Sheinbaum minimiza fracturas en Morena y recicla viejas defensas
Captura de pantalla de la transmisión del 17 de febrero de 2026.

Los Ángeles Press

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Sheinbaum dijo también pidió hablar de Karime Macías, la exesposa de Javier Duarte, actualmente preso, a quien el Reino Unido ofreció asilo político.

Como hacía Felipe Calderón con García Luna, Sheinbaum minimizó el alcance de los distintos pleitos y acusaciones mutuas que sacuden a su partido en la actualidad.

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La actividad de este martes 17 de febrero en Palacio Nacional estuvo marcada por la notoria molestia que causa en la titular de la Presidencia de la República el que se hable de los problemas que objetivamente existen en su gobierno y, sobre todo, entre los funcionarios y exfuncionarios de los distintos grupos y facciones que coexisten en el seno del Movimiento de Renovación Nacional.

Claudia Sheinbaum hizo todo lo posible por minimizar el alcance de las acusaciones hechas por Julio Scherer Ibarra, el exconsejero jurídico de la Presidencia de la República durante un tramo del sexenio de Andrés Manuel López Obrador.

El tema es especialmente sensible para Sheinbaum porque involucra, por un lado, a quien hoy funge como su coordinador de asesores y que durante todo el sexenio de López Obrador fue director de Comunicación Social y vocero de la Presidencia, Jesús Ramírez Cuevas.

También incide el conflicto interno entre Mario Delgado, actual secretario de Educación Pública, y Marx Arriaga, quien hasta hace unos días era responsable de los libros de texto y otros materiales en la SEP, y que ahora se aferra a un cargo que Delgado decidió eliminar del organigrama de la dependencia.

El pleito es más inflamable por las mutuas acusaciones de traición sea a las lealtades personales o a lo que cada uno de los involucrados estima que es o que debe ser la “Cuarta Transformación”. También porque, por más que Sheinbaum haga todo lo posible por minimizar los hechos, Arriaga y Delgado, así como sus respectivos alfiles y aliados, intercambian acusaciones e incluso insultos en redes sociales.

Arriaga, además, se ha atrincherado en lo que, al menos en el papel, eran sus oficinas en la SEP y que ahora, a juzgar por el pleito de banqueta, se han convertido en el refugio desde el cual se aferra a un cargo que primero le otorgó López Obrador y que Sheinbaum ratificó en 2024.

Sheinbaum intentó aplacar la situación con uno de sus recursos frecuentes: interpelar a quienes asisten a sus actividades matutinas con la pregunta “¿por qué no hablan de (Genaro) García Luna?”. Al exsecretario de Seguridad del gobierno de Felipe Calderón sumó también a Karime Macías, exesposa del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte.

Para azuzar a Morena contra Macías, Sheinbaum recurrió a las ya conocidas fotografías de los cuadernos en los que la exprimera dama de Veracruz escribía sus “afirmaciones” sobre su supuesto derecho a “merecer abundancia”. Incluso volvió a arremeter contra Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, pese a que fueron esa organización y otras las que documentaron tanto los fraudes cometidos por la familia Duarte Macías como la forma en que esos esquemas de defraudación fiscal se replicaron en otras entidades del país.

Captura de pantalla de la transmisión del 17 de febrero de 2026.
Captura de pantalla de la transmisión del 17 de febrero de 2026.

Algo similar ocurre con García Luna: pese al cargo y la influencia que concentró hace más de 15 años, los señalamientos en su contra circularon desde que era funcionario y fueron tratados, durante años, como ruido político. Es el mismo patrón que hoy se observa cuando Sheinbaum descalifica como “comidilla” los conflictos entre Scherer y Cuevas, Delgado y Arriaga, o las disputas de Ricardo Monreal —con su hermano o con la gobernadora de Campeche, Layda Sansores—, reduciendo pugnas con implicaciones de poder a simples dimes y diretes de la élite política.

En ese sentido, lejos de mostrar que México ha avanzado algo en los últimos 18 años gracias a la “Cuarta Transformación”, lo que Sheinbaum demostró es que así como Calderón defendía a morir a su secretario de Seguridad o a sus muchos otros funcionarios ampliamente cuestionados durante su sexenio, ella también lo hace.

Y ésa era, por cierto, la misma receta, el mismo remedio que en su momento usaba Enrique Peña Nieto cuando, durante su sexenio, alguien le preguntaba por los excesos de Duarte en Veracruz o la incompetencia de sus secretarios de Estado que, no en balde, le costaron, tanto al Partido Acción Nacional como al Revolucionario Institucional perder como perdieron las elecciones de 2012 y de 2018, respectivamente.

Congruencia

Sheinbaum aprovechó las imágenes de los cuadernos de Macías para decir que enviará un extrañamiento al gobierno de Keir Starmer, el primer ministro de Gran Bretaña por haber concedido asilo político a Macías, lo que hace casi imposible que el gobierno de Sheinbaum pueda traerla a México para juzgarla.

Paradójicamente, México hizo algo parecido con la exprimera ministra de Perú, Betssy Chávez. Lejos de reconocer su capacidad para irritar al gobierno peruano, tanto López Obrador como Sheinbaum han defendido la decisión de otorgar ese mismo privilegio a Chávez, quien está “refugiada” en lo que fue la embajada de México en Lima, ahora ocupada por el gobierno de Brasil, que es quien representa los intereses de Sheinbaum ante José Jeri y su gobierno que, por cierto, no sobrevivió un "voto de confianza" en el Congreso en Lima.

Sheinbaum se dio tiempo, ahora sí, para reconocer que hay una delegación, uno podría suponer que importante de empresarios de Canadá, encabezados por Dominic LeBlanc, uno de los funcionarios del gobierno de ese país más cercanos a Mark Carney, pero no hubo detalles del alcance de lo que pudiera lograrse porque la defensa de sus alfiles fue la prioridad del día.

Sheinbaum se limitó a decir que hay diálogo con el gobierno de Carney y a insistir en la idea de que “el Tratado México-Estados Unidos-Canadá sigue”, aunque sin dar detalles de cómo le hará frente a lo que hace Donald Trump respecto del tratado.

Si hubo, en cambio, algunas palabras para insistir en que, aunque no está de acuerdo con la medida de Trump de amenazar con imponer aranceles a quien envíe petróleo a Cuba la acata al tiempo que envía otro tipo de “ayuda humanitaria” al gobierno de ese país.

También lo fue, por cierto, la defensa a ultranza del desempeño de la Secretaría y el Sector Salud en su conjunto en el tema de la crisis por sarampión que vive México que no, es por cierto, la única que se vive en México en la actualidad.

Está el problema del así llamado virus de coxsackie, además de la emergencia veterinaria por el gusano barrenador, que sigue haciendo difícil la vida de los ganaderos mexicanos y ello sin perder de vista el problema que plantea el crecimiento en el número de suicidios y de personas que son dependientes de alguna droga, legal (como el alcohol) o ilegal.

Ese, por cierto, es un problema que, si uno se atiene a lo que han dicho López Obrador y Sheinbaum los últimos ocho años no deberían ocurrir pues ellos aseguran que México tiene una cultura que evita ese tipo de dificultades.

Sheinbaum informó, al inicio de la actividad que David Kershenobich, su secretario de Salud, se contagió de influenza, por lo que está en cuarentena hasta que se pueda decidir el alcance de la enfermedad.

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