El cruce de ultimátums entre Irán y Trump evidencia una escalada que trasciende lo retórico y acerca a ambos países a un punto crítico de confrontación.
Los Ángeles Press
La tensión entre Washington y Teherán escaló tras el ultimátum de 48 horas lanzado por el presidente estadounidense, Donald Trump, exigiendo a Irán garantizar la libre navegación en el estrecho de Ormuz bajo amenaza de ataques contra sus infraestructuras energéticas.
En respuesta, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, advirtió que cualquier ofensiva contra sus centrales eléctricas desencadenaría una “destrucción irreversible” de instalaciones críticas petroleras y energéticas en Oriente Medio. El mensaje, difundido en la red social X, eleva el tono de confrontación y coloca en el centro del conflicto a uno de los corredores estratégicos más sensibles del comercio energético global.
Qalibaf subrayó que una eventual respuesta iraní no solo tendría consecuencias militares, sino también económicas, al anticipar un aumento sostenido en los precios internacionales del petróleo.
Pese a la escalada retórica, Irán intentó matizar su posición respecto al tránsito marítimo. Desde Londres, su representante ante la Organización Marítima Internacional, Ali Musavi, aseguró que el estrecho de Ormuz permanece abierto a la navegación internacional, aunque introdujo una exclusión explícita: Estados Unidos e Israel. “El estrecho de Ormuz está abierto para todos, excepto para los enemigos”, declaró, en un mensaje que combina apertura formal con advertencia política.
Así, mientras Washington presiona con amenazas directas a la infraestructura energética iraní, Teherán responde con un doble discurso: por un lado, promete represalias de alto impacto regional; por otro, intenta sostener una narrativa de control sobre una ruta clave para el comercio global, sin cerrar completamente la puerta a la comunidad internacional.
Con información de Agencias