

Rodolfo Soriano-Núñez Lunes, 09 de Febrero del 2026
En audiencia con la Legión, León XIV pronunció un mensaje débil que dio pie a memes que se burlan del mensaje del papa en redes sociales.
Además de la audiencia con la Legión, tuvo otra con el arzobispo de Aparecida, Brasil, quien ignora llamados a respetar a las víctimas de abuso sexual de Marko Rupnik.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
En los últimos días de enero, los legionarios de Cristo celebraron su Capítulo General, una reunión de altos jerarcas y delegados de la Legión de Cristo en estricto sentido y de las ramas masculina y femenina del llamado Regnum Christi (Reino de Cristo).
León XIV mismo clausuró los trabajos con un mensaje a la organización fundada, en los cuarenta en México por Marcial Maciel. Resulta difícil imaginar el mensaje del papa Prevost pueda provocar algún cambio significativo.
Días después, el miércoles 4 de febrero, las muchas cuentas de redes sociales y sitios de “noticias” asociadas a la Legión entraron en un pico de actividad para dar a conocer el nombramiento de un nuevo director general de la orden, el sacerdote mexicano Carlos Gutiérrez López.
De manera reveladora, ingresó a la Legión en 1999, cuando tenía 24, en medio de una de las épocas de mayores denuncias sobre los abusos perpetrados por el fundador. En ese sentido, es inevitable preguntar qué tan aislado debía estar de noticias, católicas o civiles, el joven Gutiérrez López para ingresar a la vida religiosa, a pesar de lo que se decía entonces de Maciel, a la Legión de Cristo.
La línea oficial en las primeras horas luego de su elección es enfatizar tanto como sea posible el hecho que, antes de entrar en la vida religiosa él ya era un ingeniero y que, antes y después de su ordenación en 2009 la Legión lo envió a diferentes países, todos ellos en el mundo de habla española.
Además de sus estudios, civiles y religiosos en México, antes de su ordenación tuvo algún cargo en la provincia chilena de la Legión (2001-4) donde, si tuvo acceso a medios civiles, algo que no era un derecho para los aspirantes a la vida religiosa en la Legión, debió enterarse del inicio del derrumbe del mito de Maciel.
Luego de Chile y de su ordenación sacerdotal en 2009, la Legión lo envió a la provincia de Colombia y Venezuela de 2009 a 2012 como asistente del director ahí. Luego se desempeñó como superior de la comunidad de Bogotá.
En 2014, reaparece en México, ya en la todopoderosa casa de la Legión en Monterrey, donde estuvo dos años. Luego de tres años, en 2018, reaparece en Colombia, donde estuvo hasta 2022. Ese año regresa a México como director del territorio del Norte de México donde estaba hasta su nombramiento.
Sin motivos de esperanza
Tristemente, es muy difícil tener alguna esperanza acerca de su nombramiento pues es claro que la Legión optó por uno de sus soldados que ha pasado toda su carrera en el confort de países con muy débiles sistemas de justicia, predispuestos a desestimar acusaciones de abuso sexual de clérigos. El nuevo superior carece, en ese sentido, de cualquier experiencia en el trato con fiscales más proactivos o con departamentos de policía dispuestos a investigar a depredadores.
Una mirada a la biografía de Gutiérrez López, su formación y asignaciones, deja ver él es lo que uno llamaría “el benjamín”, el menor y más débil de la camada, el último coletazo del sistema construido por Maciel para tener control total, incluido el “fuero interno” de los escolásticos, como la jerga católica llama a los seminaristas de las órdenes religiosas.
Un rasgo de las casas administradas por la Legión de Cristo y el Regnum Christi es que los superiores tenían la autoridad para controlar el acceso a medios civiles e incluso para restringir las comunicaciones de sus miembros por teléfono o correo postal o electrónico.
Sea porque seguían el ejemplo de la Legión o sus propios impulsos sectarios, Roma autorizó durante el papado de Juan Pablo II prácticas similares en el Sodalicio de Vida Cristiana y el Instituto del Verbo Encarnado y sobrevivientes de abuso en el Opus Dei señalan que también se seguían esas prácticas allí.
Además, la experiencia pastoral de Gutiérrez López está limitada a países en los que la Legión ha enfrentado hasta ahora poco o ningún escrutinio. Se le promovió según criterios de lealtad más que con la intención de que promueva una reforma interna.
Eso sólo hace más difícil de procesar el mensaje de León XIV antes de la elección de Gutiérrez López. No sólo fue breve, apenas por encima de mil palabras, el mensaje se lee como un aval de lo que fue el Capítulo General y, de manera más precisa, de lo que son ahora aproximadamente dieciséis años de un proceso interno que, en gran medida, deja más preguntas que respuestas en quienes han seguido la historia de esta organización y, más significativamente, un auténtico mal sabor de boca en las muchas víctimas, no sólo de Maciel sino de muchos otros clérigos legionarios.
Fue, a falta de una mejor descripción, una declaración “de cajón” para cualquier orden u organización similar que celebra su capítulo general en Roma y tiene una breve audiencia con el papa al final.
Algunos verían un motivo de esperanza en que, al menos por ahora, no hay intento de una “revisión” oficial del legado de Maciel, aunque en redes sociales y en conversaciones informales sobran legionarios, miembros del Regnum Christi y simpatizantes de lo que los Legionarios de Cristo representan en México y en el mundo hispanohablante, dispuestos a desafiar las críticas.
Más de uno afirma que él era un “bienhechor” y que sus “buenas obras”, las que sean, pesan más que los ataques sexuales sistemáticos y de gran escala que él y otros clérigos asociados a la Legión han cometido durante cerca de ochenta años.
A diferencia del apoyo alegre y público de Juan Pablo II a Maciel, la narrativa establecida en Roma todavía es la de que no hay forma de pasteurizar la figura del fundador de la Legión. Sin embargo, para quienes siguen el rastro de las promesas incumplidas de reforma interna y compromiso real para atender los abusos y sus efectos, el discurso de León XIV de 2026 resulta decepcionante.
Ello se debe a que, ya antes y durante el Capítulo General (25–29 de enero de 2026), grupos en redes como Legioleaks, dedicados a discutir todo lo relativo a la Legión de Cristo en Facebook, bullían con valoraciones negativas sobre los posibles efectos del Capítulo.
La razón era fácil de encontrar: no hay evidencia de un cambio real, de reforma o, al menos, de un reconocimiento efectivo de la magnitud de lo ocurrido en las casas, colegios y parroquias de la orden, ni transparencia al abordar el tema de reparaciones para las víctimas en el mundo de habla española.
En ese sentido, es relativamente fácil entender por qué el mensaje final de León XIV a la orden, el jueves 29 de enero de 2026, reabrió heridas. En un momento, el papa Prevost dijo: «Como recordaba el papa Francisco, “se trata de permanecer fieles a la fuente original, esforzándose por repensarla y expresarla en diálogo con las nuevas situaciones sociales y culturales”».
Citaba el mensaje del papa Bergoglio de 2021 al Movimiento Focolare, un movimiento católico nacido en 1943 en Italia que, en ese momento, estaba en pleno proceso de revisión por abusos, espirituales y de otro tipo, en sus filas.
Tanto así que, en 2023, el Movimiento Focolare publicó su primer informe sobre el asunto (disponible aquí en español en Scribd, pues su sitio web es inestable).
Lamentablemente, los sobrevivientes del principal depredador del Movimiento Focolare, el religioso francés Jean‑Michel Merlin, deploran el informe, como demuestra esta nota de National Catholic Reporter publicada en 2023 (texto en inglés).
Fuentes originales
Exlegionarios y sobrevivientes de abusos por parte de otros exlegionarios se sintieron profundamente decepcionados por el uso de esa cita por parte de León XIV debido a la referencia algo elíptica a “la fuente original”. En redes, la frase se usó para crear memes recordándole al papa Prevost quién es “la fuente original” de la Legión: Maciel. En la imagen, disponible en Facebook, aparece el español Félix Gómez Rueda, líder de la rama de laicos consagrados del Regnum Christi.
Es cierto, un lector mínimamente entrenado, consciente de cómo el Vaticano aborda estos temas, entendería que la “fuente original” a la que Francisco se refería al hablar al Movimiento Focolare no era Chiara Lubich, su fundadora, sino Jesús, y que, por implicación, León XIV decía a la Legión que hiciera lo mismo.
Sin embargo, una lectura más cauta y reflexiva de lo que el actual papa dice en ocasiones como esta habría evitado la comprensible indignación, o al menos los reparos que muchas personas vinculadas ahora o antes a la Legión todavía tienen al observar lo que Roma dice o hace con esa organización.
Más dado que el papa Prevost, a diferencia de Francisco, evita tanto como puede los comentarios improvisados que solían deleitar a la prensa pero enfurecían a la extrema derecha católica, blanco frecuente de las críticas de Francisco.
Y peor todavía, puesto que el antiguo obispo de Chiclayo, Perú, evitó cualquier mención a la larga y cuidadosamente documentada historia de abusos, sexuales y de otro tipo, en la Legión. Incluso vale la pena señalar que el texto de Francisco de 2021 al Movimiento Focolare, citado por León XIV en su mensaje al Capítulo General de la Legión, integra tres referencias explícitas al problema del abuso.
Es cierto que, ya en 2020, Francisco evitó referencias explícitas al abuso en su mensaje al Capítulo General de la Legión. Aun así, hubo un rechazo claro al liderazgo de Marcial Maciel y un llamado a que los Legionarios adoptaran un nuevo ethos, seguir un “modelo” distinto. El mensaje de Francisco del 29 de febrero de 2020 está disponible aquí.
Mientras Francisco rechazó explícitamente a Maciel como “modelo”, León estuvo dispuesto a dejar abierta la puerta a interpretaciones que, aunque objetivamente infundadas, corrieron como memes en redes sociales pocas horas después. Al final, la ambigüedad socava de nuevo la ya frágil confianza en lo que Roma dice o hace al tratar con Maciel y su legado.
Depredadores “solitarios” y sus redes
Y para que quede claro, no es que el mensaje de Francisco de 2020 haya sido el ejemplo perfecto de lo que debe decirse sobre lo ocurrido en la Legión de Cristo. En gran medida, Francisco se ciñó al mito del “depredador solitario”. Un relato frecuente hoy en debates sobre Jeffrey Epstein pero que, como demuestra el propio caso Epstein, no es más que eso: un mito.
No habría posibilidad de que depredadores como Epstein o Maciel hicieran lo que hicieron sin redes sólidas, amplias y robustas que apoyaran sus acciones. Lamentablemente, la posición oficial de la Iglesia Católica en muchos de los casos documentados de abuso que hoy conocidos se insiste en culpar tanto como sea posible al depredador activo sin reconocer el papel de sus muchos socios que hicieron posibles los crímenes.
Francisco se alineó con la idea de Benedicto XVI según la cual la Iglesia Católica apenas había “descubierto” tal realidad, se diría que a comienzos de los 2000, a pesar de que hubo numerosas advertencias sobre Maciel desde, según la fuente, los cuarenta, cuando aún era seminarista; los cincuenta, cuando “pirateaba” seminaristas jesuitas en España para aumentar rápidamente los números de su organización, o durante esa misma década y los sesenta, cuando el Vaticano lanzó la primera intervención de la orden.
Algo similar ocurrió cuando los medios católicos y civiles en Estados Unidos empezaron a publicar noticias sobre la magnitud del abuso en la Legión en los noventa. La diferencia no era la sustancia de la información, sino el hecho de que los medios en Estados Unidos, al menos entonces, no estaban dispuestos a jugar bajo las reglas de los medios mexicanos, donde esa información, si se publicaba, era blanco de alguna censura. No era, como el Vaticano intentó sostener mediante filtraciones y declaraciones informales, porque el abuso no hubiera ocurrido en el mundo hispanohablante.
Ahora sabemos que la jerarquía católica mexicana, al igual que los papas Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II (Juan Pablo I fue papa menos de un mes, por lo que no es posible juzgar su caso), estuvieron más que dispuestos a ignorar las prácticas de Maciel.
Para el Capítulo General de 2014, celebrado a fines de febrero, el papa Francisco no emitió mensaje, pues no hubo audiencia con el entonces pontífice. Aunque el año anterior el papa Bergoglio envió una breve carta al ahora finado cardenal italiano Velasio de Paolis.
Trampas y recompensas
El 9 de julio de 2010, Benedicto XVI nombró a De Paolis delegado pontificio para la Legión de Cristo. Era una continuación de la intervención de 2009 de la orden fundada por Maciel que, para mayo de ese año, motivó un críptico comunicado de la Santa Sede (disponible aquí). Francisco confirmó la tarea de De Paolis con una carta del 26 de junio de 2013, con un mandato explícito de “reforma profunda”.
Curiosamente, la carta no está disponible en el micrositio de la Santa Sede que recopila documentos del pontificado de Francisco. También ha desaparecido del sitio de los Legionarios. La única manera de leerla en 2026 es, en inglés, en el sitio de Bishop Accountability (texto en inglés), ya que la URL antigua en el sitio de la Legión arroja un 404, es decir, un mensaje de error. En teoría, el Internet Archive la almacenó, pero por alguna razón no puede recuperarla.
En 2014, De Paolis dejó el cargo luego de que la Legión eligió al sacerdote mexicano Eduardo Robles-Gil como director general
Seis años después, en 2020, el mensaje del papa Francisco reconocía en términos muy generales la necesidad de impulsar alguna mejora al llamar a un “cambio de mentalidad”. Qué tan lejos haya llegado ese “cambio” es una incógnita, pero si uno observa con cuidado lo ocurrido, es difícil creer que sucedió o que vaya a suceder en el futuro cercano.
Para crédito de Francisco, estuvo dispuesto a señalar una de las peores características de la Legión: su auto referencialidad, aunque también estuvo dispuesto a ver la actitud de la orden como “dócil a la ayuda ofrecida por la Iglesia, habiendo reconocido la verdadera necesidad de emprender una renovación capaz de sacarlos de la referencia a sí mismos en la que se habían encerrado”.
Pero también recompensó su disciplina dándoles su primer cardenal, Fernando Vérgez Alzaga, un sacerdote español tan cercano a Maciel como al cardenal argentino Eduardo Pironio, antiguo obispo de Mar del Plata, quien en 1975 llegó a Roma como pro-prefecto de la entonces Congregación para Religiosos e Institutos Seculares, el organismo en Roma que supervisa todas las órdenes religiosas.
Un año después, Pablo VI nombró a Pironio prefecto de lo que hoy es el Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica. En ese cargo, Pironio tenía en Vérgez a un secretario, una mano derecha, pero también a alguien cuya primera lealtad era con Maciel.
En ese sentido, puede verse la “creación” de Vérgez como cardenal, si uno se apropia del lenguaje con el que la Iglesia Católica describe el nombramiento de sus cardenales, como la explicación de lo que la Legión de Cristo hizo y lo que el Sodalicio no estuvo dispuesto a hacer, así como el porqué de la permanencia de la Legión mientras que el Sodalicio ha sido, al menos en papel, suprimido.
Roma recompensó la obediencia de los Legionarios y el hecho de que aceptaran la visita apostólica y el nombramiento de un administrador apostólico con la creación de Vérgez. Han tenido que pasar por el “dolor” de reconocer de vez en cuando aquellos casos que son tan escandalosos que no los pueden encubrir, pero eso ha sido todo, en lo que a Roma concierne.
Su actitud contrasta con la del Sodalicio, cuyos miembros y afines, como Giuliana Caccia, estuvieron dispuestos a desafiar a Francisco e incluso a ir a la guerra, al menos en las cortes peruanas, contra él.
Gobernanza evangélica
Tan dócil como ha sido la actitud de los Legionarios hacia Francisco, especialmente en comparación con la del Sodalicio, la cuestión permanece. ¿Ha sido la reforma lo suficientemente profunda como para justificar que el papa León XIV apenas reconociera en enero de 2026 la necesidad de atender tantos asuntos pendientes? Se requiere gran generosidad para imaginar a un líder de la Legión o del Regnum Christi dispuesto a ver algo cercano a un llamado al cambio en pasajes como este:
- Un gobierno auténticamente evangélico, por otra parte, siempre está orientado al servicio: sostiene, acompaña y ayuda a cada miembro a configurarse cada día más con la persona del Salvador y, en este sentido, el discernimiento comunitario es el lugar privilegiado en el que pueden madurar decisiones compartidas, capaces de generar comunión y corresponsabilidad. No tengan miedo de experimentar nuevas formas de gobierno, es más, conviene que tengan siempre presente que la búsqueda conjunta de un estilo propio en el ejercicio de la autoridad abre caminos que no sólo enriquecen a las Sociedades y a sus miembros individuales, sino que también refuerzan el sentido de pertenencia y la participación en la misión común.
Sólo en el llamado de León XIV a encontrar “nuevas formas de gobierno” podría buscarse, con una interpretación muy generosa, un llamado a atender los muchos casos pendientes de abuso sexual que la Legión aún se niega a reconocer y resolver.
Ello es más importante porque el principal problema para la Iglesia Católica en general, y para la Legión y sus aliados en la Conferencia del Episcopado Mexicano, es que todavía hay demasiadas heridas abiertas.
Como se señaló en 2025, hay al menos dos procesos judiciales contra sacerdotes legionarios por abuso. Uno en España (ver el texto enlazado arriba) y otro en México (ver el texto enlazado más abajo).
Aunque el caso mexicano es “histórico”, pues los hechos ocurrieron cuando la víctima era menor en la primera década de este siglo, el caso en España es bastante reciente, reportado originalmente en 2024, y en ninguno de los dos hay señales de solución. Al menos no en la vía canónica o eclesial.
La vía penal parece despertar en México, pues la fiscalía encargada del caso de Antonio María Cabrera Cabrera pide una sentencia de 29 años. De concederse, sería un precedente en México, donde la mayoría de estos delitos no han tenido consecuencias reales para los perpetradores ni para quienes los hicieron posibles al permitirles acceso irrestricto a menores o guardar silencio sobre lo que sabían de depredadores conocidos.
Además de esos dos casos reportados con algún detalle en esta serie, hay un tercer caso que involucra víctimas chilenas. El caso originalmente ocurrió entre 2008 y 2010, pero hay poca información sobre el tema de parte de los sobrevivientes. Algunos datos, al menos la posición de la Legión de Cristo sobre el tema, está disponible aquí.
Puerta abierta
Por eso resulta aún más difícil entender cuál fue la intención de León XIV al pronunciar un mensaje tan impreciso, que dejó abierta la puerta a memes sarcásticos, sin ofrecer una evaluación real de cómo se llevó a cabo el Capítulo General, primero en las distintas “provincias” de la Legión y luego en Roma, en los días finales de lo que suele ser un proceso de un año.
Más aún cuando ya estamos en el año 16 del periodo posterior a la visita apostólica y el papa Prevost es el tercer pontífice que trata con la larga historia de abusos en la Legión de Cristo.
En algún sentido de manera contradictoria, León XIV envió lo que parece ser un velado mensaje pocos días después de su discurso al Capítulo General. El martes por la mañana se reunió con David Ryan, un sobreviviente irlandés de abuso sexual a manos de clérigos.
Los medios católicos, tanto oficiales, como Vatican News, como no oficiales, difundieron tanto como pudieron el encuentro de León XIV con Ryan, pero lamentablemente, como ha sucedido con otras reuniones con sobrevivientes, el Bollettino, el registro oficial de actividades diarias del papa, evitó toda referencia al encuentro.
La única fuente que proporciona una fecha específica fue un texto de Junno Arocho Esteves en el servicio de noticias en inglés de Our Sunday Visitor. Él da como fecha el 2 de febrero, pero ese detalle falta tanto en Vatican News como en el texto en inglés de la televisión pública irlandesa.
Lamentablemente, a estas alturas está claro que el Bollettino evita activamente informar sobre reuniones del papa con víctimas. Sucedió tras el encuentro de octubre con miembros de Ending Clergy Abuse (ver el texto enlazado arriba en la sección “Reunión con Ending Clergy Abuse”) y también con los sobrevivientes belgas, como señala el texto enlazado después en la sección “Una tarde romana”.
Verdadero alcance
No incluir las reuniones del papa León XIV con sobrevivientes en el registro oficial de la Santa Sede va en contra de cualquier intento por reconocer la magnitud real de la crisis de abusos sexuales. Al hacerlo, Roma, no importa quién sea el papa, facilita negar o minimizar la escala real de la crisis.
Por difícil que sea de asimilar, pese a los muchos terabytes disponibles en internet, hay quienes se empeñan en minimizarla o desacreditarla.
Tan loable como es la voluntad del papa Prevost de reunirse con sobrevivientes, y parece encaminado a sostener uno de esos encuentros cada ocho semanas, persiste el problema de que a veces presta credibilidad a la idea de que, de algún modo, víctimas, sobrevivientes y sus defensores exageran o reportan casos falsos, como señala el texto enlazado a continuación.
Ese ha sido uno de los puntos ciegos de que Roma ha hecho de la crisis: sembrar dudas sobre la legitimidad de los relativamente pocos informes disponibles deja abiertas muchas puertas a reproches sobre las razones detrás de los reportes existentes o sobre por qué los medios civiles y católicos cubren este tema.
Peor aún: al hacerlo, la Iglesia Católica reconoce sus propias dificultades para afrontar el problema y obliga a ver a países como Estados Unidos (al menos hasta la segunda administración Trump), Australia, Irlanda y Canadá como los únicos lugares donde es posible esperar alguna forma de justicia.
Las únicas excepciones a ese enfoque son lo que han hecho los obispos en Francia, Alemania y más recientemente España para reconocer sus propias limitaciones y buscar alguna solución.
En el resto del mundo, y más aún en América Latina, el camino para lograr alguna forma de justicia es mucho más complejo, pues la falta de voluntad de los obispos para imitar los informes nacionales (Francia) o diocesanos (Alemania) empeora el desempeño deficiente de los sistemas de justicia locales.
No debería sorprender que, incluso al hablar de la Legión, su comportamiento en Canadá o Estados Unidos contraste con el de México o Colombia, donde tienen mayores posibilidades de evitar denuncias, históricas o actuales.
Señales mixtas
El patrón que se percibe en la conducta del papa León XIV de enviar señales mixtas al tratar la crisis de abusos se acentuó recientemente cuando, por ejemplo, accedió a recibir una delegación de Brasil. El grupo estaba encabezado por Orlando Brandes, arzobispo de Aparecida, donde está ubicado el santuario del mismo nombre. Brandes llevó consigo a clérigos y laicos que trabajan en la basílica de Nuestra Señora de Aparecida y en medios tradicionales y virtuales que promueven la devoción y las actividades que allí se realizan de forma regular.
El asunto no merecería atención si no fuese por los enfoques contradictorios con los que la jerarquía católica gestiona a escala global el legado de Marko Rupnik, un sacerdote expulsado por los jesuitas acusado por varias mujeres de abuso sexual y que ha sido objeto de entregas de esta serie, la más reciente en octubre de 2025, como demuestra el texto enlazado a continuación.
A diferencia de lo ocurrido en la Basílica de Lourdes y en otros santuarios clave del catolicismo, donde los obispos locales ocultaron los mosaicos de Rupnik para evitar la implicación de que la Iglesia Católica legitima a un depredador, en Aparecida se han mantenido a la vista y se les usa para promover actividades en el recinto.
El tema es más controvertido porque Roma no puede alegar ignorancia sobre lo delicado del asunto. En 2024, cuando aún presidía Tutela Minorum, la entidad creada por el papa Francisco para prevenir el abuso sexual, el cardenal Seán Patrick O’Malley advirtió en una carta a altos jerarcas católicos sobre el riesgo de “enviar un mensaje de que la Santa Sede es ajena al sufrimiento psicológico que tantos padecen”.
No está claro si se refería específicamente a las obras de Rupnik, pero Catholic News Service publicó un texto, disponible en inglés en el sitio de la conferencia de obispos de Estados Unidos, que vincula explícitamente la carta de O’Malley con el uso de esas obras.
El artículo recoge la tristeza que provoca en las víctimas de Rupnik y el enojo que causa en sus abogados la actitud despreocupada con la que muchos clérigos todavía usan su obra para promover visitas a espacios públicos que las exhiben.
Ajena a tales preocupaciones, la jerarquía brasileña, como suele ocurrir en América Latina, no muestra interés en reconocer la magnitud de la crisis. Todo lo contrario. Al “explicar” por qué estaban dispuestos a bendecir las obras de Rupnik en Aparecida, hicieron lo posible por desestimar las quejas de las víctimas, como se ve en este sitio en portugués asociado a la basílica.
Lamentablemente, en Brasil parecería que la única institución católica dispuesta a reconocer el verdadero alcance del daño infligido por Rupnik a sus víctimas es la Pontificia Universidad Católica de Paraná que, en 2023, decidió revocar un doctorado honoris causa otorgado en 2022 (contenido en portugués).
A pesar de la advertencia de O’Malley y del hecho de que los crímenes de Rupnik no son cuestión de opinión, sino un hecho reconocido por jerarcas de la Iglesia Católica, incluido Arturo Sosa, superior general de los jesuitas, quien expulsó a Rupnik de la orden a petición del papa Francisco, los obispos brasileños no tienen reparo en bendecir, exhibir y promover a Rupnik en Aparecida, ni en mostrar su obra en sitios, revistas, videos y redes sociales bajo su administración.
En ese sentido, el problema es mucho más amplio que lo dicho o no por el papa León XIV al Capítulo General de la Legión de Cristo: también se trata de cómo la Iglesia Católica aborda lo que no es una crisis del siglo XIX ni un asunto concluido, sino una realidad viva para muchas víctimas, como en el caso de David Ryan.
Existe una necesidad real de reconocer la verdadera magnitud de la crisis y, tal vez más significativamente, de reconocer los efectos devastadores que tiene sobre cada víctima, en su bienestar biológico y psicológico, en su capacidad para llevar vidas productivas y, además, en su posibilidad de mantener una relación sana con lo que para muchos ya es su antigua Iglesia, pues la experiencia devastadora de lidiar con los laberínticos procesos canónicos les ha quitado el deseo de confiar en la capacidad de la clase sacerdotal para actuar como intermediaria de su relación con Dios.
Aunque es posible suponer que el papa León XIV trata de enviar mensajes velados a ciertos sectores de su iglesia cuando se reúne con Ending Clergy Abuse, con los sobrevivientes belgas o, más recientemente, con David Ryan, el sobreviviente irlandés, es imposible pasar por alto la inconsistencia del mensaje cuando no existe voluntad de registrar públicamente estos encuentros en su agenda oficial.
Como subrayaban tanto el reportaje de la semana pasada con datos del Pew Research Center en seis países latinoamericanos como el artículo de septiembre sobre Latinobarómetro, ya hay evidencia de las consecuencias que el (mal) manejo de la crisis ha tenido en la afiliación en la región.
El legado legionario
Basta volver a la Legión de Cristo para ver un indicador de los efectos de los enfoques pastorales aplicados por esa organización y por muchas otras órdenes y diócesis del mundo católico.
Esto es aún más relevante porque el Capítulo General de la Legión coincidió con la muerte inesperada de Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, en el contexto de algún tipo de intervención quirúrgica. Él fue una figura destacada de la orden, pues durante casi veinte años fue el último prelado y primer obispo de lo que hoy es la diócesis de Cancún‑Chetumal, México.
Pedro Pablo Elizondo Cárdenas era ya relevante en Cancún en los días de Jorge Bernal Vargas como primer prelado ahí. Elizondo Cárdenas recibió de Juan Pablo II su nombramiento tras diecinueve años (1982–2001) como figura clave en la red global de seminarios legionarios en Irlanda, España, México y Chile. Convertirse en prelado en Cancún fue una recompensa por su lealtad a Maciel, pero también lo convirtió en guardián de muchos secretos de la orden en esa diócesis.
Cancún es importante para entender el tipo de poder que Maciel ejerció sobre los Legionarios y la Iglesia mexicana en general, porque Roma confió originalmente esa prelatura a la organización de Maciel cuando el gobierno mexicano decidió crear, en medio de la nada, lo que hoy es ese destino turístico del Caribe.
Cancún se convirtió en un sitio clave para este tipo de manejo abusivo porque funcionó tanto como recompensa una suerte de calabozo. La jerarquía de la Legión usaba las parroquias más pobres y marginadas de la antigua prelatura para castigar a los legionarios rebeldes reacios a someterse al estilo de liderazgo de Maciel y sus allegados.
Además, cuando un sacerdote en alguna de las escuelas o parroquias administradas por la orden en México u otros países abusaba de sus feligreses, Cancún encabezaba la lista como destino para aplicar la “solución geográfica”.
Un ejemplo perfecto fue Fernando Martínez Suárez. La orden lo envió como director del Instituto Cumbres de Cancún entre 1991 y 1993. Durante ese periodo abusó de al menos ocho niñas de entre seis y once años.
Su superior entonces en Cancún era Eloy Bedia Diez. Distintos reportes que la cúpula legionaria despidió, en los noventa, a la maestra Beatriz Sánchez por denunciar los abusos de Martínez ante Bedia, quien no tomó ninguna medida, como lo detalla este texto en español de la BBC News de 2020. Bedia Diez sigue siendo una figura poderosa en la Ciudad de México donde trabaja con la sección femenina del Regnum Christi ahí.
Tras volverse insoportable el escándalo en Cancún, los líderes de la orden enviaron a Martínez de regreso a Ciudad de México y después a Salamanca, España, y de allí a Roma. Tanto en México como en España tuvo oportunidad de seguir en contacto con menores hasta principios de los años 2010, así que es fácil suponer que, además de las ocho víctimas conocidas en Cancún, podría haber otras, al menos en México y España.
Solución geográfica, otra vez
Muchos años después, en 2020, Roma finalmente halló suficientes casos para reducir al estado laical o “expulsar del estado clerical” a Martínez Suárez, pero ni él ni la cúpula legionaria reconocieron, más allá de declaraciones de cajón, el verdadero alcance del abuso y, más significativamente, la orden nunca ha admitido la verdadera escala del apoyo que Martínez tuvo durante sus años como depredador activo.
El hecho de que muriera en 2023 sólo ayudó a cimentar la idea de que él, como Maciel y muchos otros depredadores conocidos en los Legionarios y en muchas otras organizaciones religiosas, católicas o no, actuaron como los proverbiales “depredadores solitarios”, capaces de engañar a una organización que, paradójicamente, imponía reglas severas a sus miembros para impedirles el acceso a los medios, impresos o virtuales, y estaba dispuesta incluso a censurar su correo postal y electrónico.
La Legión de Cristo tiene una página con más detalles sobre el historial delictivo de Martínez Suárez y las excusas por las que no lo contuvieron, disponible aquí.
Cancún es relevante más allá de los casos de Martínez, ya que la orden tiene allí, entre muchas propiedades en todo el mundo, una serie de propiedades en el destino turístico. Maciel las usaba como parte del esquema de corrupción con el que mantenía contentos a funcionarios de la curia romana.
Cualquier monseñor harto del miserable invierno romano podía pasar unos días bajo el sol del Caribe mexicano, sin preguntas. Quienes eran relevantes para decidir cualquier asunto que Maciel tuviera en mente incluso veían cubiertos sus gastos por la generosidad del superdepredador mexicano.
Es gracias a ello que todavía hay muchos reportes de abuso provenientes de colegios y parroquias administradas por miembros actuales o antiguos de la Legión de Cristo que siguen sin resolverse, sin atenderse e incluso sin reconocerse por una orden demasiado inclinada a descartar y atacar a quien se atreve a criticarla.
Y los efectos de todas estas prácticas distan de ser neutros. Con la ventaja de que el censo mexicano permite saber cuántas personas se declaran católicas, es posible ver los efectos devastadores de los 50 años de (mala) gestión legionaria de esa diócesis.
Los subalternos de Maciel deberían recibir el crédito por la devastadora obliteración del antiguo monolito católico. En 1970, el censo mexicano registraba que el territorio de Quintana Roo, desde siempre coincidente con la prelatura de Chetumal, hoy diócesis de Cancún‑Chetumal, tenía una población en la que el 88 por ciento se decía católica.
A mediados de los noventa, cuando el escándalo de los abusos en la Legión resurgió en México, ya había una pérdida de unos 20 puntos porcentuales. En el censo de 2020, sólo con un gigantesco redondeo es posible decir que seis de cada diez habitantes de Quintana Roo se declaran católicos, como demuestran las gráficas que aparecen cerca de este párrafo.
El censo mexicano revela un colapso demográfico en la diócesis de Cancún, con la afiliación de varones en una caída que va de 87.7 en 1970 a 53.45 por ciento en 2020, una pérdida de 33 puntos, sin que haya alguna señal de recuperación en los últimos cinco años.
Los datos del censo mexicano están disponibles aquí en INEGI. Pero, incluso si uno sólo consulta los datos de la diócesis en Catholic Hierarchy se observa la misma tendencia de una huida masiva de la Iglesia Católica.
Debe señalarse que, de la nada, los “datos” que la diócesis reporta al Annuario Pontificio, los que publica el portal Catholic Hierarchy, hablan de una feligresía que abarca al 64 por ciento de los residentes de Quintana Roo, sin base alguna para esa afirmación, una diferencia de diez puntos porcentuales respecto del dato del censo, sin base alguna para sustentarla.
Un análisis comparativo de Quintana Roo con estados vecinos o tendencias nacionales sería imposible ahora. De cualquier modo, la evidencia disponible muestra que aunque la Iglesia Católica ha perdido fieles en todo México en los últimos 50 años, la escala y profundidad de las pérdidas en Quintana Roo son notables por el papel que la Legión desempeñó ahí entre 1970 y hasta 2025.
En todo caso, incluso si hubiera quien disputara la idea de que las prácticas sectarias y predatorias de la Legión de Cristo han contribuido al quiebre de la antigua mayoría católica en Quintana Roo, lo que es un hecho es que el modelo pastoral impuesto en esa diócesis por la cúpula legionaria no impide procesos similares, aunque de menor intensidad, en otras diócesis en esa región de México y en toda América Latina. En ese sentido, la idea de que la práctica del catolicismo según la Legión como una suerte de "estaca" en el corazón de los vampiros de la modernidad y la secularización es uno más de los mitos difundidos por Maciel y sus subordinados
De manera notable, después de la muerte de Elizondo Cárdenas, los miembros más leales de la base legionaria en las redes sociales estaban listos para iniciar la rutina de canonización, a pesar de su papel en el encubrimiento de abuso sexual.
Una mujer afirmó, días después del deceso del antiguo obispo, que él había salvado a su familia de la muerte cuando su coche sufrió una falla de frenos. La rutina, muy ensayada en el universo legionario era impulsar la idea de que era de algún modo un santo, digno de seguir la ruta de Juan Pablo II, probablemente el aliado más significativo que Maciel tuvo en Roma y el mundo.
A escala global, la Legión tuvo una oportunidad para elegir nuevos líderes. Al optar por Gutiérrez López como su director global, el futuro de la orden y del amasijo de organizaciones y empresas que es el Regnum Christi recayó en la última cohorte de los formados en la “mentalidad de búnker”, cuando Maciel aún vivía y controlaba la organización.
Será esa generación decidir la que decida si la fuente es Maciel y sus prácticas sectarias, que no se limitan al abuso sexual, como interpretaron los antiguos miembros del Regnum Christi el mensaje de 2026 de León XIV, o si la fuente es Jesús, como el papa Francisco sugirió al Movimiento Focolare en 2021.
En ese sentido, cabría esperar una postura más clara, firme y nítida del papa Prevost, cuyo propio historial como obispo de Chiclayo ha sido cuestionado por una víctima de abuso allí. ¿Intentará León XIV enmendar los errores del obispo Prevost? Es difícil saberlo, pero lo que sí podría hacer, sin necesidad de reabrir expedientes sobre lo que hizo o dejó de hacer, es establecer ese tipo de mensaje.
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