Más de 124 mil desaparecidos en México.
Rostros de ausencia
Por Ivonne Cárdenas
La tarde es fresca, aunque el sol arde en lo alto. Hay algo en el aire, una mezcla de grises y negros que se funde con destellos rojos. Llego al Zócalo de la Ciudad de México y me encuentro con rostros marcados por la rabia, la tristeza y la desesperación. Son cientos, quizá miles, unidos por un mismo fin: encontrar a sus desaparecidos.
Algunos llevan años en la incertidumbre, otros apenas meses, pero todos han aprendido a vivir con la ausencia. Han perdido la sonrisa, sus mejillas están surcadas por lágrimas y sus ojos desorbitados parecen buscar en el vacío. Caminan, avanzan con pies cansados, sosteniendo pancartas con nombres que resisten al olvido.
Los gritos se confunden con el murmullo del viento. «¿Dónde están?», repiten sin cesar. Cada consigna es un eco que se estrella contra los muros de Palacio Nacional, un reclamo que se niega a ser ignorado. La ciudad observa, las redes replican, pero ellos siguen ahí, con la misma pregunta sin respuesta.
A su alrededor, un mar de zapatos vacíos dibuja ausencias sobre el asfalto; huellas que ya no caminan, pasos interrumpidos. Entre ellos, velas encendidas titilan con el viento, como si cada llama susurrara un nombre, un recuerdo, una promesa: seguirán buscándolos hasta encontrarlos.
El sol se apaga y la noche envuelve la plaza, pero ellos no se van. Siguen de pie, como sombras que resisten, como faros en medio de la bruma. Porque el amor no conoce el olvido, porque cada nombre pronunciado es un latido que se niega a desaparecer. Y así, en la penumbra, con el alma herida pero el corazón firme, siguen esperando, siguen buscando... siguen amando.

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Fuente: desdelascamaras.online