Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu

Alberto Farfán

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En esa confrontación, Maquiavelo expone los mecanismos sutiles mediante los cuales el poder puede consolidarse sin renunciar a su apariencia democrática.

Por Alberto Farfán

No cabe duda de que Maurice Joly (1829-1878) eligió a un formidable oponente para confrontar las ideas de otro pensador universal. Charles Louis de Secondat, señor de la Brède y barón de Montesquieu (1689-1755), es quien rebatirá los argumentos de Niccolò di Bernardo dei Machiavelli (1469-1527), más conocido como Nicolás Maquiavelo, cuando éste refiera la manera de construir un sistema de gobierno aparentemente más estable, al encontrarse ambos en el infierno a mediados del siglo XIX.

Cabe mencionar que el libro Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu fue publicado en Bruselas en 1864 sin autoría alguna, en el que se efectúa una peculiar crítica al régimen de Napoleón III, quien ordenó confiscar los ejemplares introducidos a Francia. Pero después identificarían al escritor, por lo que Joly tuvo que permanecer año y medio en prisión. El texto, no obstante, fue rescatado y reeditado en 1868 ya con el nombre del autor y posteriormente en1948.

Sin embargo, hay que subrayarlo, el libro de Joly trasciende su época tal y como lo ha hecho El Principe (1532) de Maquiavelo —toda proporción guardada, por supuesto—, de ahí que resulte interesante su lectura, pues no sólo apreciaremos la esgrima argumental de Montesquieu con base en El espíritu de las leyes (1748), sino también vamos a observar cómo emerge una especie de despotismo moderno con faz de genuina democracia como las actuales en boca de Maquiavelo.

Es evidente que la gran mayoría de conocedores en la materia no ignora las ideas de ambos personajes, partiendo de que para Montesquieu el hombre es bueno por naturaleza y que para Maquiavelo resulta lo contrario; y que para el primero es importante el régimen constitucional conformado por los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, en tanto que para el segundo sólo debe haber uno y de una única persona, el jefe del Ejecutivo, o el príncipe.

Además de subrayar la trascendencia de mantener la división de los tres poderes del Gobierno democrático, Montesquieu sostendrá la necesidad de que éstos se fortalezcan de manera progresiva acorde a los tiempos, sin perjuicio de la ciudadanía, debido fundamentalmente a que los derechos son importantes en la medida en que “no son los hombres sino las instituciones las que aseguran el reino de la libertad y las buenas costumbres en los Estados”.

Pero, en última instancia, argüirá Maquiavelo: “¿Qué le importa al proletariado, inclinado sobre su trabajo, abrumado por el peso de su destino, que algunos oradores tengan el derecho de hablar y algunos periodistas el de escribir? Habéis creado derechos que, para la masa popular, incapacitada como está de utilizarlos, permanecerán eternamente en el estado de meras facultades. Tales derechos, cuyo goce ideal la ley les reconoce, y cuyo ejercicio real les niega la necesidad, no son para ellos otra cosa que una amarga ironía del destino”. Por lo que absorber las instituciones no crearía conflictos, sino todo lo contrario.

Así, Maquiavelo desarrollará con gran detalle a lo largo del libro cómo hay que apoderarse sin violencia de toda institución: tanto gubernamentales como económicas, sociales, educativas, religiosas, culturales, etc., incluyendo a la prensa. Para alcanzar un gobierno autoritario, pero con halo democrático, con el objeto de cristalizar una presumible mayor solidez y eficacia.

Ejemplos de esto último los vivimos con los regímenes neoliberales, tanto del Partido Revolucionario Institucional como del Partido Acción Nacional, pero también del actual, del Movimiento Regeneración Nacional (Morena). Éste encabeza el ejecutivo y se apoderó del legislativo y judicial; mantiene a su lado a las Fuerzas Armadas, ya tiene a su propia prensa (los llamados youtuberos), y sostiene pragmáticas relaciones con la mayoría de los sectores del país. Lamentablemente con Morena la situación es peor con respecto a los partidos que le precedieron. Pero lea usted el libro, amable lector, y obtenga sus propias conclusiones.