska, dijeron a ProPublica dos expilotos al servicio de Arkley, quien pagó el alquiler de un remoto centro vacacional de pesca que costaba tres mil 200 dólares a la semana por persona, según la propietaria del albergue, Martha Sikes.

Las fotografías del viaje, que se encuentran en los documentos que el ministro Scalia entregó a la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard, muestran a Scalia hundido hasta las rodillas en un río mientras lucha por atrapar un pez. Randolph, el juez de apelaciones que también estaba en el último viaje, se unió a Scalia y Arkley en las vacaciones, volando en el jet del empresario.

 Antonin Scalia, de pie, en Alaska con el juez A. Raymond Randolph. Crédito: Colecciones históricas y especiales de la Universidad de Harvard.

Scalia no informó el viaje en su declaración anual, otra aparente violación de la ley, según expertos en ética del derecho. Los viajes de Scalia atrajeron brevemente el escrutinio público en 2016 después de que muriera mientras se hospedaba en el rancho de caza de un empresario de Texas. Scalia tenía un patrón de revelar viajes para dar conferencias sin mencionar las excursiones de caza que realizó a lugares cercanos organizados por abogados y empresarios locales, según un artículo de investigación publicado después de su muerte.

Randolph, ahora juez principal en la Corte de Apelaciones de los Estados Unidos para el Circuito del Distrito de Columbia, no reveló el viaje. (Tampoco reveló el viaje posterior con Alito).

 El ministro Antonin Scalia pescando en Alaska. Crédito: Colecciones históricas y especiales de la Universidad de Harvard.

Randolph le dijo a ProPublica que cuando estaba preparando su formulario para 2005, llamó a la oficina de divulgación financiera del Poder Judicial para preguntar sobre la divulgación del viaje. Compartió sus notas de la llamada con un miembro del personal, que dicen "no tengo que informar sobre el viaje a Alaska con Rob Arkley y otros / jet privado / alojamiento".

Kathleen Clark, experta en ética del derecho de la Universidad de Washington en la ciudad de San Luis, dijo: “No entiendo cómo el miembro del personal llegó a esa conclusión basándose en el lenguaje de la ley”.

El 9 de junio, el grupo de Arkley alquiló un barco, el Happy Hooker IV, para recorrer la bahía de Yakutat. En el camino, Scalia y Arkley discutieron si los republicanos del Senado, entonces en una pelea contenciosa por las confirmaciones judiciales, deberían abolir el obstruccionismo para seguir adelante, según una persona que viajaba con ellos.

 Arkley y Scalia miran desde el costado del bote el famoso glaciar Hubbard de Alaska. Un guía cortó trozos de un iceberg y se los pasó a Scalia. El ministro hizo martinis.

No está claro por qué es Scalia viajó a Alaska con Arkley. Pero los archivos del ministro en la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard ofrecen una pista tentadora. Inmediatamente antes del viaje de pesca, Scalia pronunció un discurso para la Sociedad Federalista en Napa, California. Al día siguiente, el avión de Arkley voló de Napa a Alaska. Los documentos de Scalia contienen una carpeta con la etiqueta "Sociedad Federalista, Napa y Alaska, 3-10 de junio de 2005", lo que sugiere una posible conexión entre la organización conservadora y el viaje de pesca.

Sin embargo, el contenido de esa carpeta está actualmente sellado. Se abrirán al público en 2036.

 

¿Tiene alguna información que desee compartir sobre la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos? Se puede poner en contacto con Justin Elliott en [email protected] o por medio de Signal o WhatsApp en el 774-826-6240. También lo puede hacer con Josh Kaplan en [email protected] y por medio de Signal o WhatsApp en el 734-834-9383.

 

Traducción y edición en español Rodolfo Soriano-Núñez

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