En el Golfo, la limpieza oficial no alcanza el daño real que ya avanza sobre arrecifes, manglares y la economía pesquera regional.
Por Diego Gastélum
CIUDAD DE MÉXICO.— Las autoridades mexicanas informaron el lunes que han recogido más de 800 toneladas de residuos con hidrocarburo de playas del Golfo de México y directamente del mar, tras el derrame que mantiene en vilo a pescadores, comunidades costeras y especialistas ambientales. De ese total, 785 toneladas fueron retiradas a lo largo de 630 kilómetros de litoral, una cifra que, sin embargo, sólo dimensiona la superficie visible de una contaminación mucho más extensa.
Ese balance oficial adquiere una dimensión más grave a la luz del estudio de campo de la Red Corredor Arrecifal del Golfo de México, documentado por Los Ángeles Press en el reportaje Un mar que arde en silencio. El monitoreo comunitario y científico identificó 51 puntos con presencia de hidrocarburos, 42 en Veracruz y 9 en Tabasco, además de 26 sitios sin atención institucional, lo que evidencia que la limpieza reportada por Pemex y la Armada no alcanza todavía zonas críticas del ecosistema marino.
La Red advirtió que la contaminación se extiende prácticamente sobre la totalidad del Corredor Arrecifal del Suroeste del Golfo, una región estratégica donde convergen 125 arrecifes coralinos y rocosos, barreras naturales frente a tormentas y hábitat de especies de alto valor pesquero. En esa franja dependen de la salud del mar al menos 16 mil familias pesqueras, cuya subsistencia ya resentía desde días atrás la caída en capturas, la presencia de chapopote en redes y la incertidumbre por la toxicidad del agua.
En el comunicado más reciente de las dependencias federales involucradas en la limpieza —entre ellas Pemex y la Secretaría de Marina— se informó que continúa la verificación de la integridad mecánica de los ductos asociados a las explotaciones petroleras en la zona del derrame, un punto clave mientras persisten dudas sobre la verdadera fuente del crudo.
“Se reconoce la preocupación legítima de comunidades costeras por afectaciones a la pesca, turismo, salud y bienestar”, señaló el gobierno, al tiempo que reportó apoyos a la población local en salud, combustible y empleo temporal.
La versión oficial sostiene que las fuentes identificadas incluyen un buque que estuvo fondeado frente a Coatzacoalcos, una chapopotera natural ubicada a ocho kilómetros del puerto y otra emanación natural en la Sonda de Campeche. Sin embargo, la persistencia de manchas en zonas arrecifales, manglares y áreas sin limpieza refuerza la exigencia de organizaciones civiles y pescadores por una explicación técnica verificable sobre el origen, la dispersión y los efectos acumulativos del derrame.
En el Golfo de México, los derrames no son episodios aislados. Lo que distingue esta contingencia es que el mapa independiente levantado por la Red Corredor Arrecifal muestra que el daño rebasa la playa visible y avanza sobre uno de los sistemas marinos más sensibles del país, donde la contaminación no sólo ensucia la costa: compromete cadenas alimentarias, economías ribereñas y la estabilidad ecológica de toda la región.