Nuevas acusaciones sobre abuso sexual sacuden a la Iglesia en Francia

Rodolfo Soriano-Núñez

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Dos obispos franceses en entredicho por su papel en casos de abuso sexual.

Religión y vida pública: Difícil que la crisis de abuso sexual termine si obispos como Georges Colomb de Francia incumplen las reglas de la propia Iglesia Católica

El papa Francisco envía carta al presidente Arce de Bolivia.

Por Rodolfo Soriano-Núñez

Al cruzar el umbral de la quinta década de la crisis de abuso sexual en la Iglesia Católica emergen nuevos detalles sobre el descuido con el que los obispos abordan sus responsabilidades para proteger a las víctimas o evitar, al menos, que haya más víctimas.

Ello quedaba de manifiesto en Francia, al tiempo que el papa Francisco, enviaba una carta al presidente de Bolivia Luis Arce en la que expresa su estupor por la magnitud de los abusos perpetrados por jesuitas como Alfonso Pedrajas, el director del Colegio Juan XXIII, una de las obras insignia de la Compañía de Jesús en Bolivia.

En Francia la atención se centra en la así llamada Sociedad de Misiones Extranjeras, una “orden” religiosa originalmente creada en 1658 que tiene una presencia significativa en Asia y África, que cuenta en la actualidad con 208 sacerdotes y 25 seminaristas, una pálida sombra de lo que era a mediados del siglo XX, cuando “exportaba” sacerdotes franceses a los distintos territorios de habla francesa en África y Asia.

La crisis en esta “orden” inicia en 2011, cuando Aymeric de Salvert, un sacerdote francés que trabajaba en Japón fue expulsado de ahí por los obispos locales, por sostener una relación homosexual con un japonés.

El obispo Georges Colomb de La Rochelle con el micrófono y el entonces arzobispo de París, Michel Aupetit, el 27 de agosto de 2021. Aupetit fue forzado a renunciar en diciembre de ese año a su cargo por abusos. Fuente: cuenta de Twitter de la diócesis de La Rochelle.

Al regresar a Francia, De Salvert es rápidamente reubicado en la estructura de la orden, a pesar del antecedente, al frente de las vocaciones de esa orden, por decisión de Georges Colomb, ahora todavía obispo de La Rochelle, Francia, pero en ese entonces superior de la orden a la que pertenecían ambos,la Sociedad de Misiones Extranjeras. Colomb le coloca en contacto directo con jóvenes que trataban de discernir si su futuro era el ser sacerdote católico. También es responsable de un programa que ofrece alojamiento a cambio de trabajo realizado por jóvenes.

Hacia 2013, un joven al que el periódico francés La Croix identifica sólo como Nicholas sufre una agresión a manos de Colomb, quien en ese entonces era superior de la Sociedad de Misiones Extranjeras, u orden de misioneros. En ese momento, Nicholas informa de este hecho al entonces sacerdote de la misma orden Gilles Reithinger, segundo en la estructura jerárquica de la congregación, pero no procede formalmente contra Colomb.

Dos años después, en 2015, el arzobispo y cardenal Philippe Barbarin, involucrado él mismo en malos manejos de casos de abuso en la arquidiócesis de Lyon, Francia, le informa a Colomb de las andanzas de De Salvert con un joven seminarista. Barbarin fue obligado a renunciar a Lyon, luego de que se demostró, en marzo de 2020, que sabía que algunos de los sacerdotes a su cargo estaban involucrados en abuso sexual, pero no actuó como se supone debía hacerlo.

No son claras las razones, pero luego de ese informe, Colomb envía a De Salvert como capellán de una orden femenina en Anjou, Francia, pero ni Colomb ni Barbarin proceden de manera oficial contra De Salvert. De otra manera no se puede comprender que se le haya dado ese cargo como capellán. Todo queda en un súbito cambio de responsabilidades, quizás con la esperanza de que, al “cambiar de aires” De Salvert se olvidaría del seminarista.

También el nuncio

En 2015, también, un tercer sacerdote advierte al entonces nuncio en Francia, Luigi Ventura, de la relación entre Colomb y Nicholas, así como de la manera en que Reithinger aborda este asunto. De nueva cuenta, no hay registros oficiales de estos informes sobre posibles actos de abuso. Lamentablemente, cuatro años después, en 2019, el mismo Ventura fue acusado por un trabajador del ayuntamiento de París de haberle atacado sexualmente.

Y no fue sólo uno. Al final del proceso contra el antiguo nuncio en Francia, cinco personas habían acusado a Ventura y un tribunal francés lo declaró culpable en 2020. Le impuso una pena más bien simbólica de ocho meses de prisión que fue rápidamente suspendida por las autoridades francesas.

En 2016, Roma nombra a Colomb como obispo de La Rochelle. Si Ventura hubiera registrado la información que le proporcionaron acerca de Colomb, es posible que el nombramiento no hubiera ocurrido. Dado que no hay registros formales, sólo se puede especular.

El presidente Emmanuel Macron y el entonces nuncio, Luigi Ventura. París, diciembre de 2018. Foto de la Presidencia de la República Francesa.

Luego del nombramiento de Colomb como obispo, Reithinger es electo superior de la congregación. Un año después, en 2017, a pesar del récord de De Salvert en Japón y en otras diócesis francesas, Reithinger le autoriza a ser nombrado por la diócesis francesa de Angers, como párroco.

Cuatro años después, en 2021, Gilles Reithinger es nombrado obispo auxiliar de Estrasburgo, a pesar del descuido con el que manejó las acusaciones que le hicieron llegar sobre Colomb mismo, además de que—como ya se apuntó—aparentemente no hizo señalamiento alguno sobre el nombramiento de De Salvert como cura párroco en Angers.

Ante estos hechos, no sería difícil que Colomb y Reithinger se convirtieran, andado el tiempo, en los obispos 100 y 101 que hubieran sido forzados a renunciar por su desempeño en el tema de los abusos sexuales.

Por lo pronto, ambos niegan las acusaciones que se les hacen. Colomb, como si viviéramos en 1985, todavía insiste en la idea de proceder penalmente contra quienes informen que él tenía conocimiento de los hechos que involucran a De Salvert y de que él mismo hubiera acosado a Nicholas. Incluso si efectivamente él no hubiera acosado a Nicholas, había suficientes elementos para que él no permitiera que la carrera de De Salvert continuara. Gracias a que no lo hizo, pudo ser nombrado párroco en Angers.

Una vez más, este caso deja ver el descuido con el que el clero aborda el problema de los abusos sexuales y cómo, a pesar de la mucha tinta que ha corrido y el mucho ancho de banda que se ha consumido en denunciar el alcance de la crisis, hay una actitud de desdén hacia las víctimas, hacia el problema en sí mismo y hacia la feligresía de la Iglesia a la dicen deberse.

Normas que nadie cumple

Ya desde principios del siglo XX, existen normas que obligan a los obispos y a los superiores de órdenes religiosas a dejar constancia de las acusaciones que se levanten contra sacerdotes depredadores sexuales. No es algo nuevo, es un problema muy antiguo, cuya percepción ha cambiado en la medida que ha cambiado la actitud de los medios y de los católicos mismos.

Muchos católicos fuimos educados en la idea, bastante absurda por lo demás, de que debíamos callar ante este tipo de escándalos. Que quienes los provocaban eran “enemigos de la Iglesia” y que darles crédito o difundirlos era algo contrario al interés de la Iglesia.

La triste realidad, sin embargo, es que ahora es el mismo papa, el máximo jerarca de la Iglesia, quien acepta la realidad de este tipo de hechos. Es eso, o el papa Francisco simplemente envió la carta que hizo llegar a Luis Alberto Arce Catacora, el presidente de Bolivia el 31 de mayo de 2023, porque no tenía nada mejor qué hacer en los últimos días.

La carta del papa Francisco al presidente de Bolivia, Luis Alberto Arce.

La carta describe, de manera muy general, una situación similar a la que uno observa en el caso De Salvert en Francia. El papa habla de “acciones nefastas” y también de “negligencia de quienes tendrían que haber vigilado”. Se dice “conmovido e impresionado porque los ministros de la Iglesia deben ser “custodios” y garantes del bien y del futuro de las jóvenes generaciones y destacarse por propagar las actitudes y sentimientos que han caracterizado la presencia de Jesús entre los hombres”.

Además de lo refrescante que resulta leer al papa Francisco en español, sin los filtros que le introducen los traductores al español de los textos que oficialmente son publicados en Roma en italiano o en otras lenguas y que luego son retraducidos al español con el tacto de un carnicero, es claro que lo que Francisco describe en su carta al presidente de Bolivia es lo mismo que ocurrió con el caso De Salvert en Francia.

El papa Francisco cierra su misiva con una promesa que queda ahí pero que, luego de cuarenta años de la crisis de abusos sexuales, resulta muy difícil de creer. Dice:

Esta problemática sigue siendo uno de los desafíos más grandes para la Iglesia de nuestro tiempo. En este sentido, le manifiesto, señor presidente, mi firme deseo de responder con la promesa de la total disponibilidad de la Iglesia para trabajar junto con el gobierno de su país.

Ojalá que efectivamente sea así. La realidad, como se ha señalado ya antes en esta serie Religión y vida pública es que ni siquiera los jesuitas están cien por ciento detrás de Francisco cuando hace este tipo de promesas. Ahí está el pleito que e ljesuita alemán Hans Zollner sostiene con su relevo en la Comisión para la Protección de Menores de la Santa Sede, el también sacerdote Andrew Small, a quien acusa de hacer lo que él no pudo hacer: que la Comisión cuente con algún recurso propio para funcionar de manera autónoma.

El problema no es Small. El problema, en todo caso, sería del jesuita español Luis Ladaria, el responsable del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, de Sean O'Malley, el arzobispo y cardenal de Boston, responsable de la llamada Tutela Minorum, que depende de Ladaria y, me duele decirlo, del papa mismo. Ninguna de esas tres figuras de autoridad de la Iglesia resolvieron el problema del financiamiento de la Comisión.

Zollner optó por no hacerlo tampoco y renunció. Small lo hizo con fondos de una obra de la Iglesia en la que antes había prestado sus servicios. ¿Se le debe quemar en leña verde como atiza Zollner a sus incondicionales a hacerlo? No lo creo.

Sin embargo, los aliados de Zollner usan el episodio y el sufrimiento de las víctimas para sostener repetidos ataques contra Small. Es usar a las víctimas y su dolor como peones de un juego perverso entre miembros de la jerarquía.

La semana próxima daré más detalles de este asunto, pero me queda claro que la preocupación por las víctimas no es lo que anima los ataques a Small.

Ello hace que las víctimas de abuso sexual vean con duda, incredulidad e incluso desprecio muchas de las declaraciones que hacen la Compañía de Jesús en Bolivia, la conferencia de obispos de ese país, e incluso el propio papa Francisco. Es la materialización de aquel viejo refrán que dice que "tanto va el cántaro al agua, hasta que se rompe". Eso es lo que uno encuentra en las declaraciones que hacen algunos de los exalumnos del Colegio Juan XXIII de Cochabamba.

Disculpas sin reparaciones

Este sábado 17 de junio, el grupo Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio Juan XXIII, publicó su Octavo Pronunciamiento en el que insisten directamente al papa Francisco en la necesidad de que haya reparaciones. En uno de los párrafos se puede leer:

Percibimos y creemos insuficientes las manifestaciones de vergüenza del papa Francisco porque no equivalen a justicia, ni se traducen en líneas de acción precisas para que la Compañía de Jesús, la orden de origen de Su Santidad, repare integralmente y garantice la no repetición de actos de pederastía...

Este "Octavo Pronunciamiento" se puede leer en su totalidad a continuación. Es un testimonio del hartazgo de las víctimas a escala global. En países que más recientemente se han sumado a esta crisis global de abusos, las víctimas han aguantado en silencio, saben que durante los últimos 40 años la jerarquía católica a escala global ha hecho todo para eludir su responsabilidad. Es sobrecogedora, además, la manera en que los exalumnos le recuerdan a Jorge Mario Bergoglio que, además de conocer al jesuita español Pedrajas, él conoció personalmente la obra del Colegio Juan XXIII.

El Octavo Pronunciamiento de una de las asociaciones de exalumnos del Colegio Juan XXIII.

Poco antes de que Jorge Mario Bergoglio fuera dado de alta este viernes próximo pasado del Policlínico Gemelli, la curia general de la Compañía de Jesús informó que había expulsado de sus filas a Marko Ivan Rupnik, el sacerdote y artista plástico que reinventó en los últimos 30 años el arte del icono religioso, al mismo tiempo que perpetraba abusos sexuales de mujeres que, de buena fe, se acercaban a tratar de aprender de él.

De hecho, tristemente, en el sitio Web oficial de la Compañía de Jesús, no hay algún comunicado que informe de la expulsión. Lo más cercano a una fuente jesuita que dé cuenta del hecho es la revista America que la Compañía de Jesús en Estados Unidos publica. En español, yo me enteré gracias al servicio de Vida Nueva, una obra católica española, pero que no es una fuente oficial de la Compañía de Jesús. Ni America ni Vida Nueva dan detalles de las causas de la expulsión de Rupnik. Sólo se nos dice que incumplió con las normas que le habían sido impuestas.

La situación no es clara, pero no sería difícil suponer que Rupnik, como sucedía con Marcial Maciel y con Fernando Karadima, insistieran en actuar como sacerdotes a pesar de la suspensión que pesaba sobre ellos. La razón no es difícil de encontrar: eran firmes creyentes en la tesis del cambio ontológico, el cambio que según algunos teólogos católicos ocurre luego de la ordenación y que hace que muchos clérigos se consideren inmunes a cualquier castigo que sus superiores en la jerarquía de la Iglesia les impongan.

Como sucedía con Maciel y Karadima, con Rupnik hubo quien reprochó al padre Arturo Sosa Abascal la decisión de expulsar al artista plástico. Es el caso del llamado Centro Aletti que rápidamente publicó un reproche en italiano de la decisión de los jesuitas. Creo que insistir en la lógica de proteger a quienes han sido acusados de manera creíble de perpetrar abusos es una de las cosas que explica por qué obispos como Colomb y Reithinger desestiman las acusaciones que se les llegan a presentar. Saben que hay un residuo de fieles dispuestos a ir a las puertas del infierno en su defensa.

En ese sentido, la crisis transcurre ahora en su quinta década gracias a la actitud cómplice de clérigos, religiosos y laicos que consideran que se presta demasiada atención, más de la que merecen, a las víctimas. Lo hacen porque esas acusaciones no se presentan con las formalidades necesarias o porque, como superiores o como obispos, enfrentan necesidades materiales que consideran que los acusados pueden satisfacer. Como decían las abuelas, en el pecado llevan la penitencia, pues si algo ha demostrado estos 40 años de crisis de abusos, es que las víctimas difícilmente mienten y que los depredadores difícilmente se rehabilitan.

La Iglesia ha sido incapaz de desarrollar una comprensión clara de estas realidades y, gracias a ello sigue habiendo quienes defienden a los depredadores y quienes están dispuestos a darles segundas, terceras o cuartas oportunidades. Y no es como si la única actividad que un clérigo pudiera desarrollar fuera la así llamada “cura de almas”.

Hay otros ámbitos en los que los clérigos acusados de abuso sexual podrían ser útiles si hay quien desea darles esas segundas, terceras o cuartas oportunidades. Lo que debería quedar claro es que por más que uno se emocione con una carta como la del papa Francisco al presidente Arce, llega un momento en que no bastan esas declaraciones.

La Compañía de Jesús ha demostrado en el caso Rupnik que algunos de sus líderes están dispuestos a enfrentar las consecuencias de sus errores. Habrá que ver si eso ocurre también en Bolivia, pues es claro que ahí no fue un caso aislado, fue un problema sistémico que involucró a toda la orden y, quizás, a toda la Iglesia Católica de Bolivia. De otro modo no podría explicarse que Bernardo Mercado, el actual superior de la Compañía en Bolivia, haya suspendido a ocho de sus predecesores en el cargo.

La Iglesia Católica en Francia deberá enfrentar ahora las acusaciones contra dos de sus obispos que muestran el patrón de descuido que explica algunos aspectos de la crisis de abusos sexuales. Colomb pidió retirarse de sus responsabilidades el 13 de junio y Reithinger se aferra a la idea de que él no cometió errores. Habrá que ver qué deciden en Roma quienes deberán juzgarlos a ellos y al antiguo nuncio, Luigi Ventura, que no puede considerarse ajeno al problema.

Afortunadamente, el presidente de los obispos franceses, Éric de Moulins-Beaufort, arzobispo de Reims, publicó el 13 de junio un breve comunicado por medio de la cuenta en Twitter de la conferencia nacional de los obispos franceses en el que confirma la existencia de las acusaciones contra los obispos Colomb y Reithinger y su esperanza de que las investigaciones saquen a la luz "toda la verdad". Ojalá así sea.