Curas que amenazan de muerte a quienes denuncian el abuso sexual
José Adolfo Chávez Amezcua , cura de San Juan Aquixtla, Puebla, parroquia de la arquidiócesis de Tulancingo.

Rodolfo Soriano-Núñez

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José Adolfo Chávez Amezcua, cura de San Juan Aquixtla, Puebla, amenaza de muerte a la madre de una víctima de abuso de otro clérigo.

Para amedrentar a la madre de la víctima de abuso se presenta como amigo de un candidato a presidente municipal de Chignahuapan, Puebla.

Por Rodolfo Soriano-Núñez

Hace poco más de un año, el papa Francisco publicó uno de los documentos mejor logrados de su pontificado sobre la respuesta debida a las acusaciones de abuso sexual que él llamó "espiritualidad de la reparación".

Es un llamado a los clérigos de su iglesia a dejar la actitud belicosa que les caracteriza desde que, a principios del siglo pasado, se configuró la manera en que la Iglesia Católica enfrentó durante el siglo XX las acusaciones de abuso sexual.

Es un modelo que revictimiza a las víctimas y justifica todo lo que hacen los clérigos en la defensa de supuestos enemigos de esa iglesia. Es la razón por la que durante lo peor de la crisis que inició en los ochenta del siglo pasado, obispos, cardenales y los papas mismos negaban que ocurriera el abuso o lo minimizaban. Lo que es peor, cuando las condiciones lo permitían, atacaban a las víctimas y, sobre todo, a sus familias, culpándolas de los posibles males que enfrentara la Iglesia Católica en sus países o a escala global.

Era un modelo que legitimaba los ataques a las víctimas, pues las convertía en enemigas de la institución. Aunque es un estudio centrado en la práctica del derecho en el mundo de habla inglesa, este artículo 2019 da cuenta de la manera en que ese modelo alentaba el conflicto. En el texto, disponible aquí, su autor, Mayo Moran, académico de la facultad de Derecho de la Universidad de Toronto señala:

El litigio constante no ayudaba a la imagen de la Iglesia (Católica) que continuaba defendiéndose de manera agresiva en las cortes. La problemática continuidad entre cómo trataba la Iglesia las primeras acusaciones de abuso y cómo abordaba las demandas judiciales hablaba de una actitud, de un ethos, que privilegiaba los intereses de la institución por sobre los de los menores.

En el texto del mensaje que el papa Francisco leyó ante los miembros de la Comisión para Prevenir Abusos Sexuales, la así llamada Tutela Minorum, el papa habla de la necesidad de que la Iglesia Católica use los recursos a su alcance para reparar, no para contribuir todavía más al encono y la confrontación.

Lamentablemente, al clero de la arquidiócesis de Tulancingo, parece importarle muy poco lo que dijo Francisco hace un año cuando hablaba de “cultivar el respeto y la gentileza de Dios”.

En aquella ocasión, el papa Francisco citó a la poeta estadunidense Maya Angelou para recordarles a los responsables de prevenir el abuso, que las personas podrán olvidar lo que han dicho, lo que han hecho, “pero la gente no olvidará nunca cómo la han hecho sentir”.

Eso es algo que los sacerdotes a cargo del arzobispo de Tulancingo, Hidalgo, Domingo Díaz Martínez, parecen no estar dispuestos a comprender.

No debería sorprender que sea así, dado que esa arquidiócesis es una de las muchas que en México ha decidido hacer un papalote del llamado del papa Francisco a crear una comisión para prevenir abusos, como se hizo ver en un texto publicado recientemente en estos espacios.

 

 

La arquidiócesis de Tulancingo, de donde viene el caso que se considera en esta entrega, está mayormente situada en el estado de Hidalgo. Incluso la capital de este estado, Pachuca, está situada en esa sede episcopal, pero toma algunos municipios del poniente del estado de Puebla, entre ellos los de Chignahuapan y, sobre todo, Aquixtla, como se puede ver en el mapa que aparece inmediatamente después de este párrafo.

 
Diócesis católicas del estado de Hidalgo. La de Tulancingo incluye territorio del estado de Puebla. Mapa base de Google Maps/INEGI

Es un municipio muy pequeño, de menos de diez mil habitantes, ubicado en las faldas de la Sierra Madre Oriental y el Eje Volcánico Transversal, del que forman parte los picos más altos de México: el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl.

Una pista para comprender la vida en este municipio de Puebla la ofrece un cuadernillo publicado en 2010 por el INEGI, disponible aquí, que hace ver que el 64.07 por ciento de su territorio no es apto para la agricultura, por lo que sus habitantes deben buscar otros medios de subsistencia.

Es un centro religioso de alguna importancia regional por la devoción al así llamado Nuestro Padre Jesús, una advocación de Jesús de Nazareth cuya imagen principal, aunque doliente, similar a la del Ecce Homo, de uso frecuente en las representaciones del Vía Crucis de Semana Santa, está completamente vestido.

El templo parroquial que tiene a esa imagen de Jesús como patrono es relativamente reciente, pues se completó en 1864 y es el único monumento histórico que el INEGI reconoce como tal en el cuadernillo ya citado.

 
La imagen de Nuestro Padre Jesús en la Basílica de Guadalupe. Del grupo de Facebook Devotos de Nuestro Padre Jesús.

Hay celebraciones en las que se le lleva en procesión tanto en Aquixtla, como en algunos barrios de Xochimilco en la Ciudad de México, donde desde hace muchos años se han asentado personas que van y vienen entre la capital de la República y la zona montañosa que separa a Puebla de Hidalgo.

Aquixtla se localiza a casi 90 kilómetros al norte de Puebla capital, a 55 kilómetros al sureste de Tulancingo, Hidalgo, y a poco más de 125 kilómetros al oriente del Centro Histórico de la Ciudad de México. Todo su territorio se encuentra por encima de los dos mil metros sobre el nivel del mar y algunas porciones llegan a ubicarse incluso ligeramente por encima de los tres mil metros, lo que deja ver qué tan accidentada es su orografía, su terreno.

Ello explica que, a pesar de ser un municipio de Puebla, pertenezca en términos de la estructura de la Iglesia Católica en México, a la arquidiócesis de Tulancingo, que se ubica a casi la mitad de la distancia de la capital poblana y con la que históricamente ha habido mayor contacto y comunicación por vía terrestre ya desde tiempos de la Colonia.

 
Ubicación de Aquixtla, Puebla respecto de Puebla capital, Tulancingo, Hidalgo y la Ciudad de México. Mapa base de Google Maps/INEGI.

Que la parroquia esté en Puebla, pero la arquidiócesis esté en Hidalgo ha sido un problema en el caso que ocupa esta entrega por las dificultades para conciliar los trámites que involucran, aunque aparentemente haya división del Estado y de la Iglesia Católica, a los gobiernos de dos entidades de la República que, aunque gobernadas ambas por el Movimiento de Regeneración Nacional, no siempre se comunican con la rapidez que ameritaría el caso.

Se trata de un asunto, además, que ya ha sido resuelto a favor de la víctima tanto por la jerarquía de la Iglesia Católica como por la autoridad en Puebla. En la ruta eclesiástica, existe el registro de una suspensión del diácono. En la ruta civil, hay una sentencia en primera instancia. Sería de suponerse que, si no hay apelación, eso sería suficiente para que se laicizara al diácono originalmente acusado de violación de un menor de edad, de siete años cuando fueron los hechos, en 2021.

 
Fotografía del decreto expedido por la Arquidiócesis de Tulancingo.

Aunque la decisión de la arquidiócesis de Tulancingo ayuda a otras posibles víctimas a futuro, no va al fondo de la cuestión que es -como suele ser el caso en México y otros países de América Latina- el hecho que la jerarquía católica no se hace responsable de los actos de sus clérigos.

Incluso hasta ese punto, este sería un caso como cualquier otro de los que ocurren de México a Chile y Argentina. El problema en este caso es que, al abuso perpetrado contra el niño de 7 años, se suman ahora las amenazas que el párroco de San Juan Bautista Aquixtla hace llegar, por medio de terceras personas, a la madre de la víctima a la que advierte de no poner pie en la parroquia del lugar, ubicada en la calle Juan María Bonilla no. 12, en el centro de San Juan Aquixtla, la cabecera del municipio.

El párroco del lugar es el presbítero José Adolfo Chávez Amezcua. Se trata de una suerte de celebridad local que entre otras cosas promueve ahora la construcción de una estructura monumental de la imagen de Nuestro Padre Jesús entrelazada con una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, como se puede ver en el vídeo que aparece inmediatamente después de este párrafo.

Sus propuestas no son siempre las más inteligentes o atinadas para sus fieles o para él mismo. En enero de 2021, dominado por la oleada de machismo espiritual que llevó al hospital o al sepulcro a más un clérigo, católico o de otras denominaciones, Chávez Amezcua decidió organizar una procesión sin observar las medidas de precaución necesarias contra el coronavirus y enfermó.

De ello da cuenta esta nota de un medio de Puebla en la que se incluye una foto que lo presenta obligado a depender de un tanque de oxígeno luego de que, sin importarle las consecuencias, organizó su procesión.

Hay otros vídeos de él en el que aparece como el celebrante principal de misas con presencia de gran cantidad de fieles que veneran la imagen de la parroquia de Aquixtla, como el que aparece inmediatamente después de este párrafo, que es de donde se toma la secuencia de imágenes que aparece como principal de este texto.

Además, presume su relación con políticos locales, como en el caso de Juan Lira Maldonado, candidato a alcalde del municipio vecino de Chignahuapan, también de Puebla, pero que también depende en términos religiosos de la arquidiócesis de Tulancingo.

Fue justamente esa relación con Lira la que presumieron los mensajeros de Chávez Amezcua cuando amenazaron a la madre de la víctima de abuso sexual de Gerardo Espinosa Rubí, el diácono de la arquidiócesis de Tulancingo, cuya “suspensión del ejercicio del orden sacerdotal” es, hasta ahora, la única medida concreta que ha tomado la Iglesia Católica para castigar al clérigo acusado de esta violación, luego de que personas del lugar estuvieron a punto de lincharlo en octubre de 2021.

En la ruta civil se le impuso a Gerardo Espinosa Rubí una pena de 21 años. Como suele ser el caso en México, no hay garantía de que la sentencia se sostenga si hay apelaciones, pero debe hacerse notar que ya desde que se supo de esa sentencia en diciembre de 2023, la madre de la víctima hacía ver que había sido amenazada por el párroco de San Juan Aquixtla, como se puede ver en esta nota que da cuenta de la sentencia impuesta a Espinosa Rubí (ver también esta nota).

Es difícil saber qué lleva al presbítero José Adolfo Chávez Amezcua a amenazar a la madre de la víctima por segunda ocasión en menos de un año. Es más difícil entender por qué involucraría en una amenaza a un candidato a presidente municipal de otro municipio de Puebla.

 
Felicitación a Amezcua, párroco de Aquixtla, que amenaza a madres de víctimas de colegas clérigos. Publicada en septiembre de 2018

Lo que queda claro es que estas son las situaciones en que uno supondría que lo dicho por el papa Francisco debería servir de algo. Tristemente no es así. Domingo Díaz Martínez, arzobispo de Tulancingo no crea la comisión para prevenir abusos que, de manera expresa, han solicitado sus superiores en Roma.

Tampoco atiende el llamado del mensaje del papa Francisco del 5 de mayo de 2023 a asumir una espiritualidad de la reparación. No es de sorprender que, en esa lógica, el cura de San Juan Aquixtla, confiado en su condición de celebridad de una población rural de México crea que tiene la capacidad para infundir miedo en una persona que sólo pide que se haga justicia.

Chávez Amezcua, su superior el arzobispo Díaz Martínez y muchos clérigos más, siguen sin entender lo sustantivo del mensaje de Francisco del 5 de mayo de 2023: “la gente no olvidará nunca cómo la han hecho sentir” y los clérigos mexicanos lejos de hacerles sentir respetados, los humillan y, en este caso, agregan el componente de las amenazas de muerte, cuando la Conferencia del Episcopado Mexicano se dice comprometida a impulsar una cultura de paz en México.

 

 

Y debe quedar claro que la víctima a la que hace referencia este texto, cuya identidad se protege, desde luego, no es la única. Medios de comunicación de Puebla han dado a conocer tanto casos de abuso, como la reacción, uno podría calificar de paquidérmica, de las autoridades del estado de Puebla, así como de la jerarquía católica de Puebla e Hidalgo, frente a las acusaciones que se hacen a sus clérigos.

Apenas ayer un diario de la ciudad de Puebla daba a conocer cifras acumuladas entre 2019 y 2022, según las cuales se presentaron seis denuncias contra clérigos, de las cuales sólo una mereció una condena, otra más está clasificada como en "no ejercicio de la acción penal" y otra más aparece como "suspensión del proceso". Las otras tres están en una situación incierta.

 

 

En ese sentido, es claro que aunque la actitud de los clérigos es contradictoria, por decir lo menos, respecto de lo que pide e instruye el máximo jerarca de su iglesia, la actitud de las autoridades también deja mucho que desear, pues en los hechos protegen a los agresores.

Lo que es peor en el caso de los clérigos es que actúan de esta manera justo cuando, como lo demuestran los dichos del obispo de Cuernavaca, Ramón Castro, acerca del caso del obispo emérito de Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel, la jerarquía católica predica de manera contradictoria. Por un lado, dice hablar con la verdad y de no acusar sin pruebas, pero eso es lo que ha hecho Castro, el también secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano al defender el prestigio de su colega, el emérito de Chilpancingo, como se puede ver en el texto que aparece vinculado inmediatamente después de este párrafo.

 

En la primera versión de este texto se cometió un error al identificar al cura de Aquixtla como José Adolfo Amezcua Sánchez. Su nombre correcto es José Adolfo Chávez Amezcua.

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