Velasco, canciller de Sheinbaum, regresó al discurso del diálogo de alto nivel y el entendimiento con Estados Unidos, aunque no es claro qué ocurrirá con Rocha Moya.
Sheinbaum presentó a su gobierno como víctima de lo que insinuó podría ser un ataque coordinado entre la extrema derecha e izquierda. “Los extremos se tocan”, insistió.
Los Ángeles Press
La actividad de este martes 9 de junio en Palacio Nacional giró en torno al anuncio de la suspensión de actividades en las oficinas del gobierno federal y del Gobierno de la Ciudad de México, en la capital del país.
Claudia Sheinbaum y los funcionarios que la acompañaron en el Salón Tesorería dedicaron también parte de la conferencia a insistir en que la relación con Estados Unidos no está en riesgo. Uno podría suponer que en ese frente todo marcha sin sobresaltos, si no pesaran todavía las dudas sobre lo que hará la Fiscalía General de la República con los ocho políticos sinaloenses cuya entrega reclama el gobierno de Trump.
Hubo tiempo para que Sheinbaum defendiera su posición en lo que hace a las demandas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), así como para insinuar, sin probar cosa alguna, pues ella misma reconoció que no es posible, que “los extremos se tocan”.
Para ello usó un fragmento de un vídeo donde el dueño de TV Azteca, Ricardo Salinas Pliego exhibe, con la vulgaridad que le caracteriza, su desdén por quien quiera que no piense como él, al tiempo que hablaba de la posibilidad de que ocurrieran en México movilizaciones como las que han obligado al gobierno federal a cancelar clases y actividades en el sector público, al menos el próximo 11 de junio.
Que las grandes competencias deportivas son momentos que los movimientos de distintos signos, desde la izquierda trostkista hasta la derecha neofascista usan para expresar sus desacuerdos con los gobiernos es algo que a nadie que tenga memoria debería sorprender.
En este siglo ha ocurrido desde Grecia antes de las Olimpiadas, a Londres, y a las ciudades de Brasil que fueron sedes de la Copa del Mundo, las Olimpiadas o los Juegos Panamericanos en las últimas dos décadas.
El sentido común indica que México no tendría que ser la excepción a ese comportamiento. Quizás por eso es que Mario Delgado intentó adelantar el final del ciclo escolar, lo que provocó el enojo de miles de padres de familia.
Fue en esa lógica, que Delgado y Sheinbaum retomaron las demandas de la CNTE para insistir en los llamados que han hecho durante las últimas semanas. Este martes pidieron a la Coordinadora “valorar” las propuestas presentadas hasta ahora, aunque esas ofertas tienen un límite claro: la decisión del gobierno federal de no modificar la actual Ley Orgánica del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado.
Esa posición ha sido defendida en repetidas ocasiones por Martí Batres, actual director del ISSSTE, pese a que la abrogación de esa ley forma parte de las principales exigencias del magisterio disidente.
Además de esos temas, en los que el gobierno de Sheinbaum siempre jugó a la defensiva, presentándose como víctima de una vasta conjura para destruirlo, hubo algunos minutos para insistir en la la supuesta salud de la relación con Estados Unidos. Fue notable que Roberto Velasco, el nuevo secretario de Relaciones Exteriores, regresara a la posición defendida por Sheinbaum en los primeros meses de su gestión, de que existen contactos frecuentes con su contraparte, Marco Rubio.

En concreto, Velasco habló de una llamada telefónica de cerca de media hora en la que ambos responsables de la política exterior de sus gobiernos revisaron los temas que marcan esa relación.
Se habló de migración, e incluso de los problemas objetivos que hay por la manera en que se trata a los migrantes arrestados en los lugares donde, a veces en condiciones irregulares, se concentra a quienes caen en las redadas del Immigration and Custom Enforcement, el ICE, pero llamó la atención que, a pesar de ese aparente clima de entendimiento y diálogo, no hubiera referencias claras o concretas a las dudas acerca de qué sucederá con Rubén Rocha Moya y los siete sinaloenses que Estados Unidos pide se le entreguen.
Velasco hizo todo lo posible por regresar a la idea de que todo está bien en la relación entre Palacio Nacional y la Casa Blanca, pero es muy difícil no considerar que quedan menos de cuatro semanas para que México tome una decisión clara, definitiva, sobre si entregará o no a Rocha Moya y sus “coacusados”.
En todo caso, para regocijo de los aficionados al fútbol que sean estudiantes o trabajen en los gobiernos federal o de la Ciudad de México, el gobierno de Sheinbaum decidió que pasado mañana sea algo parecido a un feriado extraordinario.
Para explicar el alcance de la decisión estuvo la consejera jurídica de la Presidencia, Luisa María Alcalde quien, además de ofrecer los detalles de la decisión, llamó al sector privado a operar en la lógica del trabajo a distancia o teletrabajo que se usó durante la más reciente pandemia de coronavirus, de modo que no se pierda del todo el día.

De nuevo Olinia
Una vez más estuvo en Palacio Nacional Roberto Capuano, el responsable del Olinia, el vehículo con el que el gobierno de México intenta entrar en el muy competido sector de los autos eléctricos, en el que, por cierto, incluso grandes conglomerados industriales, tanto de Estados Unidos como de Europa han fracasado y del que han optado por salir dadas las dificultades para competir con los vehículos que fabrican las empresas de capital chino.
Basta ver la manera en que la alemana BMW e incluso Tesla, una pionera en ese mercado, han optado por limitar la producción de nuevos vehículos a la espera de contar con algo concreto con lo que puedan competir con los vehículos chinos que tienen a su favor el control del mercado de la producción de baterías eléctricas, un elemento tan importante para ese tipo de vehículos como el petróleo para los de combustión interna.
El tono en Palacio Nacional, en todo caso, no fue el de un análisis de las tendencias en los mercados, sino el de insistir en celebrar la construcción del prototipo del Olinia como un logro en sí mismo, una suerte de prueba de concepto y en apostarle a que alguien tenga confianza e invierta lo suficiente en un mercado tan pequeño como el mexicano para iniciar la producción del vehículo.
Es inevitable, en este sentido, recordar que en otras ocasiones en que el gobierno de México ha intentado ingresar en el mercado automotriz, las experiencias están lejos de ser alentadoras. Ahí está lo que ocurrió cuando México compró los derechos de la American Motors Corporation que ya producía en México vehículos como el Rambler o el Gremlin y que, a pesar del mucho dinero que se invirtió en ellos, no lograron sobrevivir mucho tiempo como una marca mexicana.
Al poco tiempo de que el gobierno de José López Portillo invirtió en lo que fue Vehículos Automotores Mexicanos debió vender los derechos a la francesa Renault, que sostuvo la marca brevemente y luego la eliminó por ser incosteable.
Como sea, nada de eso fue considerado por Capuano quien, insistió en la viabilidad del vehículo elécttrico a pesar de que ayer mismo se reconoció que no había inversionistas interesados en un proyecto de esa naturaleza.
