Joel Ortega Júarez Jueves, 22 de Mayo del 2025, 03:41
El Estado mexicano enfrenta una disyuntiva histórica: recuperar el control de su territorio o seguir cediéndolo a la violencia estructurada de los grupos delictivos.
Por Joel Ortega Juárez
“Zapata vive, la lucha sigue”, ese fue el grito vigoroso de los chavos afuera de la funeraria donde velaban los restos de Ximena Guzmán y José Muñoz, jóvenes e importantes funcionarios de gran cercanía a la jefa de Gobierno, Clara Brugada, ambos ejecutados a las 7:30 a. m. del martes 20 de mayo de 2025, precisamente a la hora de la Mañanera del Pueblo.
Considero muy interesante e importante la consigna exclamada en los funerales, porque me parece genuina, dado que Ximena Guzmán y José Muñoz eran dos jóvenes militantes convencidos del movimiento de Morena y/o de la Cuarta Transformación.
Si se opta por ignorar este fenómeno y se escoge construir una “explicación” meramente criminal —incluso si se coloca como un elemento quizá real de las consecuencias de una política errática de los gobiernos federales desde Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y, sin duda alguna, la de Andrés Manuel López Obrador, conocida como Abrazos, no balazos—, no se podrá nunca explicar la mística, el mito, la poderosa ideología dominante que nutre la pasión de decenas de millones, muchos de ellos jóvenes, por la presidenta, y en esa medida, la inmensa fuerza que puede usar para combatir a los cárteles.
¿O su fuerza sólo sirve para llenar el Zócalo con acarreados, imponer una política de abolición de la república y restaurar el corporativismo y el presidencialismo imperial?
La obligación de la presidenta Sheinbaum no es repetir el eterno lugar común: “Condenamos el crimen, damos nuestra solidaridad a los familiares y llegaremos hasta el final de la investigación para hacer justicia”.
Decir eso equivale a decir “el sol sale todos los días”.
La presidenta está obligada a denunciar el poder inmenso de los cárteles, su creciente control territorial, su fuerza social, su poderío económico y político, en contrapartida con el debilitamiento del Estado.
La presidenta debe explicar por qué el Estado ha cedido “soberanía” a los grupos criminales; por qué son cada vez más frecuentes las batallas entre fuerzas militares y grupos organizados, armados y financiados por los cárteles.
¿Cuál es la explicación de ese fenómeno?
¿Es resultado de la derrota del Estado frente a esos criminales?¿Se debe a la penetración de los cárteles en las fuerzas militares?¿Tiene que ver con la relación perversa con agentes estadounidenses?¿Con la protección de los proveedores de armas desde los Estados Unidos?¿Es parte de una estrategia de Estados Unidos, que se presenta como víctima de los cárteles, cuando en realidad los auspicia, incluso al usarlos como “testigos protegidos”?La presidenta no tiene —ni debe— dar detalles de información de Estado sobre la fuerza de esos grupos. Sería absurdo que lo hiciera.
Pero sí tiene la obligación de decirle al país qué desafíos tenemos enfrente.Si se nos dice —sin lugares comunes ni demagogia— qué podemos y debemos realizar juntos, sociedad y Estado, para hacer frente a un fenómeno que nos ha causado centenares de miles de muertes, y ha dado inmenso poder al gobierno de Estados Unidos para someternos a sus intereses...
Sí, en una palabra: si la primera presidenta, Claudia Sheinbaum, asume esa histórica condición, estaríamos en condiciones de construir un gran compromiso histórico contra el inmenso poder de los cárteles.Ciudadana presidenta Claudia Sheinbaum, usted tiene la palabra.