Abuso sexual, una violencia normalizada por el silencio de las instituciones.
Por Virginia Ilescas y Héctor Ortega
Abuso sexual e impunidad dan forma en las universidades mexicanas a una paradoja tan aberrante como aterradora.
Las universidades se disocian cada vez más de las denuncias hechas por mujeres víctimas de agresiones sexuales, alumnas, docentes y trabajadoras administrativas. Más si se trata de quienes escuchan, apoyan y hacen eco a estas denuncias.
Al mismo tiempo, los directivos de las instituciones de educación superior se desviven por formular e implantar reglamentos, códigos, comités de ética, para tratar de probar su compromiso, sus convicciones contra el abuso.
Las reglas y los resultados de las reuniones se publican en sus portales. Sus cuentas de redes sociales, tanto personales como institucionales, se pintan de naranja cada día 25 del mes en curso y de morado cada 8 de marzo.
No obstante, esas maquinarias institucionales son utilizadas con también para acallar toda denuncia de abuso o acoso.
Es una verdadera conspiración del silencio "justificada" con un mismo argumento: no desprestigiar a la institución. Como si exigir justicia probara defectos en la academia.
Que sea así, crea una paradoja y un absurdo: las instituciones que se dicen preocupadas por combatir el abuso y el acoso, hacen hasta lo imposible por impedir que se hable de abuso y acoso.
Lejos de ayudar a las víctimas, sean académicas, empleadas o estudiantes, ayudan a los depredadores, al facilitar la impunidad en la academia.
Un ejemplo de ello es el Sistema de Universidades del Estado de Oaxaca, el SUNEO que, en noviembre de 2020 despidió a Virginia Ilescas, coautora de este texto.
Se le despidió por haber ayudado a alumnas de la Universidad del Istmo, la Unistmo, campus Ixtepec, a denunciar el acoso al que eran sometidas por sus profesores. Ello ocurrió a pesar de que ella contaba con medidas cautelares desde febrero de ese año. Fue entonces, cuando las alumnas de esa institución decidieron decir basta a los abusos a los que eran sometidas.
En el papel, el SUNEO dice ofrecer educación para que sus estudiantes crezcan, se desarrollen, sean mejores personas. En los hechos, el SUNEO castiga a quienes tratan de hacer realidad ese objetivo, sean las estudiantes que padecen el abuso o sus profesores que les ayudan a denunciarlo.
Las medidas cautelares fueron extendidas por la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca, y han sido ratificadas en distintas oportunidades por las autoridades del estado de Oaxaca.
Se acata, pero no se cumple
Incluso la máxima autoridad judicial, el Tribunal Superior de Justicia del Estado de Oaxaca lo hizo, aunque de manera confusa, el pasado 20 de abril.
Ese día, la cuarta sala constitucional de ese órgano rechazó el recurso de cumplimiento de la recomendación 04/2021 de la Defensoría, que se puede consultar aquí mismo.
Al mismo tiempo ordenó un “cumplimiento parcial de la recomendación”. Sentencia inexplicable puesto que la investigación se realiza a petición de las víctimas, con procedimientos avalados por la Defensoría, que los tribunales desestiman.
Las autoridades responsables de cumplir esta sentencia son el hoy finado rector fundador del SUNEO, Modesto Seara Vázquez. Luego de su muerte, el 26 de diciembre de 2022, la responsabilidad de cumplir con la recomendación de la Defensoría recae en quien le sucedió en el cargo, María de los Ángeles Peralta. También es responsable la vicerrectora de la Unistmo en Ixtepec, Cora Silvia Bonilla Carreón, plantel en el que ocurrieron los delitos y violaciones de los derechos humanos de las alumnas y docentes.
Hasta hoy la todavía vicerrectora en funciones, es uno de los cuatro funcionarios del SUNEO coludidos, señalados como responsables directos de los actos violatorios, además de estar imputados por la Fiscalía de Oaxaca por diversos delitos en contra de los profesores Monserrat Sánchez Moreno y quienes firmamos este texto, Virginia Ilescas y Héctor Ortega Martínez.
Nuestro delito fue acompañar a las alumnas que tuvieron el valor de denunciar el acoso sexual por parte de profesores de dicha universidad.

Virginia Ilescas Vela, coautora de este texto, despedida del SUNEO por apoyar a sus alumnas a denunciar el abuso del que eran objeto en UNISTMO.
Nuestro delito es ayudar, como lo hace cualquier amicus curiae, es decir, un coadyuvante de las autoridades en un régimen democrático, en las denuncias ante las instancias de procuración de justicia de Oaxaca.
Ante la opinión pública, los académicos nacionales y extranjeros y las autoridades estatales y nacionales, Seara es el responsable de violaciones a derechos humanos fundamentales de las alumnas denunciantes, así como a los derechos humanos y laborales de las dos profesoras y el profesor que acompañaron a esas alumnas en su decisión de recurrir a las autoridades. Y aunque parezca absurdo, es necesario insistir en esto. Ni las alumnas ni quienes les ayudaron, recurrieron a la violencia individual o de grupo. Se recurrió a las autoridades y por ello se despidió a Virginia Ilescas Vela.
Homenajes y monumentos
Lejos de reconocer el error en el que Seara incurrió, de manera ominosa, el 5 de mayo de 2023, la rectora interina María de los Ángeles Peralta programó un homenaje póstumo a su predecesor.
Aprovechó la actividad para anunciar la construcción de un obelisco para contener las cenizas de Seara en uno de los 18 planteles del SUNEO. Estas acciones y los recursos públicos necesarios para hacerlas realidad resultan contradictorias en una entidad empobrecida como Oaxaca. Forman parte de una campaña de la rectora recién nombrada y su equipo de funcionarios para legitimar las decisiones de Seara. Refleja, además, su propia decisión de insistir en esas actitudes y, sobre todo, acallar cualquier crítica a la manera en que la institución se conduce. Constituyen, además, una monumental burla a las alumnas y académicos del SUNEO.
La más grande parodia de justicia, que desmiente las promesas de justicia y contradice los alegados esfuerzos para erradicar el abuso y el acoso de las aulas del SUNEO. Es, no cabe duda, la más grotesca que se haya visto en una institución de educación superior de América Latina.
Seara, fue rector vitalicio de los 18 planteles que dan forma al SUNEO, desde 1988. El SUNEO es una red de universidades públicas estatales, cuyo germen fue la Universidad Tecnológica de la Mixteca (UTM), creada durante la administración del exgobernador Heladio Ramírez, gobernador de 1986 a 1992. Ramírez y sus sucesores en la gubernatura hicieron de Seara un cacique. Ellos hicieron del SUNEO un feudo personal de Seara durante más de tres décadas.

Ulises Ruiz, segundo de izquierda a derecha, en 2010 inaugura el campus Ocotlán de Nova Universitas. Seara, extrema derecha, sostiene la placa. Foto: Gubernatura de Oaxaca.
El cacicazgo de Seara le garantizó estar exento de rendir cuentas. Durante sus años como rector, no dudó en despilfarrar los recursos del pueblo de Oaxaca. Por ejemplo, cada plantel del SUNEO, cuenta con una casa para el rector que, por obvias razones, no podían ser ocupadas todas al mismo tiempo por el rector, lo que resultaba en un dispendio. Ello fue posible porque el SUNEO opera en un monumental vacío jurídico.
A pesar de que otras universidades públicas en México son creadas por decretos del poder ejecutivo federal o de los de los estados, además de ese acto de fundación, hay leyes orgánicas, de carácter federal o estatal, que amparan el funcionamiento de las instituciones.
Colección de cargos
En el SUNEO, en cambio, lo único que hay es una colección de decretos del Poder Ejecutivo del estado que, uno a uno, concentraron más y más poder en Seara. Primero como rector de la Universidad Tecnológica de la Mixteca, creada en junio de 1990; luego de la Universidad del Mar, de septiembre de 1992.
Diez años después, se crearon la Universidad del Istmo y la Universidad del Papaloapan, en junio de 2002; al año siguiente se sumó al feudo la Universidad de la Sierra Sur, en abril de 2003.
Dos años más tarde la Universidad de la Sierra Juárez, en abril de 2005. El año siguiente se sumaron dos más: la Universidad de la Cañada, en febrero de 2006 y la Universidad de la Costa, en marzo de 2006. Tres años después, en abril de 2009, se sumó la llamada Nova Universitas. Finalmente, en 2013, hace diez años, se creó la Universidad de Chalcatongo.
Algunos de los decretos de creación de cada una de las diez instituciones se pueden consultar en esta página, llamada Legislación Universitaria. Quien consulte esa página encontrará que no hay ley alguna. Hay decretos y reglamentos.
En otros repositorios es posible, eso sí, consultar la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo del Estado de Oaxaca. En ella hay dos referencias a “las universidades” en los artículos 42 numeral XI y 46.C numeral VIII. Sin embargo, el primero sólo tiene que ver con la coordinación interinstitucional para regular la prestación del servicio social.
El segundo artículo habla, de manera muy general, de la manera en que debe procederse para celebrar convenios que favorezcan el desarrollo de las mujeres de Oaxaca.

Seara, con lentes para el sol. A su izquierda, el entonces gobernador, Alejandro Murat al inaugurar un Salón de Usos Múltiples en la Universidad del Mar de Huatulco, 23 de agosto de 2018. Del Facebook de Murat.
Además de los decretos de creación que vinculan a las universidades del SUNEO a la esfera del Poder Ejecutivo de Oaxaca, en la página de Legislación Universitaria también están varios de los reglamentos elaborados durante la gestión de Seara. También hay algunos “códigos”, más bien prontuarios, que dejan a la voluntad del rector la solución de los problemas.
Algunas de las páginas web de cada una de las universidades del SUNEO cuentan con información adicional. En los últimos meses, las páginas institucionales de las universidades del sistema SUNEO, han agregado vínculos a documentos del Poder Ejecutivo oaxaqueño en materia de hostigamiento y abuso sexual.
Por ejemplo, Nova Universitas, que cuenta con cuatro planteles en Ocotlán, San Jacinto, Juxtlahuaca y Nopala, agregó un enlace al Protocolo para la prevención, atención y sanción del hostigamiento sexual en la Administración Pública Estatal. Es un documento de 2021, común para las dependencias del Ejecutivo oaxaqueño, que no considera las peculiaridades del acoso en contextos académicos. Tan no lo considera, que las palabras “escuela” o “universidad”, por ejemplo, no aparecen en alguna de sus 34 páginas.
Y sí, es claro que el hostigamiento, el acoso y el abuso pueden ocurrir fuera de las universidades, pero también debería ser claro que las universidades y escuelas, operan en condiciones muy distintas a las de otras dependencias de gobierno.
¿Y los rectores?
A pesar de que los decretos de creación hablaban del nombramiento de rectores para cada una de las diez universidades que dan forma al SUNEO, Modesto Seara acumuló, uno tras otro, los nombramientos como “encargado” de todas y cada una de las universidades.
Gracias a esas lagunas e insuficiencias en la legislación del SUNEO, Seara tenía a su disposición 18 casas en cada uno de los planteles del Sistema, en distintos puntos del estado de Oaxaca. Todas equipadas con todas las comodidades durante el tiempo de su visita a cada plantel. Ello ocurría a costa del equipamiento de las aulas y oficinas para los estudiantes y trabajadores, académicos, administrativos u operativos.
Las instalaciones de los planteles del SUNEO carecen de condiciones para soportar horarios de más de ocho horas continuas en el único horario permitido. Lo que Seara llamaba un “modelo de universidad” era, en la práctica, un modelo caduco por decir lo menos. Un reflejo del fracaso de la educación pública superior en una entidad con una economía orientada al sector primario y al turismo, que tolera y uno podría pensar que alienta, rezagos sociales ancestrales.

La Señora de las Iguanas, monumento ubicado en Juchitán, se ha convertido en un símbolo de la resistencia de las alumnas víctimas de abuso sexual en el SUNEO.
En una situación de precariedad social generalizada, el SUNEO persiste en planes de estudio de licenciatura con duración de cinco años, además de un año de titulación, lo que retrasa la posibilidad de integrarse al mercado laboral antes de seis años.
Ello sin perder de vista que los planteles del SUNEO no se integran a la realidad económica de las regiones de Oaxaca. Ello propicia que, una vez titulados, sus egresados tengan que buscar trabajo fuera de sus regiones. Gracias a ello, un modelo que supuestamente debía evitar la llamada “fuga de cerebros”, más bien la alienta, como lo hacen otras universidades en México.
Lo que es peor. La negativa a reducir el término del ciclo de licenciatura, de cinco a cuatro años, así como la ausencia de mecanismos alternos a la presentación de una tesis de grado para la titulación, hace más difíciles las condiciones en las que los estudiantes del SUNEO se forman.
Fascismo académico
Seara mostró a lo largo de gestión un marcado desprecio a la capacidad de la comunidad universitaria para organizarse y tomar decisiones. Lo que valía eran sus opiniones, puntos de vista y sus decisiones. Él era el único capaz de definir el destino del SUNEO y quienes forman parte de él.
Es un modelo que, a pesar de las alegadas preferencias ideológicas de Seara, ciudadano español que no perdía ocasión para expresar sus simpatías con el bando republicano de la Guerra Civil de 1936 a 1939, hacía de él un líder fascista.
Era el líder como el único portador del “verdadero conocimiento”; el más sabio y experimentado; el único que sabe qué conviene a todos los demás, a quienes considera inferiores e incapaces.
Ello se puede constatar mediante el análisis de la estructura organizacional del SUNEO que, carente de una Ley Orgánica, sostenida por los decretos de los gobernadores que apostaban por el cacicazgo de Seara, hacían de él la autoridad máxima de un feudo.
Sólo así puede comprender que Seara pudiera extender su rectorado durante más de treinta años con el respaldo de gobernadores del tardo priísmo y del llamado Movimiento Ciudadano, con Gabino Cué, e incluso por unos meses del Movimiento de Regeneración Nacional con Salomón Jara.
Ninguno de los gobernadores de estos tres partidos han considerado necesario remediar el vacío jurídico en el que opera el SUNEO con algo tan elemental como una Ley Orgánica. Ello ha hecho del SUNEO algo inconcebible incluso en otros estados en México. No en balde, el SUNEO es un espacio que facilita el que las alumnas estén expuestas a agresores durante ocho horas y, literalmente, encerradas en los planteles.
Los planteles, además, son custodiados por personal armado, en algunos casos policías municipales; en otros se trata de personas de la confianza de los directivos, que imponen una visión estrecha, autoritaria de la disciplina académica.

El ingreso a la Biblioteca de la Universidad del Mar, Campus Huatulco, parte del SUNEO.
En el plantel Huatulco de la Universidad del Mar, por ejemplo, los alumnos, profesores, administrativos e incluso invitados tienen prohibido unir dos o más mesas de la cafetería.
Sus profesores, a pesar de las temperaturas que llegan a registrarse en ese destino turístico en los meses de verano, tienen prohibido usar bermudas o pantalones cortos.
Los jardineros y el personal de intendencia tiene la obligación de informar a los administradores de cualquier comportamiento que ellos consideren “sospechoso” de parte de los profesores o alumnos, incluida la vestimenta de los profesores o alumnos. Es un diseño institucional con un ambiente propicio para cometer acoso a la vista de toda la comunidad y con la complicidad de los directivos, en el que los jardineros vigilan a los académicos.
La escalada
Luego de que el 8 de marzo de 2020 se denunciaron el abuso y el acoso al que eran sometidas las estudiantes en Ixtepec, Seara inició una escalada de violencia contra las alumnas denunciantes y contra los profesores que las acompañaron en la presentación de las denuncias correspondientes.
Esta escalada incluyó el escarnio dentro del plantel. Ahí, a la vista de todos, se colocaron copias de oficios que exhibían a los profesores por ayudar a las alumnas a defenderse de sus agresores.
Lejos de reconocer que el acoso y el abuso ocurría, se presentó a quienes se defendían o ayudaban a las que se defendían como transgresores y peor aún, en la lógica del fascismo, como enemigos de la institución.

Notificación de la Fiscalía de Justicia de Oaxaca a cuatro de los imputados de hostigar a Virginia Ilescas Vela, entre ellos el entonces vicerrector Israel Flores Sandoval.
Se les construyó como rebeldes a las autoridades y los reglamentos, que tienen el tenue asidero que les dan los decretos de los gobernadores que crearon cada uno de los planteles. Se les señaló como enemigos de la institución; se hizo escarnio del trabajo, de la solidaridad con las estudiantes y del compromiso para evitar injusticias. Se incitó al odio. Se azuzó a los alumnos y a los docentes, que firmaban sendos comunicados donde afirmaron que desconocían los casos, que convocaban a las alumnas a hacerlos públicos y que la comunidad y el rector eran víctimas de una campaña de desprestigio.
Ello, a pesar de que ya para febrero de 2021, existían procesos en curso contra los exdocentes Silvio Félix N y José Guadalupe N, ante la Procuraduría General del Estado. Ambos, por cierto, negociaron acuerdos con Seara, que les permitieron deslindar a la universidad de cualquier responsabilidad.
El rector no escatimó recursos para acallar la denuncia pública. Estaba comprometido con la lógica de la conspiración de silencio y volcó todos sus recursos a ello.
Como parte de esa dinámica para acallar la denuncia pública, cesó de manera ilegal a Virginia Ilescas Vela. Para lograrlo se valieron de supuestas faltas al contrato laboral. Seara contó para ello con el apoyo del ahora destituido vicerrector Israel Flores Sandoval.
Para cumplir con las órdenes de Seara, para acallar a quienes denunciaban ante las autoridades, Flores Sandoval, recurrió a una de las peores tradiciones de la vida académica en México: el uso de porros. Los porros atacaron los domicilios de Ilescas Vela y de Ortega Martínez. Los ataques incluyeron amenazas de muerte si se les veía en los alrededores de la universidad. Para ello, los guardias armados que vigilan los planteles tenían ya órdenes de usar sus armas.
Luego de esta violencia extrema, Ilescas fue víctima de desplazamiento forzado. Para conservar su vida e integridad se ha visto obligada a cambiar su residencia constantemente, por lo que los daños a su persona, a su trayectoria académica y profesional son ya incalculables.
La simulación
El entonces gobernador Alejandro Murat Hinojosa aparentó interesarse por el tema. Por ello envió "a dialogar" a funcionarios de su gabinete; entre ellos a la titular de la Secretaría de la Mujer Oaxaqueña, Ana Vásquez Colmenares, ella misma hija de Pedro Vásquez Colmenares, exgobernador de Oaxaca de 1980 a 1985, y su secretaria, Edna Sánchez.
Al final, fue un ejercicio para desviar la atención hacia un juicio laboral. Le ofrecieron “ayuda” a Ilescas para que tomara la “oportunidad” de que la demanda laboral entrara a destiempo.

Ana Vásquez Colmenares (izquierda), Alejandro Murat y una acompañanete no identificada. Del Facebook de Vásquez, 21 de octubre de 2022.
La llevaron de una oficina a otra de la Ciudad Administrativa de la capital Oaxaca; le impidieron la entrada a quienes le acompañaban; la amenazaron con negarle el apoyo si se negaba a aceptar la propuesta, a pesar de que el gobernador ya había ordenado públicamente la reinstalación laboral y la atención a las víctimas.
Fue parte de la estrategia del ahora exgobernador Murat Hinojosa para simular interés en los casos de violencia contra las mujeres en Oaxaca. Se trataba de presentar una cierta imagen en público, sin tocar los acuerdos que sostuvieron a Seara como rector vitalicio del SUNEO, acuerdos que habían sido nutridos—entre otros—por su padre, el también exgobernador José Murat.
No podría ser de otro modo. El cacicazgo de Seara en el SUNEO fue posible gracias a que contó con el respaldo de todos los gobernadores de Oaxaca. Ello garantizó la impunidad de Seara y sus subordinados. Las denuncias por despidos injustificados nunca tuvieron posibilidad de ser atendidas.
Era un mensaje claro a la comunidad universitaria de a qué tendrían que atenerse quienes se atrevieran a reclamar algún derecho o a interponer alguna queja o denuncia en contra del ejercicio faccioso y autoritario del poder del hoy finado rector vitalicio.
Las redes sociales también fueron espacio de denuncia, las alianzas con colectivas, aliadas, aliados de esta lucha que representa la lucha de las mujeres en las universidades de México, fueron violentamente atacadas. Tanto así, que dos veces lograron que la cuenta de Twitter de la colectiva Mujeres Universitarias UNISTMEÑAS (ahora @C_Nstme) desapareciera.
Para esos ataques recurrieron, de nuevo, al modelo de porros, tan cercano al estilo personal de gobernar de Gustavo Díaz Ordaz. El SUNEO legitimó el uso de los porros con la presencia de un grupo de estudiantes de la carrera de Derecho y de Administración Pública, a quienes las autoridades radicalizaron hasta convertir en rabiosos cazadores, dispuestos a atacar a quienes las autoridades del SUNEO presentaban como enemigos de la institución.
Esos alumnos, por cierto, todavía deben cumplir con la obligación de disculparse en público con las alumnas a quienes también violentaron tanto dentro como fuera del plantel, en medios locales y en redes sociales.
Cuando las denuncias se acumularon, Seara impuso—a finales de noviembre de 2020—a Cora Silvia Bonilla Carreón, como vicerrectora. Ella fue antes responsable de la jefatura de la carrera de derecho y primera funcionaria universitaria en conocer los casos de acoso sexual de docentes de dicho departamento contra varias alumnas.
Como los agresores eran docentes de esta carrera, Bonilla organizó en su condición de jefa de carrera el linchamiento público contra la profesora Monserrat Sánchez, a quien trató de despedir de manera fulminante. No lo logró gracias a la intervención de Ilescas y Ortega.
"Una golondrina no hace primavera"
La actual rectora, María de los Ángeles Peralta, tampoco se ha interesado por este tema. Ella fue nombrada por el actual gobernador Salomón Jara, surgido de las filas de Morena, quien reiteradamente hace manifestaciones acerca de la paz y la atención a la violencia contra las mujeres, similares en todo a las que hacía Ana Vásquez Colmenares, pero que no escatimó elogios a Seara cuando el rector vitalicio falleció.
No obstante, la actual rectora fue durante más de una década una fiel servidora de Seara Vázquez. Se le ha impuesto en el vacío legal que caracteriza al SUNEO, por el gobernador morenista para preservar el modelo autoritario del SUNEO.
Al nombrarla a ella, preserva un modelo que blinda al gobernador y al SUNEO, lejos de ser la flor de la alegada primavera oaxaqueña, parece más una continuación del invierno en el que la familia Murat y otros grupos de caciques del PRI y el Movimiento Ciudadano mantuvieron a Oaxaca.
El pasado 24 de abril de 2023, la rectora Peralta, estuvo en el auditorio de la Unistmo Ixtepec. Como lo hacía Seara, se negó a escuchar a los trabajadores y al alumnado, quienes le reclamaron las condiciones físicas del plantel y le recordaron la recomendación del ombudsman oaxaqueño. También le inquirieron sobre el aumento salarial correspondiente con el del resto de las universidades del país.
Lejos de responder y dialogar, Peralta replicó el cacicazgo de su predecesor con expresiones como:
No vine para eso; hoy no tengo tiempo; vine a decirles que el gobierno está muy contento con el SUNEO y, si quieren aumento salarial, pónganse a trabajar; consigan dinero, que el dinero no cae del cielo.
La justicia a medias en Oaxaca, el incumplimiento de la recomendación de la DDHPO 04/2021 que exige la reinstalación como profesora de Virginia Ilescas, así como la negativa a hacer efectivos los protocolos de atención y acceso a la justicia para las víctimas de la violencia de género tolerada y alentada por Seara y su cofradía de complicidades, incluyendo a la ahora rectora Maria de los Ángeles Peralta, demuestran que continúa y muy probablemente continuará la ola de violencia contra las mujeres en Oaxaca y ponen en entredicho los supuestos compromisos de Salomón Jara.
(Rodolfo Soriano-Núñez contribuyó con la edición de este texto).