Ante un cónclave “extraño” y “triste”, América Latina podría consolidarse como Iglesia fuente o regresar a su papel de Iglesia reflejo.
Con 23 cardenales, Latinoamérica no puede forzar o vetar a un candidato, pero puede influir en el cónclave y el nuevo pontificado. Laicos de América Latina publicaron el fin de semana una carta a los cardenales de la región.
Por Bruno Desidera
El cónclave, que comenzará el próximo 7 de mayo, arranca con lo que algunos expertos perciben como algo “casi seguro”: es muy poco probable que el sucesor del papa Francisco, el primer pontífice latinoamericano, provenga de América Latina. La razón es fácil de entender: el consenso en la antigua capital del Imperio Romano es que resulta poco probable que se elija a un segundo papa de América Latina inmediatamente después de Jorge Mario Bergoglio.
Es una opinión generalizada que un papa europeo es más adecuado para profundizar y dar mayor estabilidad a los numerosos “proyectos” que quedan pendientes tras el pontificado de Francisco; otros, sin embargo, consideran la posibilidad de que otras intuiciones y desarrollos puedan provenir de nuevos continentes, en particular, de Asia.
Evaluaciones completamente comprensibles, por supuesto, aunque se podría objetar, por otro lado, que una persona del mismo continente que Francisco podría, con su propio estilo y talento, dar continuidad a los principales caminos abiertos por su predecesor.

En cualquier caso, estos son juicios vagos, como las páginas llenas de predicciones sobre los papabili, como llaman los medios italianos a los cardenales con mayores posibilidades de convertirse en papa hoy en día, papables si se hace una traducción literal.
El Colegio de Cardenales tiene sus reuniones, las llamadas Congregaciones Generales, donde oran juntos, atentos, como en cada cónclave, al “soplo” del Espíritu. Que podría llevar a cualquier parte. Permanezcamos todos en oración y espera.
Un cónclave “extraño”
La cuestión, más bien, es otra, y se refiere a la impresión de un cónclave “extraño”, con un sabor un tanto “triste”. América Latina es, después de todo, la región con el mayor número de bautizados del mundo, unos 400 millones, y hogar de quien fue obispo de Roma hasta el 21 de abril.
Francisco trajo consigo la experiencia y la historia de esas tierras, un camino original derivado del Concilio Vaticano II, no sólo un soplo de aire fresco genérico o la atención a los pobres, que algunos podrían considerar superficialmente como un mero hecho sociológico.
Hoy, sin embargo, el dolor por su muerte corre el riesgo de estar aún demasiado presente. Sin mencionar que, durante estos doce años, fue el propio papa quien «representó» a esta región del mundo, que desde un punto de vista eclesial estaba y está bastante fragmentada, quien asumió la representación de una región muy compleja.
Por ejemplo, precisamente por haber un papa sudamericano, la presencia de Latinoamérica en los dicasterios romanos no era particularmente numerosa y, al momento de la muerte de Francisco, sólo el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, también de primer orden, estaba dirigido por un latinoamericano, el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández, muy cercano al papa.
23 cardenales en la Capilla Sixtina
Antes de continuar con las reflexiones, sin embargo, conviene proponer una breve presentación del, en cualquier caso, numeroso contingente latinoamericano presente en el cónclave. Hay 23 cardenales electores, una cifra significativa, aunque porcentualmente similar a la de 2013 (19 cardenales), aunque hay más cardenales electores en este cónclave. De ellos, solo tres lo fueron en el cónclave de 2013.
Del total de América Latina, 17 son sudamericanos, que representan a ocho países; sólo faltan Bolivia y Venezuela, ya que solo tienen cardenales mayores de ochenta años; dos son mexicanos (había tres en la elección anterior), dos de América Central y dos más del Caribe.
En los primeros años del pontificado de Francisco, Sudamérica estuvo subrepresentada en el Colegio Cardenalicio, en beneficio, más bien, de Centroamérica. Un indicio, quizás, de la influencia, durante ese período, del cardenal hondureño Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, ahora mayor de ochenta años.
Sólo en los últimos consistorios, las reuniones que celebran los nuevos cardenales con el papa que les promueve, Francisco otorgó a Sudamérica una mayor cuota en el Colegio de Cardenales. Lo hizo al tiempo que aumentaba el número de sus compatriotas argentinos y figuras de indudable prestigio y cercanas a él. Basta decir que, de los 17 cardenales sudamericanos, cinco fueron nombrados durante el consistorio de diciembre pasado y tres más en 2023.
Estos últimos nombramientos han supuesto, de hecho, una inyección de personalidades significativas en el Colegio de Cardenales, pero la impresión actual es que, incluso dejando de lado sus cualidades, pocos cardenales latinoamericanos son reconocidos fuera del continente.
Todos los nombres
El país latinoamericano con más cardenales en el cónclave es Brasil, con siete. Dos de esos cardenales también estuvieron en Roma, eligiendo a Francisco en 2013: João Braz de Aviz, prefecto emérito del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, y Odilo Pedro Scherer, arzobispo de São Paulo, persona de gran experiencia pastoral.
Francisco nombró cardenales, durante sus doce años como pontífice, a Orani João Tempesta, arzobispo de Río de Janeiro, quien en 2013 recibió al entonces recién electo papa en la Jornada Mundial de la Juventud; Sérgio da Rocha, arzobispo de San Salvador de Bahía; arzobispo primado de Brasil, relator general del Sínodo sobre la Juventud de 2017 y miembro del Consejo de Cardenales.
También, Leonardo Ulrich Steiner, arzobispo de Manaos, el único cardenal de la Amazonia presente en el cónclave. Ello le da una particular sintonía con ese enorme territorio, que fue objeto de un Sínodo en 2019; Paulo Cezar Costa, arzobispo de Brasilia, atento a los jóvenes y al diálogo social y político; y, por último, pero no menos importante, Jaime Spengler, quien actualmente ocupa los dos cargos quizás más delicados del subcontinente: la presidencia del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM o aquí en Wikipedia) y la de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB).

Luego está Argentina, con cuatro cardenales, tres de los cuales deben su nombramiento a Francisco en los últimos dos años. Paradójicamente, el actual arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva, no está presente. En su lugar está su predecesor, el arzobispo emérito Mario Aurelio Poli, nombrado por Francisco inmediatamente después de su elección como obispo de Roma.
La delegación está formada por Víctor Manuel Fernández, quien hasta la muerte de Francisco fue prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, y anteriormente arzobispo de La Plata; Ángel Sixto Rossi, arzobispo de Córdoba, hermano jesuita y amigo de Jorge Mario Bergoglio; y Vicente Bokalic Iglic, arzobispo de Santiago del Estero y nuevo primado de Argentina. Su nombramiento se debe a la decisión de Francisco, el año pasado, de convertir esta ciudad del norte del país, la verdadera primera diócesis argentina, en la sede primada. Ello implicó romper con el razonamiento político de darle ese título a la capital, Buenos Aires.
Proveniente del Cono Sur, la zona más austral de Sudamérica, el Colegio incluye, por Paraguay, a Adalberto Martínez Flores, arzobispo de Asunción, y, por Uruguay, el país más secular y descristianizado del continente, al salesiano Daniel Fernando Sturla Berhouet, arzobispo de Montevideo.

Cercanos en distintos aspectos a la sensibilidad de Francisco, los cuatro cardenales de los países andinos. El más conocido en Italia es el peruano Carlos Castillo Mattasoglio, quien combina una visión teológica sólida y original con una marcada atención pastoral hacia los más necesitados, domina el italiano y fue ordenado diácono en Italia.
En los últimos años, ha sido elegido para diversos servicios en el Vaticano, en la Academia Pontificia para la Vida, en el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, y para la coordinación del "Grupo de Estudio 9" sobre temas doctrinales, pastorales y éticos controvertidos, en paralelo al Sínodo.
La Academia para la Vida también incluye al chileno Fernando Natalio Chomalí Garib, considerado en algunos círculos sensible a las cuestiones éticas, pero también a los problemas sociales de la migración y la inclusión. Luis Gerardo Cabrera Herrera, arzobispo de Guayaquil, es el cardenal de Ecuador. Ha hecho frecuentes llamamientos a la paz, en un contexto de violencia cada vez mayor.
Esa subregión también cuenta con Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de la capital, Bogotá, quien en el pasado trabajó como pastor en zonas con una fuerte presencia de grupos armados y está comprometido con la reconciliación del país.
Hacia el norte, América Central está representada por el nicaragüense Leopoldo José Brenes Solórzano, primado de una iglesia hoy perseguida por el régimen de Daniel Ortega (véase el texto enlazado arriba) y por el guatemalteco Álvaro Leonel Ramazzini Imeri, obispo de Huehuetenango, muy atento a los migrantes y la violencia, como lo demuestra el texto enlazado abajo.
Los dos cardenales del Caribe, el cubano Juan de la Caridad García Rodríguez, arzobispo de La Habana, y el haitiano Chibly Langlois, obispo de Les Cayes, también operan en contextos muy difíciles.
Finalmente, México, con el primado Carlos Aguiar Retes, arzobispo de la Ciudad de México, a quien algunos consideran que posee una sólida sensibilidad pastoral, expresidente tanto de la Conferencia del Episcopado Mexicano como del ya mencionado CELAM, y José Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara, también presente en el cónclave de 2013.

También hay al menos otros dos cardenales particularmente vinculados a Latinoamérica: el estadunidense Robert Francis Prevost, nacido en Chicago, hasta ahora prefecto del Dicasterio de los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Pasó varios años en Perú, donde dirigió la orden agustina, y posteriormente ejerció como obispo de Chiclayo, desde 2014 y hasta su nombramiento en Roma (véase el texto enlazado después de este párrafo).
Finalmente, el arzobispo de Rabat (Marruecos), el español Cristóbal López Romero, salesiano, con una importante experiencia misionera en Paraguay y Bolivia.
Una «Iglesia fuente» también para el futuro
Naturalmente, la elección del próximo papa, a la que sin duda también contribuirán los 23 cardenales latinoamericanos, promete ser muy importante y delicada para el futuro de la Iglesia Católica. Sin embargo, un punto asimismo importante, especialmente desde Latinoamérica, y ciertamente más relevante que las carreras individuales, es el desarrollo de ese peculiar camino eclesial continental que, con la elección del papa Francisco, logró plena dignidad y centralidad.
Fue el teólogo y filósofo brasileño Henrique Cláudio de Lima Vaz (abre una página de Wikipedia en portugués), al hablar de la conferencia de obispos latinoamericanos de 1968 en Medellín, Colombia, escribió sobre la «Iglesia fuente», una noción también desarrollada por otros teólogos, como Gustavo Gutiérrez, en oposición a la noción contraria de la «Iglesia reflejo».
Del Concilio, en resumen, surgiría una visión de la Iglesia desde Latinoamérica, histórica, existencial, teológica, ideal e institucionalmente, que emergería como original y «generadora», no dependiente, como algunos sospechaban, de visiones e ideologías europeas.

Un camino que ha encontrado mucha resistencia (todavía claramente visible), contradicciones y traiciones, pero que también ha sido marcado magisterialmente por los documentos emitidos por las conferencias generales del Episcopado Latinoamericano de Medellín (1968), Puebla (1979), Santo Domingo (1992) y Aparecida (2007). El pontificado de Francisco es fruto y expresión de esta herencia, estrechamente vinculada a la visión de la Iglesia que se encuentra en los documentos del Concilio Vaticano II, y ciertamente no a un peronismo verdadero o supuesto.
Entre los puntos clave: la centralidad de los pobres, inicialmente vista como una «elección» (Medellín) y luego como una «opción preferencial» (a partir de Puebla): una opción sin fundamento sociológico o ideológico, pero con una profunda raíz evangélica; una segunda opción preferencial, menos conocida, pero no menos significativa, para los jóvenes; una visión de la iglesia como pueblo de Dios en camino a través de la historia, premisa necesaria para una Iglesia verdaderamente sinodal, como se ve, por ejemplo, en el camino de la Iglesia Católica en la Amazonía.
También, la primacía de la atención a la persona en su situación y del enfoque pastoral, premisas también de una Iglesia Católica que anuncia el Evangelio sin renunciar a sumergirse en la historia.
Francisco, pues, ha aportado mucho de su propia esencia, partiendo de algunas intuiciones formidables y sintéticas, como la de la «Iglesia en salida». Naturalmente, aportó a su pontificado sus propios méritos y también sus inevitables limitaciones humanas.
En 2013, quizás de forma confusa e inconsciente, se creyó que esta visión de la Iglesia Católica, centrada en la evangelización, podría «despertar» a un catolicismo cansado y autorreferencial. En parte, así fue; en parte, algunos procesos han resultado largos y complejos.
Pero, también gracias a todo esto, la Iglesia Católica ha dado un «salto adelante». Ciertamente, este legado no puede dispersarse; más bien, debe profundizarse y hacerse más «coral», teniendo en cuenta que muchos, incluso hoy en día, todavía lo tratan como una subcultura.
Y es por ello por lo que el camino que siga la Iglesia Católica en América Latina en el cónclave en curso y en los próximos años podría ser decisivo.

Carta a los cardenales
Durante el fin de semana, distintos grupos de laicos de América Latina publicaron desde distintos medios y cuentas de redes sociales una carta dirigida a los 23 cardenales de la región que participarán en el cónclave. El texto de la carta se presenta tal cual a continuación:
Carta a nuestros cardenales:
Con profundo amor a la Iglesia, les escribimos desde los pueblos de América Latina y el Caribe, mujeres y hombres laicos que, con esperanza vivimos nuestra fe encarnada en la vida cotidiana. Nos dirigimos a ustedes, responsables del discernimiento sobre quién será el próximo obispo de Roma, para expresar nuestro agradecimiento, nuestros anhelos y nuestra oración.
El papa Francisco ha dejado una huella profunda en nuestros corazones y comunidades. Su estilo pastoral cercano, humilde y profético nos mostró una Iglesia humana: pobre para los pobres, abierta al diálogo, samaritana y misionera. Su coherencia de vida, su sencillez, su palabra clara y su compromiso con los descartados, con la Tierra, nuestra Casa Común, con la justicia social y con los procesos de reforma de la Iglesia nos devolvieron la esperanza y nos recordaron que la Iglesia puede predicar y testimoniar a Jesús que es misericordia.
Le agradecemos a Francisco haber abierto procesos: la sinodalidad, profundizar el diálogo interreligioso, la revalorización del laicado y la inclusión de quienes históricamente han sido marginados o excluidos de espacios eclesiales y sociales, como las mujeres, los pueblos indigenas, los movimientos sociales y populares o la diversidad sexual.
También valoramos profundamente que haya puesto su mirada en los más vulnerables: migrantes, personas en situación de trata, con adicciones, víctimas de violencias. Fue un papa que se hizo presente con gestos concretos, como su visita en casas de refugiados, su lucha contra la corrupción y su valentía para abordar con firmeza los abusos dentro de la Iglesia.
Agradecemos su reconocimiento de ministerios para las mujeres, su promoción de una Iglesia corresponsable, y su permanente llamado a que los laicos nos involucremos con amor y responsabilidad en la vida eclesial.
Recordamos con emoción que como líder religioso se dirigió con claridad a los mandatarios por los niños víctimas de las guerras, y que no dejó de insistir en la importancia de la paz global, aún en los contextos más difíciles.
Hoy, como Pueblo de Dios, sentimos el deber de compartir con ustedes nuestras preocupaciones y deseos:
- Que el nuevo papa continúe, consolide y profundice el camino abierto por Francisco, fiel al Evangelio que predico Jesús y al magisterio del Concilio Vaticano II.
- Que sea un pastor que camine junto a su pueblo, con los pobres, con los jóvenes, con las mujeres, con los ancianos, con los niños, con quienes buscan la paz y con quienes desean creer.
- Que viva con sencillez, sin privilegios, cuidando la confianza del Pueblo de Dios. Nuestros pastores no pueden vivir como príncipes, sino entre sus ovejas, como Jesús Buen Pastor.
- Que promueva una auténtica participación del laicado en todos los niveles de la vida eclesial, no como concesión sino como corresponsabilidad bautismal. Atendiendo a una necesaria desmasculinización eclesial, porque la Iglesia es mujer.
- Que siga impulsando una Iglesia sinodal, que discierne en comunidad, escucha con el corazón, y camina con todos, todos, todos.
- Que siga promoviendo el cuidando de la Casa Común, desde una ecología integral, profética y concreta. En tiempos en que la Emergencia Climática amenaza la vida en el planeta no podemos olvidar el profundo amor que Dios tiene por su creación.
- Que escuche comprometidamente las voces de quienes sufren, incluyendo a las víctimas de abusos, y que actúe con firmeza y justicia. Estos crímenes no pueden ser tolerados, por el contrario deben ser reconocidos y reparados con total transparencia.
- Que se atiendan responsablemente las necesidades materiales y espirituales de la humanidad y de las comunidades católicas, para reconocer las situaciones que deben enmendarse, y así sanar las heridas que el clericalismo y el abuso de poder han provocado.
- Que reconozca la diversidad de nuestra humanidad—cultural, social, sexual, espiritual—como don de Dios, no como amenaza, y que se siga avanzando en la inclusión de los grupos históricamente segregados, como siguen siendo las mujeres, y se les promueva en lugares de responsabilidad en la Iglesia, ya que todos somos bautizados.
- Que seamos una Iglesia de testigos, una Iglesia que se convierte al sentirse amada por la misericordia de Dios y que con valentía y libertad dejemos obrar al Espíritu Santo.
Pedimos también, con especial énfasis, que se avance en la transparencia financiera en toda la Iglesia, incluyendo diócesis, órdenes religiosas y propiedades eclesiales, y que el nuevo papa fomente mecanismos claros de rendición de cuentas. Que la misericordia, la justicia y la verdad sean los pilares de su pontificado.

Ustedes, cardenales, tienen la alta responsabilidad de responder a este momento histórico.
Confiamos en que sabrán escuchar al Espíritu que habla también en el clamor del pueblo, en el susurro de los pequeños, en la voz de la Tierra herida, en las lágrimas de las víctimas, y en el testimonio silencioso de millones de fieles que siguen creyendo, amando y sirviendo en las periferias, y también de quienes por heridas graves han perdido la fe.
Hoy, les pedimos con el corazón que no detengan el camino. Que el nuevo papa sea elegido superando egoísmos políticos, económicos o eclesiásticos; con la mirada puesta en el Reino de Dios, en su Pueblo y en el Evangelio de Jesús. Que el Espíritu Santo sople con fuerza, nos siga sorprendiendo y les anime a elegir al pastor que nos ayude a amar más y mejor.
Con fe, esperanza y amor
Red Laical Latinoamericana
Una de las organizaciones de laicos que dio a conocer el texto fue el Colectivo Teresa de Ahumada y Cepeda de Pachuca, Hidalgo, México.
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Traducción del italiano al español del texto de Bruno Desidera y edición de Rodolfo Soriano-Núñez.
El original de Desidera "La Chiesa latinoamericana al Conclave" disponible aquí.