Ante Sheinbaum, García Harfuch presumió las cifras de homicidios, así como los decomisos de laboratorios clandestinos y de huachicol.
Sin embargo, los números de Sheinbaum sólo ofrecen alguna mejora cuando se les compara con los de AMLO. Ella tiene tres veces el número de homicidios que tenía Calderón al cierre del décimo mes de gobierno.
Los Ángeles Press
La actividad de este martes 8 de julio estuvo dedicada a celebrar los avances, al menos en la lógica y según los métodos de la Presidencia de la República, en materia de seguridad.
Qué tan pertinente es el enfoque que sigue Claudia Sheinbaum y su equipo es una pregunta ineludible, pues la presidencia insiste en compararse sólo con los números de delitos, exorbitantes desde cualquier perspectiva, que acumuló el sexenio de Andrés Manuel López Obrador.
El exmandatario, persistente en culpar a otros de las decisiones que él tomaba, encontró en la idea de culpar abiertamente de todas sus desventuras a Felipe Calderón Hinojosa, quien usó recursos igualmente absurdos para reforzar, contra toda lógica, el enfoque militarizado del supuesto combate al narcotráfico, un enfoque que hoy sabemos fue en gran parte simulado.
El enfoque, en realidad, lo inauguró José López Portillo en los años setenta, cuando lanzó la llamada Operación Cóndor en Sinaloa y otros estados de la corta noroeste de México, como se puede corroborar en este texto de una revista académica mexicana y en este otro del gobierno de México.
Así como Calderón creó de la nada el mito de un país que se le salía de control, cuando en los hechos Vicente Fox había logrado reducir el número de homicidios, López Obrador convenció a los mexicanos de que los casi 200 mil asesinatos de su sexenio son resultado de las decisiones que había tomado, seis años antes, Calderón, como se puede ver en la gráfica de TResearch International de México que aparece después de este párrafo.

En esa misma lógica, la de usar los datos que convengan, Sheinbaum y su gabinete de Seguridad han insistido en Palacio Nacional que la seguridad ha mejorado, pues, según afirman, se han reducido los índices delictivos. Sin embargo, esta afirmación solo es válida cuando se compara su gestión con la de López Obrador, como se puede ver en la gráfica que aparece después de este párrafo.

En esa gráfica, Sheinbaum y su equipo presumen el de 2025 como el junio más bajo y efectivamente señalan que sólo lo es desde 2016. No presentan, en ese sentido, una visión más completa de los datos, porque los datos ya no respaldarían la visión del actual gobierno como heraldo de una nueva época en materia de seguridad pública.
Como se puede ver en la segunda gráfica de TResearch International de México que aparece después de este párrafo, antes de que julio iniciara su segunda semana, Sheinbaum ya tiene dos mil 500 homicidios más de los que tenía Enrique Peña Nieto al concluir su décimo mes de gobierno.

Y si la comparación con Peña es incómoda, la comparación de Sheinbaum con cualquiera de sus predecesores es todavía más difícil de deglutir, pues tiene casi el doble de los homicidios que acumulaba el aborrecido Ernesto Zedillo Ponce de León, así como tres veces más los que tuvo al cerrar su décimo mes de gobierno, el igualmente aborrecido Calderón.

Como sea, en la lógica de Palacio Nacional, nada de eso importa, pues tanto Sheinbaum como Omar García Harfuch insistieron tanto como pudieron en los avances que según ellos se han logrado que, paradójicamente, lejos de convencer que se han cortado, por ejemplo, las redes de abasto de los laboratorios clandestinos que producen drogas sintéticas o las que sostienen al robo de combustibles, confirman lo opuesto.
Sólo hoy, García Harfuch aceptó la participación de al menos tres grupos criminales, el Cartel Jalisco Nueva Generación, la así llamada Barredora y el llamado Cartel de Santa Rosa de Lima, como involucrados en el llamado huachicol.
Dado que la Barredora y el grupo de Santa Rosa de Lima operan en el centro del país, confirma que en todo México, no sólo en la frontera, hay grupos capaces de montar laboratorios clandestinos para producir todo tipo de drogas sintéticas y confirman que hay una suerte de sector petrolero paralelo en todo México, que vive de perforar los ductos de Pemex que, a pesar de las reiteradas promesas de López Obrador y la propia Sheinbaum siguen siendo blanco de ese tipo de ataques.
Y algo similar puede decirse de la intervención que tuvo el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, quien habló de “reclamar a Israel” la autorización de la asistencia jurídica internacional para que las acusaciones hechas contra Peña Nieto queden en el vacío de denuncias que no se sostienen.
Aunque no sea imposible que se permita algo así, hay serias dudas de que eso sirva para aclarar el problema, cuando se considera el poco interés que ha mostrado Israel en atender los muchos reclamos que México ha presentado por el caso Pegasus y muchos otros.
Gertz Manero, en ese sentido, como hizo ayer la propia Sheinbaum, pareció dar por cierta la versión de Enrique Peña Nieto de que no hubo sobornos en la compra del software de Pegasus.

Pegasus es un programa de cómputo que usa para escuchar, vigilar y controlar a los críticos de distintos gobiernos del mundo.
Gertz Manero dijo haber abierto una carpeta de investigación pero reconoció que carece de información para proceder más allá de esa primera etapa de cualquier proceso.
Otro caso que volvió a aparecer en la actividad en Palacio Nacional es el del boxeador Julio César Chávez hijo, a quien se presentó hoy, como ya se ha hecho antes, como posible víctima de una campaña del gobierno de Estados Unidos para justificar de alguna manera las redadas contra personas indocumentadas en ese país.
Por último, Sheinbaum y los integrantes del gabinete de seguridad de su gobierno anunciaron el lanzamiento de una Estrategia Nacional contra la Extorsión, uno de los delitos que más afectan a distintas comunidades de todo el país.