Rodolfo Soriano-Núñez Lunes, 31 de Agosto del 2026, 00:00
Aunque los sobrevivientes franceses aún dialogan y ofrecen soluciones a León XIV, sus colegas argentinos ya rechazan cualquier reunión que no sea en un tribunal.
La diferencia en las actitudes de los sobrevivientes hacia León XIV es un reflejo de las respuestas de las autoridades y los obispos a la crisis de abuso sexual en cada país.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
A un mes de la visita del papa León XIV a Francia, y a menos de tres de su gira por América Latina, las noticias que llegan de sus futuros destinos son mixtas y, en general, distan de ser alentadoras.
En Francia, algunos de los titulares, al menos en los medios católicos, parecen apegarse al guión desarrollado originalmente por Juan Pablo II de grandes convocatorias, celebraciones litúrgicas masivas y el despliegue de símbolos nacionales y religiosos que ciertamente ocurrieron durante sus días en España.
En Uruguay, Argentina y Perú, los gobiernos y las conferencias de obispos de cada país afinan detalles de la agenda, la abrumadora logística de estas actividades, pero también enfrentan ya reacciones adversas de distinto tipo.
En Francia, los medios católicos ya mostraron los símbolos que se utilizarán durante la visita, el programa e incluso los nombres de algunos de los artistas que han sido invitados a interpretar canciones para el pontífice. El sábado pasado, Le Figaro, uno de los principales diarios franceses, dedicó su portada a los preparativos de la visita, con una cobertura que se extendió a otras tres de sus 28 páginas.
El titular, que podría traducirse libremente como «Ola de apoyo ante la visita del papa León XIV a Francia» (contenido en francés y tras un muro de pago) encaja bien con la línea editorial de Le Figaro y su comprensión del papel del catolicismo en la vida pública francesa, pero resulta un tanto difícil de tomar al pie de la letra si se consideran dos de los principales desafíos del papa Prevost durante sus días allí.
Por un lado, cómo afrontará los efectos, desastrosos por donde se les vea, de los numerosos casos de abuso sexual que han empañado la imagen de la Iglesia Católica en Francia y en otras partes de Europa y del mundo.
Esta serie ha seguido el terrible caso en el ahora cerrado colegio católico de Nuestra Señora de Bétharram (véase el texto enlazado abajo), una instalación hoy en proceso de venta, muy cercana, a menos de 16 kilómetros de la Basílica de Nuestra Señora de Lourdes, en el sur de Francia, donde tendrán lugar algunas de las principales actividades del papa Prevost durante su viaje pastoral en Francia, incluida una reunión, en privado, con sobrevivientes de abuso sexual.
El otro es qué tan dispuesta está la cada vez más pequeña base laica católica en Europa, e incluso algunos de sus sacerdotes, a aceptar la postura del papa Prevost sobre la migración tras su reciente viaje a España.
Hace tres meses, el antiguo obispo de Chiclayo, Perú, logró acaparar titulares en el Sur Global, donde se le percibió como un aliado de los migrantes y refugiados varados en todo el mundo, personas muy parecidas a las que tuvieron la oportunidad de asistir a una misa pontificia en las Islas Canarias, uno de los epicentros de la crisis migratoria en España y en Europa en general.
Sin embargo, en el Norte Global no hay garantía de que tal percepción sea aceptada ni siquiera por los católicos. Basta observar las cifras publicadas por Ryan Burge y el Cooperative Election Study, que ubican a los católicos blancos de Estados Unidos como la tercera fuente más significativa de apoyo a Donald Trump en las elecciones de 2024, como lo demuestra el gráfico después de este párrafo.

Incluso entusiastas católicos del mundo hispanohablante encuentran difícil cuadrar el mensaje de León XIV en las Islas Canarias, centrado en acoger al extranjero, al migrante, con lo ocurrido el 30 de julio, cuando los noticieros de Madrid y de otras capitales europeas transmitieron imágenes del flujo masivo de entre 40 y 60 mil personas, la mayoría de ellas marroquíes, hacia Ceuta, un enclave español incluso durante la ocupación francesa de Marruecos en los siglos XIX y XX, y con vínculos con la España peninsular que se remontan a la Edad Media.
Para ponerlo en perspectiva, aunque ha habido cruces masivos similares de Marruecos a Ceuta, la última vez que ocurrió algo semejante fue en los últimos días de la pandemia, y las estimaciones son de aproximadamente una quinta parte del número de migrantes que cruzaron la frágil frontera el último día de julio.
La violencia de las imágenes, combinada con la actitud poco solidaria hacia España de otros miembros de la Unión Europea, hace difícil creer que Francia pueda ser receptiva a un mensaje similar al que el papa Prevost pronunció en las Islas Canarias respecto a un cambio de actitud hacia los migrantes.
Un sacerdote en Ceuta ofrece en ese sentido un preocupante ejemplo de lo rápido que se desvaneció el mensaje de León XIV a la Iglesia Católica. Las declaraciones de Jesús Francisco Molina a medios no son el eco ni de la homilía de León XIV en Canarias ni del último esfuerzo del papa Francisco por condenar públicamente las políticas migratorias de Donald Trump en Estados Unidos a principios de 2025 (véase el texto enlazado después de este párrafo).
Las palabras de Molina sobre lo que debería hacer la Iglesia Católica en Ceuta evocan la noción distorsionada del vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, del llamado «orden del amor», que él usó para atacar al papa Francisco de la misma manera que recientemente atizó el conflicto con Canadá, al insistir en llamar a ese país un «estado» de Estados Unidos.
Y si las imágenes de grupos de migrantes que cruzan por la fuerza la débil frontera entre Ceuta y Marruecos no fueran suficientes, hay ahora videos aún más aterradores, difundidos en las redes sociales, de ataques perpetrados por presuntos residentes de Ceuta contra los campamentos donde viven los marroquíes en estos días.
En la publicación de Instagram enlazada abajo, Clara Carusa, una española que suele publicar sobre poesía y literatura, reacciona a las noticias ataques a los campamentos. Su reacción ante esa noticia refleja lo difícil que resulta para España resolver el asunto.
Los comentarios al vídeo de Carusa ofrecen una muestra no probabilística de las dificultades que tienen España y otros países europeos al enfrentar la migración.
Por anecdóticos que sean los comentarios a la publicación de Carusa, se alinean con una encuesta publicada el sábado por El Mundo, que muestra que el 90 por ciento de los encuestados culpa al gobierno de Marruecos de lo que ese y otros medios de Europa califican de «una invasión».
Un otoño francés
Más allá de esos dos grandes desafíos que León XIV enfrentará durante sus días en Francia, cabría esperar que haya sido informado sobre el contexto político y social en el que transcurrirá su viaje.
Las encuestas francesas disponibles muestran un fuerte apoyo al partido político más antimigrante, liderado por Marine Le Pen, quien mantiene lo que parece ser una ventaja definitiva para convertirse en la primera mujer elegida titular del Ejecutivo francés, a menos que ocurra algo inesperado en los próximos meses.
La gráfica que aparece después de este párrafo corresponde a una de las encuestas más recientes, publicada el domingo 30, con datos de una hipotética segunda ronda de la elección presidencial con Marine Le Pen como ganadora frente a cualquiera de sus posibles rivales en la elección que, si tuviera que celebrarse, está convocada para el 2 de mayo de 2027. Más datos sobre la encuesta están disponibles en la cuenta de Facebook de Europe Elects disponible aquí.

En ese sentido, Le Pen parece perfilada para ganar la elección a pesar de su conocida simpatía por Vladimir Putin y su desdén por la Unión Europea, por nombrar sólo dos de las señales de alerta más notorias que, si se cree en lo que dicen las encuestas francesas por estos días, resultan irrelevantes para el ciudadano francés promedio, cansado de la incapacidad de sus líderes para abordar realmente los problemas clave.
Sea cual sea el mensaje que León XIV prepara, sería bueno recordar que, ya en 2023, cuando Francisco viajó a Francia, hizo un llamado coherente con su postura y la de León XIV sobre la migración, con poco o nulo impacto en la actitud hacia los migrantes y profundamente afectado por el comportamiento de la jerarquía católica en Marsella, la ciudad que Francisco visitó.
Aunque Marsella sea a todas luces una ciudad que, para los estándares latinoamericanos, es un paraíso de «ley y orden», para los franceses y europeos es el escenario de graves alteraciones al orden público, pues su aduana es el principal puerto de entrada de drogas procedentes de México. Marsella es, en ese sentido, una de las metrópolis europeas donde los efectos negativos de la migración son más visibles y, por si fuera poco, el epicentro de una serie de casos graves de abuso sexual.
Aunque los cárteles mexicanos sólo entreguen la mercancía y, hasta donde se sabe, no participan en la distribución allí, los ecos de la violencia ligada al narcotráfico que ha alterado la vida en México durante las últimas tres décadas son visibles en las calles de Marsella, teatro de frecuentes enfrentamientos entre la DZ Mafia y la Red Yoda.
Como ocurre en muchas ciudades mexicanas, los adolescentes de Marsella son blancos de reclutamiento sistemático por esas dos mafias y sus siempre presentes rivales. Dado que muchos de esos muchachos provienen de comunidades marginadas y migrantes, no es difícil imaginar cómo los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales en Francia los presentan.
Desde luego, el cardenal Jean-Marc Aveline, arzobispo de Marsella y presidente de la Conferencia de Obispos de Francia, es una figura afable, capaz de salirse con la suya en los medios civiles. Algunos incluso lo calificarían de carismático, un hombre que estuvo más que dispuesto a apoyar la postura del papa Francisco sobre la migración, un defensor de los derechos de las minorías y las poblaciones marginadas, que también se ha hecho fama por los múltiples «errores» al manejar acusaciones de abuso sexual contra miembros del clero bajo su supervisión.
Tantos que resulta inevitable cuestionar si realmente se trata de «errores» o si constituyen en realidad un patrón para ocultar el abuso sexual y dificultar que las autoridades y la propia Iglesia Católica aborden los problemas de fondo.
La situación es tan grave que los observadores franceses de la crisis de abusos sexuales en el clero hablan de al menos dos patrones claros que emergen de la propia Marsella y de sus llamadas diócesis sufragáneas: Aix-Arles, Ajaccio, Aviñón, Digne, Fréjus-Tolón, Gap-Embrun y Niza. Por un lado, un patrón de encubrimientos sistemáticos de sacerdotes locales, incluidos, entre otros, Charles Sighieri.
Por el otro, está el problema de la falta de voluntad del cardenal Aveline para reconocer las múltiples acusaciones formuladas contra Jean-Michel di Falco, obispo emérito de Gap-Embrun. En noviembre de 2025, el texto enlazado antes de este párrafo ofreció detalles sobre los problemas de Aveline. Como se expuso allí, la situación es tan grave que existe un movimiento activo que exige su destitución, como se puede ver en mensaje de Facebook de septiembre de 2025 que aparece abajo.
Para colmo de males, es necesario tener en cuenta que Aveline será un actor clave durante la visita de León XIV a Francia, ya que es presidente de la conferencia de obispos de Francia y el anfitrión principal de la próxima visita.
A este respecto, como también ocurre en Estados Unidos y en otras partes del Norte Global, la Iglesia Católica debería reconocer que ninguna defensa de los migrantes y otros grupos marginados puede compensar su mala gestión de la crisis de abusos.
Ya hay indicios de ello en Estados Unidos, donde la Iglesia Católica ha sido durante el último siglo aproximadamente un actor principal del llamado crisol de culturas, ya que las parroquias, hospitales y escuelas desempeñaron un papel clave para integrar a los migrantes, desde los primeros refugiados irlandeses de la Gran Hambruna hasta las llegadas más recientes de latinoamericanos que huyen tanto de la inestabilidad política y económica como de la violencia vinculada a los cárteles y pandillas en sus países.
Por si fuera poco, está claro que la familia Le Pen nunca ha sido percibida como particularmente leal a las enseñanzas de Roma desde que Jean-Marie, el ya fallecido patriarca del clan, estuvo más que dispuesto a legitimar los ataques sistemáticos de Marcel Lefebvre contra Pablo VI y Juan Pablo II.
Para empeorar las cosas, aunque la inauguración de la fase final de la Sagrada Familia en Barcelona conmovió el corazón y la imaginación de los fieles católicos y de los entusiastas de la arquitectura en todo el mundo, la forma en que el Vaticano gestionó el encuentro con sobrevivientes de abuso en Madrid fue lamentable.
Como tal, es un tema clave en Francia, donde los colectivos de sobrevivientes se preguntan qué sucederá en el sur de Francia, el corazón católico del país, mientras ya se registran las primeras reacciones a la visita de León XIV procedentes de Argentina, uno de los tres países latinoamericanos de su gira de principios de noviembre.
Más aún cuando, recientemente, medios franceses y argentinos publicaron detalles sobre un sacerdote argentino con acusaciones vigentes de abuso sexual clerical que ejerce su ministerio en la Basílica de Nuestra Señora de Lourdes, el sitio exacto donde el papa León tiene programado reunirse con los obispos de Francia. Si bien tendrá un encuentro con sobrevivientes de abusos, si su visita a España sirve de modelo, este permanecerá privado, sin registro en el itinerario oficial y al margen del registro público.
Esa postura defensiva calculada, que acaso busca una “denegación plausible” para evitar el impacto institucional, dista mucho de lo vivido en Filadelfia en 2015, donde el papa Francisco estuvo dispuesto a mirar a las víctimas de frente, asumir la responsabilidad pública e intentar enmendar un error de manera oficial, como lo documenta el texto enlazado después de este párrafo al comparar cómo gestionó Roma el encuentro de 2015 con las víctimas en Filadelfia frente al de Madrid en 2026.
¿Primavera latinoamericana?
Desde el viaje apoteósico de Pablo VI a Colombia, en 1968, en el Vaticano los viajes a América Latina se percibían como oportunidades para «mostrar músculo». Luego de la visita de Juan Pablo II a México en 1979, planificar un viaje papal a América Latina se consideraba un éxito garantizado. Incluso durante las visitas de los papas Benedicto XVI y Francisco a México, Estados Unidos y México en 2012, 2015 y 2016, respectivamente, la idea de que un pontífice era capaz de convocar a multitudinarias muchedumbres de este lado del Atlántico era casi un hecho dado.
Vídeo de la TV pública de Colombia sobre la visita de Pablo VI en 1968.
Todo eso terminó cuando el papa Francisco pisó, en enero de 2018, Santiago de Chile. Aunque hubo personas dispuestas a lucir los colores amarillo y blanco, las calles de Santiago y de otras ciudades chilenas carecieron de las multitudes entusiastas, dispuestas a hacer fila sólo para tener la oportunidad de ver al pontífice visitante.
En aquel momento, se esgrimieron todo tipo de excusas para explicar la ausencia de fieles. Francisco estuvo dispuesto incluso a romper con el protocolo y aceptó una entrevista «banquetera» con medios argentinos minutos antes de una actividad.

De manera reveladora, lejos de reconocer los muchos errores cometidos por su iglesia al manejar las acusaciones contra Fernando Karadima y el grupo de cuatro obispos que él mismo había logrado promover a tal posición, Francisco metió las manos a la lumbre por el entonces obispo de Osorno, antiguo obispo castrense del país y, a todas luces, pieza clave en las prácticas depredadoras a gran escala de Karadima en uno de los barrios más exclusivos de Santiago: Providencia.
Aún no está claro qué movió al papa Francisco a hacer una firme defensa de Juan de la Cruz Barros Madrid. El caso es que, al día siguiente, el cardenal Seán O'Malley, ahora arzobispo emérito de Boston y presidente emérito de Tutela Minorum, vio la necesidad de salir de Boston y alcanzar a Jorge Mario Bergoglio en Lima para hablar con él sobre las implicaciones de su entrevista con la televisión argentina.
Como consecuencia, Francisco dio marcha atrás en su vehemente defensa de Barros Madrid. Pocas semanas después, pediría a toda la Conferencia Episcopal de Chile que se reuniera con él en Roma, donde les solicitó la renuncia. Aunque cumplieron, en muchos casos la renuncia nunca llegó a materializarse.
Para nombrar el ejemplo más flagrante de ello, el cardenal Fernando Chomalí Garib era en aquel momento arzobispo de Concepción, pero su renuncia nunca fue aceptada en la práctica y, tras la prematura renuncia de Barros Madrid, Chomalí Garib fue nombrado administrador apostólico de Osorno, para luego ser promovido a arzobispo de Santiago de Chile en 2023.
Lo que es peor, ya desde sus días en Concepción y Osorno, Chomalí Garib se ganó la reputación de ser poco propenso a reconocer los reclamos y críticas de los sobrevivientes de abusos sexuales. Asumió a regañadientes Osorno como administrador apostólico en relevo de Barros Madrid, a pesar de las acusaciones formuladas en su momento contra Barros por muchas de las víctimas de Karadima.
En su mente, el cambio de parecer del papa Francisco tras su reunión con el cardenal O'Malley debería ser más que suficiente, y quien no acepte su manera de ver las cosas es bloqueado por él en las redes sociales.
Las posibilidades de que haya grandes multitudes en Uruguay para aclamar y recibir al papa Prevost son, en ese sentido, menores que las probabilidades que enfrentó el papa Bergoglio durante su viaje de 2018 a Chile y Perú.
No sólo lo que quedaba de Uruguay como nación católica es el fantasma de un pasado lejano, sino que las posibilidades de que ocurra algo similar durante los días de primavera austral de Prevost en Buenos Aires son bastante altas.
Tres documentos
A diferencia de lo que ocurre en Europa, donde la Iglesia Católica parece incapaz de «mover la balanza» al abordar los efectos de la migración, en América Latina hay que mirar los efectos de los múltiples casos de abuso sexual por parte del clero, tal como ocurrió en 2018 en Chile, para encontrar a uno de los potenciales culpables de la pérdida de confianza en la jerarquía católica que explica el vaciamiento de los templos y, potencialmente, la débil respuesta a las manifestaciones públicas y masivas de fe que en Argentina, al menos, se verán afectadas por otros grados de complejidad.
Basta comparar cómo los sobrevivientes de abuso sexual de Francia abordan la visita del papa Prevost a su país como una oportunidad para entablar un diálogo y resolver los múltiples temas pendientes, con el modo en que los sobrevivientes argentinos del mismo flagelo rechazan categóricamente cualquier comunicación con León XIV durante sus días en Argentina.
Carta de los sobrevivientes franceses, español después del original francés y la traducción al inglés.
La carta de los sobrevivientes franceses aparece arriba de este párrafo en formato PDF en francés, inglés y español (original disponible aquí en Facebook), mientras que la declaración de los sobrevivientes argentinos aparece tanto en español como en inglés después de este párrafo (original disponible aquí en Facebook).
Las diferencias existentes en ambos documentos no son reflejo de las personalidades de sus autores y firmantes, sino de sus experiencias. Mientras que los sobrevivientes franceses pueden apelar a la experiencia de la Comisión de Reconocimiento y Reparación, en Argentina no existe nada semejante.
Todo lo contrario. Como han demostrado varias historias publicadas por esta serie a lo largo de los años, a pesar de la posición ocupada durante más de doce años en Roma por Jorge Mario Bergoglio, el antiguo arzobispo de Buenos Aires, su influencia ayudó a que los depredadores evadieran la justicia argentina y, como ocurre en toda América Latina, la mayoría de los obispos católicos en Argentina siguen haciendo todo lo posible por proteger a los depredadores mientras castigan e incluso destruyen la vida y la reputación de los sobrevivientes.
Basta repasar el caso de Julio César Grassi, el primero de la entrega «Siete casos de abuso sexual a manos de clérigos» de 2024, enlazada arriba, para comprender la resistencia institucional que enfrentan los sobrevivientes en Argentina.
El mismo patrón resulta evidente en el caso de Kevin Matías Montes (véase el texto enlazado arriba), sobreviviente de abusos cuando era seminarista en la Argentina del siglo XXI, o en la búsqueda de justicia durante 30 años por parte de Hernán René Rausch. Rausch recurre ahora a la Corte Interamericana de Derechos Humanos como último recurso, después de que los jueces argentinos insistieran en la prescripción de la acción penal para proteger a quien ahora es ya un exsacerdote, laicizado por la Iglesia Católica, tal como se detalla en el texto enlazado después de este párrafo.
Esos tres casos argentinos son cualquier cosa menos anomalías. Tanto Montes como Rausch pertenecen a grupos numerosos atacados por depredadores en sus diócesis de origen y Grassi fue el equivalente de un “influencer” católico en la Argentina de los noventa y la primera década de este siglo, con una activa presencia en medios y la entonces emergente internet que a final de cuentas no fueron otra cosa que una maraña de coartadas para sus prácticas abusivas con menores a su cuidado.
La manera en que otras redes latinoamericanas de sobrevivientes se adhieren al comunicado argentino debería advertir a los burócratas en el Vaticano sobre el agotamiento de un modelo de acercamiento desdeñoso a los sobrevivientes y la ausencia general de verdaderas soluciones. Aunque tiene sentido enfatizar la prevención, el hecho es que hay nuevos casos. Y si uno va de América Latina hacia el poniente, hasta dar con Nueva Zelanda, el relato es tristemente el mismo.
El sábado, la red de sobrevivientes de Nueva Zelanda publicó un desalentador comunicado sobre los efectos devastadores que la estrategia de defensa de la Iglesia Católica tiene en los sobrevivientes y cómo el énfasis reciente en la escucha, la prevención y la salvaguarda se queda corto al ofrecer alguna solución real a los problemas acuciosos que viven ellos o sus familiares y amigos. Su mensaje está disponible en inglés y español como PDF después de este párrafo o aquí en Facebook.
Declaración de los sobrevivientes de Nueva Zelanda. Traducción al español después del original en inglés.
Lo que es peor, es difícil imaginar un problema que sea tan similar en países y culturas tan distintas entre sí como Francia, Argentina y Nueva Zelanda que hace muy difícil distinguir los agravios que viven los sobrevivientes en cada uno de esos países.
A medida que se acercan las visitas a Francia, Uruguay, Argentina y Perú, esta serie continuará dando cuenta de la manera en que transcurren los viajes en sí, pero también sobre la dificultad de retratar las giras papales, con reuniones privadas con sobrevivientes seleccionados, como una solución viable a los múltiples casos que configuran una crisis como esta.

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Un resumen de este texto está disponible en audio después de este párrafo.
Nota de producción: El texto del resumen, como el principal, fueron escritos y editados sólo por el autor. La grabación de la lectura del audio se hizo con una herramienta de texto-a-habla (Microsoft Word vía Web). La IA se usó sólo para generar la voz y no para la creación del contenido.