Las divagaciones de Amnistía Internacional sobre las redes sociales

Alberto Farfán

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Amnistía Internacional advierte sobre redes sociales dominadas por intereses comerciales y ausencia de controles.

Por Alberto Farfán

En el informe presentado el mes pasado del año en curso por Amnistía Internacional (AI) en su edición de abril del 2025 denominado la Situación de los Derechos Humanos en el Mundo nos deja particularmente con un sinnúmero de interrogantes más que de respuestas al abordar el tema de las redes sociales (RRSS).

En su sección “Análisis global” del apartado “Modelo de negocio de las empresas de redes sociales” se asevera que éstas se conducen con un gran poderío y sin control alguno, lo cual vulnera a sus usuarios y más todavía a aquellas personas de sectores marginados o en situación de riesgo.

“También han seguido —dice el texto— aplicando un modelo de negocio que prioriza sistemáticamente la participación por encima de todo lo demás, lo que permite la difusión de contenidos violentos y cargados de odio. De este modo han conseguido mantener a la juventud enganchada a sus plataformas, a pesar de los efectos nocivos que ello conlleva”.

Para empezar, iniciemos con las obviedades. Si las RRSS son poderosas y sin control tecnológico por parte de las autoridades correspondientes ¿qué esperaban? ¿Que no fueran a violentar a los miles y miles de seguidores? Más aún, ¿alguien los obliga a hacer uso de ellas?

Se nos dice que por usar las RRSS sólo como un modelo empresarial por parte de sus propietarios suelen presentarse temáticas violentas y cargadas de odio. Y que los cibernautas afectos a ellas por ello mismo se “enganchan”. ¿Realmente alguien pensó que este comercio digital que otorga grandes ganancias por ciertos contenidos, aunque reprobables moralmente, que validan aspectos atractivos y excitantes como la violencia, la pornografía, el racismo, el bullying, el sexismo, etcétera los van a eliminar o censurar? Ahora bien, ¿cuáles son los “efectos nocivos” de los que se nos habla?

No cabe duda de que las RR. SS. pueden ser utilizadas de múltiples formas de manera plausible —no por nada sobreviven y con una evolución constante—, ya sea para socializar fugazmente, para organizar algún evento de toda índole, para denunciar hechos ilícitos o cuestionables, para reencontrar viejas amistades o para hacer nuevas, o sólo por simple entretenimiento. Pero siempre sus dueños nos observarán como sujetos de consumo.

Por ende, mientras sigan siendo un asunto netamente comercial se deben de tomar medidas al afectar a sus seguidores. De ahí que AI nos advierta positivamente que la Unión Europea promulgó la Ley de Servicios Digitales en materia de regulación tecnológica en febrero del 2024. Pues con ella se “impuso obligaciones a las plataformas en línea y los motores de búsqueda para garantizar el respeto de los derechos humanos”. ¿Pero en sentido estricto de cuáles derechos humanos hablamos?, pregunto otra vez.

A pesar de que este informe de Amnistía Internacional es bastante completo y extenso (480 pp. en formato PDF), además de riguroso país por país, en cuanto llegamos al rubro que comentamos me parece que sólo divaga, pues únicamente se expone que las redes sociales tienen un andamiaje económico-capitalista, o sea, de negocios, y que son sumamente nocivas para sus usuarios. Y omitiendo los derechos humanos que se supone transgreden.