
Hazael Sayavedra Domingo, 30 de Noviembre del 2025
La comparación entre la renuncia de Gertz y la permanencia de María Elena Andrade en Baja California expone un problema más amplio: la falta de controles y la debilidad institucional.
Por Hazael Sayavedra
En México, los fiscales no renuncian: los renuncian. Y aun así, algunos se aferran al cargo con una terquedad que raya en lo patológico. Eso explica por qué Alejandro Gertz Manero salió cuando ya era insostenible… y por qué María Elena Andrade sigue al frente de la Fiscalía de Baja California, a pesar de incendios, drones explosivos, cifras maquilladas, desapariciones al alza y una credibilidad que ya ni siquiera cotiza en centavos.
La diferencia es simple: Gertz tenía nivel nacional; a Andrade todavía la sostiene el silencio conveniente de un gobierno estatal que prefiere mirar a otro lado.
Gertz Manero, el fiscal que convirtió la autonomía en un arma de uso personal
El país entero vio cómo la FGR se convirtió en un feudo: desde patrimonios inexplicables hasta venganzas convertidas en carpetas judiciales. Dos ejemplos son el caso Lozoya transformado en tour gastronómico y el Caso Wallace, enterrado sin siquiera revisarlo.
Lo empujaron a una salida decorosa: embajada, aplausos diplomáticos y borrón mediático. Como Fernando Castro Trenti. Como Quirino Ordaz Coppel. En México, el exilio dorado es la jubilación natural de los funcionarios tóxicos.
Pero en Baja California, la historia ni siquiera llega al clímax: Andrade sigue ahí
María Elena Andrade no necesitó venganzas personales; le bastó con negar la realidad para hundir la institución. La fiscal que heredó un estado en crisis y decidió culpar a la "percepción".
Los incendios de Rosarito, la quema de unidades en Tijuana, los ataques coordinados en Ensenada, los drones explosivos contra la Unidad Antisecuestros y las narcomantas en Mexicali cuentan una historia. La fiscalía cuenta otra.
En la narrativa oficial, la violencia es “controlada”, las investigaciones “avanzan”, las agresiones “no están confirmadas” y los delitos no suben: solo cambian de nombre.
En vez de resultados, propaganda
Cada incendio era una prueba del fracaso.
Cada dron explosivo, una señal de pérdida de control.Cada amenaza contra periodistas, un síntoma de impunidad.Pero la respuesta institucional fueron millones en publicidad, no en inteligencia.
El problema no era el crimen:
era que la ciudadanía seguía creyendo que Baja California era insegura.Había que corregir la percepción, no los homicidios.Andrade: más hábil para negar que para investigar
Si te tiran encobijado en la calle, no es homicidio: “seguramente se encobijó solo”.
Si desaparecen personas, es un “reporte pendiente”.Si queman unidades oficiales, son “eventos aislados”.Si cae un dron explosivo, es “investigación en proceso”.La fiscalía responde como si viviera en otro estado.
Y a veces uno se pregunta si no es así.La gobernadora ya no tiene margen
La renuncia de Gertz dejó en evidencia algo:
cuando un fiscal abandona la realidad, el daño institucional es inmediato y profundo.En Baja California, Andrade ya cruzó todas las líneas:
– crisis de seguridad,– instituciones debilitadas,– percepción pública en picada,– violencia desbordada,– propaganda en lugar de resultados.A Marina del Pilar Ávila Olmeda se le acabó el tiempo de administrar silencios. Tiene una oportunidad histórica —y política— de corregir el rumbo antes de que la fiscalía colapse por completo.
Gertz cayó tarde. Si Andrade cae, será tarde también.
Pero todavía puede no ser demasiado tarde para Baja California.