
Rodolfo Soriano-Núñez Domingo, 03 de Diciembre del 2023
Luca Casarini, delegado al Sínodo convocado por Francisco y presidente de la ONG Mediterranea Saving Humans, será enjuiciado por salvar náufragos.
Religión y vida pública: Casarini recibió dos millones de euros donados por los obispos de Italia y Europa a instancias del papa Francisco, que ha hecho de la migración una prioridad de su pontificado.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
Luego de que se supo que el papa Francisco sería incapaz de viajar a Dubái, capital de Emiratos Árabes Unidos para participar en la COP28, el intento de la Organización de Naciones Unidas para atajar el cambio climático, la revista italiana Panorama publicó un reportaje que pone en evidencia algunos de los más graves problemas que enfrenta el papa y la Iglesia Católica en Italia, Europa y otros países.
El mensaje que Francisco había preparado para pronunciar ante la COP28, finalmente fue leído por el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, se puede consultar aquí.
La revista Panorama asegura que la organización no gubernamental Mediterranea Saving Humans, habría malversado poco más de dos millones de euros, que fueron canalizados por el arzobispo de Bolonia y cardenal Matteo Zuppi, presidente de la conferencia de obispos de Italia para el rescate de personas en el mar Mediterráneo.
El uso de los fondos ha resultado en un escándalo por varias razones. La más obvia, porque sólo habrían servido para rescatar de las peligrosas aguas del Mediterráneo a 422 personas, es decir, los rescatistas financiados con las limosnas de la conferencia de obispos de Italia habrían gastado cuatro mil 900 euros, equivalentes a cinco mil 337 dólares de Estados Unidos o 92 mil 250 pesos mexicanos, para rescatar a cada persona.
Hay otra dimensión que afecta a la vida política italiana y de otros países de Europa que facilita el que el papa Francisco vuelva a ser blanco de los ataques de la extrema derecha católica global, de la que se dará cuenta más adelante en el texto.
Las operaciones con los dos millones de euros han sido suficientes para que, según la revista Panorama y el diario La Verità la justicia italiana haya abierto una investigación de las operaciones de rescate financiadas por los obispos italianos. Como resultado de ello, el próximo 6 de diciembre iniciará un juicio que aunque no toca directamente ni al papa Francisco ni al cardenal Zuppi, los hace blancos de especulaciones similares a las que ya en otras ocasiones han debido enfrentar por tomar medidas concretas para resolver las crisis de migrantes a las puertas de Europa y Estados Unidos.
El cardenal Zuppi, además de ser presidente de los obispos italianos y haber actuado como una figura clave en el financiamiento de la organización no gubernamental Mediterranea Saving Humans, ha intentado—sin éxito hasta ahora—actuar como mediador en el conflicto provocado por la invasión de Rusia a Ucrania.
Tanto en el tema de Ucrania como en lo que hace al rescate de los migrantes en las aguas del Mediterráneo, el cardenal y arzobispo de Bolonia se apoya en las densas redes de la Comunidad Sant' Egidio, uno de los pocos movimientos laicos de la Iglesia Católica que no se ha visto afectado por acusaciones de abuso sexual, económico o espiritual de sus fieles. Los Egidios, como se les conoce en algunos círculos, también tienen una activa presencia en México y otros países de América Latina, como Guatemala, donde trabajan ayudando a personas que se encuentran en prisiones como la infame Granja Penal de Pavón, ubicada en la zona metropolitana de la capital de ese país.
El juicio en Italia se centrará en Luca Casarini y algunos de sus colaboradores en Mediterranea Saving Humans, aunque en el fondo lo que estará a discusión es la manera en que el papa Francisco y la Santa Sede rescatan a personas que están a punto de morir en las aguas del mar Mediterráneo y servirá para que la opinión pública italiana se defina en torno a un tema clave para ese país que ahora es destino de migrantes, pero que en los siglos XIX y XX expulsó a grandes grupos de personas que no encontraban acomodo en su sector agropecuario o industrial.
Sin embargo, Panorama y La Verità lo plantean de tal manera en que presentan a Francisco como interesado en subvertir las leyes italianas y los complejos acuerdos en el seno de la Unión Europea, que hacen todo lo posible por reducir al mínimo el número de los refugiados que efectivamente pueden obtener alguna protección.
Mediterranea Saving Humans, en cambio, lo plantea como una cuestión de consistencia ética con el deber de rescatar a personas que están a punto de morir, como se puede ver en este mensaje en la red antes conocida como Twitter:
El mensaje en italiano dice: “Ellos (Panorama y La Verità) siguen odiando, nosotros amando”.
El péndulo de la migración
Aunque hace unos años parecía que distintos países reconocían la necesidad de abrir sus puertas a migrantes de países ajenos a la Unión Europea, en fechas recientes, incluso Alemania, el que hasta hace unos años parecía más dispuesto a convertirse en el nuevo hogar de grandes grupos de personas al apostar por una política más flexible en materia de migración y refugio, ha modificado de manera drástica sus políticas.
En fechas recientes, las autoridades alemanas decidieron que, por ejemplo, quienes aspiren a ser aceptados como refugiados no podrán usar parte del dinero que recibían del gobierno alemán para enviarlo como remesas a sus países de origen. También se ha restringido el acceso a los servicios públicos de salud, entre otros cambios.
La situación en materia de migrantes que tratan de ingresar sin documentos a la Unión Europea ha sido una de las constantes del pontificado de Francisco, quien escogió a la isla mediterránea de Lampedusa como el destino de su primer viaje fuera de Roma, en 2013, pocas semanas después de su elección, donde celebró una misa con personas que ya entonces llevaban varios meses varadas en esa isla italiana.
A Jorge Mario Bergoglio el tema de la migración lo toca muy de cerca. Él es lo que en la jerga argentina se llama un “tano”, es decir, un descendiente de italianos. Los Bergoglio dejaron su hogar para instalarse—como miles de otros migrantes italianos—a principios del siglo pasado en Argentina.
Bergoglio acudió a Lampedusa porque es una suerte de emblema de la realidad de la migración en las periferias de Italia y la Unión Europea. Ahí llegan en precarias embarcaciones miles de personas con la esperanza de que algún país miembro de la Unión les reciba.
Aunque no hay un recuento que, de manera oficial, reconozca cuántas personas naufragan, mueren o tratan de ingresar a alguno de los países de la Unión Europea, cifras extraoficiales estiman que entre 2007 y hasta octubre de 2023 habrían muerto o desaparecido entre poco más de 24 mil y poco menos de 26 mil personas, como se puede ver en la tabla 1 que aparece a continuación.
Panorama y, de manera más clara La Verità están lejos de ser imparciales en este tema. Aunque Panorama presenta evidencia del uso de los fondos de los obispos italianos, debe tenerse presente que la asistencia a personas que tratan de escapar situaciones opresivas ha sido una constante en la historia de la Iglesia Católica en Italia por lo menos desde tiempos de Pío XII, durante la II Guerra Mundial y luego durante la Guerra Fría.
La Iglesia se valió para ello de todo tipo de recursos que eran considerados como ilegales por países como Hungría, la ahora dividida Checoeslovaquia, la antigua República Democrática Alemana o Polonia, que hacían todo lo posible por minimizar el papel público del catolicismo y otras religiones.
La diferencia, sobre todo en lo que hace al periodo de Guerra Fría, es que entonces había una muy amplia coalición interesada en promover que disidentes de Europa oriental cruzaran la así llamada “Cortina de Hierro” y denunciaran los abusos que ocurrían en los regímenes aliados a la Unión Soviética y más tarde a China.
Si antes había un enemigo ideológico que unificaba a los actores que trataban de socavar a los regímenes del “socialismo realmente existente” o a las dictaduras de América Latina que también contribuyeron con cuotas de refugiados en los sesenta, setenta e incluso ochenta, ahora no hay tal.
Lo que es peor, otra diferencia ahora respecto de lo que ocurría durante la Guerra Fría, es el color de la piel de quienes tratan de llegar ahora a la Unión Europa, así como su afiliación religiosa.
Panorama y La Veritá, como otros medios de comunicación europeos ven a las personas que tratan de llegar de África o Asia, con el filtro de su identidad como posibles fieles musulmanes. En ese sentido, incluso el reciente conflicto entre Israel y Hamás forma parte de una compleja lectura de la realidad en materia de migración en la que los migrantes no son vistos como personas que huyen de una realidad que les oprime, sino como posibles terroristas, que podrían tratar de reproducir en Italia, Francia, Alemania o España, la realidad que se vive ahora en la Franja de Gaza.
La migración como arma
Esa manera de presentar a los migrantes indocumentados que aspiran a ser considerados como refugiados la que los convierte en armas que la extrema derecha en Estados Unidos, la Unión Europea, Australia, Japón y otros países usa para ganar elecciones.
Esta no es una opinión mía. La discusión sobre el uso de los migrantes como “armas” ocurre en círculos académicos y del diseño de políticas públicas de distintos gobiernos de países desarrollados por lo menos desde principios de la década anterior.
En 2010, una profesora especialista en temas militares y de seguridad nacional en Estados Unidos, Kelly M. Greenhill, publicó un texto titulado Weapons of Mass Migration. Forced Displacement, Coercion, and Foreign Policy (Armas de migración masiva. Coerción para el desplazamiento y política exterior).
Más recientemente, en diciembre de 2017, el entonces mayor del Ejército de Estados Unidos Nathan D. Steger, publicó una tesis en la maestría en Estrategia de las ciencias de la información y la guerra política en la Escuela de Postgrado de la Marina de Estados Unidos titulada The Weaponization of migration: examining migration as a 21st century tool of political warfare (El uso de los migrantes como arma: Un análisis de la migración como una herramienta de la guerra política en el siglo XXI, disponible aquí en el sitio de la Escuela de Postgrado de la Marina de Monterey, California y aquí en un repositorio de documentos de las fuerzas armadas de Estados Unidos).
Esa tesis no es, en modo alguno, un documento oficial de las Fuerzas Armadas o del gobierno de Estados Unidos, pero deja ver con claridad cómo se entiende a la migración en el ámbito académico militar. No es que el autor desconozca otros aspectos de la migración. De hecho la tesis es un buen documento que demuestra que el autor comprende que los migrantes dejan sus países a la búsqueda de mejores condiciones de vida.
Sin embargo, también advierte que dadas las realidades un mundo crecientemente interconectado, lo que ocurrió en África hace cinco años puede tener consecuencias directas para lo que ocurre en Italia o en México ahora y para las relaciones de esos países con sus socios comerciales.
Steger condensa mucho del conocimiento disponible acerca del uso de la migración como un arma que no es algo que sea relevante sólo por el papa o por la política interior en Italia o las relaciones entre los países de la Unión Europea.
La tesis de maestría de Steger se refiere en al menos ocho distintas ocasiones a México como parte de esta realidad en la que la migración se usa como un arma. No es posible detenerse a considerar la manera en que él plantea el caso mexicano, baste señalar que usa a Donald Trump como un ejemplo de la manera en que la migración se convierte en un arma contra países como México.
De manera más reciente aún, Greenhill publicó en 2022 un texto que actualiza algunos de sus puntos de vista acerca del uso de la migración como un arma en un texto publicado originalmente por la revista Foreign Affairs, pero que se puede consultar en este sitio del Centro de Estudios Internacionales del Massachussetts Institute of Technology.
En esta versión más reciente de su argumento, Greenhill hace ver cómo la migración es uno de los retos no resueltos por los países con regímenes democráticos que hasta ahora parecen ser incapaces de proteger a uno de los grupos más vulnerables a escala global: los desplazados, los que han sido forzados a emigrar.
Otro texto reciente, de 2021 y en español, que analiza este uso de la migración como un arma es este de Blanca Garcés Mascareñas, que da cuenta de los retos que enfrenta España en Ceuta, su enclave en el norte de África.
El miedo como "evidencia"
Más relevante para comprender la manera en que medios italianos como Panorama y La Verità usan a la migración es considerar que uno de los efectos ya documentados por la ciencia política, especialmente en Estados Unidos y la Unión Europea de las supuestas amenazas que plantean los migrantes, es el aumento en las preferencias por los partidos de la extrema derecha.
El ejemplo más reciente de esta realidad lo ofrece Países Bajos, a veces llamado Holanda en México y otros países de América Latina, donde el extremista Geert Wilders recientemente se alzó con la victoria en las elecciones generales en ese país.
Wilders defiende muchas de las políticas que en Italia impulsa ahora Giorgia Meloni, quien recibe un trato muy favorable en las páginas tanto de Panorama como de La Verità, sobre todo por la manera en que se opone a la posición defendida por el papa Francisco y la Santa Sede de facilitar en lugar de entorpecer la llegada de migrantes a Italia y otros países de la Unión Europea.
No en balde, el 14 de octubre de este año, Wilders publicó un mensaje en la red social antes conocida como Twitter que simplemente decía, en inglés, "Hamás en Austria":
Es un vídeo de 14 segundos, que no ofrece ningún contexto de qué ocurre. Como suelen ser los mensajes de Trump y otros populistas de la derecha identitaria, Wilders no apela a la razón. Apela a los sentimientos antinmigrante de los electores holandeses, valiéndose de un video de una manifestación de apoyo a los palestinos en Austria.
Ese mismo día publicó un mensaje similar con 33 segundos de vídeo sobre manifestaciones en Londres, luego de que el día previo había publicado uno en neerlandés sobre manifestaciones similares en París, con 37 segundos de vídeo como "evidencia".
Y, lamentablemente, sus empeños fueron coronados con una victoria en las más recientes elecciones de ese país, por lo que muy pronto asumirá como primer ministro de Países Bajos.
Su caso, como el de Trump en Estados Unidos, Marine Le Pen en Francia, Giorgia Meloni en Italia y otros políticos de la derecha identitaria que reniega de la globalización comercial que defendía la derecha de finales del siglo XX es un ejemplo de la tendencia a usar a los migrantes como parte del debate político. Se les usa para despertar miedo al presentarlos como un riesgo frente al que es necesario tomar medidas radicales, que limiten la posibilidad de que reciban algún tipo de ayuda.
En ese sentido, el portal de noticias de la conferencia de obispos de Italia, Avvenire, repudió las insinuaciones de Panorama y La Verità y se alineó con la defensa que hacen los dirigentes de Mediterranea Saving Humans.
Otros medios italianos han tomado distancia de las acusaciones hechas por Panorama y La Verità y las presentan, como hace Mediterranea Saving Humans en un texto en italiano como parte de una campaña contra el papa Francisco y contra las personas que reciben asistencia cuando están a punto de ahogarse en aguas de lo que fue el Mare Nostrum del Imperio Romano.
El portal La Unità, por ejemplo, da cuenta del reportaje de Panorama y La Verità, pero no se suma a esa campaña de la que hablan Avvenire y Mediterranea Saving Humans, como se puede ver aquí.
La Stampa optó por difundir la defensa que hace Luca Casarini de sus actividades. Casarini es el principal acusado en el planteamiento que hacen Panorama y La Verità de la operación de rescate como una actividad que promueve la migración ilegal a Italia y la Unión Europea.
Debe señalarse que el papa Francisco recibió a Casarini y a parte de los así llamados “piratas del papa” en marzo de este año. En esa ocasión estuvieron presentes, entre otros, el cardenal canadiense Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, el cardenal Francesco Montenegro, arzobispo emérito de Agrigento, además de Domenico Battaglia, arzobispo de Nápoles y Palermo, ambos de Italia.
Además de que Casarini fue uno de los delegados invitados directamente por el papa Francisco a la primera parte del Sínodo celebrado en octubre de este año en Roma, como se puede ver en este texto publicado por Avvenire.
Debe decirse en este punto que 90 mil pesos mexicanos o cinco mil dólares, pueden ser mucho o muy poco para salvar a una persona. Las operaciones de rescate en las que Mediterranea Saving Humans está involucrada no son sencillas. No son paquetes turísticos en los que se pueda programar dónde y a qué hora se va a ir a recoger a una persona a un muelle o un aeropuerto.
De hecho, la cuenta de Mediterranea Saving Humans en la red social antes conocida como Twitter, disponible aquí, da cuenta del tipo de operaciones de rescate, así como los anuncios acerca de las difíciles condiciones meteorológicas en el mar Mediterráneo.
Esas dificultades, hacen que cualquier operación de rescate sea distinta a la anterior y que no sea posible estimar de antemano los costos de las operaciones o "racionalizar" esos costos como podría hacerlo una operadora de servicios turísticos.
Además, la experiencia demuestra que los servicios de Guardacostas de los países europeos evitan participar en esos rescates para no tener que lidiar con las consecuencias jurídicas de rescatar a quien, de otra manera podría morir.
Aunque la ley marítima internacional obliga a los buques de carga o de pasajeros que se encuentren cerca de una nave a punto de naufragar a prestar ayuda, esos buques también eluden la responsabilidad, que es una de las razones por las que, en la investigación que publicó Panorama aparece mencionada la naviera danesa Maersk Tankers. Era el navío Mar Jónico de Mediterranea Saving Humans el que realizaba los salvamentos que, de otra manera, tendría que haber hecho la empresa de carga marítima de Dinamarca.
Es difícil adelantar un pronóstico sobre el posible resultado del proceso judicial en Italia, lo que es un hecho es que Panorama y La Verità avanzaron la agenda de la presidente del consejo de ministros o primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, de presentar al papa Francisco como promotor de la migración indocumentada a la Unión Europea, lo que reforzará las críticas que en Estados Unidos lanzan contra él los republicanos que, no en balde, se alían a obispos como Joseph Strickland y Raymond Burke, que se granjean el favor de la extrema derecha al atacar al papa Francisco.